Me gusta la noche, como al personaje de Guy de Maupassant atrapado en ella y en el silencio del Sena. Como él, veo figuras que despiertan y se desvanecen en su cielo de plomo y la luz del pasado que ilumina los rincones desharrapados de hoy. A veces el futuro se asoma en divagaciones inconclusas, pero no es lo frecuente; el ángel de la historia mira hacia atrás aunque no sepa detenerse en su devenir vertiginoso. Siento piedad por los olvidados, aunque solo dura lo que tardo en darme cuenta de que pasará conmigo. Sí, ocurrirá muy pronto.
Pero nunca deja de ser hoy y disfruto el paseo al son de una música inaudible. El río nunca cesa y su rumor dorado por las luces de los edificios que lo acunan parte hacia el mañana antes de que la aurora llegue a nosotros. La brisa trae pequeñas briznas de lluvia y las nubes cambian para mostrar la permutación incesante, otro misterioso blasón del tiempo.
Pienso entre todos los edificios y sus reflejos de cristal y neón como me he habituado a vivir, como todos, entre abstracciones y ficciones. Suelen ser enriquecedoras, pero siempre ofrecen un perverso riesgo cálido y atractivo. Las ideas complejas de un pensador original de hace dos siglos se transforman en tres consignas incoherentes entre sí para atrapar a quien desea arder el mundo. Los airados verbos y las invectivas de un político antiguo que quizá tuvo un día aciago por una razón mundana persiguen las pisadas confusas de otro que siente angustia contra el cielo del porvenir. Y el horizonte se desvanece en nombre de la capacidad para ver lo que no existe, como Chagall pintaba ángeles azules entre los edificios.
Me pregunto si la incapacidad de ver lo que existe está relacionada con la capacidad de ver, sentir y pensar lo imaginario, y las formas que ese imaginario tiene en nuestro malestar. A lo lejos parpadea un semáforo y la grúa contra el azul metálico de la noche es un animal mitológico que duerme en su caverna de temblor y olvido, como todos nosotros.
Translate
miércoles, 22 de julio de 2020
sábado, 18 de julio de 2020
El antagonista. 18 de Julio de 2020.
Ha sido una semana de cambios. Llega otra luz desde el domingo, pero siempre es distinta. Ahora estoy en Dublín, donde ahora yago y trato de ganarme el pan. Acudo con ganas y temor, con nostalgia e ilusión a la cita ante el tribunal de cada día.
Por qué el cambio nos vivifica, no lo sé con certeza:supongo que es un combinado de varios sentimientos. Si tuviera que decidir uno ahora que me apela más hondamente, diría que es la emoción ante la posibilidad de ser uno el protagonista de su propia historia. Parece fácil, pero no lo es. En la ficción (y bien dice Galdós que do quiera que vamos, llevamos con nosotros nuestra propia novela), la figura del antagonista refulge oscura. No se trata de quien centra la trama, pero a veces la agita y siempre acecha como una amenaza a su buen desarrollo y final. Resulta claro que si el antagonista contase su versión, él sería el protagonista y si vence, él es quien cuenta la historia y arroja a las sombras a su otro yo. Porque la lucha que libro, que libramos todos, creo, es interna. En todos hay una aurora y una carcajada siniestra ante el ocaso, cada uno es un redentor que yace crucificado y un victimario que planea la destrucción.
Que deseo hacer de mí, es simple, no quiero convertirme en mi propio antagonista. No deseo validarme a través de mis virtudes y medir a los demás por ellas, saber ver donde puedo dar para merecer recibir lo que me falta. Tener una relación saludable, creo que es la palabra, con los caballos salvajes del dinero, el estatus, la competencia; pueden llevarte a suntuosos palacios o desbocarse en un abismo del que no quedará noticia. En realidad, releo y el propio concepto de "validar" a una persona ya suena agresivo. Como dijo Cervantes, nadie es más que otro si no hace más que otro. Saber llegar a es punto y saber que hay que pagar un precio, eso es todo. Supongo que como en casi todo, el veneno está en la dosis. Deseo pelear para buscar el equilibrio que me de paz y me deje disfrutar la espuma cosquilleante de los días.
