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miércoles, 29 de enero de 2025
Nada importan. 29 de enero.
lunes, 20 de enero de 2025
Lo extraordinario. 20.01.2025.
Hace unas semanas recibimos una noticia devastadora. Durante algunos días, me acerqué al cementerio. Ya lo sabéis, son lugares de silencio abrumador y tristeza. Cada lugar, una historia interrumpida. La niebla y el frío no podían igualarse con la desolación que uno siente a veces. Y no obstante, hubo un detalle que testimonia lo extraordinario, aquello que no solemos ver o que nos parece mentira.
Casi todas las lápidas estaban cuidadas, muchas con flores recientes, signos de recuerdo. Puede que lo peor de perder a alguien sea el desierto que abre para siempre entre los corazones, la imposibilidad del encuentro. Queda sin embargo la voluntad del recuerdo, la fortaleza del amor y la rebelión contra el orden del mundo. Saber que lo inexorable es inaceptable es extraordinario y puede ser bello en silencio.
Puede que fuera más sensible a ello; quizá necesitaba olvidar. El hecho es que me di cuenta de que los gestos cotidianos abundan y son extraordinarios. Pasear a los niños pequeños y llevarlos a jugar a los parques. La ayuda impulsiva a quien está apurado. La solidaridad y el ánimo. No somos perfectos, pero somos mejores de lo que creemos y lo que la propaganda antihumanista hoy declama.
Nada sirven algunos actos contra golpes que parecen del odio de un Dios. Por eso se hacen, porque no sirven para nada. Y a la vez, es extraordinario que existan. Me gusta pensar de que son el testimonio mas vivo y claro de que la belleza es verdad y la verdad belleza. Si no fuera así, seguiría admirándolos. Hacen el mundo habitable. Crean el espacio humano. Quizá sea lo poco que quedará de nosotros. El pensamiento se alegra con esta esperanza, a la vez que el silencio cae sobre las ventanas oscuras, mientras el rio entra en la noche y entre luces borrosas se abre camino hacia alguna parte.
martes, 14 de enero de 2025
14 de enero de 2025. La amargura de los camaleones.
Quizá incluso mueras sin saber que no les importas. La ola, el temblor, el virus, la circunstancia terrible llegará mientras crees que los monumentos de recuerdo, los homenajes significan algo.
Nunca fue distinto, pero nunca había sido tan transparente; cuerpos sociales hipertrofiados alimentan en la penumbra bajas pasiones y la alegría natural del corazón se endurece entre susurros de miedo. Entonces, cada pugna es vista como supervivencia y todo está permitido. Por eso vivimos sin la calidez de la ternura humana. Por eso traicionamos nuestros deberes con la vida: la compasión y la rebelión.
Los camaleones prosperan contra la caída de la tarde, en oscuridades ambiguas, amargura dejan. Sabe que si sufres una desgracia que incomoda al poder, serás olvidado, manipulado. No hay abuso más injusto que aquel dirigido contra los muertos. Lamentablemente, no te hagas ilusiones, sabe que otros te quitarán la voz para gritar por ti si les hace falta. No pintamos nada.
Todo esto es cierto, yo creo. Pero no queda sino batirse. Sin ira y sin odio, sin saber nada del remordimiento, no le des al miedo la coraza que exige. Entrelaza en tu vida la dulzura de la esperanza y la audacia de la desesperación. Que sea esa tu fuerza y tu aspiración a la felicidad. Y que el mar, tibio como unos labios, y el cielo, hermoso como una promesa, se unan sobre ti con energía y fiereza, para cuando el reino inmóvil llegue a ti des a la tierra de vuelta lo que te presta hoy. Y aunque no importemos, seremos dueños perpetuos de nuestro silencio.
La ciudad se va a dormir, entre designios poderosos para los que somos nada, como tampoco lo somos para el río que corre y suspira, para el río implacable que nos lleva.
martes, 31 de diciembre de 2024
Diciembre. 31. 2024.
Durante algún tiempo
No he escrito ningún verso.
Me adentré en el color de los atardeceres
Y vi en la espontaneidad del instinto
Los meandros del ser.
No sé lo que buscaba.
Ahora todos los cielos de cobalto muestran
Guiños ansiosos mientras van pasando
Y nada hay inocente o libre de venenosa insidia.
Así que con la aurora alzo los ojos,
Acurruco lo vivido frente a lo por venir.
Y doy gracias, aunque sea en voz seca,
Una voz que se pierde en el crepúsculo,
Por haber podido contemplar la belleza, la paz
Y recontar el fluir del arroyo generoso
Con las manos aún vivas.
Aunque me canso en ocasiones de mí mismo
Y alas exhaustas baten contra el aire con el sonido
Agrio y efímero de una tos cansada
Aunque la soledad puebla mis días y los llena
De figuras de bruma que la luz destruye...
