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martes, 16 de julio de 2024

Días de ayer. 16 de julio.

 Días de ayer, nos modelasteis

Crudamente y a vuestro modo

Días de ayer… Dios os perdone

Lo que habéis hecho de nosotros.

(José Hierro)


Estuvisteis conmigo la turbia primavera
Y el verano ha mesado su barba entre vosotros
Cuando se acerca el frío con sus aves grises
Miro hacia esos tiempos y sé que ya no os odio

Había un muro que apartaba las olas
Crecimos apartados de la sed del arrojo
Y el horizonte nunca despejaba la niebla
En un lóbrego paisaje delante de los ojos

Nunca vimos el campo abierto coronado
Por el plácido silencio de los olmos;
Arriba había un sol sin piedad ni más rito
Que su reino inhóspito, salado, pedregoso.

Subimos la colina esperando un buen término
En el que construir en la bajada una sombra y un gozo
Pero hemos mirado desde el alto y la luz nos devuelve
Un palacio vacío en un silencio absorto.

Lo que venga no está dicho y la penumbra esconde
Brillos alados y un rumor misterioso.
Bien pudiera ser que la hora imprevista aún guarde
La silueta amable de un reino misterioso...

Podríamos correr hacia los ríos de la infancia
O alcanzar las nubes con el renovado arrojo
De la juventud, o invocar ese sagrado nombre
Que para siempre perdimos y siempre está en nosotros.

Esa sería la armonía primera. Juguetes de la vida
Sin más tiempo que hoy ni más vista que el gozo
Aprenderíamos a despojarnos de la angustia de mañana
Como tirando sus cadenas al insondable hondo.

Pero me engaño. Esos días de ayer siguen aquí conmigo
Y han esculpido su marca entre los sordos
Acordes de la mano del escultor desconocido
De quien no sabremos sus manos ni su rostro.

Días de ayer, sembrasteis la huerta calurosa
Con grama que arruinó el fruto venturoso.
Días de ayer, que la tormenta guarde
La parte que quede después de vuestro encono.

Días de ayer, con la espuma tan fresca
Que es hoy en los dedos un rumor silencioso.

martes, 25 de junio de 2024

Paddy. 25 de junio 24.

Patrick, Paddy, estuvo casado durante 67 años con su esposa. Debe frisar los noventa, imagino. Su pelo blanco encrespado, como de genio iconoclasta no es lo que más destaca de su figura, ni sus piernas frágiles pero aún animosas. Lo que más os llamaría la atención son sus ojos profundísimos, que la buscan, imagino. ¿En qué otro lugar se puede mirar más lejos que en los recuerdos? Como le costaba moverse un poco, ella era sus manos y la parte más fortalecida de sus piernas. Falleció hace dos meses. Eso despoja de ganas de vivir a cualquiera. Su cuerpo se ha rendido: tiene cáncer de sangre. Su familia creció unida y lo trata con con cuidadosísimo afecto. Planean la vuelta a la casa vacía, las facilidades a añadir, la forma de que pase el tiempo rodeado de cariño. 

En la habitación de hospital que hoy compartimos, lo miro, somnoliento, profundo, lento y cansado. Hay otras historias también bastante impresionantes en otras camas que aquí no contaré. Sólo puedo decir al modo de K en El proceso, "si están acusados son mis compañeros". Si sufren o lo han hecho, si perdieron algo que no puede regresar, son de los míos.  Es increíble lo fácil que perdemos la perspectiva a lo fantástico que es estar bien y lo ciegos que quedamos a los otros a pesar de compartir precariedades y quebrantos. ¡Cómo relucen los modestos gestos de afecto frente a la incertidumbre!

Yo, en silencio miro hacia allá, donde sus ojos llaman a otro tiempo y los gestos anhelan un reencuentro, en la convicción de que en su poderosa compañía no ha de sentir vergüenza. Veo como viene de la mano de una hija, de algún otro de los enfermos, y me pierdo en las cuestiones vivas de su anhelo impracticable, pensando que he conocido su historia en retazos durante unas horas del último día y ahora le quiero.



domingo, 16 de junio de 2024

La identidad. 16.06.2024.

Fui a ver ayer el partido de España. Quedé para ir a un bar donde se reunía mucha gente del país. La madre que me parió; me encontré en la verbena de un pueblo. Me fui antes de que pincharan la Fiesta Pagana, algo de Bisbal y flamenquito bohemio y suavecito. Me dio tiempo a escuchar a Ska-P. Esto es un desastre. Si suena Amparanoia o Chiquilla, me tiro por el balcón. En fin: cuesta entender que la mayoría se esfuerce tanto en demostrar que es lo que se supone que debe ser para el tópico. Es algo que se nota bastante siendo extranjero.

