Suelo ir y volver del trabajo caminando, siempre que el tiempo no lo impide. Voy absorto en pensamientos volantines y ligeros; gano copas de Europa, gano premios Nobel y gano las discusiones que tuve durante el día con gente que me desconcentró para encontrar la respuesta oportuna. En fin, esas cosas.
Al llegar a casa, suelo pasar por una ventana que da a un salón con sofá en el que dos ancianos se sientan. Por pudor no aligero el paso, pero tras varios días, sé que voy a ver. A ella mirando las flores del jarrón de su mesilla o la pared, a él mirando mucho más allá de ella. A veces miran por la ventana. El clima no prodiga aquí estallidos de color ni hay figuras de Chagall insertando magia en los panales del pueblo. A veces, unas nubes oscuras, como de el Greco, se posan sobre los tejados. Las personas y los coches pasan como sombras cada día. Y sin embargo...sin saber quienes son, los errores de su vida ni sus remordimientos, deseo que vean todo, la espuma rosada de algunas tardes, la inocencia cristalina de los niños, los momentos gloriosos de su vida y un rayo de esperanza cada día.
Porque la vejez es cruel y los hombres también aprenden a serlo. No sé si llegare a esa edad, si tendré esa mirada perdida o perderé la razón y gritaré para vergüenza de quienes aún queden. En cualquier caso, no se trata de uno. Se trata de los otros. Se trata de esa pareja entrañable y heroica que pasa los días juntos y mira con ojos gastados el porvenir cada día más exiguo y no se lamenta porque ha comprendido que, en el fuego de Troya o en el aguacero de Louth, la única salvación de los vencidos es no esperar ninguna salvación. Espero que así lo sientan, de corazón. Que logren aprehender el día y entre silencios que lo dicen todo, vean figuras de luz que solo ellos pueden ver moviéndose entre la fuga y la erosión de las cosas. Por esos ojos que se asoman al pasado y se sorprenden de toda la felicidad que, silenciosa y por sorpresa, han al fin tenido.
Dundalk se recuesta sobre el brillo mojado de las baldosas y silba una tonada que se va perdiendo en un espejo lejano...
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miércoles, 12 de junio de 2019
martes, 4 de junio de 2019
Junio.
Cae la lluvia como suele, limpiando el cielo y enturbiando los ojos. No amusgaremos la mirada hacia el cielo hoy. El horizonte es una gasa gris y los edificios brillan en las aceras. Su sonido golpea dulce las horas que pasan, los pensamientos que vuelan, los planes de vida que resultaron errados, la esperanza y la fuerza de su constancia. Y así es aquí. No me gusta que Junio sea Octubre, pero a veces lo es, y se viste de lentitud y silencio en sus gotas. Hace falta una chimenea o una camilla. De otra forma, quien hoy esta solo, lo estará largo tiempo.
Cae el cielo a jirones, como cayeron las hojas en el pasado, como los párpados se vuelcan en las despedidas. La mirada lenta y la tarde se mece en el arrullo de su propio ritmo. Quizá el libro olvidado en el rincón oscuro, el brillo turbio del pub ofreciendo un amago de olvido, un cuaderno esperando ser rasgado para quien sabe que futuro, esperen hoy también. Hace falta un asombro, una sacudida, un reflejo de la maravilla que se esconde en algún lugar al que un día llegaremos.
Caen las nubes sobre la ciudadela y las defensas se oscurecen mientras los centinelas siguen esperando. Levántate, vístete, avanza. Las raíces amargas de la calma pueden estar preñadas de relámpagos y mañanas gozosas en campos de vino y verano. Hace falta seguir, caer y continuar mordiendo, hacer camino aunque las manos se agrieten.
Cae Dundalk en su llovizna y caigo con ella en la tarde discreta. La mirada se pierde en las montanas cercanas, desde donde la magia comienza a construir el arcoiris. Entre las rocas, otra vida sueña y hacia ella vamos, tratando de hacer semillas de cada día y elevar un altar de luz en cada sombra de los días vanos. Es Junio en el calendario y aún camino hacia su luna.
