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martes, 18 de julio de 2017
Novelas crueles. 18 de Julio.
Aquí estamos, pasando los días mientras ellos pasan en y por nosotros. Para aliviar a veces las dudas, hay varios métodos de evasión. ¿Pero por qué elegimos a veces evadirnos de formas que duelen aún más que la realidad? No lo sé. Igual soy gilipollas. Aquí van algunas reseñas breves de novelas crueles y dolorosas.
Chesil Beach, con la que peor lo pasé. La historia de una pareja tan simpática siendo diseccionada y destrozada en un ataque feroz. Me negué y me niego a creer que lo que McEwan me cuenta sea verdad. Incluso escribí esto en mi blog de entonces. Porque el amor merece una oportunidad por fin, joder.
Nunca me abandones. Ishiguro gusta de envolver en delicados ropajes sus bombas de relojería. Recuerdo haber imaginado la resignación triste de los adolescentes que no saben su futura labor con la falta de rebeldía del mundo que me rodea.
Expiación. Vuelve Ian McEwan. Una separación por un desliz, la crueldad sin intención que revela simas más profundas de las pretendidas. Otro cruce de caminos y la impresión de que todo podría haber sido distinto, con un pequeño detalle cambiado. Ay, ¿será verdad?
Las partículas elementales, Houellebecq quería hacer un fresco de una sociedad decadente, la francesa, la europea de fin y de principios de siglo. Entre el consumidor obsesivo de placeres instantáneos y su hermano que ha elegido ser un monje consagrado a su trabajo, se cuela entre los intersticios de la vida moderna su falta de propósito vital, que los contamina.
Pastoral Americana, mira que me gusta Philip Roth, y cómo le gusta meter el dedo en la llaga. Esta es la historia de un hombre que creció con todos los talentos, pudo toda su buena fe en ser una persona buena y feliz, y su época no le dejó serlo. Todo lo bueno que te rodea puede derrumbarse con fragor en un minuto y sin que tengas la culpa.
Debería añadir una coda, estuve dos días un tanto tocado cuando leí la boda roja, antes de que todo se hiciera global, yo solo con George, queriendo saber más y desde que empezaron a sonar las lluvias de Castamere ya sabía que algo no iba bien allí... Mi madre pensó que me había pasado algo y todo.
Supongo que el arte tiene esa función, desconsolarte y enseñarte que en tu vida aún puedes cambiar las cosas, hacerte más sabio y lúcido. La catarsis de Aristóteles. Me precoupa en cambio, que a veces, así como huimos del dolor físico, el dolor emocional es un caldo al que a veces nos gusta sentir repetidamente, y no es bueno. Quizá sea solo cosa mía, pero creo haber observado a otros y es lo mismo. Recrearse en el dolor nunca es bueno, y espero que no este educado para ello. Seguiré arriesgándome a leer novelas crueles, pero debo manejarme con cuidado. La vida es demasiado breve como para creer que un narrador arreglará nuestras cuitas si nosotros las buscamos.
Dundalk se acuesta al calor de la noche y las nubes grises agrietan su frente antigua.
lunes, 17 de julio de 2017
El mundo político y el mito del votante racional.17/07/17
We live in a political world
Love don’t have any place
We’re living in times where men commit crimes
And crime don’t have a face
He comenzado la nueva temporada de "House of Cards", una de las series más divertidas del panorama. Su trama principal me resulta absolutamente vulgar, pero las secundarias y el subtexto que la levanta conectan con el espíritu de nuestra época. La veneración del poder, la fuerza, el vigor juvenil y el derrumbamiento de barreras que nos lo impidan, si somos capaces. Me encantan las putadas que se hace el matrimonio protagonista y el juego del poder, aunque lo sospecho exagerado, sirve bien al contraste de comedia oscura que impregna la serie; una especie de ópera bufa con toques de melodrama.
Nos gusta porque queremos creer que eso es la política profesional, un nido de víboras, el anclaje de un sistema consensuado que nos impide aspirar a prosperar más. Desde luego debe haber intentos en ese sentido, pero creo que hay tantos agentes envueltos que es imposible la centralización del sometimiento a través de conspiraciones orquestadas y que el error, la rivalidad y la simple estupidez son más relevantes que la conjunción de un sistema a través de la dirección precisa y no decenas de decisiones independientes. No creo en la grandeza del mal salvo para las ficciones en las que es conveniente para la narración. Ni que una conspiración que involucra a las personas más poderosas de la tierra me la vaya a descubrir en las redes sociales cualquier investigador desde su sofá. Los hombres cometen crímenes, pero el crimen ha perdido su cara.