En la fabulosa novela "Príncipes de Maine, reyes de Nueva Inglaterra", varios personajes repiten las palabras de David Copperfield, de Dickens, "¿Seré yo el protagonista de mi propia historia o, en cambio, este papel le estará reservado a otro?, estas páginas lo mostrarán".
Las páginas que vengan dirán si logro alcanzar quien deseo ser y, mal que bien, logro tomar las riendas de mi historia. El río corre festivo hacia la mar y nosotros somos ese río y aquel que se mira en su reflejo constante siempre y a la vez inmóvil.Las nubes circundan grúas y luces de construcción y el rumor de la vida se eriza con el viento como si nada estuviera aún perdido.
Por qué el cambio nos vivifica, no lo sé con certeza:supongo que es un combinado de varios sentimientos. Si tuviera que decidir uno ahora que me apela más hondamente, diría que es la emoción ante la posibilidad de ser uno el protagonista de su propia historia. Parece fácil, pero no lo es. En la ficción (y bien dice Galdós que do quiera que vamos, llevamos con nosotros nuestra propia novela), la figura del antagonista refulge oscura. No se trata de quien centra la trama, pero a veces la agita y siempre acecha como una amenaza a su buen desarrollo y final. Resulta claro que si el antagonista contase su versión, él sería el protagonista y si vence, él es quien cuenta la historia y arroja a las sombras a su otro yo. Porque la lucha que libro, que libramos todos, creo, es interna. En todos hay una aurora y una carcajada siniestra ante el ocaso, cada uno es un redentor que yace crucificado y un victimario que planea la destrucción.
Que deseo hacer de mí, es simple, no quiero convertirme en mi propio antagonista. No deseo validarme a través de mis virtudes y medir a los demás por ellas, saber ver donde puedo dar para merecer recibir lo que me falta. Tener una relación saludable, creo que es la palabra, con los caballos salvajes del dinero, el estatus, la competencia; pueden llevarte a suntuosos palacios o desbocarse en un abismo del que no quedará noticia. En realidad, releo y el propio concepto de "validar" a una persona ya suena agresivo. Como dijo Cervantes, nadie es más que otro si no hace más que otro. Saber llegar a es punto y saber que hay que pagar un precio, eso es todo. Supongo que como en casi todo, el veneno está en la dosis. Deseo pelear para buscar el equilibrio que me de paz y me deje disfrutar la espuma cosquilleante de los días.
En la fabulosa novela "Príncipes de Maine, reyes de Nueva Inglaterra", varios personajes repiten las palabras de David Copperfield, de Dickens, "¿Seré yo el protagonista de mi propia historia o, en cambio, este papel le estará reservado a otro?, estas páginas lo mostrarán".
Las páginas que vengan dirán si logro alcanzar quien deseo ser y, mal que bien, logro tomar las riendas de mi historia. El río corre festivo hacia la mar y nosotros somos ese río y aquel que se mira en su reflejo constante siempre y a la vez inmóvil.Las nubes circundan grúas y luces de construcción y el rumor de la vida se eriza con el viento como si nada estuviera aún perdido.
miércoles, 8 de julio de 2020
El camarlengo y el secreto fulgor de las Pirámides. Ocho de julio.
Por razones históricas y excéntricas, siempre me fascinó el ritual de elección papal. Me resulta altivo y desdeñoso, un proceso antiguo que no debe servidumbres al espíritu de nuestro tiempo. Y, por supuesto, el hecho de que sea relativamente inocuo me permite disfrutarlo con el plácido cosquilleo de la culpa frívola.
De aquellas viejas liturgias, me enamoré del nombre Camarlengo y más aún de sus funciones. El Papa, el último emperador con vocación universal, recibe un anillo de poder, nada menos, el anillo del pescador, hilo finísimo que lo enlaza con milenios de historia humana. Es tentador pensar como contempla simbólicamente el mundo el sucesor de tal estructura de poder, un relámpago que ilumina la llanura y da fulgor a la figura más seductora y temible, las pirámides de jerarquía. Desde arriba, las figuras parecen mínimas y agitadas por un viento que les empuja aún más bajo, como advirtiendo a quienes están en un escalón superior no ofrecer la mano sin esperar castigo. Desde abajo, la luz de la cima perfila las figuras con un brillo majestuoso y perverso, realzando y fortaleciendo sus figuras. Y esto lo pueden ver todos los que no tienen más imaginación que la que alza el miedo y ven lo que no existe para ser ciegos con lo que hay de verdad, como decía Pessoa que los que ven el Tajo ven América y sus riquezas mientras que los que ven el modesto río de su pueblo solo ven sus orillas y por eso es más bello.
