He querido crear un monólogo teatral. Allá va:
Amo la vida con pasión; mas mi vida propia me resulta insignificante, sombría, pesarosa. No me importa confesarlo porque he observado que a la mayoría le ocurre lo mismo.
Hay una imagen de Chéjov muy poderosa que expresa este sentimiento: el de un rayo de sol que podría iluminar parajes hermosos pero se encuentra en el fondo de un pozo.
Con su genio, refleja bien mi horizonte cuando me levanto en la mañana. Sé que dentro de mí tengo algo genuino, cálido, vibrante, energía e impulso. Pero luego pasan las horas y me cubren a su alrededor, y siento el profundo peso ,frío y húmedo. Es esa luz que se ahoga contra paredes de piedra. Sólo ilumino mi propia insignificancia. Es una sensación de inutilidad aplastante: saber que acaso podrías calentar un campo entero, pero tu destino es languidecer en un rincón oscuro. Desconozco si podría llegar a tener talento. La falta de voluntad para atreverme a intentarlo ahoga. Sin espacio para subir, sin nadie que mire hacia abajo para ver la pequeña brizna de oro atrapada, me consuelo pensando que tal vez haya un sentido oculto.
La conciencia parece ser un regalo envenenado. El dolor sería soportable si yo no supiera ahora lo que no supe entonces. Pero sé que nada cambia nunca. Me veo encadenado a un ciclo sin fin de abandono y hastío. No es simple tristeza; es melancolía densa nacida de la contradicción. Deseo ascender a algo mejor pero toda mi energía se disipa chocando contra los barrotes de mi rutina o de mis miedos. Solo me queda engañarme y pretender brillar para mí mismo, un espectáculo privado de supervivencia, hasta que la noche (o el día siguiente) me devuelve al mismo lugar. Es agotador ser luz en la oscuridad sin poder ofrecerla.
Pasarán más días, otras lluvias y nubes y soles que iluminarán mi rostro como el del mismo hoyo insondable por donde muere la luz. De pronto, en un momento, una voz interior preguntará "¿Qué es lo que tienes para ofrecernos?", y otra voz que saldrá de mí sin yo reconocerla responderá que he sufrido y he padecido amargura y que los pobres frutos no han recibido ternura del agua ni comprensión de la luz. Después, será el silencio.

No hay comentarios:
Publicar un comentario