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miércoles, 9 de febrero de 2022

09/02/2022. No grites con la multitud.

Al descender sobre San Julián, con el motor en retardo, Fabien se sintió cansado. Todo lo que alegra la vida de los hombres corría, agrandándose, hacia él: las casas, los cafetuchos, los árboles de la avenida. Él parecía un conquistador que, en el crepúsculo de sus empresas, se inclina sobre las tierras del imperio y descubre la humilde felicidad de los hombres. Fabien experimentaba la necesidad de deponer las armas, de sentir la torpeza y el cansancio que le embargaban –también se es rico de las propias miserias– y de vivir aquí cual hombre simple que contempla, a través de la ventana, una visión ya inmutable. Hubiera aceptado esa aldea minúscula: luego de escoger, se conforma uno con el azar de la propia existencia, e incluso puede amarla.

La costumbre impone en ocasiones a quienes escriben ciertas confesiones, confidencias para acercar al que escribe y a quien lee. No veo mucho mérito en ello si se trata de presentar algo o a alguien más grande que uno. Pero sí, me gusta mucho Saint-Exupery. Adoro El principito, aunque hoy se haya convertido en cierto modo en un motivo naif. Pero la obra que siento más cercana, porque está escondida, es la bellísima Vuelo nocturno. Trata de la audacia y el temor, un coraje tranquilo contra la noche estrellada. En un motivo más hondo, creo que describe la valentía de la soledad y la hermandad de la aventura con la muerte. Y desborda, como lo hace la gran literatura, el gran arte, humanidad, afecto por el individuo, por la peculiaridad de cada experiencia humana, el misterio que debe latir en cada persona.

Detesto el espíritu asambleario, gregario, el del calor de establo. Asumo que somos seres sociales (o supersociales) y necesitamos a los otros, como las claves que nos entrega la vida para descifrar el mapa que somos. No obstante, me repele el impulso de simplificarse en una masa. No puedo entender el afán de amoldarse a la identidad que otros moldean. Cada despertar tribal me resulta instintivamente peligrosa. Antes de unirse, hay que elegir un enemigo. Erigir un tabú para consagrar su lucha. Por eso, la educación es la única forma conocida de concebir una comunidad eficaz sin derrota del alma y una libertad sin licencia.

El espíritu gregario alienta y se nutre del peligro que advierte Camus como preámbulo del triunfo del mal: la conversión de la vida y los seres en abstracciones. Una vez que uno entrega el ramo de sus experiencias, anhelos, temblores y pensamientos en la cruz del tiempo, todo se marchita en una regla inflexible . Ya no hay nada único; ni rayos de sol, ni simpatía ni sorpresa, ni brisa suave sobre los álamos ni aire cálido de abril, ni imperfección o vergüenza, ni soluciones imperfectas a medida de la torpe escala humana, ni silencio que no suscite sospecha. 'Grita con la multitud; es la única manera de estar a salvo'. Y la comunicación entre dos almas deviene en cliché. El fanatismo allana los paisajes y los lenguajes.

La tarde cayó hace un rato sobre la ciudad y sus hormigueos. Tenaces, los ciudadanos arrastran sus deseos y sus impulsos contra el viento que eriza el río. Hemos perdido el gesto de mirar otras caras. Quizá nos alejamos en ondas invisibles  y de ese frío nace el deseo de un encuentro. Mas el calor y el olvido precisan antagonistas. Y desde siempre hemos sabido que hay quienes llaman a cruzadas que no combatirán. También hay mentira, dolor, desamparo. Y hay quienes solo condenan las guerras que pierden.

Una luz lejana tirita contra los reflejos de mi ventana. Quizá sea el momento de descansar, cuando el día concede su tregua. No quiero ser quien soy. Pero no quiero ser quienes queráis que sea. Solamente puede ser lo que el camino y sus encrucijadas hicieron de mí...sea lo que sea lo que ello significa. La mar amansa las grúas del puerto. Sus hierros gimen mientras las tripas de los barcos engullen camiones y las luces muestran una ciudad que la noche despierta y acaso llegue hasta un secreto que descanse en el lecho marino. El rumor llega a la ciudad y se disuelve en otros, cántico sin forma que alimenta la noche. Coge lo que desees, es para ti. Mas no te envuelvas en él, ni hagas bronca tu voz para llegar a su tono. Sé dueño de tu silencio y de ti, de tus flaquezas y tus defectos. Quizá sea el único modo de estar a salvo.



domingo, 6 de febrero de 2022

Siete haikus para empezar febrero. 2022.