Hay algo muy interesante, importan mucho más los juegos trás bambalinas que el agente decisor, el votante. La serie presenta una visión sardónica de los procesos electorales, y tiene razón. Seguramente formamos rebaños sin apenas darnos cuenta. En El Mito del Votante Racional: Por qué las Democracias Escogen Malas Políticas, de Bryan Caplan, se ofrece una explicación plausible: somos irracionales en nuestras ideas políticas y económicas, hay una serie de sesgos que nublan nuestra percepción. Parece una regla de hierro de la historia; oímos lo que queremos oír y creemos lo que necesitamos creer. Parece haber una sólida necesidad psicológica en ese comportamiento.
La democracia asegura que ningún pueblo tiene un mejor gobierno del que merece, dijo Shaw, creo. La visión de la política en los tiempos presentes parece más liviana y fresca, la democracia como un teatro, una narración lineal. No aspiramos a más. Está mas allá de la irracionalidad, la conspiración y el pesimismo. Simplemente, sobrellevamos las fallas de nuestros sistemas o fantaseamos con utopías irrealizables, porque no nos importa. Supongo que hay algo de sabio en ello, apartar la felicidad del individuo de la maquinaria de poder que mueve la historia. Personalmente, la vida de putadas mutuas de Francis y Claire me abrumaría. Pero me lo paso teta viéndolas.
Dundalk se levanta con un sol taimado que quizá desaparezca pronto. Hora de disfrutarlo.
Love don’t have any place
We’re living in times where men commit crimes
And crime don’t have a face
He comenzado la nueva temporada de "House of Cards", una de las series más divertidas del panorama. Su trama principal me resulta absolutamente vulgar, pero las secundarias y el subtexto que la levanta conectan con el espíritu de nuestra época. La veneración del poder, la fuerza, el vigor juvenil y el derrumbamiento de barreras que nos lo impidan, si somos capaces. Me encantan las putadas que se hace el matrimonio protagonista y el juego del poder, aunque lo sospecho exagerado, sirve bien al contraste de comedia oscura que impregna la serie; una especie de ópera bufa con toques de melodrama.
Nos gusta porque queremos creer que eso es la política profesional, un nido de víboras, el anclaje de un sistema consensuado que nos impide aspirar a prosperar más. Desde luego debe haber intentos en ese sentido, pero creo que hay tantos agentes envueltos que es imposible la centralización del sometimiento a través de conspiraciones orquestadas y que el error, la rivalidad y la simple estupidez son más relevantes que la conjunción de un sistema a través de la dirección precisa y no decenas de decisiones independientes. No creo en la grandeza del mal salvo para las ficciones en las que es conveniente para la narración. Ni que una conspiración que involucra a las personas más poderosas de la tierra me la vaya a descubrir en las redes sociales cualquier investigador desde su sofá. Los hombres cometen crímenes, pero el crimen ha perdido su cara.
Hay algo muy interesante, importan mucho más los juegos trás bambalinas que el agente decisor, el votante. La serie presenta una visión sardónica de los procesos electorales, y tiene razón. Seguramente formamos rebaños sin apenas darnos cuenta. En El Mito del Votante Racional: Por qué las Democracias Escogen Malas Políticas, de Bryan Caplan, se ofrece una explicación plausible: somos irracionales en nuestras ideas políticas y económicas, hay una serie de sesgos que nublan nuestra percepción. Parece una regla de hierro de la historia; oímos lo que queremos oír y creemos lo que necesitamos creer. Parece haber una sólida necesidad psicológica en ese comportamiento.
La democracia asegura que ningún pueblo tiene un mejor gobierno del que merece, dijo Shaw, creo. La visión de la política en los tiempos presentes parece más liviana y fresca, la democracia como un teatro, una narración lineal. No aspiramos a más. Está mas allá de la irracionalidad, la conspiración y el pesimismo. Simplemente, sobrellevamos las fallas de nuestros sistemas o fantaseamos con utopías irrealizables, porque no nos importa. Supongo que hay algo de sabio en ello, apartar la felicidad del individuo de la maquinaria de poder que mueve la historia. Personalmente, la vida de putadas mutuas de Francis y Claire me abrumaría. Pero me lo paso teta viéndolas.
