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sábado, 25 de abril de 2020

Parábola. 25/04/2020.

Entonces todo volvió, como en un remolino. Y una voz que eran espadas que chocaban, llamas crepitando salvajes en las selvas nocturnas, tifones golpeando muros de piedra que la sal de las olas había maquillado, rugidos de muchedumbres, la voz clara del Dios de muchos nombres y tantos otros sonidos que una mente humana no puede concebir, mezclados y armoniosos, habló.

Has visto y sólo comprendes ahora. Caminabas por un sendero angosto cuando viste la entrada. Te has acercado y has llegado a uno de mis sirvientes, uno de los que menos poder podría poner a tu servicio. Pero caíste deslumbrado. Has pedido por tu porvenir y tu heredad. Si hubieses sido sabio la hubieses mantenido con vigor y prudencia. Pero el deseo pudo más. Los ojos se cegaron y tu boca no supo callar.

Recordaba una gruta, una luz, un prodigio. Ante sus ojos, la bruma se convirtió en un genio afable. Lo envenenó con palabras. Creó ante sus ojos el horizonte de un porvenir, pero le advirtió de la futilidad de los sueños humanos. Gustan los genios de endulzar sus palabras para perdición y asombro de los mortales.

Te concederé todo lo que puedas pedirme antes de que el sol se retire de esa franja. Entonces, saldrás de aquí y verás el mundo que has creado. Elige con perspicacia, pues no sabes nada de aquello con lo que soñarás mañana. Nada te será ocultado.

Durante un segundo, sintió el abismo. Lo superó con gula, ansia de poder, fuerza, ardor. Construyó un futuro, se sintió benévolo y autoritario, sintió el poder demente del creador, el vértigo del usurpador hacia un poder divino. El tiempo corrió deprisa.

Había anochecido cuando salió de la cueva y emprendió el camino a casa. No se cruzó con nadie en su regreso, pero veía las formas de las casas de sus vecinos, grandes y mejores. El camino lucía iluminado por antorchas esbeltas y la noche se retiraba del claro del bosque donde hasta hace unas horas se apiñaban chozas desvencijadas y ahora lucían casonas robustas. Encontró a su mujer llorando -es un milagro- repetía. Sus útiles de cocina parecían extraños, desconocidos y provenientes de otros lugares desconocidos. Los vanos que eran simples rendijas se habían convertido en amplios espacios que hacían el aire más claro. Durmieron felices en un jergón amplio que sustituía sus telas casi deshechas.

A la mañana siguiente, la salida del sol sorprendió a la aldea en una ofrenda espontánea. Todos dirigían sus pasos hacía la imponente Iglesia que sustituía a la ermita modesta del lánguido ayer. Los murmullos de bendición sobre el misterioso viento que había cambiado en un instante sus casas, sus ropas, sus posesiones y sus vidas eran orgullosos, pasados los primeros instantes de temor. Pero tras las celebraciones y las fiestas, llegó el recelo. Pues los labradores cuyas tierras colindaban con las de los aldeanos del pueblo más próximo habían visto en la distancia las mismas casas y los mismos lugares, sin cambio aparente. Así que sintieron temor, y decidieron esconderse. Compraron tierras a su alrededor, hicieron crecer vallas y empalizadas. Y sus campos se agostaron. Sintieron punzadas de envidia entre ellos. Y sus bienes se echaron a perder, y su vecindad se agrió. Así que nuestro pobre, y trágico, héroe, decidió volver a la angosta cueva de la cual había nacido la alegría y la amenaza de la perdición. Pero de su benefactor inesperado un día sólo encontró palabras frías: los humanos sabéis construir, pero no sabéis fortalecer la savia de lo construido. Vuestro espíritu no persevera en la energía de la ilusión. Fui generoso. Y tú estás siendo ingrato. Lo sé-replicó el hombre, -sólo te pido que consideres mi último deseo. Deseo que todo lo que te dije fuera un sueño, aunque hoy se haya convertido en realidad amarga. Y deseo que puedas hacernos despertar de ese sueño. Los ojos del genio se entornaron. ¿Eres consciente de lo qué me pides? No cambiarás la realidad de los semejantes...la tuya propia. Lo sé. ¿Sabes también que el deseo que te impulso a pedirme todo siempre arderá en el corazón humano? ¿Qué habrá otras peleas y otros remordimientos en su busca? Lo sé, pero no lo quiero. No quiero la locura del esclavo que anhela extender sus cadenas. Sólo te suplico que me ayudes a hacer crecer otro tipo de planta. Estas serán mis últimas palabras para ti, dijo el Genio desvaneciéndose. Sea como quieres… 