Pido que rueguen por nosotros y nos guíen
Para volver a encontrar el sendero escondido.
Y, allá en el horizonte, aquella luz desnuda.
lunes, 9 de diciembre de 2024
Viviendo en Wisconsin. Nueve de diciembre, 2024.
miércoles, 27 de noviembre de 2024
La flecha del tiempo. Maldito 27 de noviembre del 2024.
Te has ido de repente, como cae la nieve sobre los cerros y me has dejado jugando con flores marchitas. No podemos creerlo y no sabemos cómo se hace uno a la idea. Ahora te escribimos, hablamos contigo en sueños, buscamos tu rastro más allá de la niebla pero no sabemos bien; es oscura la casa donde ahora vives.
Recuerdo y trato de abrazar cada instante del último día que te vi, sin saber que nos despedíamos. Era invierno y estábamos al fresco con los abrigos puestos, en una noche en la que la luz del bar apenas se defendía de la bruma de una calle por las que pasaban pocas pisadas presurosas. Probamos cervezas, hablamos de trabajo, parejas, vida, ilusiones de viajes, tu fiesta en el aniversario de acabar la carrera (te pusiste mas fina que Pitita, maja...), las familias, el Universo y todo lo demás. Los amigos comunes, la nostalgia y la sorpresa de estar mas o menos en la mitad estimada de nuestras vidas.
Ya no podíamos vernos tanto como antes. Recuerdo un tiempo en que tratábamos de quedar con otros amigos el primero de enero, un ritual que ahora me resulta lejano y añoro. Aún tanteábamos las posibilidades de la vida, con más ilusión e inocencia. Lo que pasase no importaba demasiado. En fin, supongo que aún estábamos en el tiempo en el que uno siente fe en la capacidad de elegir su propio rumbo.
Solíamos ir, aún antes de eso, a diferentes lugares juntos. Teníamos distintos grupos de amigos, a veces nos alejábamos y a veces estábamos más cerca, pero encontramos momentos para estar, hablar, conocernos. Desde entonces hasta que muera, nunca olvidaré el sonido de tu risa, lo atesoraré, espero, contra los días fríos que han de venir. Recuerdo poco de lo concreto y mucho de un pasado difuminado en el que íbamos a lugares, quedábamos y siempre llegábamos tarde, repetíamos cien veces las mismas bromas por gastadas que estuvieran. Ya para entonces sabías bastante de mí y a mí me encantaba estar contigo. Fuiste a la India, a Alemania, a Inglaterra, buscando tu futuro.
Fuimos, algo mas jóvenes, a campamentos. Recuerdo aquel en El Espino. Quizá fue el último momento en el que recuerdo que el tiempo que se iba retornaba en algo que bruñiría un recuerdo amable. Sin duda, la memoria ha limado cualquier mal momento que hubiera y sólo me puedo alegrar de ello. No basta, sin embargo, por supuesto: lo que el corazón anhela no son recuerdos. Pero haber estado y sido parte de más tiempo juntos, entre nosotros y con otros, también está en una duermevela trágicamente difusa como ante mis ojos ahora. De cualquier modo, no podemos ver muy bien ahora...costará acostumbrarnos.
Pero aprenderemos a ponerte a nuestro lado y aunque no nos respondas luego, el eco seguirá su onda y estarás con nosotros. Ahora intento recordar el momento en el que nos conocimos. Tuvo que ser la parroquia o jugando en el Victoria. Pasamos tardes de catequesis, hablamos en tu colegio, me traumó verte fumando, nos abrazamos, una vez me dijiste que me callara y me enfadé, fregamos platos después de una fiesta en la parroquia, me hablaste del grupo de las chinchetas, yo me fui de voluntario a la cruz roja, seguimos viéndonos por el barrio
Antes de conocerte, no sé cómo eras, mas puedo imaginarte, divertida, sensible, valiente. Acaso nos cruzamos con nuestras familias callejeando por ahí. Naciste, nací apenas diez días después. Antes de todo ello ponientes y auroras de generaciones, espada y paz, aullidos de lobos, amor y rencor, la frescura del agua y el refulgir de la estrella fueron necesarios para ir construyendo las improbables pistas sobre las que todos y nosotros nos encontramos. Hoy, sólo pido que estés con tu familia, con Iván, con nosotros. Por piedad, extiende tu manto sobre nosotros y protégenos. dame tu recuerdo para sostener la vida. Por favor, sigue en nuestro recuerdo hasta que llegue el fin. Porque hoy estamos perdidos y vamos contra un viento cruel que es mas poderoso que nosotros. Vamos recogiendo pedazos de recuerdos y de lo que se ha roto en el alma. Hoy lloramos y no sabemos qué hacer, con un desconsuelo y rabia ciega que sin duda ya sabes, porque la flecha del tiempo apunta en la dirección de nuestra destrucción y no hay manera de cambiarla.