Dundalk se levanta con un sol taimado que quizá desaparezca pronto. Hora de disfrutarlo.
domingo, 16 de julio de 2017
La resistencia. Dieciséis de Julio.
Un peón
No he sido nunca
un héroe. Me han empujado
A un centro del
tablero cruel y vano
De amenazas y
temores pleno. Sé que no llegaré a esa octava fila
Pero resisto a la
codicia y la crueldad.
Las torres
agresoras, los taimados caballos y su ira,
para acabar cayendo en el
baile desatado
De la furia de
unos reyes ingratos.
Debería huir.
Pero aquí hablo.
Don Quijote
¿Acaso ha sido el
horizonte herido
Por el conjuro de
algún nigromante poderoso?
Los palacios, el
honor, las doncellas, el oro
De la edad
antigua, el caballero…que han sido frente
Al cielo de La
Mancha. Por qué la herrumbre lo ha vestido todo.
Mis huesos de
anciano están molidos
Y cosecho el
desprecio de los otros. No sé qué es lo que en mi llama,
Que me impulsa, festivo y animoso
A aventar mañana
el pulso de mi gozo. Duerme en el rincón mi adarga bendecida
Y mañana volveré
a retar lo real y lo otro.
El reloj de la casona abandonada
Lucho con
insistencia contra lo invencible.
La falta de
esperanza puso en marcha mis ruedas
Y sin embargo,
así lo he decidido:
Tú podrás ser el
arco de mi flecha.
Quien fue nadie
Tu nunca oíste
aventar en el campo
El látigo con que
nos marcaron,
El canto con el
que subimos
Y el sudor con el
que nos crucificaron. Si hubo alguien que oyó,
Quizá lo sepa un
día. Hoy solo hay tierra y sol
Y el eco cansado
de una voz
Que sigue
sangrando y llora
Hasta que algún día despertemos.
El soldado del Somme
Nuestros padres
mintieron.
Nuestra juventud
también lo hizo.
Hoy nacen crueles
los arbustos
En el altar
absurdo de mi sacrificio. Algún día, alguien
Nos conocerá y
quizá evite otra siega de sangre
Y quizá no haya
nadie al que mañana disparen.
El despreciado
Ríen las calles
con rencor cristalino
Las plazas
tuercen la cara cuando aparezco,
El despreciado,
el solo, el que nunca descansa
Y a que vivir,
que alquimia
Mantiene los
lazos con la vida
De este muñeco que
solo piensa en crepitar
En lujurias de
odio y desprecio sobre su cuerpo mustio
Para que la
ciudad se envanezca de su altura.
No sé qué amor
persigo, denegado
Del ansia y del calor
de la ciudad
Con el hierro
candente del condenado. Y mañana seguiré saliendo
Para que otros
escupan lo que dicen que merezco.
El aspirante a poeta menor
No has sido,
lector, afortunado. No has topado
Con la música y
el oro de los maestros
Ni la profundidad
ni las imágenes explosivas
Que encierran el
bello veneno
De la poesía.
No sé por qué me
afano y me desvelo
Por parecer que
tengo… y que sería
Entre los claxon
y los mercados de valores
Y la estupidez
que impone sus mentiras. He de seguir haciéndolo
Mientras el
tiempo lo permita. Y caminar sereno hacia el inevitable olvido
En la barca de
Caronte y sus remos de guía,
Hacia la tierra
donde nunca es de noche
y en riberas donde árboles de frutos de oro iluminan
En las que las palabras ya no importan. Que así sea.
Resisto tanto
como puede mi espina.
miércoles, 12 de julio de 2017
Tómate la molestia. 12/07
There's a whole lot of people suffering tonight
From the disease of conceit.
Whole lot of people struggling tonight
From the disease of conceit.
Comes right down the highway,
Straight down the line,
Rips into your senses
Through your body and your mind.
Nothing about it that's sweet,
The disease of conceit.
Por lo visto, Albert Einstein dijo una vez que "todos somos genios". La cita parece apócrifa, pero ha llegado a hacerse muy popular porque conecta con un anhelo muy cercano: ser especial. Vivimos rodeados de otros, hacemos muchedumbres y nos angustia no tener nada nuestro, supongo. Algo que diferencie y nos dé una impronta.
