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jueves, 11 de diciembre de 2025

Mi pedrada (no muy original). Once de diciembre.

He tenido una revelación hace un rato. No llega a epifanía porque es un tanto obvio y ha sido dicho ya muchas veces. Sin embargo, diré que vi más allá del cielo una danza llameante del universo mientras tanto. Por dar empaque. En fin, a lo que voy: somos criaturas conformadas por nuestro lenguaje.

Vivimos en un mundo lingüístico, incapaces de liberar la realidad de una representación inevitablemente limitada. Somos criaturas de cambio constante y sensaciones inefables que tratamos de cercar con palabras. Aunque dichas palabras son inexactas, permiten confirmar la realidad compartida con las demás criaturas. Más allá de los límites de la gramática yacen los resquicios de la propia naturaleza de la verdad. Allí se mueven los turbios ejes que consiguen la derogación de la permanencia en un devenir inexorable. Allá también nacen las misteriosas formas del tiempo.

No creo, según mi experiencia mística, equiparable a recibir una pedrada en la frente y quedarse picueto, que vivamos en un mundo físico de naturaleza y realidad independiente y absoluta, sino en un mundo lingüístico. Existe una verdad lejana, pero sólo nuestro lenguaje puede despertarla. Cuando el lenguaje flaquea, la realidad nos aparece brumosa. La capacidad expresiva no sólo limita lo decible, sino también lo que podemos concebir como significativo. Lo real podría conformar múltiples dimensiones ocultas, puesto que sólo las que podemos nombrar forman parte de nuestro universo cognitivo. En definitiva, tenemos una relación hermenéutica con lo que creemos real. Sólo interpretamos a través de palabras. De esto se seguiría que tenemos una mente que dirige la supervivencia y replicación de individuos que a su vez son repositorios de material genético, lo único que importa. El cerebro es una sofisticada maquinaria de supervivencia y sólo necesita recoger de lo externo lo que fortalece, lo que debilita y lo que mata. Todo lo demás es distracción y ruido.

¿Es concebible, quiero decir, interpretable, quiero decir defendible que entonces, acaso, los conceptos sean creados por la mente y a la vez, de algún modo, la moldeen? No tengo ni idea. Mi revelación no mencionó nada de eso.

Es verdad que siempre me ha parecido muy interesante. Siempre me llamó la atención la existencia del lenguaje performativo, aquel que crea la realidad que nombra y que el lenguaje jurídico adoptó del religioso ¿Cómo se llegaría a un concepto así desde el mito? "Seréis como Dioses". 

También me preocupa el uso y abuso de propaganda y la extensión de la mentira y la mistificación del lenguaje, porque de alguna forma hace la realidad más asfixiante y estrecha. Lo que se puede decir, existe, en algún plano de realidad. La propaganda no crea lo que nombra, pero moldea el resto hacia ello. Y es peligroso.

En fin, esa fue la idea que me pasó por la cabeza antes. No es original, no es muy sofisticada y no la sé expresar muy bien. ¿Pero cómo podría haber visto el cielo rosado de la aurora esta mañana y reducirlo a palabras, metáforas y analogías y sentir que alguien podría imaginarlo? La noche cayó (y calló) ya hace un rato. Las luces no se elevan y las nubes ocultan las estrellas. Quizá más allá de todo lo que somos capaces de concebir hay una forma superior de sabiduría que pueda prescindir de los signos. Sin ellos, hoy nos sentimos como en un callejón sin salida, allá donde lo que no se puede decir se estrella contra la oscuridad y una penumbra especial atrae a los fascinados ojos. Y quizá más allá de esa llanura inmensa existe una forma de verdad simple y amable que sólo se puede ver en los ojos del silencio, desterrada la conciencia por la depredación de conceptos ajenos. 

Mientras acabo de escribir, el amanecer de hoy sigue ahí en algún rincón del recuerdo. Y nada de lo anterior puede hacer nada por compartirlo, y que la sensación es única e inexpresable, que se queda adentro y no puede ser comprendida plenamente por otros, porque somos criaturas lejanas y porque la única aproximación a la verdad es el silencio.





domingo, 7 de diciembre de 2025

Un rayo de sol (monólogo teatral). Siete de diciembre.

He querido crear un monólogo teatral. Allá va:


Amo la vida con pasión; mas mi vida propia me resulta insignificante, sombría, pesarosa. No me importa confesarlo porque he observado que a la mayoría le ocurre lo mismo.

Hay una imagen de Chéjov muy poderosa que expresa este sentimiento: el de un rayo de sol que podría iluminar parajes hermosos pero se encuentra en el fondo de un pozo.