El regreso fue amargo. Campos secos y cuarteados, estructuras desvencijadas, lamentos, harapos. En su frenesí, no había sido capaz de despertar de su delirio. Y ahora el esplendor se había convertido en un recuerdo cruel. Los vecinos se agolpaban en la vieja ermita, suplicando perdón a una divinidad despiadada que le había retirado sus favores, tratando de desentrañar su voluntad y sus propios pecados. Y la voz resonaba en el interior de nuestro personaje y era una ola de frialdad lejana venida desde el seno del tiempo y fuera de él, lo abrumaba:

Nada te ha sido ocultado, como prometió mi sirviente. Has deseado y has obtenido, has visto y quizá hayas comprendido que hasta en la mañana más luminosa crece la semilla de la destrucción. Habéis vivido un delirio, y olvidasteis de dónde veníais. Quienes eráis. O quizá simplemente un genio travieso ha jugado con vosotros. Vuestra vida es corta y poco importan vuestros suspiros desde el puente de la eternidad. Recuerda sin rencor vuestro momento y sin angustia vuestros errores. Vuelve a casa. Edificad sobre la tierra fértil . Disfrutad los días y el estar vivos. 

El sol se desbordaba como una bola líquida y naranja enorme sobre la silueta de una ermita modesta y una multitud reunida en torno. Las sombras se alargaban sobre los surcos renovados. Un genio volvía a dormir un sueño de siglos. Todo seguía igual que como lo había abandonado. Solo sus ojos eran distintos. Acababa lo que quedaba de un día que culminaba y derrumbaba un viejo sueño. Y mañana empezaría otro, tan viejo como el antiguo. 

 

martes, 21 de abril de 2020

Un día más. 21/04/2020.

La luz del sol se refleja en las pequeñas ondas que el viento empuja río arriba, mientras la brisa acaricia el rostro de la tarde. El sol es una forma irregular que se derrama y forma lineas anaranjadas y rosas tras los chopos distantes. La quietud desborda la copa del día que cae suave sobre el filo del tiempo.

¿Cómo hemos llegado aquí? Absortos frente al mismo pretil, viendo la corriente calmada hacia un mar escondido. Cada uno en su castillo de días y penas, solos frente al silencio y el fin. Uno recuerda los versos de Kavafis, siempre tan propicios al ocaso,

Cuando a medianoche se escuche
pasar una invisible comparsa
con música maravillosa y grandes voces,
tu suerte que declina, tus obras fracasadas
los planes de tu vida que resultaron errados
no llores vanamente.
Como un hombre preparado desde tiempo atrás,
como un valiente
di tu adiós a Alejandría, que se aleja.
No te engañes,
no digas que fue un sueño...

Seguiremos aquí aún unos minutos, saboreando los tonos que nos regalan la soledad y el recuerdo de otros crepúsculos, la luz de otros días que está en este y afuera del tiempo mismo. Dentro de un rato, los matices se irán uniendo a la sombra que avanza y el ruido de la calle y los coches, las voces aisladas y los graznidos de las dueñas del aire también se aplanaran hasta quedar reducidas al tierno rumor del agua fresca, que nunca se detiene. La noche acabará la obra de la naturaleza y de sus hijos, pero no con la ilusión que la volverá a levantar mañana. Cuando el sol se esconda, aún seguirá el brillo en todos los ojos, tratando de construir un nido con los retazos de belleza y realidad que el mundo siempre nos procura.

Acércate con paso firme a la ventana,
y escucha con emoción -no con lamentos
ni ruegos débiles- como último placer,
los sones, los maravillosos instrumentos de la
comparsa misteriosa
y di adiós a esa Alejandría
que pierdes para siempre.