Cae el cielo a jirones, como cayeron las hojas en el pasado, como los párpados se vuelcan en las despedidas. La mirada lenta y la tarde se mece en el arrullo de su propio ritmo. Quizá el libro olvidado en el rincón oscuro, el brillo turbio del pub ofreciendo un amago de olvido, un cuaderno esperando ser rasgado para quien sabe que futuro, esperen hoy también. Hace falta un asombro, una sacudida, un reflejo de la maravilla que se esconde en algún lugar al que un día llegaremos.
Caen las nubes sobre la ciudadela y las defensas se oscurecen mientras los centinelas siguen esperando. Levántate, vístete, avanza. Las raíces amargas de la calma pueden estar preñadas de relámpagos y mañanas gozosas en campos de vino y verano. Hace falta seguir, caer y continuar mordiendo, hacer camino aunque las manos se agrieten.
Cae Dundalk en su llovizna y caigo con ella en la tarde discreta. La mirada se pierde en las montanas cercanas, desde donde la magia comienza a construir el arcoiris. Entre las rocas, otra vida sueña y hacia ella vamos, tratando de hacer semillas de cada día y elevar un altar de luz en cada sombra de los días vanos. Es Junio en el calendario y aún camino hacia su luna.
miércoles, 22 de mayo de 2019
No me gusta la sopa. 22 de Mayo.
Conan Doyle debió pensar que el mundo se iba al carajo sin remedio cuando comenzó a recibir cartas agresivas, insultantes y ligeramente amenazadoras algunas cuando decidió acabar con Sherlock Holmes. Tampoco le faltaba razón, con lo que vino después.
Quizá nosotros no estemos mucho mejor, después de todo, porque no somos conscientes de que lo estamos. Vivimos más y mejor, disfrutamos de más ocio y oportunidades, tenemos más acceso a un conocimiento que antes nunca tuvimos. Bueno, y que. Como el aristócrata malcriado, nada satisface a algunos. Diletantes, se enfurruñan y se enfadan porque, vaya por Dios, la sopa no les gusta.
Pedir la repetición de una serie porque el giro de la trama no gusta es, aparte de una enorme falta de respeto (pero a quien le mueve el respeto) que merece quienes nos han alegrado, por pequeño que sea, un tramo de la vida, un síntoma de una intolerancia a la realidad y su brutal indiferencia que puede acarrear en el futuro la vuelta de la enfermedad infantil más dolorosa: por qué todo no puede ser como yo deseo, por qué la realidad no se pliega a mi ego. Hay que ver. Al parecer, uno tiene derecho a que la ficción le reconforte en los términos que se deseen. Las cosas que hago por amor...
Como no hay bien que por mal no venga, hay una curiosa ironía entre esta iniciativa y el desenlace de la serie. No quiero ser un crítico, esos personajes que enseñan a los demás como hacer las cosas sin que ellos hayan hecho nunca nada, o como los que llevan a cabo una tarea debieran haberla llevado a cabo. Entiendo la dificultad de muñir un desenlace sin mucho tiempo para desarrollar más las tramas. A mi el último capítulo me parece meritorio de acuerdo a esto y muy agudo en su representación simbólica del poder, el motor de la saga. Y, en mi opinion, de que la percepción es mas poderosa que la realidad y la modifica.
Quizá nosotros no estemos mucho mejor, después de todo, porque no somos conscientes de que lo estamos. Vivimos más y mejor, disfrutamos de más ocio y oportunidades, tenemos más acceso a un conocimiento que antes nunca tuvimos. Bueno, y que. Como el aristócrata malcriado, nada satisface a algunos. Diletantes, se enfurruñan y se enfadan porque, vaya por Dios, la sopa no les gusta.
