He tenido una revelación hace un rato. No llega a epifanía porque es un tanto obvio y ha sido dicho ya muchas veces. Sin embargo, diré que vi más allá del cielo una danza llameante del universo mientras tanto. Por dar empaque. En fin, a lo que voy: somos criaturas conformadas por nuestro lenguaje.
Vivimos en un mundo lingüístico, incapaces de liberar la realidad de una representación inevitablemente limitada. Somos criaturas de cambio constante y sensaciones inefables que tratamos de cercar con palabras. Aunque dichas palabras son inexactas, permiten confirmar la realidad compartida con las demás criaturas. Más allá de los límites de la gramática yacen los resquicios de la propia naturaleza de la verdad. Allí se mueven los turbios ejes que consiguen la derogación de la permanencia en un devenir inexorable. Allá también nacen las misteriosas formas del tiempo.
No creo, según mi experiencia mística, equiparable a recibir una pedrada en la frente y quedarse picueto, que vivamos en un mundo físico de naturaleza y realidad independiente y absoluta, sino en un mundo lingüístico. Existe una verdad lejana, pero sólo nuestro lenguaje puede despertarla. Cuando el lenguaje flaquea, la realidad nos aparece brumosa. La capacidad expresiva no sólo limita lo decible, sino también lo que podemos concebir como significativo. Lo real podría conformar múltiples dimensiones ocultas, puesto que sólo las que podemos nombrar forman parte de nuestro universo cognitivo. En definitiva, tenemos una relación hermenéutica con lo que creemos real. Sólo interpretamos a través de palabras. De esto se seguiría que tenemos una mente que dirige la supervivencia y replicación de individuos que a su vez son repositorios de material genético, lo único que importa. El cerebro es una sofisticada maquinaria de supervivencia y sólo necesita recoger de lo externo lo que fortalece, lo que debilita y lo que mata. Todo lo demás es distracción y ruido.
¿Es concebible, quiero decir, interpretable, quiero decir defendible que entonces, acaso, los conceptos sean creados por la mente y a la vez, de algún modo, la moldeen? No tengo ni idea. Mi revelación no mencionó nada de eso.
Es verdad que siempre me ha parecido muy interesante. Siempre me llamó la atención la existencia del lenguaje performativo, aquel que crea la realidad que nombra y que el lenguaje jurídico adoptó del religioso ¿Cómo se llegaría a un concepto así desde el mito? "Seréis como Dioses".
También me preocupa el uso y abuso de propaganda y la extensión de la mentira y la mistificación del lenguaje, porque de alguna forma hace la realidad más asfixiante y estrecha. Lo que se puede decir, existe, en algún plano de realidad. La propaganda no crea lo que nombra, pero moldea el resto hacia ello. Y es peligroso.
En fin, esa fue la idea que me pasó por la cabeza antes. No es original, no es muy sofisticada y no la sé expresar muy bien. ¿Pero cómo podría haber visto el cielo rosado de la aurora esta mañana y reducirlo a palabras, metáforas y analogías y sentir que alguien podría imaginarlo? La noche cayó (y calló) ya hace un rato. Las luces no se elevan y las nubes ocultan las estrellas. Quizá más allá de todo lo que somos capaces de concebir hay una forma superior de sabiduría que pueda prescindir de los signos. Sin ellos, hoy nos sentimos como en un callejón sin salida, allá donde lo que no se puede decir se estrella contra la oscuridad y una penumbra especial atrae a los fascinados ojos. Y quizá más allá de esa llanura inmensa existe una forma de verdad simple y amable que sólo se puede ver en los ojos del silencio, desterrada la conciencia por la depredación de conceptos ajenos.
Mientras acabo de escribir, el amanecer de hoy sigue ahí en algún rincón del recuerdo. Y nada de lo anterior puede hacer nada por compartirlo, y que la sensación es única e inexpresable, que se queda adentro y no puede ser comprendida plenamente por otros, porque somos criaturas lejanas y porque la única aproximación a la verdad es el silencio.

No hay comentarios:
Publicar un comentario