He estado perezoso para añadir nada en el blog últimamente. La pasada semana, estuve viendo una serie de viajes centrada en Japón, y decidí que cada día trataría de componer modestamente uno, basado en un instante y que tratase de rememorar una sensación, antes de disolverse como mandalas mentales. Aquí los muestro.


LUNES

Cae otra noche.

Sobre las aguas negras

Hay aún más sombra.


MARTES

Lluvia tardía,

Llena de plomo leve:

Fin de otro día.


MIÉRCOLES

La flor duerme

El cielo acuna breve 

ella ahora es parte.


JUEVES

Hijo de puta

Como me busques mucho

Te doy una hostia...

(tuve una mañana intensa, lo tengo que reconocer. Llamé a un sitio y fueron bordes, educado por fuera, me vengo escribiendo esto, venganza terrible, claro)


VIERNES

La vida ofrece

Dulces espinas crueles

A quienes aman.


SÁBADO

Luz de otros días

Embarcaciones de aire

Sobre la bruma.


DOMINGO

En esta calma

Parpadea una idea

Y ya se ha ido.






sábado, 29 de enero de 2022

A diez metros de la prisión. 29 de enero.

Una de las amables paradojas que acompañan la muerte de los tiranos es que acontece sin su permiso. La libertad es invencible. Es la condición humana misma. Puede haber caos, desórdenes, confusión casi absoluta, pero el orden perfecto siempre será incapaz de controlar todas las briznas leves que un viento delicado puede alzar contra su reino. Es bueno que sea así.

En los últimos años, más desde la llegada de una plaga, todos han podido ver que nuevas formas de control y restricción han tratado de imponerse en sociedades abiertas y razonablemente funcionales. A mi parecer, ninguna ha sido tan eficaz como el intercambio de la responsabilidad por la culpa. No prosperará, claro. Un mundo que derruye la responsabilidad de los actos propios  acaba desmoronando acaso la única luz más esplendorosa que la hermosa libertad: la inocencia. A veces, pareciera que oscilamos entre una culpa primitiva, el pecado original reciclado, obviamente, y la asignación de libertades que llevarán al paraíso en breve. Como si todo estuviera perdonado en unas tablas de escenario donde los actores balbucean en su momento álgido mientras se desvanecen en una niebla de olvido muy rápidamente. Este dualismo es la brasa de la religión bajo la arena nueva de las promesas que hoy son euforia y mañana serán melancolía. Bajo el término 'libertad', muchas formas de dominio exigen su lugar. Sin embargo, ella se manifiesta sin necesidad de proclamarse, como el rocío de la mañana.

De nuevo, es bueno que sea así. Hemos instalado la idea de que vivimos en una gran prisión. Vasili Grossman en Todo fluye, habla de un prisionero que simplemente desea abrir una zanja, romper las alambradas o volar unos segundos breves para poder morir a diez metros del campo de prisioneros pero fuera de él. Puede que lo que nos haga falta sea más memoria y menos chatarra en el discurso. Porque la verdad conmueve y el cliché agarrota. Porque los fanáticos no sabrán vivir en un mundo del que no pueden ser jueces de los otros y deben serlo de sí mismos. Porque hemos esperado ya demasiado.

Hay tiranía, injusticia, dolor y muerte. No hay manera de suprimirlos. La manera más efectiva de pelearlos es tratar de expulsarlos de la vida de uno, me parece. La noche cae sobre un mundo exhausto y la sombra envuelve a justos e inicuos. En otros lugares, una nueva aurora despunta. Llueve en algún lugar y unos ojos ansiosos escuchan su caer sobre los árboles y los helechos, su beso sobre las ventanas y la apacible nostalgia de otro mundo que luce tras su breves cortina. La luz que modifica esa lluvia ilumina el mundo como la libertad ilumina nuestras esperanzas. Tímida, alegre, dichosa. Aunque haya miseria, confía y espera. Porque has visto y has creído. Sé libre y otra luz anegará tus ojos de alegría. Ya has esperado demasiado.


 

martes, 25 de enero de 2022

La explosión. 25/01.

