No envejecerán como los que quedamos
No les pesará la edad ni les devorarán los años.
Veremos sus ojos en las cosas que amaron,
Llenarán de colores nuestro desencanto.
El corazón escondido los conoce y desvela
Como la noche triste conoce a sus estrellas.
El crepúsculo calladamente trae el olvido,
Mas ellos seguirán recordando quienes fuimos.
Ya no ocupan la mesa donde pasar la tarde
En alegres bullicios que capturan el aire;
Duermen en costas lejanas donde reina el silencio
En paz y aroma suave, sin frustración ni miedo.
La inocencia que perdimos se quedará con ellos,
Con el fulgor de un ángel bañaran los recuerdos
Del poso que legaron a las horas más dulces
Liberando del tiempo su promesa y sus luces.
Día a día seguiremos retomando sus pasos
En la flor del momento y la brega del año,
Hasta que la hora llegue de partir a su casa
Que desde la ardiente oscuridad nos llama.
Donde muere el ocaso, caminaré en secreto
Al jardín inefable donde nacen los sueños:
Yacen allí los cansados en el amoroso seno
Donde reposan libres frente a horizontes plenos
Al final del tiempo retomarán la senda,
Con nosotros al lado, marcando la ribera,
Hasta que el sol decline en la cuna del mar
Y allá permanecerán, permanecerán hasta el final.

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