Carruaje hacia la eternidad (Diarios volantines)
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viernes, 13 de febrero de 2026
Trece de febrero. Ayuno de significados.
miércoles, 4 de febrero de 2026
El moribundo. Cuatro de febrero.
...y si la mano señalada del destino bajase sobre mí indiferente y terrible, me dejaría caer tan leve como los copos de nieve sobre el pasado inmutable, sellado como el silencio del cielo y si luego apareciera el ángel o fuera sólo una penumbra sin fin, tampoco me importaría, pero con la sola condición de olvidarme de mí mismo:la broma pesada que fue mi vida, mi esperar perpetuo por la apertura de una tenue línea de luz frente a un muro, el sentir punzante y acucioso del miedo y el dolor, sí, me dejaría caer y acaso con un estado de ánimo febril y ciertamente parecido a la alegría, o lo que hace de la calma alegría, de la alegría felicidad y de la felicidad euforia y confianza desmedida, hubris ciega...
Porque también he sido feliz y supe serlo. Hay tantas capas de mí que ya no sé quién soy. Mi ayer reniega de mi hoy y mi hoy está ciego frente a una llanura bajo la tormenta. Pero si el futuro no aparece muy auspicioso, lo que logré ser feliz quedará conmigo. Tuve suerte y poco más pero no olvidaré cada momento pleno, la captura de un momento o la celebración de los mitos que cree para levantar la mentira de que vivo. Torpe esfuerzo, dirán, y estarán en lo cierto. Pero yo recordaré que donde hay desamparo, hubo cobijo; allá donde hay confusión, reinó un día la claridad; en donde mella la soledad su grieta, hubo encuentro, y en fin, no podré olvidar quienes hicieron parte de su camino junto al mío. Sí, por todo eso, si hoy la voz me llamase acudiría con el ánimo templado a su encuentro, puesto que no tengo nada por lo que tratar de evitar caer ni la sombra podrá vencer la luz, aunque yo sólo lo sepa y llegue solitario , como todos los días de mi vida,a aquellas desoladas regiones frías donde habita el olvido.
Y estaré un poquito triste, pero olvidaré la soledad, el desencanto, la lucha baldía y todas las vergüenzas de mí mismo que me han herido y ascenderé a contraluz por colinas de bruma hasta difuminar el alma en ella, de la que viene y a la que va, y unirla en el rito del olvido, sereno y fugaz, puesto que una vez logré conocer la alegría y bebí del néctar del olvido de mí y mis mezquinos problemas y gocé los frutos de la vida y eso ya nunca, no, sin duda nunca ya, no me será arrebatado.
viernes, 30 de enero de 2026
Juego de reflejos. 300126.
El laberinto preñado de reflejos
Distinto cada día, es el espejo
De tu pasar colmado de momentos.
Un paraíso sin temor ni consuelo.
Fluye el presente su respirar calmado
Y el brillo de su lomo es su regalo
Ardiendo como un fuego acostumbrado
Alumbrando lo bello, que está siempre de paso.
Tu rostro es otro laberinto y una rosa
Que indaga en el asombro de las cosas
Iguales y variadas, irregulares sombras
Esparciendo en la luz semilla misteriosa.
Y al cabo miras el río y tú eres la corriente
Turbia y clara, oscura y transparente
En la que avanza el arduo salto de los meses
La que ahoga, la que fuerza, la que vences.
Otra luna más sobre el intrincado espejismo
Otra luz en otro cuerpo que ayer era distinto.
Otra voz que susurra antes del inevitable olvido
Porque solo posees aquello que has perdido.
martes, 20 de enero de 2026
Descansen en paz. 20.01.2026
No envejecerán como los que quedamos
No les pesará la edad ni les devorarán los años.
Veremos sus ojos en las cosas que amaron,
Llenarán de colores nuestro desencanto.
El corazón escondido los conoce y desvela
Como la noche triste conoce a sus estrellas.
El crepúsculo calladamente trae el olvido,
Mas ellos seguirán recordando quienes fuimos.
Ya no ocupan la mesa donde pasar la tarde
En alegres bullicios que capturan el aire;
Duermen en costas lejanas donde reina el silencio
En paz y aroma suave, sin frustración ni miedo.
La inocencia que perdimos se quedará con ellos,
Con el fulgor de un ángel bañaran los recuerdos
Del poso que legaron a las horas más dulces
Liberando del tiempo su promesa y sus luces.
Día a día seguiremos retomando sus pasos
En la flor del momento y la brega del año,
Hasta que la hora llegue de partir a su casa
Que desde la ardiente oscuridad nos llama.
Donde muere el ocaso, caminaré en secreto
Al jardín inefable donde nacen los sueños:
Yacen allí los cansados en el amoroso seno
Donde reposan libres frente a horizontes plenos
Al final del tiempo retomarán la senda,
Con nosotros al lado, marcando la ribera,
Hasta que el sol decline en la cuna del mar
Y allá permanecerán, permanecerán hasta el final.
sábado, 17 de enero de 2026
La extrañeza de un cielo. Diecisiete de enero de un nuevo año.
He pensado en Venecia. Se ha abierto el cielo después de una mañana gris de llovizna y el azul que nació, aunque hermoso, no era el metafísico e irresistible del arte veneciano.
Sus pintores recibían de ultramar su azul, que explotaba en los cuadros tras triturar el lapislázuli, que llegaba de las remotas tierras de Afganistán y era más valioso que el oro. Desarrollaron técnicas que sostenían gamas imposibles, en las que la luz parece nacer del cuadro y estalla en el ojo de quien mira. Y vivían en un laberinto de espejos, una ciudad inefable, tan bella que parece imposible, tan única que ni siquiera todas las visitas fugaces logran acallar su enigma perpetuo. No hay más tonos imaginables que los de aquel lugar serenísimo; los que nacen entre la danza del agua y los resplandores, sol, luna, nubes, faroles, estrellas, ocasos y alboradas. Todo se nos ha dado y vivimos en un mundo de innúmeras maravillas, pero sólo a veces son tan prístinas. La labor del artista es rebajar el umbral de la belleza terrible, insoportable, al de la fascinación sin palabras que llena de plenitud a un alma humana.
El azul del cielo que ansío es uno que no existe pero me sirve haberlo visto en cuadros y que mi mente lo convoque y se pierda en su intensa placidez. La extrañeza de un cielo que no es tuyo hiere, pero puede convertirse en un dulce naufragio contra lo que nos hiere, sin temor ni duda. Así, camino entre palacios decadentes y canales, sin miedo ni esperanza ni anhelo ni angustia, mirando como mi nombre y mi historia se escriben en el agua y se borran y una silueta recorre la plaza y se difumina entre grises y azulados, fascinada y extraña y yo me pierdo en estos pensamientos y no deseo nada más que ese color y ese lugar para imaginarlo y quedarme en él como quien se acurruca contra la realidad y ve una estrella solitaria que apaga sus pensamientos y en silencio mira su memoria imaginada y la acoge sonriendo en silencio a través de un velo sedoso, en su atmósfera envolvente, como dentro de un sueño.
martes, 13 de enero de 2026
Dilema de un prisionero. 13.01.26.
Debo ser yo, por vieho: no encuentro relevancia cultural en ninguna novela, o serie, álbum, documental, peli, canción, drama o columna. Hasta la arquitectura me parece plegada al rito del olvido. La tradición ha desaparecido, en muchas ocasiones para bien, pero ha dejado paso a una rueda perpetua de consumo y desapego instantáneo. Me temo que no es una manifestación sólo cultural, sino la adaptación del esfuerzo humano de plasmar la época, que es turbia y deshonesta.
Me resulta lamentable no saber elevarme: mi hoy contradice mi ayer. En todas partes escucho que el espíritu del tiempo conversa con el espíritu humano con desprecio y ansias de destruirlo y el mío se hace diminuto y trata de esconderse. No sabe sobrevivir aquí, después de haberse prometido quimeras, mentiras. Ellas podrían haber resistido su falta de realismo si al menos se admitiese su nobleza.