Con su genio, refleja bien mi horizonte cuando me levanto en la mañana. Sé que dentro de mí tengo algo genuino, cálido, vibrante, energía e impulso. Pero luego pasan las horas y me cubren a su alrededor, y siento el profundo peso ,frío y húmedo. Es esa luz que se ahoga contra paredes de piedra. Sólo ilumino mi propia insignificancia. Es una sensación de inutilidad aplastante: saber que acaso podrías calentar un campo entero, pero tu destino es languidecer en un rincón oscuro. Desconozco si podría llegar a tener talento. La falta de voluntad para atreverme a intentarlo ahoga. Sin espacio para subir, sin nadie que mire hacia abajo para ver la pequeña brizna de oro atrapada, me consuelo pensando que tal vez haya un sentido oculto.

La conciencia parece ser un regalo envenenado. El dolor sería soportable si yo no supiera ahora lo que no supe entonces. Pero sé que nada cambia nunca. Me veo encadenado a un ciclo sin fin de abandono y hastío. No es simple tristeza; es melancolía densa nacida de la contradicción. Deseo ascender a algo mejor pero toda mi energía se disipa chocando contra los barrotes de mi rutina o de mis miedos. Solo me queda engañarme y pretender brillar para mí mismo, un espectáculo privado de supervivencia, hasta que la noche (o el día siguiente) me devuelve al mismo lugar. Es agotador ser luz en la oscuridad sin poder ofrecerla.

Pasarán más días, otras lluvias y nubes y soles que iluminarán mi rostro como el del mismo hoyo insondable por donde muere la luz. De pronto, en un momento, una voz interior preguntará "¿Qué es lo que tienes para ofrecernos?", y otra voz que saldrá de mí sin yo reconocerla responderá que he sufrido y he padecido amargura y que los pobres frutos no han recibido ternura del agua ni comprensión de la luz. Después, será el silencio. 






domingo, 30 de noviembre de 2025

Saturnal.30/11.

Volvía a casa y hacía frío. Ya había caído la noche sobre el crepúsculo de rosados dedos hacía unas horas. La luna creciente inclinada de forma leve. El silencio en la calle sobre los raíles brillantes, iluminados por las farolas distantes. El tiempo inmóvil, despertando con el ruido de pasos.

Miraba un punto breve, que no titilaba, bajo la media luna. No podía ver más estrellas, ahogadas por la luz de la ciudad. Su presencia, como una peca de la noche, era gozosa y algo extraña, inesperada. Mientras me apresuraba contra el frío, iba mirando su lejanía indiferente casi con envidia. El fulgor inasible de los objetos celestes provee de consuelo a los soñadores, imagino. Nos ahoga la luz concreta.

Quise ver qué veía en concreto. Saturno. Símbolo de la Estructura, la responsabilidad, la disciplina, temible padre del tiempo que nos lleva como briznas mientras permanece en su trono nocturno, influencia letal en la melancolía humana, oh genio astral que me mirabas ayer impasible cómo has contemplado todas las generaciones humanas y mucho antes. No sé qué serías si nadie te mirase, porque yo atravieso una crisis infantil desde que nací pensando que nadie hay más allá de mí que me mira. 

No sé si te veré de nuevo hoy en mi silencio, atravesando nubes y meteoros, contra mi ventana o acompañado por la brisa. Acaso no rijas la noche hoy y el cielo sea otro y no te encuentre. Pero ayer, padre eterno, te miraba, sobre las sombras de los edificios y el rumor de las aguas y los jirones de nubes y entonces llegué a un lugar que no tiene mi afecto pero desde la ventana aún seguías presente y ellos, compartido por millones de seres y que ha ocurrido incontables veces dio peso y vigor a la noche y aún hoy, en las ondas del recuerdo hace que todo cambie. No aspiro a mistificar la impotencia del espíritu con la inocencia del corazón. No obstante, basta a veces una estrella para derribar cualquier muro, oh tiempo vacío y apegado a la tierra.

viernes, 21 de noviembre de 2025

Sin título. 21/11.

Hay lugares donde la ceniza no aposentará,

Los reinos del recuerdo y la esperanza.

La soledad poblé de soles y de juego

Como si la dulzura de su gesto cándido

Fuera a volverse de carne y cielo un día.


Desde mi infancia, comiendo con los ojos

Las hazañas y anhelos de héroes incansables,

Despierto bajo las mantas que cobijaban sueños,

Quise evocar su bravura y sufrir su destino,

El desdén de aquellos que en silencio los temen.

