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martes, 17 de noviembre de 2015

En un mundo mejor...

Supongo que una de las dificultades de interpretar cualquier terrorismo, es, aparte de su vocación a lo atávico que no se puede expresar, su complejo manejo de símbolos que se contradicen con las realidades tangibles de ese resultado simbólico. La voluntad de Dios, la libertad, la culpa, son ámbitos diferentes a la muerte, el pánico, la angustia. Es cierto que es un puño sin brazo. Pero además es un  puño que se evapora justo en el instante en el que destruye. En ese sentido, más que a cualquier teórico de la historia, se parece al dictamen y la visión del mundo del capitán Ahab, que ve en Moby Dick y el resto de objetos del mundo visual simples máscaras tras la que se esconden el honor, la virtud, y el mal, para el que hay que golpear a través de esa máscara para escapar como prisioneros de una pared invisible que nos envuelve. Y todo este párrafo es para tratar de comprender una incomprensión radical.

Algo parecido se puede decir de la guerra. Creo, sin embargo, que afortunadamente la guerra carece de ese idealismo inane que arma la estructura ideológica de casi todo terrorismo. De cualquier modo, los presidentes han anunciado guerra y lo han hecho de forma enérgica. A mi modo de ver, lo han hecho con la típica declaración pseudodeportiva que inunda todo en nuestra época, la de que las finales no se juegan y se ganan. He recordado algunos otros discursos, de guerra real, con muertos propios, sin ataques aéreos que desolan y aparcan el problema unos meses, con sangre de aquellos que confiaron en lo que su comunidad creía necesario, a veces erradamente.

Suelen ser discursos con una gravitas de la que carecen los discursos oídos los últimos días, porque nosotros carecemos de ella. Me gusta su triste aceptación de que la guerra es lo peor que le puede pasar a una comunidad, pero que a veces las amenazas son tan graves que no queda más remedio que emprenderla. Agradecen el sacrificio de unos pocos a los que la mayoría debe tanto. Tratan de dar consuelo a sus seres más cercanos. Asumen su incapacidad de asumir la muerte de los jóvenes. Y, sobre todo, tratan de subrayar que luchan por algo tan frágil que su defensa puede ser fatal, pero es insoslayable.

Uno de mis fragmentos favoritos es el discurso fúnebre de Pericles, en la guerra del Peloponeso.

"La razón por la que me he referido con tanto detalle a asuntos concernientes a la ciudad, no ha sido otra que para haceros ver que no estamos luchando por algo equivalente a aquello por lo que luchan quienes en modo alguno gozan de bienes semejantes a los nuestros y, asimismo, para darle un claro fundamento al elogio de los muertos en cuyo honor hablo en esta ocasión.
La mayor parte de este elogio ya está hecha, pues las excelencias por las que he celebrado a nuestra ciudad no son sino fruto del valor de estos hombres y de otros que se les asemejan en virtud. No de muchos griegos podría afirmarse, como sí en el caso de éstos, que su fama está en conformidad con sus obras. Su muerte, en mi opinión, ya fuera ella el primer testimonio de su valentía, ya su confirmación postrera, demuestra un coraje genuinamente varonil. Aun aquellos que puedan haber obrado mal en su vida pasada, es justo que sean recordados ante todo por el valor que mostraron combatiendo por su patria, pues al anular lo malo con lo bueno resultaron más beneficiosos por su servicio público que perjudiciales por su conducta privada.
A ninguno de estos hombres lo ablandó el deseo de seguir gozando de su riqueza; a ninguno lo hizo aplazar el peligro la posibilidad de huir de su pobreza y enriquecerse algún día. Tuvieron por más deseable vengarse de sus enemigos, al tiempo que les pareció que ese era el más hermoso de los riesgos. Optaron por correrlo, y, sin renunciar a sus deseos y expectativas más personales, las condicionaron, sí, al éxito de su venganza. Encomendaron a la esperanza lo incierto de su victoria final, y, en cuanto al desafío inmediato que tenían por delante, se confiaron a sus propias fuerzas."

