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jueves, 9 de febrero de 2017

9 de febrero. Delirios de grandeza.

Sentir como las horas van cayendo, pensaba E mientras veía las cañerías desaplomadas goteando en el callejón porque pasaba.El tiempo apremiaba, escurriéndose Por las manecillas del reloj, mientras se apresuraba a la cita.

Ver que se aproxima ya el momento largo tiempo ansiado suele revelar angustias. A veces, deseaba que algo surgiera, que hubiese una tormenta, que al fin, algo le permitiera tomar un camino más corto hacia el fracaso. Pero otra parte, la más perdurable, buscaba ese momento De cumplir al fin una ilusión.

Tu fuiste un olvidado de la suerte,
rezaba el cartel publicitario que se recortaba en neones amarillos contra la noche. Así lo sentía a veces, así nos hacen sentir para que creamos que merecemos más y que lo merecido aguarda tras mamparas y carteles. Es más fácil convencer al desesperado que cree ser Un gran cero a la izquierda sin opción que a quien sereno sabe que no importa demasiado. Por qué pienso esto, por qué filosofo cuando voy a llegar a enfrentarme con aquello que llevaba tanto tiempo deseando. Hoy la vida va a corresponderte, musitaba, hoy vas a estar con ella, y sera el inicio de algo. Caminaba bajo la lluvia, mientras los toldos  cubrían a cada vez más gente y las radios ensartaban melodías entre los coches.
Aquí estoy para cantarlo, sonaba una de ellas, con un ritmo sincopado y festivo. E se encontraba de buen humor; con mi voz le diré que me siento bien cuando pienso en ella, le contaré como soy y sabré escucharla.

Y allí estaba, para Llenar de pajaritos la cabeza con su sonrisa, y él sintió de repente el deseo que siempre le prendía,  Vas a ser mejor que los demás, la trtarás tan bien y se sentirá tan bien contigo que nunca querrá irse. Fue un desastre. Se tiró el café por encima, se le cayó la vuelta del camarero y pisó cada charco. Quién en sus delirios de grandeza no hubiera imaginado noche tan memorable, cambiando cada torpeza por elegancia y seductora armonía Dime quién te ha mirado mal, rió de repente ella, y en esa risa cristalina cabía todo un universo, que se contraía y revoloteaba alrededor de dos puntos aleatorios del universo. Lector, tú los ves ahora. Dime si E.  no ha imaginado ser un as, y lo ha sido, ahora que los nervios se han roto por el hechizo mágico de la sonrisa.

Andar pisando el suelo con firmeza se le hizo extraño las siguientes ocasiones. A veces sentía  Tocar el firmamento y los planetas, embarcado en una nave que lo sostenía sobre la torrmenta, inerme pero invulnerable.
Notar que se están haciendo realidad los sueños, sin embargo, tiene su lado oscuro. Miedos, aprensiones, malentendidos, preguntas oscuras, el habitante interior que no soporta tu gozo.
Tus delirios de grandeza han sufrido E, cuando la llama ha vuelto a un estado más humilde, tenue, pero que calienta más. Como la naturaleza cuando nos atrapa el diluvio, o cuando nos sentimos aferrados a una roca resbaladiza en un islote Cuando se desata un vendaval. Quien lo probó lo sabe.

Qué es preciso delirar para asaltar las prisiones, y es preciso saltar hacia el lago desconocido, buscando su arrullo,Para bien o para mal. Es preciso soñar, pero nunca mucho con lo que vendrá, y enfrentarle nuestros brazos llenos de futuro. Y por eso E ahora imagina al que era cuando corría por el callejón, y lo ve con cariño, porque ya es otro. Y aunque no sepamos que pasará, ojalá los días los bendigan y coman muchas perdices.

Delirios de grandeza que se hacen realidad


Bueno, esto era un juego basado en una canción que tiene un sentido distinto, que me encanta y comparto. Aquí la tenéis.



Dundalk baila pasodobles mientras sueña que lo mejor aún vendrá.




miércoles, 8 de febrero de 2017

08/02/2017. Moti.

Supongo que todos escribimos porque encontramos una manera de escapar a ciertas prisiones, como otros bailan, leen revistas o juegan videojuegos. Creo que es cierto que los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo; Hay una masa sin forma definida de añoranzas y pesares, sueños y ritos a las que uno va dando forma de la manera que puede.