Cabalgué contra el maligno entre valles y montes

Hacia muros oscuros que estremecen la vista

Para pugnar orgulloso y airado por justicia,

Contra la voluntad irrompible de su fulgor perverso.

Entre aguas negras avancé afanoso, aunque sabía

Que los signos habían sido conjurados.

Adversos y temibles sacudían mis ojos:

Las ondas que su alazán acariciaban

Eran frente a mí centellas y puñales. 

Derrotado sin duda, pero nunca vencido

Fui arrastrado por las aguas de la mar profunda.

Curado por la fe, alzado por afectos

Y dado por el sol la luz de un nuevo día.


Las heridas no curan, son una deuda abierta

Contra el tiempo otorgado y cobran piel y fuerzas.

Mi juventud, como un jardín de otoño, débil y silencioso

Esperaba jornadas de más brillo y bravura

Que en el futuro dieran belleza a mis recuerdos.

Caminé contra el sol, buscando aquella fuente

Que nos da más luz, más tiempo, más enigma

Y acaso una epopeya que valga el resto de los días.

Era pedregoso el camino que más allá llegaba

Y han dado mis huesos contra sardónicas piedras.


Hay una incomprensión en toda luz,

Que presta forma sin tenerla ella misma

Al mundo que revela, acaso con engaños.

Caminé colinas, oquedades, sombras

Encontré el enojo, la soledad, la culpa

Y abundante gente, que era igual a la otra.


Hoy cada día levanta la fatiga y apenas hay belleza

Aunque la del recuerdo a veces sirve para apurar el rato

Con la inherente inconsciencia que provoca estar vivo,

Un estado fugaz que tomamos eterno hasta que nos rompemos,

Y el asombro cansado de la verdad en ruinas

Frente al ocaso prematuro que agita los fantasmas.


Deseo no perder el reino antiguo, aquel mismo por el hada tocado

Cuyo brillo no se ensombrece ni sacia

Y aún buscar, en el tiempo que queda

El filo de la mañana filtrándose en el alba.


Vivo en un mundo que lo perdona todo

Salvo la belleza, la virtud y el coraje;

Hubiera querido ser deudor del rencor de los otros,

De aquellos que pretenden que la vida les debe

Y han de pagarse sometiendo a los otros en sus jaulas innobles.

Pero tampoco puedo hacerlo, perdido en el fracaso

En la mediocridad reinante, en el errante paso del cometa Olvido.

Fracaso de no aprender de mí, de haber roto el empeño 

De no saber quién soy y haberme dejado ser cualquiera.


Quizá ya es tarde, pero aún siento a veces

Que el maligno, la fuente, siguen esperando

En otras formas puras que dispone la magia:

Un ángel, en el bosque un claro, una mirada,

La espada del porvenir, una voz que despierta

O la seda profunda que envuelve los encuentros.


Fracaso de no saberme ni entender…

Mas si supiera llegar a ser quien soy

Todo habría cambiado, los muros del maligno hoy serían escombros

Y la fuente manaría fresca y pura por entre caminos del bosque

Que sólo yo conocería.


Vuelvo con la adarga al brazo y preparo las vidas

Aquellas en que fui y la que me tienta ahora.

Vuelvo al campo y repito sin importarme nada,

De tu alma depende que amanezca

Y que una sombra amable cubra tus angustias

Y haga un vergel ameno, que anega de esperanza las dunas.


Si supiera llegar a ser quien soy

Y alimentar de brío lo que dejé caer

Traería al hoy la ilusión del ayer

Y con el filo blanco del lucero al alba

Sabría rescatarla furioso de las garras del frío.




domingo, 16 de noviembre de 2025

Un año luz.16.11.25.

A la distancia de un año luz ha llegado la sonda Voyager I después de su fatigoso avanzar por el silencio. Para llegar allí ha navegado 48 años. Querría imaginar que ha contemplado las maravillas inefables del Cosmos, aquellas que alimentaron mi imaginación cuando niño. Deseaba ser astrónomo. Después, algo pasó. Nunca he sabido qué fue y ya no me quedan fuerzas para lamentarlo más. También fui lanzado a una senda oscura y he llegado tarde a cada momento de mi vida.

No creo que existan extraterrestres tan cerca en el tiempo y en el espacio para que podamos encontrarlos, pero es hermoso tratar de lanzar una botella a una esperanza precaria. La única salvación de los vencidos es no esperar ninguna salvación. Ojalá la conciencia del Universo, el alma del mundo, lograsen alcanzar la insensata vida agitada de un minúsculo punto azulado.