Me distraigo. Incluso el poder más inefable y temible declina para seguir construyendo su abstracción sobre los restos de sus servidores caídos. La enfermedad de la importancia devora como una pasión oscura y te enterrarán con ella. El camarlengo llama por su nombre al Papa muerto tres veces y después recoge su anillo del pescador para romperlo. De sus restos se construirá otro para poder y gloria de la organización que domina y la carne se pudre para que la jerarquía siga resplandeciendo en las mentes de quienes quieren pertenecer a algo más grande que ellos mismos para lograr alcanzar lo que por ellos mismos nunca creen que podrían.
Dundalk ha visto a muchos caer y aconseja a sus ahijados que no confíen en la convención para evitar mirarse a sí mismos. Llueve con persistencia y la piedra del puente antiguo resplandece con la luz mortecina de la tarde en otro fulgor en el que nadie parece reparar.
De aquellas viejas liturgias, me enamoré del nombre Camarlengo y más aún de sus funciones. El Papa, el último emperador con vocación universal, recibe un anillo de poder, nada menos, el anillo del pescador, hilo finísimo que lo enlaza con milenios de historia humana. Es tentador pensar como contempla simbólicamente el mundo el sucesor de tal estructura de poder, un relámpago que ilumina la llanura y da fulgor a la figura más seductora y temible, las pirámides de jerarquía. Desde arriba, las figuras parecen mínimas y agitadas por un viento que les empuja aún más bajo, como advirtiendo a quienes están en un escalón superior no ofrecer la mano sin esperar castigo. Desde abajo, la luz de la cima perfila las figuras con un brillo majestuoso y perverso, realzando y fortaleciendo sus figuras. Y esto lo pueden ver todos los que no tienen más imaginación que la que alza el miedo y ven lo que no existe para ser ciegos con lo que hay de verdad, como decía Pessoa que los que ven el Tajo ven América y sus riquezas mientras que los que ven el modesto río de su pueblo solo ven sus orillas y por eso es más bello.
Me distraigo. Incluso el poder más inefable y temible declina para seguir construyendo su abstracción sobre los restos de sus servidores caídos. La enfermedad de la importancia devora como una pasión oscura y te enterrarán con ella. El camarlengo llama por su nombre al Papa muerto tres veces y después recoge su anillo del pescador para romperlo. De sus restos se construirá otro para poder y gloria de la organización que domina y la carne se pudre para que la jerarquía siga resplandeciendo en las mentes de quienes quieren pertenecer a algo más grande que ellos mismos para lograr alcanzar lo que por ellos mismos nunca creen que podrían.
Dundalk ha visto a muchos caer y aconseja a sus ahijados que no confíen en la convención para evitar mirarse a sí mismos. Llueve con persistencia y la piedra del puente antiguo resplandece con la luz mortecina de la tarde en otro fulgor en el que nadie parece reparar.
sábado, 27 de junio de 2020
27 de junio. Los representantes de la vida.
Desde que comenzaron las restricciones por la pandemia me he levantado temprano. Quería aprovechar los días cuando no tenía que trabajar y hacer deporte para cuidar mi cuerpo y mi mente en estos tiempos inciertos. Creo haberlo logrado, gracias a lo que he visto más que en virtud de mi esfuerzo; ejercitarse cansa, pero despierta.
Salía a correr cuando el tiempo lo permitía y me he encontrado varias veces a un señor mayor caminando esforzadamente. Encorvado, trataba de mantener el ritmo y no cejar en el empeño de seguir avanzando aunque le costase. Nos hemos encontrado varias veces y he sentido la gratitud de que nos saludásemos, mientras buscábamos un poco más de fuerza en el depósito en precario.