Pedir la repetición de una serie porque el giro de la trama no gusta es, aparte de una enorme falta de respeto (pero a quien le mueve el respeto) que merece quienes nos han alegrado, por pequeño que sea, un tramo de la vida, un síntoma de una intolerancia a la realidad y su brutal indiferencia que puede acarrear en el futuro la vuelta de la enfermedad infantil más dolorosa: por qué todo no puede ser como yo deseo, por qué la realidad no se pliega a mi ego. Hay que ver. Al parecer, uno tiene derecho a que la ficción le reconforte en los términos que se deseen. Las cosas que hago por amor...
Como no hay bien que por mal no venga, hay una curiosa ironía entre esta iniciativa y el desenlace de la serie. No quiero ser un crítico, esos personajes que enseñan a los demás como hacer las cosas sin que ellos hayan hecho nunca nada, o como los que llevan a cabo una tarea debieran haberla llevado a cabo. Entiendo la dificultad de muñir un desenlace sin mucho tiempo para desarrollar más las tramas. A mi el último capítulo me parece meritorio de acuerdo a esto y muy agudo en su representación simbólica del poder, el motor de la saga. Y, en mi opinion, de que la percepción es mas poderosa que la realidad y la modifica.
Canción de hielo y fuego trata la política y la guerra como dos caras de un mismo fenómeno: la pasión por el dominio. El último capítulo ofrece dos ideas muy sugestivas: Una, quien ha creído vislumbrar el paraíso no se detendrá ante nada para reproducirlo, aunque deba abrir las puertas del infierno; dos, el poder tiene una naturaleza esquiva, es tangible pero necesita un relato común para legitimarse. La lucha por esa historia que nos contamos nos une, creando un poder real que usamos para imponer esa versión de la historia. Cuando ambas corrientes confluyen, la guerra es difícil de evitar. El buen gobierno es tedioso, conlleva pesadas cargas administrativas y formularios. Y sin embargo, es mucho más deseable que la épica que arrebata vidas, haciendas y memoria. Por eso Robert Baratheon, el mejor guerrero de su tiempo, era tan mal rey; solo quería cacerías y soñar con los viejos tiempos, no detenerse a considerar si contratar a los hombres sin rostro para matar a una niña Targayren o seguir el consejo de su mano Ned Stark. Porque a él tampoco le gustaba la realidad que vivía y, aunque la había logrado cambiar con su espada, se sentía incapaz de cambiar nada una vez que el relato se completó. Por eso Dany necesitaba sus dragones. En un mundo en el que la magia había sido largo tiempo olvidada, se necesitaba una ración imponente para negarse a aceptar la naturaleza de su juego: el trono de hierro es mentira. El juego de tronos es una farsa. Es un símbolo corruptor y abyecto de las violencias necesarias para que una mayoría sin rumbo se encauce según los designios de la violencia de una minoría resuelta a conquistar el cielo. Pero Rhaegar se sentó en él, y cayó. Robert se sentó en él, y cayó. No parecieron ser capaces de contar una historia lo suficientemente atractiva y el pueblo de Poniente recogió firmas para que otros los sustituyeran o quizá sufrió impotente los poderes de otros.
Y en fin, así estamos hoy, en ese mundo que mejora aunque esté lleno de problemas y al que solo el miedo puede descarrilar, creo. Un mundo confuso y global donde los problemas del primer mundo llegan a ser dramones y en el que la falta de complejidad a la hora de tejer las historias que nos cuentan parecen llevarnos a un extremo peligroso porque no somos capaces de decir que si a alguien no le gusta la sopa, ahí tiene el huerto para trabajarlo y preparase su ración propia, sin que eso signifique que haya alguien sabio que haya dicho que fuera fácil.
Dundalk se llena de alas negras (noticias negras) mientras la noche se desploma, suave.
domingo, 19 de mayo de 2019
Mañana de Domingo. 19 de Mayo, 2019.
Adoro las mañanas que traen ese sol fresco
con que la vida pródiga nos ofrece claveles
cuando el silencio pasa y lucen los laureles
sobre el dintel de la memoria alto, serenos.
Es grato ver volar las nubes y saber sin drama
mientras los dedos rosados colorean su estela
que no somos menos vanos que las sombras que pasan
y sin embargo en el marfil del día podemos dejar huella
Y así las plantas crecen y las calles se agitan
cuando el cemento inunda el confín de la vista
y el río fluye aparte, desde donde siempre espera.