Con todas las salvedades que uno quiera, la democracia, la igualdad y la libertad son frágiles, tanto cuando son atacadas como cuando uno pelea por ellas. Soy partidario, dentro de la insignificancia, de esta guerra. En tierra, no solo con aviones. Pero sé que ello significará la muerte de gente mejor que yo. Prefiero que un político me diga que no queda más remedio, que a pesar de todo merece la pena y que será doloroso, porque no puede ser sino doloroso, que un catálogo de medidas que nos ganarán lo que ya no puede ser ganado.

 Hemos olvidado lo que somos y lo que tenemos, su naturaleza. Es hora de exigir más justicia y equidad, pero también más audacia. Con quienes nos amenazan, nos desgobiernan y nos utilizan en contra de otros.

martes, 1 de septiembre de 2015

Perdona a tu pueblo, pastor.

De nuevo en Dundalk, y su niebla, su gris, sus calles aprendidas. Una sonda mira de cerca a la cara de Plutón, el planeta degradado. El país sufre por el infortunio de un joven millonario caprichoso. Los gobiernos hablan. Los partidos gritan. La gente calla. En Roma, un pastor populista perdona a las mujeres que han abortado.

Según la noticia, "todos los sacerdotes tendrán la facultad de absolver a las mujeres que hayan cometido “el pecado del aborto”, porque “el perdón de Dios no se puede negar a todo el que se haya arrepentido”.

Que queréis que os diga. Cada agrupación tiene sus normas y procedimientos, pero el uso de ese lenguaje autoritario y cuasi-penal en un tema tan íntimo de la conciencia y la cosmovisión humana no deja de resultar amargo. Es el del perdón un asunto delicado. En una sociedad tan hipersensibilizada a cualquier crítica, broma o comentario. En un entorno tan banal, pueril. En un mundo rosado por la publicidad y el consumo que oculta las espantosas realidades de la vida...el perdón siempre es una virtud poco ponderada. Pero que un tercero se arrogue la facultad de interpretar la voluntad de Dios desde su silencio abrumador, para poder señalar y después "perdonar" a quien tomó una decisión tan difícil...pues no. Oye, Papa. Ofrece consuelo y refugio. Habla palabras sabias. Pero no perdones la vida. Ni la mortal ni la eterna. Calla, ama, y haz lo que quieras.



domingo, 21 de junio de 2015

Por ser lo que somos.

http://www.elmundo.es/cronica/2015/06/21/55844c0e268e3e192e8b4584.html

- E: No supimos que seríamos los primeros hasta aquella misma mañana y nos asustamos mucho...
- Z: Por la presión mediática...
- C. No sólo por eso. No sabíamos cómo iba a responder la gente. Date cuenta que somos una generación que nos han dado de palos por ser lo que somos...
De vez en cuando, me gusta revisar los periódicos españoles. No suele ser grato. Un bucle de noticias recicladas, comentarios sobre comentarios a raíz de apreciaciones sobre los comentarios a alguna declaración banal. Polémicas ruidosas. Gracias soeces. El paisaje y el paisanaje moral de un lugar encerrado en sí mismo, con mucha envoltura externa y con el convencimiento de una serie de verdades impuestas que distan de ser ciertas: nuestra excepcionalidad para lo bueno y lo malo. La culpa de los otros. La atención que despertamos en el mundo.

Por eso, es bueno reseñar las veces en las que uno puede sentir cierto orgullo por vivir en un país decente. El reportaje sobre el matrimonio gay y su implantación en una sociedad abierta y más tolerante de lo que los medios nos muestran con fruición. La reivindicación de quien lo llevó a cabo, incluso si uno es crítico con su labor general. Yo lo soy. ZP demostró ser, la mayor parte de las veces, banal y vacuo, instalado en una retórica maniquea, y sobre todo un político que creía que el mundo real responde a las buenas intenciones siempre. La falta de realismo político es un gran defecto, en mi opinión.

Sin embargo uno vale (o debería valer) por lo que es capaz de hacer en sus mejores momentos, y Zapatero contribuyó a hacer una sociedad más decente o, en otras palabras, una en la que la experiencia de la dominación injusta y por consiguiente, frustración y humillación radicales de las instituciones a los ciudadanos fuera un poco menos común.

