Cuando el mundo era joven todavía, ni la envidia ni la codicia despertaban iras o quebranto. Era aquel un mundo en el que el espíritu dejaba un rastro noble y libre en la forma en que la singularidad se adaptaba a la complejidad. En un orbe tan bello, el dinero era un bien estimado, mas nunca adorado.
Y como ese mundo nunca ha existido y el dominio, el rencor y la mezquindad son parte de la naturaleza humana, nunca el ser humano parece haber sido capaz de elevar su dignidad por encima de la hacienda.
Pero es que hoy vivimos en un panóptico sin privacidad y todos los vicios están a la vista de cualquiera. La fortuna lleva siendo borracha y antojadiza desde que estamos vinculados a la necesidad; quiero decir, desde siempre. Pero quiero creer que existían razones más altas, no siempre, no en todo lugar, pero sí en jardines efímeros. Ojalá hoy aún sean posibles. Uno piensa que la semilla de la corrupción, la decadencia y la avidez son todo lo que existe. La falta de dignidad colectiva con el dinero es sobrecogedora.
Ni entro en "la política", que no es digna de tal nombre, sino partidismo turbio. No quiero escrutar lo que dicen que es un mercado libre y es un bazar tenebroso de colegueos abyectos. Es que nada está iluminado. Me gusta el deporte, como una narración espontánea que nos permite olvidarnos un poco de nosotros. No puedo fingir que me lo crea del todo, cada vez menos. Pero cuando uno ve que sus códigos y su moral son los mismos...(aunque, ¿de qué otra forma podrían ser?) hay una sensación más desoladora que anega el alma de amargura: aquella que nace cuando nos volvemos a convencer de que no hay manera de escapar. Hemos tenido lo de la Operación Puerto, lo de Negreira, lo de la NBA y la Mafia ahora mismo, lo del mundial de Qatar. Yira, yira, que canta el tango...
La noche cae repentinamente, el bullicio se extenderá hasta que los tonos azulados del cielo cierren su telón oscuro. Quienes están solos, lo estarán largo tiempo. La mar oscila silente sobre tierra cansada y los pájaros surcan todos los rumbos acaso en busca de una alborada que no llegará pronto.
"I've seen thousands who could have overcome the darkness / For the love of a lousy buck, I've watched them die..."
Y la voz de Dylan, rasgada como un profeta airado trae en cuatro acordes y la verdad si mensaje robusto: No podemos hacer nada. No sabemos. Pero al final, hasta la pena cesa, hasta el dolor cesa y nunca es demasiado tarde para aprender a decir que no ante el enésimo sugestivo hechizo de la plata. Para saber que aunque la guerra está perdida siempre hay espacio para darse el gusto de ganar una pequeña batalla.

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