Y aunque hoy la realidad es oscura y el miedo parpadea cercano, Dundalk se yergue como un gigante insomne dispuesto a resistir solo un día más, pero para siempre.


domingo, 5 de abril de 2020

Ciudadano Pepe, VII. La gran desolación (Autobiografía)

Aún quedan rastros. Piedras quemadas, ceniza en las laderas de las colinas. Los riscos escarpados suelen ser refugios de otros. El frío desciende desde la claridad del cielo. Apenas recuerdo la última vez que vi el fuego y sus formas danzantes. Echo de menos la fascinación por su calor y brillo. La fascinación por el cambio perpetuo, esa que nos perdió, en sus formas vagas. He visto los parajes de hormigón donde los cuerpos de los incautos fueron ensartados en las púa como aviso, antes de que ya no importara. Calaveras amarillas dibujadas en las señales negras. Vivíamos en reservas, tratando de aplicar al mundo que quedó nuestras antiguas reglas. Duró poco; allá donde la lucha por la vida se eriza, el entorno tiende a simplificarse. Agua, carne, filo, sangre. Aprendimos la gramática sencilla de la supervivencia.

No sé si hay más cerca, pero lo temo y lo imploro. Puedo imaginarlos, atravesando el tiempo, animalizados, reducidos a su día de caza y su noche de terror atávico. Los perros salvajes, la radiación sigilosa e inadvertida, los buitres, las luces perdidas que aún parpadean para atraernos a su mal. Cada oscuridad es una huida hacia algún escondite improbable y un abrazo a ídolos inermes: sierras melladas, cuchillos roídos de óxido, Ni siquiera nosotros, educados en las Organizaciones de Supervivientes, somos capaces de sentirnos apenas más que criaturas débiles ante el frío del mundo. Mi vida postrera, de la que ni siquiera quedará el registro, es una broma cruel que alguien ha gastado. U ojalá así fuera. Significaría un sentido, abstruso para mí, pero una esperanza. Cómo resistir los días inacabables y las noches de angustia sin ella. Cualquier animal tiene armas, púas, pelaje, garras, dientes afilados. Nosotros, un cerebro desnortado que nos angustia por las incertidumbres de un futuro imposible.

Sé que apenas me queda tiempo. Cada vez la caza se hace más ardua, y el temblor agita mis noches. Llegué al lago siguiendo una ruta entreabierta, la antigua autopista del Sur. He construido mi refugio y hecho el altar de mis pocos recuerdos, dos libros amarillos (Moby Dick y La isla misteriosa), cables pelados que arranqué de las manos rígidas uno de los primeros cuerpos muertos con que tropecé, y piedras filosas. No sé que es el ser humano. No sé si debo ser su depredador, o su víctima. Es tarde, en nuestra historia y mi vida, para sentir aprecio por él. Solo disgusto y odio. ¿Por qué siguieron teniendo descendencia?

En las Organizaciones nos dijeron que podríamos reconstruir algo mejor. Después de que otras tribus acabaran con ellas, las bibliotecas y sus registros quedaron yertos. Los devoré como si fueran útiles. Solo me han proporcionado horror eterno por todo lo perdido un paraíso del que fui expulsado antes de nacer y una sensación de hijo no deseado en mitad de la nada más terrible, por consciente.

Ellos me legaron cariño. Cayeron luego. Yo, tras esconderme de las tribus, he visto poco más que cementerios helados, paisajes inmóviles. Lo que he visto de los demás no ha sido mucho. Violencia por la comida, la caza, el orden. Animales asustados como yo, que los miraba escondido de lejos. Como otro más, vago sin pausa. Acabada esta autobiografía escrita en dos papeles sin impresión arrancados de libros, la escondo en este antiguo refugio antinuclear hediondo de ratas y cuerpos podridos, dentro de un bote de cristal vacío, en el estante superior. Otra noche se acerca. Otra noche hablando solo, acurrucado y abrazado a la lanza.

En la quinta generacion tras el Gran Estrago.

Nunca tuve un nombre. En las Organizaciones, era Alto.


jueves, 26 de marzo de 2020

Ciudadano Pepe, VI, Esclavos del Imperativo

Se considera que las catástrofes que acaecieron conformaron al hombre del siglo pasado; supusieron una mentalidad estrecha y temerosa que entregó los dones de su individualidad, hoy tan preciados, en manos de líderes fuertes, porque temían su libertad.

