A la distancia de un año luz ha llegado la sonda Voyager I después de su fatigoso avanzar por el silencio. Para llegar allí ha navegado 48 años. Querría imaginar que ha contemplado las maravillas inefables del Cosmos, aquellas que alimentaron mi imaginación cuando niño. Deseaba ser astrónomo. Después, algo pasó. Nunca he sabido qué fue y ya no me quedan fuerzas para lamentarlo más. También fui lanzado a una senda oscura y he llegado tarde a cada momento de mi vida.
No creo que existan extraterrestres tan cerca en el tiempo y en el espacio para que podamos encontrarlos, pero es hermoso tratar de lanzar una botella a una esperanza precaria. La única salvación de los vencidos es no esperar ninguna salvación. Ojalá la conciencia del Universo, el alma del mundo, lograsen alcanzar la insensata vida agitada de un minúsculo punto azulado.
Sí, ella pasa y no puede ya mirar atrás, porque nos hemos perdido. Seguirá sin miedo ni esperanza y al final llegará al mismo punto al que lo haremos todos: allí donde nos esperan. Sólo desearía poder estar allí, lejos de todo, flotando en una nada en duermevela, sin sentirme herido y deseando que mi yo se diluyese entre la miríada de estrellas desconocidas para aniquilarse, ya marchito.
Continua, Voyager. Con tu avanzar errante y valeroso, canta al fracaso humano en un éxtasis de tristeza. Un año luz ya...oh tierra del olvido, ¿dónde está tu victoria?

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