En los mejores momentos, imagina uno que habrá quien lo lea con atención. Pero es mejor no darse importancia; toda afectación es mala. Uno comenta el día, sus salones tapiados, sus patios de naranjos que vemos mientras el sol y los pájaros cantando lo inundan, y del que sabemos que nuestro paso estará vedado.La tormenta en el mar de las dudas, con los gritos de los compañeros en la cubierta y los rayos hiriendo.Las escaleras que ciñen una torre que en lo alto se demuestra que no existe, mientras seguimos hacia arriba, sostenidos en la magia. Las paladas de remo monótonas de la rutina atravesando lagunas en cuyo fondo duermen las ondas y a cuyos lados los héroes juegan. Convocar lo que se es capaz de imaginar en el caldero de lo que se es capaz de sentir, a través de fonemas que han viajado los siglos para darnos sus sentidos ambiguos.

Sin embargo, todo esto es nada; no mejor que el corredor de bolsa que come su sándwich triste, no mejor que el atleta que cruza como un chispazo la sombra, no mejor que el solitario que toca su melodía en el espejo roto de la inocencia, no mejor que quienquiera que hace sus juegos de manos con el destino para sobrevivir, como todos. Por eso uno escribe. Para encontrar, tras siglos de oscuridad y lejanía, una unión definitiva con los otros y consigo mismo. Porque ejércitos de recuerdos y amargura se enfrentan en las playas de la noche sin cesar su acoso. Para escalar más fuerte. Para alcanzar más lejos.

Dundalk camina tiesa de hombros mientras algunas ventanas iluminadas ofrecen sosiego y buena compañía.



martes, 7 de febrero de 2017

Siete de febrero.

Los trenes pasaban cuando era niño. Las vacas se quedaban mirándolo, estólidas y todos pensábamos que era estúpido dejar de imaginar, anhelar un destino en vez de apegarse a la raíz. Queríamos conocer y el mundo se abría junto con la vida.

Hoy he decidido dejar pasar un tren. Ardía en deseos de cogerlo, pero no hubiera sido racional. He intentad desenmarañar por qué deseaba esto, por qué me siento angustiado ante la oportunidad perdida. Creo que tiene que ver con obsesión con el estatus, deseo de reivindicación y frustración rumiada. Intentaré estar atento a ello y ser más consciente y sereno. Pero no puedo evitar pensar en otra vida, en ser otro, expulsar la imagen de lo que hago y la búsqueda del reino que creí que me esperaba Supongo que ser valiente es resistir sin hacer menciones de ello.Y quizá algún día haya merecido lo esencial por haber sobrellevado . Pero supongo que la vida no va de eso, y tampoco importa. Quizá haya otro lugar mejor, y allá  no habrá angustia ni lejanía ni remordimiento, ni fuego dentro que consume y solo crea páginas como éstas que nadie leerá, ni nostalgia de todo lo creado y lo no creado.

Dundalk me sonríe, comprensiva, como si fuera mi ama y yo me dirigiera otro día más al tribunal del Hoy.

lunes, 6 de febrero de 2017

6 de febrero. La lentitud

Sorprende como pasan los días, y como pasamos por ellos. La velocidad de los días, las opiniones, las novedades. Todo corre como coches robados hacia un muro del que hacemos esfuerzos por ignorar, la realidad. El tiempo, la rutina. Sucede que hemos sido educados en esa impaciencia y en el deseo de que nuestro deseo sustituya lo que los acontecimientos imponen. Y en cierta manera, está pasando, pintando ese muro de colores para fingir que es otro. Pero no estoy seguro de si esto solo trae ansiedad y tristeza. Quizá si con la ambición vienen la humildad y la alegría, esta velocidad pueda expandir el horizonte. Por el momento, creo, solo desencadena nuestro impulso de nuestra cercanía, y por eso hace cada vez más frío.

Dundalk se derrama en lluvia mientras los coches pasean.

viernes, 3 de febrero de 2017

03/02/2017. Con los oídos tapados.

Estoy viviendo una experiencia extrasensorial. Tengo los oídos taponados, o una magia maléfica ha puesto un muro de rumor sordo entre mí y la vida, o quizá están hartos de la misma música. A saber. El caso es que es como posar la oreja en una caracola, pero en estridente  y sincopado, lo único que me podría hacer recordar al mar de esto son los juramentos violentos de estibadores en el puerto de Rotterdam, o la populosidad del puerto de Nankín en el siglo XV, con los barcos del arroz extendiendo sus velas hacia el horizonte. Me siento como Heimdall, que desde el Valhalla puede oir crecer la hierba. Me siento como Demian, el de Herman Hesse, sintiendo el estigma de caín, una marca maldita que hace que la gente mire con temor y temblor, y haga que su ira invente historias para que ese estigma revela algo terrible y falso. Esto lo digo porque acabo de venir del supermercado y la gente se me quedaba mirando raro, como si tuviera un mono o un pene pintado en la frente. Que panorama joder, estamos como queremos.