Gracias por ello. Y enhorabuena a todos los que desde entonces han podido ser lo que son.

miércoles, 17 de junio de 2015

17 de junio de 2015

El día se va agotando lentamente, aunque las nubes hacen de la luz un hogar uniforme. Algunos rayos de sol iluminan las paredes de ladrillo, y las calles se desprenden de los últimos charcos de ayer. Hay una especie de armonía que no aspira a ser admirada, sino a la compañía apacible. Algo así como un perro grande que sabe que pasaros sus mejores días intensos y ahora nos protege con su mirada sabia y su porte calmado. 

La mañana no es así. Cada vez que el despertador del teléfono suena, el aspirante a condenado por cualquier falta que duerme conmigo se levanta para ir al juicio del hoy. Se viste pesadamente, suena alegaciones fútiles bajo la ducha. Desayuna sin ganas y pedalea mecánicamente bajo una luz que no alumbra un camino bajo el asfaltado irregular. Y vuelve a pensar, mi enemigo voraz, que, otra vez, como siempre, ha perdido el alma entre las sábanas arrugadas.





martes, 16 de junio de 2015

El fantasma de las navidades pasadas


Lo que diferencia la revisión de los errores pasados en la literatura (la buena al menos) y la cloaca política española de cada día es  el oculto propósito que un narrador dispone. Scrooge es mejor persona tras la visita del fantasma de las navidades pasadas, Gabriel Conroy sabe que no ha amado y sufre una revelación amarga, pronto será sombra. La catarsis de Aristóteles, repetida en un mismo molde. Una inspección, introspección, contrición, duda, dolor, sentimiento de impotencia y al fin y al cabo, todo lo que significa llegar a ser un ser humano.

Aquí no. Todos se encastillan, entre el sujeto incapaz de pedir disculpas sin reservas por repulsivos comentarios públicos acerca de niñas violadas, víctimas del genocidio y el terrorismo y otros que no sabrían escucharlas y que exigen a los demás unos estándares de pureza que ignoran con los suyos. Todo acaba en un ruido de fondo que envilece lo que toca. No estamos preparados para ser personas. Sólo nos dejan las opciones de ser ángeles o bestias. Y mientras los problemas reales del país son ignorados dada su buena marcha, todo dios se pone a buscar tweets ajenos de hace cuatro años. para la recolección sistemática de rencor que el país necesita para sentirse lleno de energía. 


Hasta la próxima.



martes, 2 de junio de 2015

Las viejas historias





Nuestros mayores nos han dejado su voz con nosotros, para que modulemos la nuestra. No solo madres, abuelos. Los maestros del pasado que lograron llegar hacia nosotros viajando por los meandros del azar. Se abren a nosotros en sus páginas para que los desnudemos y rechacemos, adoptemos o ridiculicemos. Son las reglas del juego. Lo han sido siempre.

Sin embargo, en los momentos de crisis, cuando lo nuevo no sabe nacer y lo viejo no se resiste a morir, las ideas escondidas, los subtextos, las visiones del mundo se modifican. Y el marketing impulsa a comparar, o denegar, a los maestros del pasado por las divinidades de la moda. Por ejemplo, Tolkien.

El viejo Tolkien...que tipo. Creador de una mitología ubérrima, de mitos ancestrales y parábolas perspicaces, sus ficciones son cuestionadas por best sellers que necesitan su nombre y su refutación. El bien y el mal no existen, los antihéroes abundan, el cuerpo rige sobre el espíritu. Y no hay inocencia ni esperanza. Nada muy grave en sí. Pero que se relacionan con el nuevo paradigma sobre la naturaleza humana.

Tolkien, como otros autores de su tiempo, y algunos bastante posteriores, hablaban del héroe de su tiempo, no Aquiles, no los caballeros medievales. Pacíficos hobbits en su campiña idílica, sin querer mezclarse con ningún problema exterior y sin embargo, requeridos por las necesidades de su tiempo, se enfrentan a ellas y tratan de superar sus limitaciones a través de la virtud fundamental, el sacrificio y cumplir una misión en beneficio del mundo. Sabiendo que encontraría pérdida y dolor en el camino.