También camino a veces y paso por las casas más cercanas a la carretera. Desde antes había visto en una a una parejica de ancianos que se cogía de las manos y miraba afuera o a la pared, donde se proyectaban sus recuerdos, imagino. Estas semanas he visto que el salón está cambiado y el sofá se ha cambiado por un sillón, donde él sigue mirando y rumia la ausencia. Bendito sea.
Quizá la sensibilidad al azar llegue con los años. La verdad, siento cada día mi fortuna, aunque no dejo de imponerme pensar que esa a la que llaman fortuna es antojadiza y borracha, como dice Sancho a Alonso Quijano cuando es derrotado frente a la playa de Barcelona. Todo puede cambiar pronto, nadie sabe el final de todos los caminos. Todas esas imágenes que parecen en ocasiones clichés de autoayuda son estrictamente ciertas. Asusta pensar el rol que el azar juega en nuestros días. No queda sino levantar el alma y tratar de estar a la altura del azar cuando nos sonríe y rebelarnos contra él, en la medida de nuestras posibilidades, cuando nos sojuzga.
Por eso creo que hay quienes son los más altos representantes de la vida. Los que han perdido y padecido amargura, los que han sabido reconstruirse tras dejar atrás, los que supieron salir de la llanura oscura que solo iluminaban los relámpagos indiferentes, los que se van encogiendo y los que han visto a la enfermedad y a la muerte más de cerca. No son mejores por padecer, sino que son más auténticos por permanecer y mostrarnos aquello a lo que resistimos a sostener la mirada. En ellos, reina oscura sin misericordia y luz de gracia sin medida, la vida se muestra tal cual es, más amplia y más pura, una sortija inextricable de dolor, alegría, suerte y olvido.
Agradezco a las divinidades del devenir que me muestren la realidad del ser aunque trate de olvidarlo y mientras la lluvia acaricia mis mejillas un claro en el cielo de Dundalk muestra que aún es todavía. Los pájaros se arremolinan al son de la ventisca y los árboles dan permanencia al mundo que se cansa de su propio paso.
Salía a correr cuando el tiempo lo permitía y me he encontrado varias veces a un señor mayor caminando esforzadamente. Encorvado, trataba de mantener el ritmo y no cejar en el empeño de seguir avanzando aunque le costase. Nos hemos encontrado varias veces y he sentido la gratitud de que nos saludásemos, mientras buscábamos un poco más de fuerza en el depósito en precario.
También camino a veces y paso por las casas más cercanas a la carretera. Desde antes había visto en una a una parejica de ancianos que se cogía de las manos y miraba afuera o a la pared, donde se proyectaban sus recuerdos, imagino. Estas semanas he visto que el salón está cambiado y el sofá se ha cambiado por un sillón, donde él sigue mirando y rumia la ausencia. Bendito sea.
Quizá la sensibilidad al azar llegue con los años. La verdad, siento cada día mi fortuna, aunque no dejo de imponerme pensar que esa a la que llaman fortuna es antojadiza y borracha, como dice Sancho a Alonso Quijano cuando es derrotado frente a la playa de Barcelona. Todo puede cambiar pronto, nadie sabe el final de todos los caminos. Todas esas imágenes que parecen en ocasiones clichés de autoayuda son estrictamente ciertas. Asusta pensar el rol que el azar juega en nuestros días. No queda sino levantar el alma y tratar de estar a la altura del azar cuando nos sonríe y rebelarnos contra él, en la medida de nuestras posibilidades, cuando nos sojuzga.
Por eso creo que hay quienes son los más altos representantes de la vida. Los que han perdido y padecido amargura, los que han sabido reconstruirse tras dejar atrás, los que supieron salir de la llanura oscura que solo iluminaban los relámpagos indiferentes, los que se van encogiendo y los que han visto a la enfermedad y a la muerte más de cerca. No son mejores por padecer, sino que son más auténticos por permanecer y mostrarnos aquello a lo que resistimos a sostener la mirada. En ellos, reina oscura sin misericordia y luz de gracia sin medida, la vida se muestra tal cual es, más amplia y más pura, una sortija inextricable de dolor, alegría, suerte y olvido.