Sin embargo, creo que alrededor de ese anhelo hemos construído varios valores discutibles: la "genialidad", la creatividad, la exhibición de rarezas. Nada o casi nada es malo si no es afectado, pero sería demasiado pedir tratar de evitar la sobreactuación en estos tiempos. No todos somos genios, no todos somos seres creativos. No es una desgracia, la meta común es el olvido y nosotros llegaremos antes. A veces me preocupa, empero, la precaria situación de otras virtudes que podrían consolarnos del bombardeo de terror ante la insignificancia que padecemos. Estar atentos a lo que nos pasa. Ser útiles a los demás. Creer que quizá, creencias aparte, lo que hayamos ayudado a mejorar la vida de los que tenemos cerca sea lo que quedará de nosotros. Parece modesto, pero es un objetivo titánico. Renta más aparentar brillantez que seriedad, excentricidad que sensatez (yo tiendo a ser excéntrico, creo, sin orgullo ni vergüenza, como quien es zurdo, espero) diferencia que cercanía. Uno piensa que la individualidad se construye a largos plazos, a través de una destilación íntima. La figura del friki vocacional es consoladora sin exigir nada y cómoda al poder; aquellos que se pierden en otros laberintos del amargo yo.
Yo he llegado a creer también que la arrogancia era un subproducto despreciable del éxito. Ahora tengo otro concepto del éxito, llegar a ser lo máximo que tú eres, ante ti, sin jueces ni aplausos, y saber que no resulta fácil pero es un buen camino. Cada vez que veo arrogancia en otros o en mí, imagino una frustración detrás que ladra nerviosa. Y hay una frustración y una infelicidad enorme que adquiere consistencia casi física cuando uno mira afuera. O quizá sea mi infelicidad que tiñe a veces lo que veo, y quiero cambiar eso. Tómate la molestia, me digo, sé atento a lo que ves, con quien estás. Sé útil en lo que hagas y trata de mejorar los caminos de tus días. No caigas en el remedio fácil de ignorar los dramas que cada uno arrastra y trata de comprender. No creas que seras así siempre y perdónate tus bajezas. Sé firme y decente, cree en ti mismo.
Tómate la molestia y marca la diferencia con tu actitud y no con las cuestionables actitudes que puedan ser especiales.Da lo mejor de ti en todo lo que hagas y si la cosa funciona, quizá tu camino sea más soleado que sombrío.
Dundalk me escucha y me ignora. Yo sé que está bien así. No seré el mismo mañana y aunque uno pueda ganar pequeñas batallas, en la batalla entre tú y el mundo, apuesta todos tus bienes por el mundo indiferente. Y después, pelea como si no importase.
There's a whole lot of people in trouble tonight
From the disease of conceit,
Whole lot of people seeing double tonight
From the disease of conceit,
Give ya delusions of grandeur
And a evil eye
Give you idea that
You're too good to die,
Then they bury you from your head to your feet
From the disease of conceit.
From the disease of conceit.
Whole lot of people struggling tonight
From the disease of conceit.
Comes right down the highway,
Straight down the line,
Rips into your senses
Through your body and your mind.
Nothing about it that's sweet,
The disease of conceit.
Por lo visto, Albert Einstein dijo una vez que "todos somos genios". La cita parece apócrifa, pero ha llegado a hacerse muy popular porque conecta con un anhelo muy cercano: ser especial. Vivimos rodeados de otros, hacemos muchedumbres y nos angustia no tener nada nuestro, supongo. Algo que diferencie y nos dé una impronta.
Sin embargo, creo que alrededor de ese anhelo hemos construído varios valores discutibles: la "genialidad", la creatividad, la exhibición de rarezas. Nada o casi nada es malo si no es afectado, pero sería demasiado pedir tratar de evitar la sobreactuación en estos tiempos. No todos somos genios, no todos somos seres creativos. No es una desgracia, la meta común es el olvido y nosotros llegaremos antes. A veces me preocupa, empero, la precaria situación de otras virtudes que podrían consolarnos del bombardeo de terror ante la insignificancia que padecemos. Estar atentos a lo que nos pasa. Ser útiles a los demás. Creer que quizá, creencias aparte, lo que hayamos ayudado a mejorar la vida de los que tenemos cerca sea lo que quedará de nosotros. Parece modesto, pero es un objetivo titánico. Renta más aparentar brillantez que seriedad, excentricidad que sensatez (yo tiendo a ser excéntrico, creo, sin orgullo ni vergüenza, como quien es zurdo, espero) diferencia que cercanía. Uno piensa que la individualidad se construye a largos plazos, a través de una destilación íntima. La figura del friki vocacional es consoladora sin exigir nada y cómoda al poder; aquellos que se pierden en otros laberintos del amargo yo.
