Translate

sábado, 11 de octubre de 2025

La muerte de cualquiera. 11 de Octubre.

Ayer leí una novela corta fantástica, "La muerte de Ivan Ilich". Es impresionante la capacidad de Tolstói para abarcar tanta humanidad en pinceladas sutiles. El nudo de las impresiones y las incomprensiones humanas, del rencor al candor, están en sus páginas, al igual que en la confusión de la vida, de calles sin nombre que son las tuyas, de ojos sin brillo que son los míos, de ambición y temor, de nosotros, de la condición humana. Es al tiempo una prodigiosa reflexión acerca de la inmensa soledad que nos acompaña siempre.

Hay una frase que he resaltado para volver a ella: "Era como si bajase una cuesta a paso regular mientras pensaba que la subía. Y así fue, en realidad. Iba subiendo en la opinión de los demás, mientras la vida se escapaba bajo los pies...". Y pienso al leer y releer que tenemos ante nosotros un campo de hierba fresca bajo nuestros pies y lo perdemos contemplando horizontes brumosos en busca de algo que no sabemos nombrar y nunca llega. No es fácil descubrir dónde está la verdadera vida mientras vamos viviendo. Supongo que antes del fin, podemos entender que cada uno tuvo su propio camino y, con suerte, fue bueno.

Nada se pierde. Vivimos lo que podemos y lo que deseamos cuando el azar no se opone, vemos, narramos, sentimos y olvidamos en un torbellino de pasiones tristes, coléricas, agradables o turbias. Porque nada nos puede ser negado, podemos alcanzar a contemplarlo todo. Pero es difícil contemplar todo, el tiempo perdido, la usura del día, los caminos que quedaron atrás sin ser hollados, la costumbre que es en ocasiones un espejo implacable del que no podemos escapar. También está el dolor de construir arduamente nuestra propia imagen para tratar de soportarlo y al cabo verla deshecha o herida, por lo que nos hacen y por lo que nos hacemos.

Todo ello me parece cierto, sin duda. Y a la vez, no creo que importe demasiado. Bajamos la ladera poco a poco, arrostramos penas, sorteamos peligros (si somos afortunados), deseamos dejar un rastro lo más luminoso que podamos y rogamos por que cada día nos siga ofreciendo dones. Olvidamos ahora, pero acaso llegue el día en que todo tenga de nuevo un sentido. Entonces, de cada remordimiento y amarguras, de cada euforia y coraje, una figura única se alzará ante los ojos y podremos decir que ese y así fue nuestro tiempo en la tierra y fue bueno. La muerte de cualquiera es la muerte de un mundo. Pero es la vida la que debe hablar y dar testimonio, no el recuerdo lejano.

Esta noche, las luces bailan en el agua del río, hay rumores en la calle y un ruido mecánico repta entre edificios. Las nubes cierran la noche y los autobuses fatigan la ciudad cansados. La agonía de la ciudad me perturba, buscando otro lugar, queriendo olvidarme de mí, bajando la cuesta hacia la nada sin apenas nada que dar, pero deseando ser capaz de entregarlo todo.




No hay comentarios:

Publicar un comentario