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viernes, 19 de septiembre de 2025

Acerca de una célula. 19 de septiembre.

Unos científicos decidieron hace unos años crear una ilustración de una célula vegetal eucariota. Lo que crearon es inspirador, bello y bueno. 




Ahí está, semejando una populosa ciudad o una fábrica, llena de detalles ínfimos e infinitos, devorando el corazón que piensa y siente con el enigma de cualquier vida. Nada puede prosperar sin el respeto absoluto a ese misterio. Por alguna razón, existe la vida en una roca perdida en el silencio de un universo inconcebible. En los horizontes de esa roca, un sol aparece desde hace miles de millones (¡millones¡) de años sin ninguna conciencia que lo contemplase y presumiblemente pasará mucho tiempo después de que nuestra especie tope con su destino, quizá. Pero hoy al menos, creemos saber cómo ocurrirá, aunque su escala nos supere y derrote. Y hoy sabemos que no es siquiera algo especial: nosotros lo hacemos, pensándolo. Tampoco nosotros somos especiales, conjunto de miríadas de células que no nos piensan. La complejidad que existe en nosotros es de una magnitud tal que sólo el término milagro parece acercarse a su grandeza. Acaso comprender más es solo adentrarse en un bosque mágico y ser humilde ante la maravilla.

He escrito que no existía conciencia en la Tierra...al menos no la que soy capaz de imaginar. ¿Pudiera haber otras? Un cerebro humano, creado para sobrevivir a todos los ahoras, no puede adentrarse demasiado en ello, me temo. Pero ver el cielo estrellado sobre nosotros, los trabajos coordinados de millones de pequeñas celdas laboriosas sobre nosotros y una sed de infinito se rebelan en mí contra mi fin.

No hay una razón muy clara para ello, en cualquier caso. Supongo que aún nivel celular, ningún ser constituye una experiencia irreemplazable. Somos también una miríada de procesos mecánicos inconscientes que, por un tiempo, nos hacen gozar de esa sensación generalmente agradable llamada vivir. Pero...¿quién disfruta, quién siente, quién vive? Sólo sé que estoy hecho mucho más de lo que no percibo que de lo que me es dado intentar comprender. Y en ese umbral dorado que separa lo alcanzable de lo secreto, y acaso lo prodigioso, me dejo acunar, cierro los ojos y veo y siento con los ojos cerrados cada maravilla, enigma, sorpresa y redención que aún guarda el mundo, las formas de las nubes, los manglares y las cumbres heladas, las fieras y los seres del mar, las constelaciones y las playas de piedra, todo el decorado de un planeta que vaga errante y está repleto de dones para nosotros, los afortunados, mientras respiremos. 

Respiro, veo la llovizna sobre el río, la montaña tras edificios de cristal y acero, el cielo y la mar uniéndose en la neblina. Ahora al menos, todo está bien. Y que mañana sea lo que la vida (y su ausencia, esa nada que nuestro miedo ha conjurado haciendo algo tangible de su radical nada) quiera.

viernes, 12 de septiembre de 2025

Doce de septiembre.

Lo que tiene importancia se conoce así: 

Sólo sirve callar. Olvidar las palabras,

Muletas inútiles contra un dolor desconocido,

Y comprender que nadie nunca escapa

Salvo en los sueños.




miércoles, 27 de agosto de 2025

El beso de la nada. 27 de Agosto de 2025

No es fácil iniciar de cero

Y volver a caer en la tormenta

Ni aprender a despedirse silencioso 

Mientras el ruido permanece afuera.


No es fácil ser brizna de hierba

Y mansamente esperar la hora,

Ni acumular nobleza y experiencia 

Y al fin perder el brillo de la aurora.


No es fácil aceptar ser un soplo fútil 

En el aliento de la eternidad dormida,

Ni aprender a mirar las estrellas cada noche

Manando sangre de la fatal herida.


No es fácil aprender de la lluvia 

El arte de perderse sin buscar un destino

Ni en el vacío de la tarde encontrar la forma 

De ser y no ser y entregarse al olvido.


Contra el tiempo repto y su sonrisa helada

Bajo la cúpula indiferente de su desafío 

Y el sabor amargo que me llena la boca

Es el de mi corazón atrapado en su frío.


No es fácil aprender a despedir a la belleza

Contra el resplandor del horizonte una mañana

Ni perder sin saberlo la fuente misteriosa 

Que otorga el agua que purifica y sana.


No es fácil sentir caricias de la dicha

Y olvidar que se perderán sin remordimiento,

Ni haber aprendido a construir refugios

Que el viento destruirá sin apurar esfuerzo.


No es fácil olvidar lo que formó tu vida

Ni despojar al yo de su sueño de gloria,

Ni aprender a perder cada batalla ansiada

Ni contemplar con calma la flor de la derrota.


No, no es fácil...y el universo ríe,

Barco sempiterno entre olas calladas

Olvidando a su paso la tristeza que gime,

El dolor de ser vivo y el beso de la nada.




miércoles, 20 de agosto de 2025

Mentira y futuro. 20082025.

Viviremos aún en este mundo días

Siempre rodeados de hojarasca y fraude,

Ciegos sedientos con bocas de marfil y ruina,

Secos de sol mientras mueren las tardes.


Los brazos se agostarán, diseminados 

En tareas sin brillo ni pasión ni goce,

Su tarea más alta sin haber encontrado:

Desbrozar los reinos que su afán conoce.


Porque hoy la mistificación reclama dominio

Y la verdad tirita escondida en su aurora.

