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sábado, 28 de febrero de 2026

Sabotaje. 28 de febrero.

 No sé por qué me castigo. Creo que es algo común pero no deseo aplicar a todo el universo mis neuras. El caso es que cualquier visión de mi futuro viene acompañada de su versión más tétrica las más de las veces y en ocasiones de una euforia irreal que tampoco es buena. Y el ansia de evasión, esa ebriedad de la metamorfosis sabotea mi ahora mientras las visiones lejanas y extremas de lo por venir me alejan de mí.

Nunca he dejado de sentir ese sabotaje constante en casi todo lo que he hecho. Supongo que hay un sentido de culpa muy hondo y oscuro que me grita que no merezco nada y una conciencia inefable que parece disociarse de mi día, como sintiendo que alguien nos mira. Deseo lograr ser capaz de darlo todo cada aquí y cada ahora. Ser capaz de sentir con intensidad la frescura del agua. La brisa inocente. Deseo salir de la prisión del yo y consagrar lo que me quede a algo más valioso que mí mismo, la calidez y la visión de las calles con esperanza. Deseo contemplar las ondas que mi vida, como todas, extiende en el lago amable de las posibilidades. Mas es arduo conseguirlo mientras los segundos se acumulan en la parálisis de la ensoñación y el boicoteo de todas las perspectivas. Hay veces que creo que es miedo, a conseguir más de lo que merezco o a que otros vean que no logro nada. Pero no creo que sea eso, o no sólo. Es un rumor sutil de ansiedad contra la pared blanca de un futuro que se me aparece como a punto de ceder, aunque sepa que no es probable.

Una de las impresiones adicionales que incrementan la sensación general de confusión y duda es que tengo motivos sobrados de gratitud. No han pasado cerca de mí las sombras de la enfermedad, la muerte, las melancolías por amplias desilusiones o tormentas de injusticia. He sido afortunado y pese a todo contemplo con frecuencia llanuras nocturnas que iluminan los relámpagos por nostalgias de lo que no ocurrió o futuros desesperanzados o imposibles. Todo ello conjura la dificultad de la simple presencia.

En fin, en ello trabajo. Hoy ha salido el sol e iré a pasear, veré amigos, creo, disfrutare sin achaques ni grandes preocupaciones. Creo que voy a tratar de olvidarme de mí mientras veo los árboles y la luz de la vida se filtra entre sus ramas. Creo que voy a sentir la agonía dulce del día entre mis dedos y cerraré los ojos, con la sensación de que nada importa tanto y que mañana será lo que Dios quiera.





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