La identidad es un impulso muy poderoso porque somos seres ultrasociales a los que la soledad aterra por motivos primordiales, ancestrales y correctos. Pero, entendiendo todos los motivos de psicología evolutiva, tampoco me apetece que mi cerebro reptiliano me susurre que estoy frente al fuego del clan en una puta cueva en la tercera glaciación. No entiendo y me enerva la necesidad de cualquier grupo en un lugar ajeno al de su tribu natal de tener que reafirmar punto por punto cada estereotipo que se considera banalmente positivo. Huyo de todo eso como puedo, supongo que no totalmente, pero aún soy joven y cada vez me seduce más la misantropía radical. Odiar a todos por igual, empezando por mí, sin límite de nacionalidad ni condición.

En fin. Vivimos en tiempos fuertes para la gran idea asesina de la Identidad. Nos agrada la exageración y la simplificación para presentarnos uniformes en grupos a costa de empobrecernos como individuos. Es la sociedad del espectáculo, el sucedáneo y la imitación, donde la falta de autenticidad es el mayor logro porque muchos creen que en la falsificación y la impostura radica lo real, en declaraciones vacías, sentimentalismo tóxico y mentiras obvias que es más cómodo aceptar como si, por si acaso. Así que no, no todos vamos en el mismo barco. O a lo mejor sí, pero yo estoy hasta la polla de ir.

La noche cae sobre un mundo que se esfuerza porque todo sea cada vez más esencialista y colectivo. Cuando despertemos, veremos en que lugar alejado hemos conseguido llegar y que difícil será volver a un lugar común, en vez de propio. Supongo que queda mucho tiempo para ello, por desgracia. Y las nubes de la noche avanzan tenues, cargando de sombra el horizonte borroso. La brisa se ha detenido y un frescor de octubre desciende. Las luces de edificios sigue luciendo como si llegara desde una niebla confusa: aquella en la que nos agitamos.




domingo, 9 de junio de 2024

Un sueño soñado. Nueve de junio.2024.

Soñé que perros habían entrado en mi casa mientras dormía. Eran perros salvajes, de aquellos que no guardan en su mirada la alegría, de los de mirada alerta en la que laten amenazas. Han roto su lazo con lo humano y reclamaban su precio. Tenían su pelaje asilvestrado y se movían con lentitud de depredadores, mostrando los colmillos y el hocico mojado, con la cabeza hacia arriba como hacen los mastines antes de la pelea. Gruñían a formas invisibles mientras olisqueaban el aire tibio de las salas. Su espina dorsal arqueada presagiaba furia.

Destrozaron la puerta, rasgaron los sofás, tiraron las sillas y arrojaron jarrones. Ladraban a algún lugar más lejano, como buscando algo escondido. Miraban hacia las entrañas, como los lobos. Se miraban entre ellos para mantener el control, en manada, elevando su instinto sobre la habitación mía. Todo había quedado bajo su poder, despojado de influjo. Su acecho levantaba un silencio envenenado.

Estoy aquí yo, acaso más allá y a mí me buscan y ladran hacia un lugar ignoto, donde está mi verdadero ser. Sólo mi conciencia está en el medio del salón que ellos han devastado, pero es una conciencia rota, incompleta. Creo recordar que sé la razón por la que han venido, pero no sé conjurarla en palabras o en pensamiento. No sé que pasó ayer. No logro rememorar como era mi casa, este salón parece algo distinto. Yo veo sin ser visto, como si estuviera fuera del cuerpo. Una presencia tenue en el aire suave de la claridad que precede al alba. Una silueta levemente más sombría, sin forma definida. A esa figura que parezco yo la ignoran, soy casi invisible, perciben algo siniestro pero no saben lo que es, y olisquean el aire, pero no me encuentran. Intento gritar y no puedo. 

También yo puedo ver lo que ocurrirá. Algo me hará perceptible, para mi perdición y el júbilo de la jauría. Puede que me traicionen mis cosas y se rompan mientras intento aquietar mi respiración, o puede, sí, así ocurrirá, sin duda, que una puerta se abrirá desde la compacta pared hacia donde mi verdadero yo, que no conozco, yace sin saber nada. Ellos la encontrarán, aprestarán sus formidables músculos y en su mueca fiera se lanzarán sin dar ni pedir tregua y hundirán sus fauces sobre mí, con los ojos abiertos e inertes, despedazado, olvidado, ido.



domingo, 2 de junio de 2024

Naturaleza lejana. Dos de junio, dos mil veinticuatro.

Mira el cuadro


Hay algo en las pinturas de Edward Hopper muy paradójico: reflejan soledad y un cierto hastío, distancia emocional con la existencia. Resultan frías y parecen vestigios de otro tiempo lejano. Sin embargo, a la vez, uno las ve y a mí me dan ganas de vivir en algunas de ellas. No sé muy bien donde nace ese impulso: creo que se trata de una nostalgia de la plenitud, el cosquilleo agradable de ver un horizonte sin nubes.

