Translate

lunes, 13 de agosto de 2018

13 de agosto. Silencio y mar.

El Buda dijo que las palabras hieren y curan. Bien podría ser correcto, él alcanzó la iluminación. Pero, sin atreverme a contradecirlo, pues somos seres construidos de palabras, me parece que el silencio tiene una intensidad y una profundidad no menor. El silencio puede aliviar las pesadas horas pero también puede estirar el espíritu hacia un dolor indefinido o una agitación que nos deviene incomprensible en mitad de la nada y nos enerva y agota.

Hay una dimensión espiritual en el silencio que no admite comparación; es hacer de lo que te rodea tu interior, verter tu conciencia en lo que te circunda para alcanzar el engaño grato de una unión primordial en la que uno recibe de vuelta la conciencia del todo en sí. En la travesía por un mar de miedo, desamparo y movimiento que no cunde y cansa, buscamos momentos que nos hagan sentir más dentro de la vida, una experiencia más cálida, un brebaje más robusto. Esta búsqueda suele hacerse por vías convencionales y  pautadas. Y sin embargo, ¡que grata es la compañía del silencio en ella! Calma las olas de la incertidumbre y devuelve espuma de plenitud por donde alborotan otros. La serenidad de ánimo, la conciencia jovial de la broma infinita en la que participamos por unos breves instantes, la quietud frente a lo inamovible, son dones reservados a los que saben escuchar el pulso latente del mundo.

Claro que no siempre es así. Hay silencio de tensión, abruptos cortes en la marea que nos fatigan; a veces, el silencio susurra un ritmo perverso, la letanía con la que nos herimos a nosotros mismos.En esos momentos, una voz puede ser todo lo que necesitamos para quebrar ese océano negro y helado. A veces he sentido que ambos silencios peleaban en mí, el que anhela estar lejos de los hombres y su perverso entramado y el que necesita una voz que lo aleje del túnel en el que es imposible decir. Supongo que a todos nos pasa algo parecido. Como divisa personal, trato de permanecer fiel, sin conseguirlo, a aquella que reza que de lo que no se puede hablar, es mejor callarse.

Y así, tropezando, avanzando y sediento de llegar más lejos y temeroso de caer desde mas alto, la nave trata de avanzar por ese mar salado de azar, desgracia y turbación inútil. Construyo un faro alrededor de mi silencio y junto a Dundalk veo pasar las lunas sobre la superficie ondulante y de plata.

Y si unas palabras deben salir hoy desde mi sigilo, solo pueden ser estas: Yo estaré contigo. No estás sola.




viernes, 10 de agosto de 2018

10 de agosto. Amar el escudo

No me he enterado hasta hace un rato de la presentación de Courtois con el Madrid y sus declaraciones de amor eterno. La verdad, todas estas efusiones regadas con cantidades indecentes de dinero estragan un poco; se supone que somos maduros y aceptamos que profesionales defiendan a nuestro equipo sin tener que exigir limpieza de sangre. Pero no, no lo somos.

Pienso que la sociedad moderna en Occidente funciona de manera similar, en manos de cínicos que necesitan para la consecución de sus intereses espurios una masa acrítica que se sostiene en el sentimentalismo y el discurso. El mayor logro del diablo, y quizá de Dios también, es hacernos creer que no existe. Se diría que la vaciedad, la culpa y las ideas débiles encuentran acomodo en animales asustados que desean creer. Qué sé yo, igual exagero. Acabo de ver "Valerian" una experiencia visual en la que unos adolescentes de trece años se fuman un porro y ven cosas de colores, se hacen los duros, demuestran su estupidez a cada paso que dan, se libran gracias a la falta de puntería de los malos y admiran la armonía de unos buenos salvajes espaciales perjudicados por los humanos malos, que debe ser compensada con el sacrificio de los humanos buenos que piden perdón en nombre de todos. Que potito. En ese mejunje de vacuidades inanes revolvemos los días y las ocurrencias de la modernidad. Haciendo el juego a los lobos que ven con muy buenos ojos que los corderitos sean cada vez más obsecuentes con lo que dicta la mayoría y más cómodos con el calor del rebaño, almas buenas que se han besado el escudo desde siempre y lo seguirán haciendo.

