El cielo es frío y tiemblan, lejanos, los luceros;
Suntuosos aromas conspiran esta noche.
Una rebelión susurra y despierta el silencio,
Cántico que anuda el tiempo y el grato desorden
Que llamamos vivir. Agudiza la pena saber que no estaré
Un día y la rueca indiferente proseguirá su hilado,
Los orbes girarán, la luz prosperará, nacerá otra fe
En el brillo de otro agua y el canto de otros pájaros.
Acaso caminar el día es al fin derrumbarse
Tras la torpe mañana de ambicionar la presa,
En la carrera tras su rastro anquilosarse
Y regresar al ocaso dorado envuelto en su tristeza.
Es el sino que vivieron todos desde tiempos remotos...
De nada sirve pensar en aquello que desborda esta hora
Allá la fe y el miedo preñan el futuro misterioso
Aquí el afán presente alza y llena las copas.
¡Cuánto frío revela el brillo de su hacha!
Cuanta espuma de nostalgia atesoran los ojos.
Hay auroras que despuntan en la flor de su magia
Y la luna da al alma el temblor del asombro.
Hoy es tiempo de paso, alegría y coraje:
Deseo sentir paz en ese rincón del paraíso
Donde la paz reluce en un cielo de aves
Y los ángeles no nos vedan su contemplar furtivo.
Una luz que nace, un consuelo al olvido
Que desea roer las formas que entregamos
Al mundo que desea encontrar otro brillo
Y allí, desvanecido, yacer entre sus brazos.
Hoy la esperanza nace de tormenta y escombro.
Quizá fue siempre así; llama luchando contra el frío
Y algún día el alma sabrá ver su fruto misterioso
Envuelto en niebla leve, con los ojos de un niño.
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