Yo he llegado a creer también que la arrogancia era un subproducto despreciable del éxito. Ahora tengo otro concepto del éxito, llegar a ser lo máximo que tú eres, ante ti, sin jueces ni aplausos, y saber que no resulta fácil pero es un buen camino. Cada vez que veo arrogancia en otros o en mí, imagino una frustración detrás que ladra nerviosa. Y hay una frustración y una infelicidad enorme que adquiere consistencia casi física cuando uno mira afuera. O quizá sea mi infelicidad que tiñe a veces lo que veo, y quiero cambiar eso. Tómate la molestia, me digo, sé atento a lo que ves, con quien estás. Sé útil en lo que hagas y trata de mejorar los caminos de tus días. No caigas en el remedio fácil de ignorar los dramas que cada uno arrastra y trata de comprender. No creas que seras así siempre y perdónate tus bajezas. Sé firme y decente, cree en ti mismo.
Tómate la molestia y marca la diferencia con tu actitud y no con las cuestionables actitudes que puedan ser especiales.Da lo mejor de ti en todo lo que hagas y si la cosa funciona, quizá tu camino sea más soleado que sombrío.
Dundalk me escucha y me ignora. Yo sé que está bien así. No seré el mismo mañana y aunque uno pueda ganar pequeñas batallas, en la batalla entre tú y el mundo, apuesta todos tus bienes por el mundo indiferente. Y después, pelea como si no importase.
There's a whole lot of people in trouble tonight
From the disease of conceit,
Whole lot of people seeing double tonight
From the disease of conceit,
Give ya delusions of grandeur
And a evil eye
Give you idea that
You're too good to die,
Then they bury you from your head to your feet
From the disease of conceit.
jueves, 6 de julio de 2017
Tokyo 64. Seis de Julio
Como todos quise ser un as del deporte y como la mayoría me quedé en cinco de bastos. Uno acepta sus limitaciones al final, salvo los que han tenido pocas y las han tenido demasiado tarde. Siempre recuerdo el argumento definitivo de Claudio Magris sobre Mengele; cuando se refugió en un convento de monjitas no parecía estar interesado en experimentar hasta la muerte con bebés o torturar a otros; se resignaba porque una fuerza superior le impelía a hacerlo, como otros nos resignamos a ganarnos el pan en oficinas o no salir con las actrices de moda.
El deporte, que cosa más turbia. Te exige sacrificios sin cuento para jugar una simple liga de bares, te abandona sin que te des cuenta y de repente pasas de verte como un atleta ágil a ser chiquito de la calzada con una cinta en la frente y bebiendo potajes amarilloanaranjados, pretendiendo que aún eres vigoroso. No pasa mucho porque al final la mayoría de los que te rodean participan del mismo ensueño. Y esta bien así, joder, lo importante es participar y cuando lo practicaste de niño del deporte es más difícil de salir que del Ikea.
Dicen que cuando Alejandro Magno...bueno, es una historia que improvisó Escohotado en un disco de Calamaro y os digo, cuentan de Alejandro que una vez se metió en un río tumultuoso de la India, todo con barro ,persiguiendo al ejército que peleaba con él y que cuando iban en mitad los caballos perdieron pie;aquellas aguas estaban heladas, y se volvió a sus compañeros y les dijo: "me cago en la leche, ¿os dais cuenta las cosas que tengo que hacer para que me tengáis respeto?" Creo que es verdad, aunque no sé muy bien de qué va la cosa.