Que nos dice la cultura popular actual acerca del particular? Que somos mindundis incapaces de esos logros. El ideal del habitante (llamarlo ciudadano sería un exceso) es el del freak que se regodea en sus imperfecciones y las muestra sin pudor, a cambio de exigir que el mundo le devuelva ejemplos de mayores defectos, taras y bajezas que le hagan sentir comprendido. Un mundo de soledad a través del agoísmo y no del heroísmo. Una trama de corrupción moral generalizada donde la presencia del mal es a menudo indistinguible. Todo es cuestión del punto de vista. Una visión del ser humano mucho menos molesta para el poder, cómodo con la expansión del ego y la falta de coraje moral del occidental medio, viviendo rodeado de comodidades magníficas y huérfano de ideales.

No es un mundo para viejos. Sufren la soledad, se arrepienten de sus errores, lidian con los cadáveres dejados atrás. No piden nada. A pesar de todo, nos quieren.

No son tiempos de escuchar al viejo Tolkien, la esperanza de que el bien se impondrá, que será difícil, que tenemos algo valioso dentro. Que hay viajes interiores y por el mundo que nos descubrirán lo que somos. Que la alegría también tiene peligros. Que merece la pena ser valiente. Que a pesar de todo, el Mal existe.

Y a pesar de sus revisionistas, siempre es agradable huir del ojo de Saurón, hacer amigos y combatir en esas tierras, con el rumor de su poesía acompañándonos. Y oír verdades hermosas y desoladas,

Dime, Legolas -continuó-, ¿cómo me he incorporado a esta misión? ¡Yo ni siquiera sabía dónde estaba el peligro mayor! Elrond decía la verdad cuando anunciaba que no podíamos prever lo que encontraríamos en el camino. El peligro que yo temía era el tormento en la oscuridad y eso no me retuvo. Pero si hubiese conocido el peligro de la luz y de la alegría, no hubiese venido. Mi peor herida la he recibido en esta separación, aunque cayera hoy mismo en manos del Señor Oscuro. ¡Ay de Gimli hijo de Glóin!

-¡No! -dijo Legolas- ¡Ay de todos nosotros! Y de todos aquellos que recorran el mundo en los días próximos. Pues tal es el orden de las cosas: encontrar y perder, como le parece a aquel que navega siguiendo el curso de las aguas. Pero te considero una criatura feliz, Gimli hijo de Glóin, pues tú mismo has decidido sufrir esa pérdida, ya que hubieras podido elegir de otro modo. Pero no has olvidado a tus compañeros, y como última recompensa el recuerdo de Lothlórien no se te borrará del corazón y será siempre claro y sin mancha y nunca empalidecerá ni se echará a perder.
-Quizá -dijo Gimli- y gracias por tus palabras. Palabras verdaderas sin duda, pero esos consuelos no me reconfortan. Lo que el corazón desea no son recuerdos.

martes, 26 de mayo de 2015

Aguirre


Laplace excluyó a Dios de su modelo cosmológico porque no era una hipótesis necesaria. En estos días, los partidos políticos españoles parecen aprender de repente que los votos que no les escogen no son votos que hayan de desechar en el vertedero de sus ideales. Confrontados entre el pacto y el aferramiento a unos principios nebulosos a medida que la realidad y los ciudadanos los refrendan o rechazan, nadie parece perder la ocasión de identificarse con un bien supremo metapolítico que, de triunfar, suprimiría el engorroso trámite electoral. Es el discreto encanto del autoritarismo.

Nadie lleva más lejos esta estrategia que la inefable Esperanza Aguirre. Jugando a ser liberal y con el ansia del poder supremo, sabe que necesita ganar para asaltar la cumbre de su partido. Y si no lo hace, arroja el capital del mismo a la cabeza de sus rivales en maniobras insensatas. Porque es alguien desesperado y derrotado, y sabe que sin poder se debilitará como el tiburón que cesa de acechar. Ha buscado cualquier forma de populismo posible, liberal, conservador, tecnológico, clasista. Ha confundido su apocalipsis personal con la defensa de la tradición democrática occidental. Morirá tratando de matar. Y lo hará porque ignora que, en política, como en el fútbol, solo cuenta ganar, pero hay formas y formas de perder. Se desconoce cual es la democracia occidental en la que el candidato derrotado insulta al ganador y a los que le votan. Y ninguno de sus corifeos parece haberle dicho nunca que en la política española está lejos de ser una hipótesis necesaria.