Como escribió la filósofa Berta Froma en su tomo Esclavos del Imperativo "los tiempos de quebranto conducen al autoritarismo por la vía del imperativo. El poder idea un concepto simple que excluya a una minoría y conforte a la masa de manera equívoca y mendaz para conjurar sus propios errores. Ese masaje conceptual deriva en ideas que no buscan la ventaja en la confrontación con otras, sino la exclusión de las demás. De esta forma, la promesa de seguridad combina astutamente con el excepcionalismo grupal, que convierte la obediencia en algo más que la prudencia del ciudadano; es el rito del virtuoso. Como la virtud se puede reclamar y proclamar, la insistencia en la pertenencia a esa tribu se radicaliza hasta que el poder queda confirmado con entusiasmo en los propios términos propuestos de una forma completamente voluntaria por quienes debieran ser suspicaces con las imposiciones del poder".

"Siempre hubo aquellos para quienes cumplir su deber y las leyes no es suficiente", añadió Claire Spectra en su influyente ensayo de 2081 Ley y propaganda; "todo lo que hacen es publicado y estimulado en la búsqueda de una victoria moral completa en un campo en el que la ambigüedad es insoslayable. La ceguera voluntaria ante otras realidades es consustancial al ser humano, pero en momentos de miedo, se convierte en un mecanismo de supervivencia muy desarrollado. Trata de reafirmar su predominancia en la lucha por la vida mientras cohesiona el grupo contra la disidencia real o imaginada. De tal manera, es fácil ver comportamientos sociales aceptados de quienes acusan a otros, arriman y colocan sus ideales y puntos de vista sobre los de cualquiera".

Esta es la realidad del ser humano del siglo pasado tal y como ha llegado a nosotros. Es indiscutible que la realidad debe ser más compleja; desafortunadamente su legado más duradero es la imagen de una masa miedosa y manipulable pero deseosa de ser considerada buena, la buena gente siempre sensible y dispuesta a echar una mano en los linchamientos y las ejecuciones públicas.


jueves, 19 de marzo de 2020

Ciudadano Pepe, V. El estado del mundo

Fragmento de la autobiografía de Jenny Fernández Raapalo, activista y líder por los derechos políticos, encarcelada por la Asamblea militar. Ofrecemos esta muestra por su interés como reflejo de una mentalidad lejana para nuestro tiempo y perturbadora para la nueva humanidad.

He vivido el mejor de los tiempos conocidos, pero muy lejos de los mejores posibles, me recuerdo cada día amargamente. He vivido tiempos de confusión y no creo haber sido capaz de desentrañar de entre todos los impulsos de información y acción que recibía, lo que podría servirme, habernos servido. Navegaba en olas crispadas de ira tratando de aquietar mi rincón secreto, aunque a veces no sabía si lograría mantenerlo a salvo.

Como la mayoría de los seres humanos de todas las épocas, también asumí los mitos de mi tiempo por pura pereza. Recibí las ideas naturales de su era. El alma y Dios eran inventos para controlarnos. Todo marchaba cada vez peor por culpa de otros y era la labor heroica de mi generación salvarlo todo por la acción destructiva para crear un mundo nuevo por completo. Me dijeron que la rebelión era una fruta dulce contra un orden abyecto; que el individuo estaba en peligro por la acción de la masa y el capital, amenazado de convertirse en un autómata en manos de quienes ostentaban un poder en la sombra. Finalmente, lo más asombroso, la violencia fecundaba sueños hermosos y el heroísmo recuperaba lo que comprometía en virtud de su sacrificio, resaltado por el aplauso flácido del sentimentalismo imperante, saliendo así gratis. Y por ironías del destino, he tenido que rebelarme contra quienes aseguraban todo aquello y he sido acusada de turbar el Reino de los Cielos de la Idea sagrada y ensangrentada, fuera de la cual no hay rebelión ni salvación posible.