Yo creo que es un poco así. Siempre hay un momento en el que dar lo mejor, aunque parezca más fácil dar pena, y siempre hay que buscar un santuario donde resistir, donde recordar lo que fuimos y lo que creímos llegar a poder ser (como aquel filósofo, siento muchas veces que nunca me repondré de mi buena infancia, pero sigue siendo una fuente de la que beber en días oscuros). Y me he comprado una bandolera que me ocupa espacio, pero no sirve para nada. Salió barata, es oficial y todo. Es la bandolera de Tokio (Tokyo, plis) 64. Que grandes olimpiadas. Estoy seguro de que hubiera llegado a ser alguien en ellas. Pero ya pasaron, y solo me han dejado su preciosa bandolera, que se la doy a quien la quiera, y el recuerdo de lo que quizá pueda lograr en Olimpiadas futuras, mientras quede algo de fuerza y los días se acumulan, antes de que anochezca.
Dundalk se impresiona con mi bandolera e ignora mis palabras sin sentido. Sabe que hay días en los que merecemos ser conscientes de todo lo que nos ha sido dado sin hacer nada para merecerlo.
El deporte, que cosa más turbia. Te exige sacrificios sin cuento para jugar una simple liga de bares, te abandona sin que te des cuenta y de repente pasas de verte como un atleta ágil a ser chiquito de la calzada con una cinta en la frente y bebiendo potajes amarilloanaranjados, pretendiendo que aún eres vigoroso. No pasa mucho porque al final la mayoría de los que te rodean participan del mismo ensueño. Y esta bien así, joder, lo importante es participar y cuando lo practicaste de niño del deporte es más difícil de salir que del Ikea.
Dicen que cuando Alejandro Magno...bueno, es una historia que improvisó Escohotado en un disco de Calamaro y os digo, cuentan de Alejandro que una vez se metió en un río tumultuoso de la India, todo con barro ,persiguiendo al ejército que peleaba con él y que cuando iban en mitad los caballos perdieron pie;aquellas aguas estaban heladas, y se volvió a sus compañeros y les dijo: "me cago en la leche, ¿os dais cuenta las cosas que tengo que hacer para que me tengáis respeto?" Creo que es verdad, aunque no sé muy bien de qué va la cosa.
Yo creo que es un poco así. Siempre hay un momento en el que dar lo mejor, aunque parezca más fácil dar pena, y siempre hay que buscar un santuario donde resistir, donde recordar lo que fuimos y lo que creímos llegar a poder ser (como aquel filósofo, siento muchas veces que nunca me repondré de mi buena infancia, pero sigue siendo una fuente de la que beber en días oscuros). Y me he comprado una bandolera que me ocupa espacio, pero no sirve para nada. Salió barata, es oficial y todo. Es la bandolera de Tokio (Tokyo, plis) 64. Que grandes olimpiadas. Estoy seguro de que hubiera llegado a ser alguien en ellas. Pero ya pasaron, y solo me han dejado su preciosa bandolera, que se la doy a quien la quiera, y el recuerdo de lo que quizá pueda lograr en Olimpiadas futuras, mientras quede algo de fuerza y los días se acumulan, antes de que anochezca.
Dundalk se impresiona con mi bandolera e ignora mis palabras sin sentido. Sabe que hay días en los que merecemos ser conscientes de todo lo que nos ha sido dado sin hacer nada para merecerlo.
miércoles, 5 de julio de 2017
Lo que otros no vemos. 5 de julio
Hace unos días leía sobre los inicios de los foros en Internet. Recuerdo haber pasado tiempo en ellos. Escribía con la arrogancia de quien no ha visto nada. Como apenas me recuerdo y me disgusta recordarme así, frecuento pocos hoy, aunque las redes sociales los han sobrepasado en multitudes e ira. Con los años, llego a ver sospechoso o no fiable toda palabra que provenga de anónimos.
Sería más soportable si fuera una isla. Pero Internet también sobrepasa la vida. Los usos roncos, iracundos de esos foros se han trasladado a la experiencia diaria, con sus listos que todo lo saben, sus brutos que harían arder el mundo si pudieran, los simples que tratan de demostrar lo buenos que son y los que llevan la contraria con suficiencia.Y en el hemiciclo los troles berrean. Estoy con Elvira Lindo: cuando alguien desprecia a los legislados en su condición de "legislador", ni entiende el cargo que ocupa ni, en consecuencia, debería estar ahí. Y nadie se disculpa nunca. Transformando el orgullo en dignidad oscura, hemos transformado el desabrimiento en verdad. Es algo que desde siempre se ha llevado, el que dice las verdades del barquero, canta las cuarenta, etc... Supongo que la diferencia es que el prestigio de la rotundidad nunca fue tan extenso. O sí, y la complejidad de las cosas, la vida misma irrita a quienes quieren dirigirla y frustrados, culpan a otros.