Un barquito surca aguas poco profundas frente a una playa desierta. Parece que hay un faro y una casita adosada. La luz es tenue, pero agradable. Quizá haya una brisa húmeda y la casa no esté en el silencio que sugiere la composición. Uno de los dones más preciosos de un artista es saber hacer colaborar con quien recibe la obra en la compleción de su visión para enriquecerla. Parece fácil, pero no creo que lo sea. Saber comunicar, con los silencios y matices precisos es arduo, creo que más en esta época que no entiende nada y necesita doscientas horas de subrayados groseros para entender cualquier ficción...en el mejor de los casos. Pero bueno. 

A veces pienso, con la frivolidad del ímpetu, que me hubiera gustado ser farero y llenar la soledad consigo misma. La visión de un paraje terrestre hermoso y peligroso, la bendición del mar, el silencio y las ocasionales tormentas. La naturaleza lejana llama con voz que solo puede oír cada uno, marcando un camino sobre el destino individual. No sé. Es muy fácil decidir dejarse llevar. Es agradable pensarlo en un arrebato y luego ir al siguiente pensamiento, inconsistente y vacío, pero la idea de no ser nadie, aislado y misterioso me reclama más que la vida en la colmena, tasado, regulado, observado y vacío. Sé que yo también contribuyo a ello. Sé que si no lo hiciera, tampoco cambiaría.

El mar no está muy lejos y hace un minuto me he levantado a ver como corre el río, presto a entregarse. Sí, quisiera vivir en ese cuadro, en el barco, la casa, el faro o apareciendo detrás de alguna duna para morder el silencio y saborear su paz en un entorno libre. Los días pasan. Junio llega. La pintura del cielo se desvanece en el atardecer. La imaginación me despoja del ahora y me hace viajar precariamente en otros mundos contenidos en cuadros, novelas, música, recuerdos. El horizonte al cerrar los ojos es un territorio mejor, misterioso y extraño. 

miércoles, 29 de mayo de 2024

Cúpula de nubes.29 de mayo.

Vivo bajo una cúpula de nubes. Se percibe cierto reflejo del sol, pero es pálido y lento. Como una alegoría antigua, la luz que nos viste aquí es el reflejo de la verdadera. Los ángulos y los contraluces tienen más relieve y a veces pareciera que su tono mortecino y distante anulase el tiempo. Es una ilusión, claro. Agota y enerva. Como si fuera el río del más allá, es el olvido: la mente se acostumbra fácilmente a adoptar la circunstancia presente como la realidad profunda y natural de las cosas. Y así las nubes pasan como recuerdos inasibles de unas sensaciones que cada vez son más difíciles de recordar.

Yo también me he encerrado en mis propios sueños y, así, camino por lugares inertes de recuerdos, sentimientos helados e imaginaciones que no logran brotar más allá del momento en que el atardecer comienza. Los afectos son lejanos. Siento desencanto de lo que me rodea. El mundo ya no está hechizado por un temblor amable. Los fantasmas me acompañan solo, en la prisión de sueños que ya he perdido; acaso solo los invoco porque son lo único que me da calor, lejos del cielo. Y los días son una pelea fiera contra mí y el desgarro de querer encajar y querer ser indiferente a la sociedad de los hombres, huir de ellos, de la gente que ha logrado lo que yo no supe: vivir bajo la luz del día, bajo la cúpula inmensa de nubes, de duda, de abandono de uno mismo. No hay destino que no se venza con el desprecio. 

Vivo bajo una cúpula de nubes, bajo la luz perversa, en la idea delirante de que el futuro es una ilusión siniestra y el pasado no existe. Cada día, intento recoger un pétalo de la rosa sobre la cruz del tiempo. Hoy será otro más. Quien sabe lo que es despertar a la palidez y la penumbra, aprisionado en un instante inmutable, sabe que también se va convirtiendo en fantasma. No queda sino resistirse, apretar los dientes y seguir adelante esperando que un día cercano presente un instante de súbita comprensión que devuelva el tesoro del día. La ciudad se aquieta bajo la luz de la tarde y una brisa suave, como si estuviese dispuesta a pararse y a dejarnos inmóviles, sin miedo, sin esperanza, sin más frío.




jueves, 23 de mayo de 2024

Allá lejos. 23 de mayo.

Volver a la tierra

La de los pinos soleados

Que no hablan el lenguaje de la amargura. 

La del arroyo exiguo y las caléndulas,

La de la luz mortífera.

Volver y seguir entre bosques de encinas, 

Por entre rastrojos, con el resplandor del mediodía 

Y con la piel calmada, allá en la tierra seca

Pedregosa y cruel, de dones austeros

Donde el silencio crepita en la cúpula azul,

Donde entregaría mi vida.