Agradezco a las divinidades del devenir que me muestren la realidad del ser aunque trate de olvidarlo y mientras la lluvia acaricia mis mejillas un claro en el cielo de Dundalk muestra que aún es todavía. Los pájaros se arremolinan al son de la ventisca y los árboles dan permanencia al mundo que se cansa de su propio paso.
lunes, 22 de junio de 2020
Cervantes. 22 de junio, 2020.
La ironía se define como la capacidad de percepción de la diferencia entre la realidad y lo imaginado a la vez que enmascara la representación de esas realidades como si fueran lo mismo. Creo, aunque no podría asegurarlo, pues no lo he leído todo, que no hay mejor maestro de la ironía que Cervantes. Si el Quijote se editara hoy con algún título adicional, podría ser "¿Dónde se encuentra la realidad?" La realidad que debe contener la verdad, belleza, pasión y misterio que necesitamos y a la vez es esquiva y traviesa. Don Quijote confunde lo que existe con lo que imagina y así agranda el ámbito de lo posible. Otros personajes añaden sus confusiones y el autor juega con lo que sabemos y no sabemos de la historia. El resultado es un juego de espejos tras el cual el lector puede asumir que la realidad es poliédrica, hay verdades que pueden negar otras y ser ambas ciertas y el ser humano es un laberinto de sí mismo. Con estos mimbres, es difícil pensar en el caballero andante y concluir algo diferente a la necesidad de tolerancia, porque hay en el mundo mucho más de lo que pueda capturar cualquier filosofía. Creo como Heine que, pretendiéndolo o no, Cervantes escribió la sátira más perfecta contra la exaltación humana.
No son tiempos cervantinos. Un lector en español los compararía a la carcajada cruel de Quevedo, sin concesiones. No obstante, siempre es posible encontrar el bálsamo de la ironía contra los días oscuros. Sirve contra el miedo de perder "lo nuestro" y contra la furia que se emprende contra lo real en nombre del ideal difuso. Llaneza, muchacho, no te encumbres, que toda afectación es mala. Hace unos días, una estatua suya fue pintada por unos quijotes que desean la venida de una nueva edad de oro a lomos de su virtud inflamada. Estoy seguro de que él, más que nadie, habría apreciado la ironía.
Dundalk mece la tarde en brazos del viento y acuesta la ciudad entre nubes bajas y luces que vuelven a despertar.
No son tiempos cervantinos. Un lector en español los compararía a la carcajada cruel de Quevedo, sin concesiones. No obstante, siempre es posible encontrar el bálsamo de la ironía contra los días oscuros. Sirve contra el miedo de perder "lo nuestro" y contra la furia que se emprende contra lo real en nombre del ideal difuso. Llaneza, muchacho, no te encumbres, que toda afectación es mala. Hace unos días, una estatua suya fue pintada por unos quijotes que desean la venida de una nueva edad de oro a lomos de su virtud inflamada. Estoy seguro de que él, más que nadie, habría apreciado la ironía.
Dundalk mece la tarde en brazos del viento y acuesta la ciudad entre nubes bajas y luces que vuelven a despertar.
miércoles, 17 de junio de 2020
17 de junio. Así empieza lo malo.
Por razones que no vienen al caso, he estado leyendo acerca del pasado relativamente reciente. El siglo pasado parece una fiesta universal de la muerte jaspeado de vez en cuando por felices descubrimientos y avances que no nos han cambiado.
Impresiona imaginar la ponzoña ideológica que gota a gota despoja de humanidad al que no es hermano de Idea y Propósito; sorprende constatar repetidamente la capacidad de adaptación del ser humano a las peores condiciones; mientras haya vida, hay esperanza y hay miedo. Leer como se aferraba esa gente a la cotidianeidad que iba desapareciendo en el magma del odio causa amargura y angustia. Porque somos nosotros, nuestra ceguera voluntaria, el temblor del ser frente a la brutal indiferencia de la desaparición y las treguas que nos suplica nuestra cordura. Y sin embargo, así empieza lo malo. No en el campo o en el combate, sino en el desprecio, el rencor, la ira. Parecen inofensivos al principio,aislados. Pero van aumentando y se convierten en parte del paisaje moral mientras el umbral de tolerancia se adapta a ellos. Escalones que descienden en la escala de la libertad a la de la necesidad del minuto que no se da ya por hecho. Un muerto más que no es el mío, una voz que se alza para disculpar a los asesinos y a los propagadores del odio, una vuelta de tuerca en el engranaje de la abyección, siempre los mismos intelectuales: cuando no cobardes y estúpidos ante el poder, fascinados por su brutalidad, la menos humana de las pasiones.
Somos nosotros, digo; no hay más que ver la ductilidad social respecto a una cifra sobrecogedora de muertos que una epidemia nos ha arrebatado. Escondemos la memoria y nos dedicamos a sufrir por la tristeza sin carne, la muerte sin huesos y la memoria se viste de arcoíris para desatar sobre el futuro la frustración que hoy no queremos ver sobre aquellos a quienes se nos ordene detestar. Sí, así empieza lo malo.
Dundalk sabe que algunos de sus hijos, como todos, lucen sentidos homenajes por el mal que les fue hecho. Otros han levantado espontáneos recuerdos, leves placas y cruces celtas. La mayoría yacen sin conocimiento de las injusticias que les fueron cometidas. Otros ven contra la luz azulada y oscura del ocaso, las grandilocuentes expresiones debidas a los victimarios. El viento de la historia no se puede detener y borra las huellas de los crímenes de quienes lo desbocan hacia el mañana. Yo me dedico a tratar de vivir y evitar el dolor, como todos los que están cansados del mundo. La brisa del río trae una esperanza de recuerdo y compasión cuando todo acabe, mientras el sol vuelve a esconderse llevándose el enigma hacia el futuro. Las aves se levantan contra el cielo y los árboles simulan una línea de vida contra el resplandor del horizonte.
martes, 9 de junio de 2020
Nueve de junio. La mirada de Pau
No es que fuera fan de su música, pero eso no importa. Hoy hemos conocido que Pau Donés ha muerto y uno siente que el pasado cada vez queda más lejos. De todas formas, hay que hablar de él y no de uno usándolo como excusa. Creo que, como Kiko Veneno, trataba de capturar la sencillez de la alegría en melodías simples y textos que buscaban el vitalismo que cada vez vamos perdiendo más.
Me ha impresionado ver su último vídeo. Admiro la valentía de alguien que se muestra así, sereno aunque la mueca del fin cercano trate de someterlo. Apela a un miedo muy profundo que he sentido viéndolo tratando de ayudarme a vencerlo con su pasión por la vida y su mirada, intensísima. Parece querer beber toda la luz del mundo antes de que se apague. En un mundo tan agriado por la desesperanza, el miedo y el resentimiento, acaso solo tres emanaciones del lado oscuro de la fuerza y de la historia, un ripio y una invitación a bailar pueden ser el hacha con el que tratar de quebrar nuestra mar helada. Descansa en paz y que la tierra te sea leve. Muchas gracias por todo, por la bravura y la alegría especialmente.
Dundalk derrama nubes oscuras contra la tarde, como un preludio de la vida. Pero hoy hay un motivo más para pelear y para disfrutar cada segundo mientras lo hacemos. El viento que azota también sabe acariciar y el horizonte salado de la ría se enciende con un fulgor imposible.
Me ha impresionado ver su último vídeo. Admiro la valentía de alguien que se muestra así, sereno aunque la mueca del fin cercano trate de someterlo. Apela a un miedo muy profundo que he sentido viéndolo tratando de ayudarme a vencerlo con su pasión por la vida y su mirada, intensísima. Parece querer beber toda la luz del mundo antes de que se apague. En un mundo tan agriado por la desesperanza, el miedo y el resentimiento, acaso solo tres emanaciones del lado oscuro de la fuerza y de la historia, un ripio y una invitación a bailar pueden ser el hacha con el que tratar de quebrar nuestra mar helada. Descansa en paz y que la tierra te sea leve. Muchas gracias por todo, por la bravura y la alegría especialmente.
Dundalk derrama nubes oscuras contra la tarde, como un preludio de la vida. Pero hoy hay un motivo más para pelear y para disfrutar cada segundo mientras lo hacemos. El viento que azota también sabe acariciar y el horizonte salado de la ría se enciende con un fulgor imposible.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