Es nuestro espejo. El reflejo de un paso
cuidadoso o veloz, medroso o descuidado
en cuya orilla sabia las flores del hoy tiemblan.
con que la vida pródiga nos ofrece claveles
cuando el silencio pasa y lucen los laureles
sobre el dintel de la memoria alto, serenos.
Es grato ver volar las nubes y saber sin drama
mientras los dedos rosados colorean su estela
que no somos menos vanos que las sombras que pasan
y sin embargo en el marfil del día podemos dejar huella
Y así las plantas crecen y las calles se agitan
cuando el cemento inunda el confín de la vista
y el río fluye aparte, desde donde siempre espera.
Es nuestro espejo. El reflejo de un paso
cuidadoso o veloz, medroso o descuidado
en cuya orilla sabia las flores del hoy tiemblan.
(foto de Ying Feng Johansson)
domingo, 12 de mayo de 2019
Todos los nombres. Domingo 12/05/2019
Abre todas las puertas: la del códice ajado y el grimorio oscuro. Abre las escondidas puertas que llevan al oro. Entorna con respeto aquella tras la que el dolor aúlla y ayuda a los que veas en las del desamparo. Ábrelas con pasión en las que tu infancia recuerda. No turbes el silencio que atesoran otras, ni te haga perderte el bullicio de las grandes ciudades, que esparce su soledad como una onda. Cada puerta es un nombre. Saborea su esencia, si la gustas, o vuelve a otra más dichosa. Mas nunca irrumpas en esas como el emperador que nunca tuvo a alguien a su lado.
Camina tras aquellas que no llevan de vuelta, y apuesta una vez más, mientras queden fuerzas. Avanza en la noche y contempla los rincones olvidados, hechos de ruina y de desahucio. Accede a las sombrías de los palacios, y que el trono no te haga cobarde, ni el cetro altivo. No pares en él, pues las puertas siguen. Esparce el tiempo con quien ama y da gracias a su hechizo. Olvida el mar en las que se ocultan en los montes y respira en las de cumbres que te olvidarán pronto. Bebe atento el olvido y sigue caminando. La ruta nunca acabará hasta que uno despierta. Confía en tu hado. No tengas miedo. Sé valiente. Alaba el rigor de tú senda, solo hecha para ti. Demuestra tu esperanza. Nunca mires atrás. Abre todas las puertas.
Dundalk se mece dulce entre la brisa cálida del atardecer y brinda su luz que viene de otros días.
Camina tras aquellas que no llevan de vuelta, y apuesta una vez más, mientras queden fuerzas. Avanza en la noche y contempla los rincones olvidados, hechos de ruina y de desahucio. Accede a las sombrías de los palacios, y que el trono no te haga cobarde, ni el cetro altivo. No pares en él, pues las puertas siguen. Esparce el tiempo con quien ama y da gracias a su hechizo. Olvida el mar en las que se ocultan en los montes y respira en las de cumbres que te olvidarán pronto. Bebe atento el olvido y sigue caminando. La ruta nunca acabará hasta que uno despierta. Confía en tu hado. No tengas miedo. Sé valiente. Alaba el rigor de tú senda, solo hecha para ti. Demuestra tu esperanza. Nunca mires atrás. Abre todas las puertas.
Dundalk se mece dulce entre la brisa cálida del atardecer y brinda su luz que viene de otros días.
Quién sabe del revés de cada hora!
¡Cuántas veces la aurora
estaba tras un monte!
¡Cuántas el regio hervor de un horizonte
tenía en sus entrañas de oro el trueno!
Aquella espada dio la vida.
Aquella rosa era veneno.
Yo pensé una florida
pradera en el remate de un camino,
y me encontré un pantano.
Yo soñaba en la gloria de lo humano,
y me hallé en lo divino.
sábado, 27 de abril de 2019
En algún punto. 27 de abril.