Mientras volvía, pensaba en Goya, su ensimismamiento, la negrura que trajo su sordera, y estaba a punto de llamar a un cura para pedir la extremaunción cuando he pasado por un anuncio, "Padraig's radio. ALONE. Supporting older people to age at home". Y ambos pensamientos se han unido, agradeciendo que en la tierra donde vivo haya quien piense en la terrible soledad de los viejos, la carga más injusta, He sonreído y he buscado un espejo para cerciorarme de que ningún leprechaun me ha dibujado nada en la frente luego. Ahora tecleo mientras en mis oídos suena el melódico afán con que las radios antiguas sonaban cuando no lograban sintonizar ninguna estación. Hay que joderse.

Dundalk me da la espalda, piensa que no escribo más que gilipolleces y que antes molaba. Pero se va a enterar.

jueves, 2 de febrero de 2017

2 de febrero de 2017. La fe.

Vivimos tiempos interesantes. Hemos apartado la fe en los seres sobrehumanos y la hemos colocado en todo lo demás, intercambiando la confianza que riega las relaciones sociales por un pensamiento mágico que cuestiona todo salvo su propia eficacia. La realidad se ha deconstruido, la verdad despedazado, el relato ha sustituido furtivo al acontecimiento. Huérfanos de visión, sustituimos el hecho por el sentimiento y la realidad por la sensación psicológica que nos provoca. Las identidades fracturadas de Kafka, de Picasso, se han hecho millones de piezas aisladas en busca de un rompecabezas que las encaje. Por eso nadamos como gráciles peces en mares de mediocridad y queja. Y por eso hemos creado las religiones: la ideología, el estilo de vida saludable, el animismo moderno. Todas son complejas, y se extienden para ensamblar las contradicciones que su extensión provoca; tratamos de remediar la ancestral disonancia cognitiva que padecemos con lenitivos posmodernos. No es un gran drama para una pequeña porción del mundo, en la burbuja del bienestar material más alto de la historia. Pero fuera cabalgan realidades atroces y muy tangibles a las que nos resistimos con dificultad porque hemos perdido las armas que oponerle; moral, fuerza, honor, dignidad. Las palabras parecen hoy vacías de contenido y cruzan por el mercado de las ideas flacas y con los ojos cansados.

Soy parte de un mundo que dejó de creer en Dios por la misma razón por la que decidió creer: porque no le importaba.Desde entonces, hay quien decidió creer que la historia avanza según un sentido dado, que la sonrisa cura, que es más meritoria la obra de un iluminado perteneciente a una minoría oprimida en el pasado que la de Kant, que un deportista nos refuerza la identidad y el orgullo o que el turismo enseña algo. Las experiencias preceden a las conciencias. La vida no vale nada y el ego devasta tantos posibles encuentros. Y es dura, muy dura, la lluvia que va a caer.

Dundalk cierra sus puertas a aquellos que no aceptan que su viento los hienda.

miércoles, 1 de febrero de 2017

Uno de febrero. Las consecuencias

Las consecuencias son...inevitables, cantaba Bunbury. Yo conducía por una carretera soleada y curva, viendo el mar y las estribaciones de la costa, subiendo y bajando entre pinos, salitre, azul y voces lejanas. Hacía no mucho que vivía en el sur, en una vida lenta y de vermú, plaza encalada del pueblo y secretos ardientes nunca pronunciados. Amaba el sol, la tierra seca, la calma de los viejos. El retrovisor empapaba de luz y llegué a casa, las señoras conversaban a la puerta. Las consecuencias son inevitables, y si el deseo del sur no lo hubiese evitado habría apagado el sol, almacenado los pinos, resuelto el olor de salitre y azahar y cabalgado hacia un futuro frío como el niño que galopa su caballo de cartón  y al que el viento despoja en el apogeo de su carrera de cuartos, lomo, crin y relincho en sus asombradas manos.





Dundalk baila lento al ritmo de los meses que se escapan de las nuestras.