Sí, ella pasa y no puede ya mirar atrás, porque nos hemos perdido. Seguirá sin miedo ni esperanza y al final llegará al mismo punto al que lo haremos todos: allí donde nos esperan. Sólo desearía poder estar allí, lejos de todo, flotando en una nada en duermevela, sin sentirme herido y deseando que mi yo se diluyese entre la miríada de estrellas desconocidas para aniquilarse, ya marchito. 

Continua, Voyager. Con tu avanzar errante y valeroso, canta al fracaso humano en un éxtasis de tristeza. Un año luz ya...oh tierra del olvido, ¿dónde está tu victoria?




domingo, 9 de noviembre de 2025

La prisión interior

 Leía "Teseo", de André Gide, y

Tenían la impresión, me confesaron posteriormente, de haber abandonado una cumbre de beautitud para adentrarse en un angosto y oscuro valle, regresando cada uno a su prisión interior, de donde les sería ya imposible escapar.


Leer esa frase ha hecho resonar un enérgico eco en mí. También siento esa asfixia, una prisión interior. Es una cárcel con muros de culpa, arrepentimiento, tedio y costumbre, abandono de los dias. Y cuando encuentro a gente, veo compañeros presos o guardias.

Los días pasan inasibles. No hay eco ni ancla; solo un vacío salpicado de ansiedad por encontrar "experiencias". Yo también lo hago, como si deseara creer que en ello existe una verdad que merezca la pena. Sé que es otra cadena, pero al menos, me ofrece un licor de olvido que es grato...aunque al cesar, apriete la cadena. He visto cómo los otros sufren también. No obstante, todos parecemos sombras encadenadas en una bruma alba, lejos del cielo. El tiempo pasa sin tregua y no socorre de la angustia y el miedo que crecen en las aceras como flores malditas. 

Me he convertido en una ruina vigilada por un centinela implacable: la certeza de mi propia mediocridad elegida. Mi condena es la absoluta lucidez de mi incapacidad para perdonar al yo cobarde que se instaló en la comodidad de la derrota. Solo queda el deseo visceral de que algo, o alguien, venga y queme los puentes que aún me unen a la llanura al otro lado del abismo, porque yo mismo me niego a quebrar esta jaula que he aprendido a llamar hogar. No deseo los paraísos artificiales, ni goces baratos. Deseo escalar la cumbre del espíritu, pero me falta arrojo para emprenderla.

En la prisión de los días, del yo, del tiempo, de la esperanza frustrada y la que se niega a dejar de nacer, en la del deseo, la del honor y la gloria, la prisión de los días iguales y la del desprecio de los otros, la de la destrucción y la de la paz rota, paso mi breve tiempo, sin saber cómo romperla y hacerlo para no romperme. Entre sus muros caben el pasar animoso de las aguas de la mar y del río, el rayo de sol furtivo entre jirones de nubes, el surco de las aves en el cielo y los rumores informes de calles y humos levantados contra la melancolía de un atardecer de invierno. Hoy es hermoso. Hoy tampoco habrá una salida. Voy en mi propia cárcel de dentro mientras percibo que nada hay real afuera, que es todo mi pensamiento y que no puede dejar de serlo y nada más, y entonces me siento más sombra, más duda y más nada, huérfano de gracia y sigo caminando contra un mar infinito y blanco desde una playa nubosa y triste, como dentro de un sueño.




miércoles, 29 de octubre de 2025

Podría (nec spe nec metu). 29 de noviembre, 2025.

Podría agarrarme a un jirón de cielo

Como a una cometa audaz y sinuosa

Y buscar entre sus alas de nube vaporosa

Un lugar allende el mar y no volver de nuevo.


Podría ser feliz bajo la corriente de las aguas

Sin cesar de recorrer la espalda de las olas,

Amanecer con el silencio de la mar a solas

Y aprender sin temor el temblor de su magia.


Podría sonreír en la oscuridad de la tierra

Telúrico y protegido entre rocas vibrantes

Y dormir mil años prodigios de diamante 

Para despertar brillante con mis nuevas fuerzas.


Podría flotar en galaxias errantes

Ingrávido y solo, despojado del peso

Sin ya más culpa, sin ya remordimiento 

Y sonreír sin velo a las estrellas distantes.


Podría escapar del hastío y la usura

De días tenebrosos que matan despacio 

Con una gota de luz o un silencio extraño

Encendiendo mis ojos a una verdad más pura.


Podría también apagarme en mi danza

Solitaria hasta el fin, de luz desvanecido

En nevadas tierras de borrados caminos,

Convertido en reflejo, sin miedo ni esperanza.