No creía que el reto fuera la rebelión del individuo, sino la de la humildad, sin que todos pretendiéramos ser distintos a todos los demás y arriesgásemos el orden social con frivolidad y vacío espiritual. recuerdo a mi compañera Margaret; le divertían y asustaban los eslóganes que hacían de la rebelión una pradera hermosa, pues había aprendido a saber que las acciones revelaban más que las frases y dudaba que un poder omnímodo financiase a su resistencia; así pues, sospechaba, que el poder verdadero era el que luchaba por la hegemonía y se aliaba con los pobres de alma que deseaban ver el mundo arder para castigarlo por sus frustraciones personales. La revolución renace siempre como un fénix porque promete una libertad por la que nunca habrá que pagar un precio. La potestad de los dioses, no la contingencia humana. De tal modo, veía los ideales y las ficciones de sus años y le resultaba que el miedo siempre primaba en ellas sobre la esperanza. Y de esa forma, supo que la vida era torbellino y cambio y que quien le ofreciera algo seguro, trataba de utilizarlo. Y se desembarazó de cuentos infantiles y de cuantos pretendían fijarlos en la puerta de su vida. Y me llevó con ella, y por ello la gané y ahora la he perdido.

Mi vida no es modélica ni representa nada. Pero intento denunciar la sensiblería que impone malvados y seres de luz con la auténtica sensibilidad, la simpleza que confunde rutina y memoria con falta de pensamiento con pensamiento y humildad y la culpa que envenena la vida por medio de traficantes maliciosos con alegría de vivir y de compartir.

Quisimos unir la bravura con la perspicacia y a eso le llamamos fuerza. Quisimos aunar fracaso y sonrisa, y deseábamos que esa fuera nuestra autenticidad. Tratamos de mejorar el mundo alegrando a quienes nos rodeaban. Esa humanidad que vivía, quizá aún vive su vida mediocre entre barras de bar y oficinas, o campo y cielo. Seguiremos caminando, pues morirse debe ser dejar de hacerlo, por caminos normales y para pelear contra el temor, hemos decidido aceptar este reino de cautiverio y no darle ni un palmo más a la tristeza. No nos hacemos ilusiones; el enemigo es formidable y no tiene piedad. Pero vamos a pelear y la alegría nos envolverá en su mundo para no perderlo.



Jenny Fernández Raapalo
2046-2082

miércoles, 18 de marzo de 2020

Ciudadano Pepe IV. Disertación sobre el color blanco y las diferencias entre distintos papeles.

El color blanco simboliza la pureza, desde las banderas hasta las bragas.En ese contexto de paz universal, se ha impuesto como color positivo frente a las interpretaciones que lo consideraban un símbolo de un poder ultraterreno y maldad, como en el caso de Moby Dick o el Real Madrid. Como se sabe, las partes que no se mostraban a la vista necesitaban ser tocadas por telas y tejidos suaves y puros, no como ahora, cuando vamos desnudos por la calle y no nos interesa más que una buena receta de cocina para demostrar un estómago potente que llevara la comida por un torbellino de jugos y tratamientos hasta que pueda ser la gloriosa excusa para tener la gloria de usar papel higiénico de nuevo.

La disputa entre el papel higiénico y los pañuelos para sonarse generó en la guerra de los sustitutivos. Ambos productos trataban de demostrar que podían ser mejores sustitutivos del otro. Finalmente, la gente empezó a darse cuenta de que el marketing se refería a la sustitución del otro sin tener que haber usado primero el producto para su cometido principal; esa confusión causó bajas en mucha gente noble. Finalmente, el papel higiénico demostró la superioridad del culo sobre la nariz recurriendo a filósofos de la estética, doctores e incluso teólogos. No hay que ignorar que se usaron muchas tretas de dudosa ética, como "El moco, mejor fuera que en el pañuelo que vende cualquier loco" o "culo contento, kleenex en su puesto". De todas formas, dado que la mayoría de la humanidad era esclava (por propia voluntad), la decisión fue tomada en unos pocos consejos de generales. Nunca se ha demostrado que en dicho resultado intervinieran sobornos, aunque es una sospecha popular que nunca se ha disipado desde que el comandante Asuzaki declarase "como siempre digo, las masas deben hacer un sacrificio por el individuo si ese individuo soy yo".

Perez Papel empezaba a hacerse un nombre entre los grandes tiburones del dinero. No pasaría inadvertida ya más.

(continuará...)


Fotograma de la película neoarcaica de 2087 "Papel contra papel", que relata la Guerra de los sustitutivos en un entorno romántico 





martes, 17 de marzo de 2020

Ciudadano Pepe III. Partiendo de 0, azares y audacias.