Dundalk me mira raro, y yo le digo que necesitaba expulsar esto antes de irme a dormir, harto de narraciones planas y de futbolistas y aficionados cabestros. Vale.

lunes, 6 de agosto de 2018

La tumba de las luciérnagas y el camino del héroe. Seis de agosto.

Hace unos días escuchaba un podcast en el que hablaban de las películas del maestro Miyazaki, cuyas películas descubren una luz apenas usada sobre la vida y reconfortan. Pero esta...esta es un puñetazo, quizá ni eso, no hay muchos golpes trágicos, es una atmósfera pesada, sin concesiones en la que la tristeza lo es todo, inunda la pantalla y cae incesante cada minuto hasta dejarte sin defensas, derrotado. Nunca he visto película más triste, ni creo que la haya. Me pregunto por qué soportamos el dolor emocional de una manera que no haríamos con una escala equivalente de dolor físico. Supongo que es parte de nuestro cerebro animal, que prioriza la supervivencia de una conciencia continuada.

Quizá por eso el heroísmo es más improbable aún que la renuncia a la tristeza. He estado viendo una entrevista al mitólogo Joseph Campbell, el autor de "El héroe de las mil caras", acerca de mitos comparados, psicología de masas y lo que significa ser un héroe hoy en día. Campbell opina que el dragón que debemos derrotar es el del ego caprichoso, en nuestra búsqueda hacia lo que somos. Tarea titánica siempre, hoy se diría que más aún que el ego es el príncipe de nuestros mundos tendentes al solipsismo colectivo. Y sin tristeza ni euforia, contemplo los recodos futuros y cotidianos de mi vida y avanzo con mi lanza en ristre y la adarga al brazo contra la desidia, la pena, la soberbia y el desprecio hacia el castillo de cuento que en los mejores días parece avistarse en las cumbres, cuando el sol despeja un poco las nubes grises.

Dundalk ha visto demasiados héroes oscuros y sabe que la fascinación de un bien absoluto puede corromper al hombre. Advertido de ello, me armo de ironía junto a mi lanza precaria, y salgo a los caminos a desfacer entuertos.


domingo, 29 de julio de 2018

Pausas. 29 de Julio.

No toda pausa es pérdida, al igual que no todo silencio afluye al gran río del olvido. A veces la vida cansa y los ecos del pasado aturden, los errores persiguen y las tardes abruman. De todas las fiebres del mundo en el que vivo y en el que me comparto, creo que la que más me cuesta sobrellevar no es la pasión por el dinero ni la burla del alma; ni siquiera el cultivo del yo como un barbecho de nuestra naturaleza en favor del impulso animal, o el gregarismo ubicuo que borra el matiz. Relacionado con ello, crece la peor hierba que puedo concebir, lo que nos arruina el paisaje moral, ya de por sí precario, creo: la inmensa perversión del lenguaje, el señuelo, la posverdad, la cadencia de información residual inundándonos para que caigamos en el mismo lodo juntos. Como los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo, el mundo se hace más inhóspito, irreal, pobre. En fin, no soy un santo, cometo más errores que nadie. pero cuando el perdón y la ira son solo marcas, etiquetas, y las campañas y los resúmenes se centran en el bien y el mal sin atención a la complejidad, la vida humana se empobrece. Y yo la empobrezco cada día, colaborando con la atmósfera irreal de excitación y ansiedad, el zumbido perpetuo de una colmena agotada de sí.

Para la doctrina hinduista hay un velo de Maya entre nosotros y la realidad, de manera que no podemos aprehenderla nunca, siempre pugnamos pero no podemos escapar de ese manto sedoso. Es una idea que siempre me ha parecido tan sugestiva y poética... cabalgando problemas y equivocaciones, quise escribir acerca de ello para expresarlo de mi mejor manera, aunque temo no haberlo conseguido. Aquí os lo dejo, me lo dejo como tributo virtual por mi desidia y descuido. Por favor, perdonadlo.


Maya

Cae la lluvia; es un velo de sombra
Que aleja la claridad de la alborada limpia.
La aurora dona su languidez fresca
Y el rocío derrama un néctar de misterio.
Las formas diluyéndose son ecos nocturnos
Que anuncian el olvido que seremos.

Si alzara ahora la mano contra lo que está frente a mí,
Un paisaje desolado de sombras y perfiles vagos
Entendería quizá porque nunca lo alcanzo
Porque la realidad es también un vacío
Y otro perverso enigma, y un espejo cóncavo.