La vida es una broma cruel que alguien me ha gastado, escribió el gran Tolstoi en su librito Confesión, que termina con una fábula; un hombre perseguido cae a un abismo pero logra agarrarse a una fragil rama. Mientras oye los crujidos de la rama en la penumbra, siente unas gotas de agua pendiendo de ella, y saca su lengua para sentirlas.
Cómo se llega al abismo, no sabemos. Que nos espera mañana, tampoco. Solo parece persistir un sentido de deriva y pérdida en ocasiones, aunque en otras veamos sentido y el esplendor del momento que se basta a sí mismo.
Leo estos días En la mitad de la vida, de Kieran Setiya (aquí una buena crítica). Es sereno y sosegado, virtudes que se aprecian cada día más, porque hoy es jornada de reflexión y no reflexionamos nunca...pero ese es otro jardín, y no deseo entrar en él. Sí siento que a veces esa deriva no se ha marcado por mi pericia al timón sino por los embates de escollos y la travesura de los vientos, que soplan donde quieren. Una idea se abre camino mientras avanzo en sus páginas y me doy a mi ejemplo. Hay lugares y personas en el pasado que solo son armas en nuestras manos para seguir hiriéndonos. Todo podría haber sido distinto, en general. Saber de que modo es distinto para mí, con cada detalle y cada momento, evita el drama chapucero y gana lucidez para la causa, la causa de tratar de hacer lo mejor de nuestras manos con el tiempo que nos ha sido concedido.
Hay un momento de amor especial a las cosas; creo que no es errado que a veces sea asociado con una comprensión más aguda de la realidad, un éxtasis de los sentidos y una paz que no impone ni huye, se limita a ser.
Son las gotas de agua (o miel, en otras versiones de la fabula rusa). Ese instante de luz, amor, sonrisa y paz cuando las gotas evocan vívidamente cada paso, sensación y detalle del camino, cuando la nada no existe ni tampoco el vacío, la transfiguración del momento en la inmortalidad, solo que breve, la trascendencia de nuestra condición precaria en única e irrepetible, la frescura de las gotas de agua que en cada caída otorgan olas de agrado y descongelan el espíritu, el breve espacio, pero para siempre, en que el sabor de lo que se nos da es suficiente para ignorar el vacío innombrable que se extiende bajo nosotros.
Dundalk despierta bajo un vendaval, pero no me importa. Mi habitación descansa y por hoy, la tormenta puede esperar.
Cómo se llega al abismo, no sabemos. Que nos espera mañana, tampoco. Solo parece persistir un sentido de deriva y pérdida en ocasiones, aunque en otras veamos sentido y el esplendor del momento que se basta a sí mismo.
Leo estos días En la mitad de la vida, de Kieran Setiya (aquí una buena crítica). Es sereno y sosegado, virtudes que se aprecian cada día más, porque hoy es jornada de reflexión y no reflexionamos nunca...pero ese es otro jardín, y no deseo entrar en él. Sí siento que a veces esa deriva no se ha marcado por mi pericia al timón sino por los embates de escollos y la travesura de los vientos, que soplan donde quieren. Una idea se abre camino mientras avanzo en sus páginas y me doy a mi ejemplo. Hay lugares y personas en el pasado que solo son armas en nuestras manos para seguir hiriéndonos. Todo podría haber sido distinto, en general. Saber de que modo es distinto para mí, con cada detalle y cada momento, evita el drama chapucero y gana lucidez para la causa, la causa de tratar de hacer lo mejor de nuestras manos con el tiempo que nos ha sido concedido.
Hay un momento de amor especial a las cosas; creo que no es errado que a veces sea asociado con una comprensión más aguda de la realidad, un éxtasis de los sentidos y una paz que no impone ni huye, se limita a ser.
