Lloran los hierros la helada que fue ayer
Sobre el cemento descolorido y roto.
El ritmo del silencio envuelve el aire,
La bruma vuela en harapos silenciosos.
Caen los minutos deshojados sobre un mar
De vacío que arrastra despojos y certezas:
El naufragio mece en la corriente inmóvil
El vaivén del instante que perdió su senda.
La ciudad esconde pájaros entre sus hierros muertos
Para que trinen tímidos contra un sol desolado
Y hagan del cielo exhausto una cortina gris
Que llene de extrañeza la luz entre los párpados.
Todo ello es verdad…mas alzamos el ánimo
Contra el baile siniestro que envenena el crepúsculo
Tenemos alma y voz frente a la luna llena
Y damos corazón a los que pasan turbios.
Continúa, tiempo; haz de tu eco el olvido.
Mañana hemos de entrar en tu mansión ingrata.
Nada hay que puedas mientras ocurre el momento
Y envidia la eternidad sus fulgores de plata.
Lloran las ramas lluvia mientras la hierba besa
Un aroma presente y las aves juegan.
Así es para ti también. La luz esconde
El mayor terror y la mayor promesa.
Las ventanas que fueron que hoy son huecos
Donde ojos cansados del recuerdo acechan
Llevan en ti todo, la rabia y el anhelo
En ti ya estaba todo antes de que tú fueras.