Hoy la tarde ha explotado. Mientras al oeste un amasijo de hierros, cristales y cemento que fueron edificios se convertían en un reflejo dorado de la luz que vibraba hundiéndose contra un horizonte oculto, otra cicatriz rosada partía el cielo en dos. A los lados, los purpúreos dedos del cielo envolvían el tiempo, como a un desamparado que tiembla.

Hay arcenes en toda vida. Lo que dejamos atrás, lo que escapa, aquello que se desvanece en una bruma densa de soledad, lo que no dijo adiós. Y como cada cual lleva consigo su novela, también somos secundarios de lo que perdemos. Sin darnos cuenta, calladamente, traen y llevan el recuerdo y la sorpresa, como el reflujo de un mar sabio. 

Acaso el corazón siente una impaciencia que la boca no sabe expresar. Se queda en una cierta turbiedad en la mirada, en la fatalidad que nos conforta en su propia piedad mientras fantaseamos con la pena que suscitamos en los otros. Puede que sea la mirada que tiene un fantasma deshaciéndose en jirones un segundo antes de desaparecer. Salimos de otras vidas con un último intento ahogado de permanecer, de protesta, rabiosa y agria. Después, morimos otra vez y otra herida se posa en la piel.

A qué trajo la tarde este hilo débil de pensamiento, no lo sé. Conjeturo que la explosión de la tarde acarrea un deseo de ser más, quizá de volver atrás, de entender el tiempo como un presente perpetuo, sin remordimiento ni ansiedad. Ahora la sombra acecha y solo algunas ventanas muestran despachos vacíos iluminados por una luz intensa y solitaria. Los rumores silban y bailan con hojas muertas, bolsas deshechas y gaviotas insomnes. Las grúas trabajan a lo lejos. Las formas se despiertan. La música del azar acerca el espíritu hacia la duermevela, donde la explosión de color devuelve la vida a todos los fantasmas.



jueves, 20 de enero de 2022

La embriaguez de la metamorfosis. 20 de enero.

Lo reconozco, soy un pesado con los museos y similares. Entrar en sus salones y deambular sus pasillos me resulta una manera menos ineficaz que otras de tratar de mostrarse en el tiempo y de viajar al pasado. En sus paredes confirmo la intuición fundamental que el poso de la vida persiste en susurrar: cuesta construir algo valioso, mas destruirlo puede ser rápido y estúpido. Otro pensamiento, en objetos, retratos, inquietudes pasadas también sugiere una conversación imposible con quienes fueron alguien y hoy ya están en el olvido al que nosotros también nos dirigimos.

Pudiera parecer depresivo, pero no lo creo. Me parece que amplia mi vida saber lo que me precedió, como también imaginar como será el mundo cuando el sol no roce mi piel. En las obsesiones, gustos, tabúes pasados, se abre paso un cierto entendimiento de la naturaleza humana como algo amplio y misterioso. Ay, cada vez que se abandona o se niega ese misterio esencial suele ser el preludio de una matanza con fanfarrias festivas abriendo los festejos de la muerte.  Estruendosas, abrasadoras.

También me gusta imaginarme siendo otro. Nunca muy alto, nunca muy bajo. Mi imaginación me ha hecho ser, resumidamente, tantos otros...y saber que de la furia de un asesino atormentado, la dulzura de la madre, la excentricidad del solitario, la euforia del campeón, el dolor del hastiado y tantas otras, no nos separa mucho. No son mas que infinitas aristas de lo que nos hace humanos. Las mías, mas modestas, mediocres, también forman una figura singular, como la de cualquier otro.  

Tiempo de cambios para mí, nuevas aristas que modular, otras se quedarán mochadas en un escorzo inútil contra el aire. Y, aunque ni el más sabio de todos sepa el final de todos los caminos, me gusta, en principio. Me gustaría ser otro muchas veces, y el ánimo proteico me hace sentir que el mundo ha rejuvenecido y es algo más amable. No es muy realista. La embriaguez de la metamorfosis, precioso título de una novelita de Stefan Zweig (que no he leído) es más atrayente que la sobriedad de conjuntar los pedazos del espejo roto interior hasta formarnos de algo que dé un reflejo valioso. Lo sé, pero...con todo y con eso, hay un impulso que nos impele a cambiar y otro que nos incita a solidificar lo que cambiamos y hoy es nuestro, aunque nuevo.