Quizá algún día, quienes vengan
Sepan entender la hierba, y la agonía del azar el encender la tarde.
Nosotros vivimos en sensaciones cortas y cercenamos lo que percibimos
Con pasión inútil. El arroyo del devenir nos inunda suave
Y la licuación sutil del cambio alumbra trampantojos
Mientras el sol no acaba de mostrarse
En nuestro tenso fondo del pozo.

Debe haber algo más que aparte el velo.
Una sonrisa de Maya también tras el arrojo
De expulsar la claridad y adoptar la sombra
Que va siempre en nosotros.
O quizá sea la chispa latente
la que teje y oculta todo entre sus hilos.

Tiene que ser una armonía de dulcísimo filo,
Más allá de la frecuencia que ven nuestros ojos
O pueden alertan los oídos más agudos.
Un palacio de cristales de simetría y brillo
En un océano de silencio de destello oscuro.

Tiene que ser un murmullo más allá del principio
Que imponga una manera de nombrar y recordar las cosas.
Un vientre cálido y mecido como onda de luz
Inquieta y primordial
Incesante y perpetua,
Y en el cual sabrás tú también contemplar
Lúcido y sabio: vayamos hacia allá. Despierta.



Hasta pronto, espero.

domingo, 8 de julio de 2018

Despedida. Ocho de Julio, 2018.


Esta noche sin guía, aguardo solitario
La visita de heraldos que han de venir soberbios
Enjaezando sus monturas en un oro afilado
Para que pierdan mi voz y esparzan su silencio.

Ya no me queda brío para arrojarlos, fuerte
Ni he de llegar a mi huerta de primaveras suaves
Ni volver por la acequia que hoy caudalosa asiente
Al rumor que ha de venir y que todo lo sabe.

Frente a una hoguera altiva, de claveles y mirtos
Me han de contar su historia y dictar mi condena
Mientras el cielo siembra faroles amarillos
Y la brisa nocturna despierta mis ausencias.

En las estrellas su crujido seco resonará ruinoso
Y nos observarán desde su desierto de esplendor vacío
Y las cadenas que me impongan ya han sido forjadas
en las estancias oscuras del señor del abismo. 

Y partiré con ellos, y estaré triste y vencido
Por todo lo que aún debo y ya no resarciré
Mis manos serán grietas, mi boca un seco ruido
Y en la piedra estos pasos resonarán a ayer.

Y tú viajero, contémplame yacente.
Pide por mi alma y comparte lo que dejo puro
Trabaja mi hacienda y cultiva tu paz.
Haz de mi recuerdo una chispa breve.
Por piedad te pido, construye alto un refugio
Pues los pájaros llamándome desde allí cantarán.

Y no abras la puerta ni te entregues débil
A caballeros que vengan y aguza tu oído
Si en el breve camino te alerta un sutil ruido
Y el aíre se llena de una pausa inerte
Defiende tus obras, tu tiempo y tu vida fértil
Mientras cabalgan ajenos y aún no vienen a verte.




Hasta pronto, amigos.

miércoles, 27 de junio de 2018

Veintisiete de junio. Diego, Hubris y Némesis.

"...ejerzo el poder delirante del destructor, comparado con el cual el del creador parece una parodia. Eso es ser feliz. Esa es la felicidad: esta insoportable liberación, este universal desprecio, la sangre, el odio a mi alrededor, este aislamiento sin igual del hombre que tiene toda su vida bajo la mirada, la alegría desmedida del asesino impune, esta lógica implacable que tritura vidas humanas (Ríe)".

Calígula, Albert Camus.

Uno de las supersticiones de nuestro tiempo, asentada en una eficaz propaganda, reza que cada individuo es capaz de las mayores hazañas, que tú puedes hacer lo que nunca fue logrado. Es una creencia que se asienta en el consumo y su necesidad de evitar las preguntas que pueden tornar la existencia en un páramo. Y sin embargo, las escasas flores de ese páramo valen más que las plantas majestuosas que un velo de gasa y mentira ofrece. El precio a pagar por la destrucción de este sortilegio es una frustración inveterada que puede ser peligrosa pero con la que nos vamos arreglando como podemos a lo largo de los días. El precio a pagar por conseguir ser un Dios es la destrucción.