Son las gotas de agua (o miel, en otras versiones de la fabula rusa). Ese instante de luz, amor, sonrisa y paz cuando las gotas evocan vívidamente cada paso, sensación y detalle del camino, cuando la nada no existe ni tampoco el vacío, la transfiguración del momento en la inmortalidad, solo que breve, la trascendencia de nuestra condición precaria en única e irrepetible, la frescura de las gotas de agua que en cada caída otorgan olas de agrado y descongelan el espíritu, el breve espacio, pero para siempre, en que el sabor de lo que se nos da es suficiente para ignorar el vacío innombrable que se extiende bajo nosotros.
Dundalk despierta bajo un vendaval, pero no me importa. Mi habitación descansa y por hoy, la tormenta puede esperar.
lunes, 22 de abril de 2019
Vivir la muerte. Lunes de Pascua, 2019.
Hoy es un día que celebra la vida y la mayoría siente la pulsión de la muerte, como un hastío de la existencia, un ansía de lo auténtico en lo efímero.Nada más lejos de mi intención, y capacidades, que dar una homilía. Creo, sin embargo, que un Lunes de Pascua es una celebración de una vida nueva. La alegría ante la posibilidad de segundas oportunidades, la confianza serena en nuestra propia habilidad para variar nuestros rumbos. Vivir la vida, tan ajena a veces, sobrecogedora, incomprensible, lo único que tenemos.
El celebre poema de Gil de Biedma afirma que envejecer y morir son el único argumento de la obra, no el tamaño del escenario. Ay, sin embargo ni eso nos queda hoy, parece. Hay una fascinación por la destrucción, el afrodisíaco del poder que siega vidas, la llamada a las puertas del cielo con un cuchillo de odio entre los dientes. El latido de la furia que devora con estúpido gozo. Porque la finitud se teme y se aleja, se convierte en un icono pulp y se envuelve en ropajes profundos para agrandar nuestro vacío. Porque nos hemos olvidado que en cada uno yace crucificado un redentor que desea resucitar.
Cuando alguien destroza una vida, despoja el futuro. Cuando alguien llama a la guerra, agita terrones baldíos sobre un campo podrido al que desea arrastrar a los otros. Cuando alguien cede a la pasión ciega del odio, ignora los lazos que lo atan y envuelven a otros en tantos asuntos compartidos; la frustración, la sed, la duda.
Hoy hay un debate electoral en casa. Intento no seguir la campaña para no prestar mi voz a sus espurios deseos. Hay una cosa que creo tener clara, aunque me alegraría equivocarme: todo aquel que desea ignorar o suprimir a otros, no físicamente, por supuesto, sino en su respeto, su dignidad, su derecho, desea vivir la muerte porque no comprende lo que significa la vida.
Dundalk silba su brisa fría contra el cielo que oscurece sus labios en un gesto que ya no volverá.
El celebre poema de Gil de Biedma afirma que envejecer y morir son el único argumento de la obra, no el tamaño del escenario. Ay, sin embargo ni eso nos queda hoy, parece. Hay una fascinación por la destrucción, el afrodisíaco del poder que siega vidas, la llamada a las puertas del cielo con un cuchillo de odio entre los dientes. El latido de la furia que devora con estúpido gozo. Porque la finitud se teme y se aleja, se convierte en un icono pulp y se envuelve en ropajes profundos para agrandar nuestro vacío. Porque nos hemos olvidado que en cada uno yace crucificado un redentor que desea resucitar.
Cuando alguien destroza una vida, despoja el futuro. Cuando alguien llama a la guerra, agita terrones baldíos sobre un campo podrido al que desea arrastrar a los otros. Cuando alguien cede a la pasión ciega del odio, ignora los lazos que lo atan y envuelven a otros en tantos asuntos compartidos; la frustración, la sed, la duda.
Hoy hay un debate electoral en casa. Intento no seguir la campaña para no prestar mi voz a sus espurios deseos. Hay una cosa que creo tener clara, aunque me alegraría equivocarme: todo aquel que desea ignorar o suprimir a otros, no físicamente, por supuesto, sino en su respeto, su dignidad, su derecho, desea vivir la muerte porque no comprende lo que significa la vida.
Dundalk silba su brisa fría contra el cielo que oscurece sus labios en un gesto que ya no volverá.
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