La oscuridad extiende alas de crepúsculo tibio

Y disuelve la luz en fugitivas sombras.


Nada hay que hacer: la razón es fuerza

Y los bárbaros narran heroísmos creados

Mientras contra el horizonte la quemada hierba

Acoge los restos inertes en desecrados campos.


Viviremos un poco más en días desgastados

Avanzando en la rutina de cansados días,

Viendo un porvenir oscuro y cerrando los párpados 

A un mundo envenenado de funestas mentiras.






domingo, 10 de agosto de 2025

Remontar el vuelo. Agosto, 2025.

He salido a disfrutar el sol y me senté en banco para no pensar en nada. Ojalá la mente pudiera apagarse y encenderse de vez en cuando, limpiar la basura y dejar de herirme. En fin, no se puede y me cuesta también llegar a ello. Supongo que el privilegio de la consciencia acarrea sus propias servidumbres. 

Un gorrión saltaba entre los adoquines. De pronto, se aquietó, cambio de dirección y extendió sus alas. Lo seguí con la mirada mientras se elevaba entre edificios pesados y el cielo tranquilo, alejándose, dejándome otra vez solo. ¿Por qué sigo preocupándome, dejándome la piel en pensamientos turbios? No conozco más vida que ésta. Aunque la detesto casi siempre, en ocasiones manda señales limpias. Nada ocurre, no importa, no necesitas apenas nada...pronto todo estará consumado. Me pregunto por qué lo olvido si un banco, una tarde soleada que dura lo que transcurre en múltiples pensamientos tristes basta para recordar que no tiene mucho sentido y que lo que de veras valdría la pena cabe en el batir de alas de un pajarillo y lo que hiere demuestra sólo que somos capaces de soportarlo.

Volar, partir, olvidar, todo se resume en el vuelo de un pardal que sigue habitando el cielo, ya para mí para siempre. El sol aún acaricia y la música que escucho deshiela los glaciares que llevan en mí mucho tiempo, como castigos que me he impuesto por una culpa que siento pero no conozco. Algún día, de algún modo seré liberado. Llevo esperando por ello desde el primer día.



lunes, 28 de julio de 2025

Barco en la noche (torpe homenaje a Robert Frost...). 28.07.

Este poema sigue el tema y la forma de "Acquainted by the night", de Robert Frost, bastante libremente. Ni hay que decir que todos sus defectos no heredan nada de esa hermosa composición.


He sido un barco en la noche, sin timón ni rumbo,
Que perdió su ventura a merced de las olas.
La marea inerte me adentró en el abismo oscuro.

He abrazado la tristeza en ondas rumorosas,
Allá en valles nocturnos donde habita el silencio 
Y he olvidado mi voz, sepultada en sus frondas.

He caminado con mis dudas en el seno del tiempo 
Y he dicho adiós sin saberlo antes de la hora
Por seguir una distante luz en la línea del cielo.

He quemado el día venidero antes de su aurora:
Su despojo me llevó a aquel lugar profundo,
Dónde las lágrimas danzan y la sonrisa llora,

Pero era ya tarde para la edad del mundo.
He sido un barco en la noche sin timón ni rumbo.




domingo, 20 de julio de 2025

Ver Antares en el cielo. 21 de Julio de 2025.

No sé si existe un ser humano que no muestre un asombro atávico ante el fuego y una fascinación inacabable ante el cielo estrellado. Desde la ignorancia conjeturo que hay improntas en nuestra percepción que fueron fijadas en la noche de los tiempos y por más que cada uno demuestre reacciones diferentes, el temblor es muy similar.

Vivo en un lugar que desea llenar de luces su noche y ha olvidado el silencio. Mi mente a veces no puede soportar bien esa falta de perspicacia; no sabemos vivir sin mirar a las estrellas. Cada noche trae lamentos silenciosos por el brillo cegado de miles de soles distantes, velados perpetuamente por un manto traslúcido que oculta la verdad: el abismo de un cielo desolado nos descubre y eleva.

Sumergido en la vasta oscuridad, siento que puedo perderme y dejar de ser yo mientras deseo entrever formas nebulosas y titilaciones. Ningún sentimiento es más grato, nada libera de mis preocupaciones pequeñas y mezquinas que saber que no soy ni siquiera un suspiro en la edad del cielo. Y la sensación de levedad y ligereza que asciende en la mirada es mi mejor parte. 

Hoy he visto en especial una estrella rojiza y he visto que era Antares, en Escorpio ("el rival de Ares, el otro objeto rojo en el cielo nocturno). He imaginado un silencio de millones de años en espacios inabordables, la luz y el cambio incesante que ocurren sin que una conciencia los admire, salvo la nuestra, tan lejos...he pensado en cortesanos babilonios y sacerdotes egipcios, pastores antes de dormirse y astrónomos haciendo cálculos. Una hermandad espiritual que acoge a la humanidad entera y revela el alma del mundo. La conciencia universal que acaso seamos, el intento fútil del universo por entenderse.

Sin hacer nada, rumbo al olvido, uniéndome al grupo de los absortos, miro como la noche prende fecunda lejos del orgullo humano. Deseo despojarme del mío y caer en la tiniebla jaspeada de perlas frías allá donde la mirada se olvida de modificar con orgullo lo que ve y la alabanza a lo inalcanzable significa el impulso más noble. En la pesadilla de la oscuridad, los perros del odio y el temor sé que seguirán ladrando. Por ello, recojo la luz que me envían y me refugio en una celda solitaria y de silencio, ajeno a todo lo demás, diciendo adiós a todo eso, sin euforia ni miedo.