Podría agarrarme a un jirón de cielo
Como a una cometa audaz y sinuosa
Y buscar entre sus alas de nube vaporosa
Un lugar allende el mar y no volver de nuevo.
Podría ser feliz bajo la corriente de las aguas
Sin cesar de recorrer la espalda de las olas,
Amanecer con el silencio de la mar a solas
Y aprender sin temor el temblor de su magia.
Podría sonreír en la oscuridad de la tierra
Telúrico y protegido entre rocas vibrantes
Y dormir mil años prodigios de diamante
Para despertar brillante con mis nuevas fuerzas.
Podría flotar en galaxias errantes
Ingrávido y solo, despojado del peso
Sin ya más culpa, sin ya remordimiento
Y sonreír sin velo a las estrellas distantes.
Podría escapar del hastío y la usura
De días tenebrosos que matan despacio
Con una gota de luz o un silencio extraño
Encendiendo mis ojos a una verdad más pura.
Podría también apagarme en mi danza
Solitaria hasta el fin, de luz desvanecido
En nevadas tierras de borrados caminos,
Convertido en reflejo, sin miedo ni esperanza.

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