No hay tal. Haz dinero fácil, usa a los otros, ten a mano a un victimario, sigue las modas para demostrar que eres un rebelde, zahiere lo bueno y justo para que los inicuos sigan sobre su pedestal de mentiras. En todos los lugares oigo los mismos mensajes roncos y perversos. Solía refugiarme en el arte y las creaciones que creía altas, pero cada vez son más caducas y las nuevas se han rendido a las formas y sólo saben dar cuenta de un hoy fugaz, precoz y maldito, seductor de abandonos. Todo lo inspirador es sospechoso y se siembra cualquier duda salvo la de quienes las irradian. Prisionero de mí, no hay pozo de agua fresca en canciones de esperanza, novelas con sentimientos, películas con pasión. El morbo, el sentimentalismo viscoso y la fascinación por la brutalidad lo han devorado todo. La falta de imaginación de la producción de esta ingrata época deriva de su falta de moral noble, aquella que cree que hay algo más allá de la vida que la ilumina como una estrella. Pero ahora todo debe ser repulsivo y bajo.
No sé qué hacer ya si no puedo dedicarme al otro y olvidarme de mí, que es el único sentido de la vida que me han enseñado, cuando ese otro no existe. Quiero escribir, pero no sé cómo puedo hacerlo sin quemar mi mente de melancolía destructiva. Porque no quiero destruirme. En un día oscuro de la ciudad que aprendo a detestar, sólo sé que no necesito nada sino escapar, para llegar a un sitio aún bendito y allí romper mi boca mordiendo con devoción su silencio.
martes, 30 de diciembre de 2025
Otro más, poema de los dones. 30 de diciembre de 2025.
Los libros, portones del enigma. La comida en el plato cada día. La luz del otoño. Pensar en nada. Aprender. El deporte y su euforia inducida y a veces real. Escribir. Aceptar y apretar los dientes. La inocencia. Los cajones olvidados. Cada despertar. Las bufandas. El sexo y su viaje más allá de uno mismo. Las cumbres de las montañas. La historia antigua. Las tonterías repetidas como signos de la amistad. La esperanza. Volver. También irse. Los armarios. El coraje. La duda fecunda. El poniente, mezcla de lo real y el sueño. El enigma del tiempo. La soledad. Vivir en la verdad. La fruta. La hora dorada que pasa desapercibida pero acompaña. El silencio. La justa ira. Los viajes soñados a reinos inexistentes. La razón, palacio de cristales líquidos. Perder y volver a arriesgar. La imaginación. El fulgor del desierto. Las enumeraciones. La constancia, esquiva y generosa. La religión que sirve a alguien como verdadera consolación del inexorable aislamiento del hombre. La aventura y su hermano menor, el juego. Los que nacen. Las carreteras. La libertad y su precipicio temible. Los otros, el verdadero espejo. La nobleza. Una salus victis nullam sperare salutem. La compañía. Los techos amables. El olvido, única venganza y único perdón. La selva. La ecuanimidad, refugio del individuo. La mujer y el hombre. Los lenguajes de la gente. El respeto. La sombra de la luz y la mística universal. Los arroyos. La ilusión del yo y su derogación alternativamente. La nieve. La amabilidad de los desconocidos. Los chistes malos. La confianza. El amor, alfa y omega. La forma de las manos. El cuerpo femenino. La ilusión que precede a la suerte. La voluntad de vivir. El chocolate con churros. La compasión. La matemática. Los desafíos. Los monumentos. La memoria de Frances Haslam, la abuela de Borges que pidió perdón a sus hijos por morir tan despacio. La buena fe. La frugalidad y sus ocasionales excepciones. Las nubes. El mundo de las ideas y la plausible inmortalidad del alma. El agua corriente. Los animales. La medicina. La doctrina del axiarquismo. La ternura. Las canciones pasadas de moda. El rocío de las mañanas. Las cicatrices curadas. El surrealismo incomparable de los sueños. Las discusiones. La fragilidad consciente. La conciencia. El orgullo de resolver un problema. La camaradería. Las murallas. La fantasía. El orden espontáneo. Los actos buenos de la inmensa mayoría. La comprensión. La caricia del sol. La sensatez. Los árboles y sus sombras, y sus formas. Los defectos acostumbrados de los seres queridos. Las playas. El perdón. El calor y el frío. La nostalgia generosa. Los ritos sagrados de cada vida individual. El petricor. La risa contagiosa. El deseo voraz de que todos estaremos aquí de nuevo.






