Los libros, portones del enigma. La comida en el plato cada día. La luz del otoño. Pensar en nada. Aprender. El deporte y su euforia inducida y a veces real. Escribir. Aceptar y apretar los dientes. La inocencia. Los cajones olvidados. Cada despertar. Las bufandas. El sexo y su viaje más allá de uno mismo. Las cumbres de las montañas. La historia antigua. Las tonterías repetidas como signos de la amistad. La esperanza. Volver. También irse. Los armarios. El coraje. La duda fecunda. El poniente, mezcla de lo real y el sueño. El enigma del tiempo. La soledad. Vivir en la verdad. La fruta. La hora dorada que pasa desapercibida pero acompaña. El silencio. La justa ira. Los viajes soñados a reinos inexistentes. La razón, palacio de cristales líquidos. Perder y volver a arriesgar. La imaginación. El fulgor del desierto. Las enumeraciones. La constancia, esquiva y generosa. La religión que sirve a alguien como verdadera consolación del inexorable aislamiento del hombre. La aventura y su hermano menor, el juego. Los que nacen. Las carreteras. La libertad y su precipicio temible. Los otros, el verdadero espejo. La nobleza. Una salus victis nullam sperare salutem. La compañía. Los techos amables. El olvido, única venganza y único perdón. La selva. La ecuanimidad, refugio del individuo. La mujer y el hombre. Los lenguajes de la gente. El respeto. La sombra de la luz y la mística universal. Los arroyos. La ilusión del yo y su derogación alternativamente. La nieve. La amabilidad de los desconocidos. Los chistes malos. La confianza. El amor, alfa y omega. La forma de las manos. El cuerpo femenino. La ilusión que precede a la suerte. La voluntad de vivir. El chocolate con churros. La compasión. La matemática. Los desafíos. Los monumentos. La memoria de Frances Haslam, la abuela de Borges que pidió perdón a sus hijos por morir tan despacio. La buena fe. La frugalidad y sus ocasionales excepciones. Las nubes. El mundo de las ideas y la plausible inmortalidad del alma. El agua corriente. Los animales. La medicina. La doctrina del axiarquismo. La ternura. Las canciones pasadas de moda. El rocío de las mañanas. Las cicatrices curadas. El surrealismo incomparable de los sueños. Las discusiones. La fragilidad consciente. La conciencia. El orgullo de resolver un problema. La camaradería. Las murallas. La fantasía. El orden espontáneo. Los actos buenos de la inmensa mayoría. La comprensión. La caricia del sol. La sensatez. Los árboles y sus sombras, y sus formas. Los defectos acostumbrados de los seres queridos. Las playas. El perdón. El calor y el frío. La nostalgia generosa. Los ritos sagrados de cada vida individual. El petricor. La risa contagiosa. El deseo voraz de que todos estaremos aquí de nuevo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario