El laberinto preñado de reflejos
Distinto cada día, es el espejo
De tu pasar colmado de momentos.
Un paraíso sin temor ni consuelo.
Fluye el presente su respirar calmado
Y el brillo de su lomo es su regalo
Ardiendo como un fuego acostumbrado
Alumbrando lo bello, que está siempre de paso.
Tu rostro es otro laberinto y una rosa
Que indaga en el asombro de las cosas
Iguales y variadas, irregulares sombras
Esparciendo en la luz semilla misteriosa.
Y al cabo miras el río y tú eres la corriente
Turbia y clara, oscura y transparente
En la que avanza el arduo salto de los meses
La que ahoga, la que fuerza, la que vences.
Otra luna más sobre el intrincado espejismo
Otra luz en otro cuerpo que ayer era distinto.
Otra voz que susurra antes del inevitable olvido
Porque solo posees aquello que has perdido.

No hay comentarios:
Publicar un comentario