Yo quiero creer que distintas personas ven o les suscita diferentes sensaciones ante realidades diversas. Que uno sea ciego a los puntos de vista del otro es sano porque somos lo que nuestro punto de vista nos acerca a la vida. Pero convendría no quitar razones ni considerar roma toda visión de la complejidad del mundo que no se adapta a nosotros. Esta pelea contra la dificultad de fijar la experiencia en un plano fijo es en realidad, creo, el ansia de seguridad de un mundo que se desvanece, y que denegamos o alabamos en virtud de nuestro papel en la farsa. La vida es un cuento contado por un idiota lleno de rabia y de furia que no significa nada, de acuerdo, pero podría ser más amable si considerásemos que, dentro de ciertos límites, hay quien extrae del poliedro de la realidad aristas distintas.
Dundalk se enfurece cuando le digo que me parece mal que en la NBA los equipos se cambien por dúos o tríos de estrellas rodeados de temporeros o viejas glorias dispuestas a jugar por dos perras, y me dice que nunc fue tan espectacular la Liga. Y supongo que ambos tenemos razón.
Sería más soportable si fuera una isla. Pero Internet también sobrepasa la vida. Los usos roncos, iracundos de esos foros se han trasladado a la experiencia diaria, con sus listos que todo lo saben, sus brutos que harían arder el mundo si pudieran, los simples que tratan de demostrar lo buenos que son y los que llevan la contraria con suficiencia.Y en el hemiciclo los troles berrean. Estoy con Elvira Lindo: cuando alguien desprecia a los legislados en su condición de "legislador", ni entiende el cargo que ocupa ni, en consecuencia, debería estar ahí. Y nadie se disculpa nunca. Transformando el orgullo en dignidad oscura, hemos transformado el desabrimiento en verdad. Es algo que desde siempre se ha llevado, el que dice las verdades del barquero, canta las cuarenta, etc... Supongo que la diferencia es que el prestigio de la rotundidad nunca fue tan extenso. O sí, y la complejidad de las cosas, la vida misma irrita a quienes quieren dirigirla y frustrados, culpan a otros.
Yo quiero creer que distintas personas ven o les suscita diferentes sensaciones ante realidades diversas. Que uno sea ciego a los puntos de vista del otro es sano porque somos lo que nuestro punto de vista nos acerca a la vida. Pero convendría no quitar razones ni considerar roma toda visión de la complejidad del mundo que no se adapta a nosotros. Esta pelea contra la dificultad de fijar la experiencia en un plano fijo es en realidad, creo, el ansia de seguridad de un mundo que se desvanece, y que denegamos o alabamos en virtud de nuestro papel en la farsa. La vida es un cuento contado por un idiota lleno de rabia y de furia que no significa nada, de acuerdo, pero podría ser más amable si considerásemos que, dentro de ciertos límites, hay quien extrae del poliedro de la realidad aristas distintas.
Dundalk se enfurece cuando le digo que me parece mal que en la NBA los equipos se cambien por dúos o tríos de estrellas rodeados de temporeros o viejas glorias dispuestas a jugar por dos perras, y me dice que nunc fue tan espectacular la Liga. Y supongo que ambos tenemos razón.
lunes, 3 de julio de 2017
El peligro. 3 de julio de 2017.
Admiro a los columnistas diarios. Por más que uno abra un blog para lanzar mensajes al océano sin más compromiso, no me resulta fácil escribir unos párrafos cada día. Ya sé que los diarios se han convertido en centones de artículos de opinión que completan sus noticias ya escoradas, pero agota ser lector de tantas columnas pesadas, pulcramente escritas pero que parecen más interesadas en demostrar la agudeza de quien las escribe que la opinión que tratan de exponer. Y después uno se siente aliviado porque estas páginas, aún contribuyendo a esa inundación, sean leves y desconocidas porque no solemos ver con perspectiva nuestros vicios. Y si uno puede acercarse a un estilo que se aleje de la frivolidad o la arrogancia, tratando a sus lectores, por pocos que sean, como un Muñoz Molina o un Enric González (salvando las distancias), habrá merecido la pena.