Allá voy, con la adarga al brazo. Nunca muy crecido, nunca derrotado. Contento, sin estar embriagado, por una nueva experiencia. La luz huyó hacia el mar, por poniente. Aquí hemos quedado los pensamientos inconexos tejidos por la sombra, el viento, las luces de neón, aquellas tras los balcones y las miradas perdidas de quienes esperan. Otro día que se va, otra pelea gozosa que acaba...hasta la próxima luz de una aurora que nos traiga, como un hechizo, la libertad que perseguimos.


domingo, 16 de enero de 2022

Abrázame, oscuridad. 16 de enero.

Parece que la luz sobre el agua abre camino
Y al fondo el horizonte formula su pregunta limpia,
Pero aún acecha la sombra sobre el brillo del templo:
Ni piedad ni temor hallo en mis manos frías.

Fugaces pasos buscan un resplandor de belleza
Con la esperanza de que su voz estremezca a los sabios,
Dormidos desde un tiempo donde ya no hay espera…
Abrázame, oscuridad, llena de mí tus brazos.

Paseo solo por muelles vacíos, territorios de luna;
El mar trae salitre y un rumor sordo amargo,
La noche cae como notas de un arpa sedienta y desnuda;
Una tierra sin memoria no sabrá cobijarnos.

Las letras crean mensajes ajenos a mi infancia
Que es como un licor extraño que ya no sé saber
Son preguntas del viento, el fuego de esa ansia
De estar siempre tan cerca de donde no he de volver.

Luces de la ciudad titilan contra el verde oscuro
De la bahía hoy amansada, descansada y vacía.
Las estrellas de plata y miel atrapan los segundos
Ni lástima ni el silencio turban mis manos frías.

Las aves surcan altivas espacios invisibles
Entre rescoldos del fuego de un atardecer sombrío.
Allá donde ni el pasado ni el sentido existen…
Abrázame oscuridad, y dame tu cobijo.




martes, 11 de enero de 2022

Once de enero. Mateo, 6.

Fue en el Parque del moro, en Madrid. Subía las escaleras con esfuerzo, arrastrando con esfuerzo un carro de los que usan para llevar la compra a casa. Frisaba los setenta y pesadamente miraba hacia la gran verja de la entrada. Tras nosotros, jóvenes posaban y detrás de ellos, el Palacio Real y los jardines lucían en una tarde de invierno cálida.  

Le pregunté y subí su carrito; sin el, subió presurosa las escaleras. Me dio las gracias y me dijo, con el deje hermoso y pausado del español de América, que la Biblia dice que los pájaros reciben los dones del cielo por su gracia y ella acudía todos los días a cumplir esa promesa. Sus ojos grandes sonrieron luego y se perdió en la calle, hacia otro nuevo atardecer de cada vida.

Vivimos entre el silencio de lo que importa, me parece: llámalo Dios, el azar, la Providencia, el Destino o como quieras. Buscamos señales, hitos, una marca que nos indique que nos dirigimos al lugar al que deseamos ir. Y sin embargo, una obstinación rebelde de esas marcas nos cubren de silencio y bruma. Pero nosotros debemos seguir caminando. Acaso por eso agradezco ese fausto encuentro. Puede que no se trate de esperar. En pocas palabras, una mujerita tenaz y alegre supo darme alegría. Espejea ante mí, horas después, el reflejo elusivo de lo que completa sin saciar nunca su sed. Quizá es la divinidad, o el nombre que hayamos dado a ese impulso que sentimos sin saber nombrar.

Siento que ese reflejo aún vibra mientras acabo estas líneas. Me hace sentir más confiado y cercano, lo agradezco. Esta tarde el crepúsculo púrpura se iba desvaneciendo en un azul metálico que fue sombra pronto. Ver otro atardecer en paz, no hay mucho más, y esperar que venga el siguiente igual, tras un día en el que el camino parezca llevarnos en la dirección correcta al lugar que nos espera. Cualquier cura contra la soledad hermosea los días. Si alimentar a unas aves da paz y vida, si uno se hace emisario del bienestar ajeno, cura en cierto modo heridas propias. Cayó la noche y otras aves se envuelven contra las nubes. Aprieta los dientes y busca la respuesta allí también. Y que tu hacer quiebre el silencio, como un hacha contra la mar helada.