He visto las fotos y los vídeos de Maradona. No me resulta diferente a las reacciones que imagino del emperador romano en el coliseo, del general conquistando posiciones en la colina, el chico del barrio que consigue la Copa del Mundo. Después de cada victoria inimaginable hay una expansión del yo en la masa que se acepta sumisa al poder, al carisma. Pero somos tan volubles como breves, me temo, y la atención de la muchedumbre se dispersa, dejando el calor de su abrazo como una fragancia esquiva y venenosa.

Hubris era la locura humana de equipararse a los dioses. Como ni ellos ni el tiempo olvidan, era retribuida por su hermana Némesis, la destrucción. Me parece que el Diego busca una droga que ya nunca podrá tener: la admiración, el fulgor, el deseo de ser él. Cuando el destino ha tornado su paso para vestir a otros con ropajes malditos, él se ha quedado allí, frío, buscando volver al tiempo en el que millones lo adoraban. Eso nunca volverá. Dundalk me pregunta, cansado como yo estoy, si no sería mejor apartarse de esas luchas y engaños y volver al ameno huerto, al bosque, y allí pasar los días en paz. Yo siempre contesto que no lo sé, y además, no puedo elegir que tiempos vivo, sino solo que hacer con lo que se me ha concedido contemplar. Y después, miramos un atardecer con la claridad suave del verano.

Hay un éxtasis que señala la cúspide de la vida, más allá de la cual la vida no puede elevarse. Pero la paradoja de la vida es tal que ese éxtasis se presenta cuando uno está vivo, y se presenta como un olvido total de que se está vivo. Ese éxtasis, ese olvido de la existencia, alcanza al artista, convirtiéndolo en una llama de pasión. Alcanza al soldado, que en el ardor de la batalla ni pide ni da tregua, y alcanzó a Buck que corría al frente de la jauría lanzando el atávico grito de los lobos y pugnando por atrapar la presa que huía a la luz de la luna. Estaba surcando los abismos de su especie y de las generaciones más remotas, estaba retornando al seno del Tiempo. Estaba dominado por el puro éxtasis de la vida, por la oleada de la existencia, por el goce perfecto de cada músculo, de cada articulación, de cada nervio, y todo era alborozo y delirio, expresión en sí misma del movimiento que lo hacía correr triunfante bajo la luz de las estrellas y sobre la materia inerte y helada

La llamada de lo salvaje.





jueves, 14 de junio de 2018

Batir las marcas. 14 de junio

El puritanismo es querer evitar lo que es malo para uno en los demás. De la virtud nacen algunos de nuestros peores impulsos. Cuando alguien se cree imbuido por la certeza de su pureza, tiende a simplificar la complejidad de las cosas. Y suele ser mala idea. Y que importa todo esto, el moralismo, la filosofía sobre cualquier baratija. Hoy empieza el mundial y un futbolista ha interpretado un falso documental mirando al mar como si fuera un protagonista de Ingmar Bergman. Me hago viejo.Todo es un escaparate inmenso donde las luces cansan después de deslumbrar sin pausa. Y Dundalk y yo miramos las gotas caer de las espinas de los árboles, mientras en mares lejanos la basura se recicla en envoltorios atrayentes para confirmarnos que nunca ha sido tan hermosa. batiendo marcas, como nuestros ídolos, como nuestros sueños, de hito en hito hasta la caída final

Nos hemos hecho pobres. Hemos ido entregando una porción tras otra de la herencia de la humanidad, con frecuencia teniendo que dejarla en la casa de empeño por cien veces menos de su valor para que nos adelanten la pequeña moneda de lo «actual». La crisis económica está a las puertas y tras ella, como una sombra, la guerra inminente. Aguantar es hoy cosa de los pocos poderosos que. Dios lo sabe, son menos humanos que muchos- en el mayor de los casos son más bárbaros, pero no de la manera buena. Los demás en cambio tienen que arreglárselas partiendo de cero y con muy poco. Lo hacen a una con los hombres que desde el fondo consideran lo nuevo como cosa suya y lo fundamentan en atisbos y renuncia En sus edificaciones, en sus imágenes y en sus historias la humanidad se prepara a sobrevivir, si es preciso, a la cultura. Y lo que resulta primordial, lo hace riéndose Tal vez esta risa suene a algo bárbaro. Bien está. Que cada uno ceda a ratos un poco de humanidad a esa masa que un día se la devolverá con intereses, incluso con interés compuesto.

Walter Benjamin, “Experiencia y pobreza”.