El problema es el tema. Todo ha sido ya analizado y visto, y al fin y al cabo no importa mucho, nadie parece cambiar de opinión nunca. Y de qué puede escribir uno cuando quiere hacerlo y ve la pantalla de su pequeño blog en blanco. Hoy no he hecho apenas nada, recoger, entretenerme, pensar en un futuro cercano, mirar el tiempo. Y de repente, como venido por un fogonazo sin guía me he dado cuenta de que estoy en un grave peligro. Porque el peligro es pasar los días así, sin un propósito que los vitalice y el riesgo anida en la espera hacia un puerto que nunca alcanzaremos. Salí a la calle y veía sombras al lado de la mía, y me preguntaba si en las portadas, los estadios y las pantallas hay noticia de este peligro que nos acecha a todos, tan dulce como dicen que es la muerte por inhalación de dióxido de carbono, plácido y susurrante. O quizá es que la vida es todo lo que hay fuera de pantallas, portadas, estadios, pensamientos,sentimientos sobre lo que nos pasa o lo que nunca lo hizo y entradas de blog. El peligro es vaciar en el viento de la espera la efigie dura y maciza que tratas de moldear en el fuego de la existencia.
Quizá es porque un día como hoy nació Kafka. Quizá haya ahora otro Kafka caminando sobre la tierra y esté describiendo, en metáforas agudísimas o en costumbrismo malicioso o en un estilo realista y tan desapegado que duela todo lo que nos pasa, los procesos a los que se nos somete, los castillos que no veremos pero de los que sentiremos su sombría presencia, las metamorfosis que nos alejarán de lo que ayer éramos. Para Kafka el peligro era que de repente la vida bullendo alrededor dejaba de ser nuestra y aunque queríamos ser pieles rojas, al abrir los ojos ya estaban desapareciendo el paisaje y las crines del caballo. Creo que Kafka no hubiera podido ser columnista ni bloguero. Al fin y al cabo, el día de la declaración de la Primera Guerra Mundial escribió que había ido por la tarde a la piscina.
Dundalk oye y calla. Todo lo que yo pueda escribir o saber, ella lo sabe ya y con su mirada que ha visto mucho me dice sin palabras que no puede ayudarme.
El problema es el tema. Todo ha sido ya analizado y visto, y al fin y al cabo no importa mucho, nadie parece cambiar de opinión nunca. Y de qué puede escribir uno cuando quiere hacerlo y ve la pantalla de su pequeño blog en blanco. Hoy no he hecho apenas nada, recoger, entretenerme, pensar en un futuro cercano, mirar el tiempo. Y de repente, como venido por un fogonazo sin guía me he dado cuenta de que estoy en un grave peligro. Porque el peligro es pasar los días así, sin un propósito que los vitalice y el riesgo anida en la espera hacia un puerto que nunca alcanzaremos. Salí a la calle y veía sombras al lado de la mía, y me preguntaba si en las portadas, los estadios y las pantallas hay noticia de este peligro que nos acecha a todos, tan dulce como dicen que es la muerte por inhalación de dióxido de carbono, plácido y susurrante. O quizá es que la vida es todo lo que hay fuera de pantallas, portadas, estadios, pensamientos,sentimientos sobre lo que nos pasa o lo que nunca lo hizo y entradas de blog. El peligro es vaciar en el viento de la espera la efigie dura y maciza que tratas de moldear en el fuego de la existencia.
Quizá es porque un día como hoy nació Kafka. Quizá haya ahora otro Kafka caminando sobre la tierra y esté describiendo, en metáforas agudísimas o en costumbrismo malicioso o en un estilo realista y tan desapegado que duela todo lo que nos pasa, los procesos a los que se nos somete, los castillos que no veremos pero de los que sentiremos su sombría presencia, las metamorfosis que nos alejarán de lo que ayer éramos. Para Kafka el peligro era que de repente la vida bullendo alrededor dejaba de ser nuestra y aunque queríamos ser pieles rojas, al abrir los ojos ya estaban desapareciendo el paisaje y las crines del caballo. Creo que Kafka no hubiera podido ser columnista ni bloguero. Al fin y al cabo, el día de la declaración de la Primera Guerra Mundial escribió que había ido por la tarde a la piscina.
Dundalk oye y calla. Todo lo que yo pueda escribir o saber, ella lo sabe ya y con su mirada que ha visto mucho me dice sin palabras que no puede ayudarme.
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