Me parece vivir en una realidad que desea desterrar cualquier fricción con la realidad. Quizá eso sea lo que se ha dado a llamar modernidad líquida. Un arroyo melifluo de conformidad exigida que roza y no daña pero tampoco eleva. Se aspira a una reclamación de fragilidad total que rompe por exceso de protección.
Creo ver, quizá me exalto, esa imitación a la vida en muchos lugares y es una brisa ardiente que molesta. En la percepción de los animales como compañeros porque nunca molestan ni desafían; en el refugio en vacuidades sin ancla; en el uso de la opinión como conocimiento; en la lúbrica oferta de nuevas tecnologías que ofrecen cada realidad deseada como la auténtica; en el hundimiento del valor de la vida humana porque todo es un espectáculo. Y entonces la noche parece un punto más oscura porque no encuentro manera de pensar en lo que quedará de nosotros. No sé qué hago aquí si no puedo defender una verdad. Quisiera vivir en ella, pero soy muy débil.
Verdad en sentido fuerte, digo. No aquella que nace de la concordancia lógica de un enunciado, sino de la abrasión de lo real. Llevo toda mi vida buscando esa revelación tranquila y no deseo cerrar mis ojos antes de llegar a esa fuente. Sí, a una verdad, íntima o pública, fascinante o mundana. Aquel lugar como un puesto de vigilancia en un bosque umbrío, donde ser herido o vislumbrar la maravilla. Aquel lugar.
Hoy la abstracción gana;no puede ser refutada por la vida. No dejan que la vida consuele y agote, que sea su propia respuesta. Vivo en una narrativa contada por un idiota y que no significa nada y me cuesta salir a flote. Acaso debiera saltar a un vacío para ello, pero he olvidado donde están y no quiero caer en la bajeza de tantos que confunden la impotencia de su espíritu con la inocencia de su corazón. Dejo que la verdad me hiera, si así debe ser. Hoy escribo porque me agoto y el mundo no choca conmigo sino que parece apartarse y yo sólo deseo una bravura y un soplo de conciencia real, mientras las aves pintan el cielo del crepúsculo de motas blancas y un rumor que llega hacia la mar en calma me susurra que lo siga intentando.

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