Extracto del tomo titulado un tanto vehementemente "No me mire así por llevar papel higiénico alrededor de todo mi cuerpo, que Onán y yo somos así, señora" escrito por Pablo Pérez, tercer hijo de Teobaldo Pérez y desheredado después de unos escándalos empresariales que presuntamente le llevaron a declarar que "preferiría que mi nariz siguiera usando un kleenex" en pleno proceso de adquisición de la empresa de pañuelos, que desaparecería un año más tarde:

La primera intención de mi padre nunca fue crear un Imperio. El solo quería ofrecer al culo una superficie donde reposar y a la que limpiar. Pero sin el pánico de las multitudes no hubiera sido nada más que eso. Digo a mis nietos, y no me creen, que cuando era joven, las tetas y los abdominales podían ser tan deseadas como el culo, y se ríen de mí. Hoy un buen culo es lo que más se busca y se dice que la belleza está en el interior.

Desde luego, mi padre supo intuir que llegaría una época en la que la gente sería medida por el esplendor de su trasero, y supo encontrar un punto medio entre los gigantes Pompis S.A., demasiado etérea y centrada en las virtudes solemnes de nuestras posaderas y Tambor Corporación Limitada, con una aspereza en su estrategia empresarial solo comparable a la de su producto. Cuando decidimos comprarla, supimos usar su creación como papel de estraza para los que no tenían dinero o espacio suficiente para acumular papel de calidad en sus casas o almacenes.

El punto álgido de la concepción de una empresa familiar a una compañía capaz de competir con las más grandes surgió a partir de las revueltas después de la proclamación de la Asamblea militar mundial. El papel higiénico sirvió, no sin ironía, como altavoz contra la tiranía, para escribir y enviar mensajes subversivos y sobre todo para alegar capacidad para ser soldado pero una gastroenteritis provocada por cobardía. El big data del papel no era suficientemente apto para verificar esos datos en las superficies alegadas. Hábilmente, supimos sortear nuestros fallos y proclamar nuestra resistencia clandestina, mientras vendíamos papel a los generales para sobornarlos. Yo sé que esto nunca será reconocido por mi familia. Pero es lo que pasó. Después de eso, convertí a uno de los trabajadores en un pájaro chogui. Y el proyecto Zaratustra consolidó nuestra estrategia, de la que fui relegado cuando afirme que kleenex para napia es mejor que calamar en lata.


Extracto crítico de "La fuga del azar", sobre el proyecto Zaratustra:

La idea de que la vida humana estaba determinada por diversos factores y era delimitable atendiendo a factores limitados era un concepto comúnmente aceptado en la época. La investigación estadística, psicológica, genética, social o histórica conformó una antropología revolucionaria: el ser humano es un complejo sistema, pero está sujeto a las leyes de la causalidad. El estudio matemático de los factores natales y la interacción social harían posible la predicción de la conducta de un individuo cualquiera con un margen de error mínimo.

Contrariamente a lo que muchos habían pensado, esta revolución cultural no causó grandes turbaciones; la mayoría había aceptado como igualmente válidos todos los ritos, igualmente aceptables todos los puntos de vista e igualmente legítimas las diversas consolaciones de la muerte. De modo que conocer el futuro no parecía una mala idea, para prevenir injusticias y violencia y proteger inocentes. A la objeción de que la actuación sobre el objeto estudiado modificaría sus resultados se arguyó que la propia infalibilidad del sistema corregiría esos errores calculando la perspectiva más satisfactoria. Fueron días de asombro. El amor fati se convirtió en una prescripción

Sin embargo, el proyecto adolecía de una frialdad que sus críticos anticiparon; el futuro podría ser un lugar más confortable a condición de no saber nuestro papel en él. La pérdida de albedrío y el miedo al fin se conjurarían para hacer fracasar el proyecto. Millones de solicitudes fueron cursadas pero ni una sola de ellas versaban sobre el solicitante o una persona amada (si el amor tenía sentido después del anuncio del fin del futuro). Sin embargo, finalmente la curiosidad se impuso, como los propios investigadores habían previsto; conocer el fin se consideró beneficioso para el disfrute de la existencia. Y tras la negación, la aceptación se impuso. De todas formas, hemos de morir, se decían.

Fue solo entonces cuando se presentó sobriamente el artefacto delicado y atrozmente preciso que había calculado todas las posibilidades de tu vida y la mía; quien nos abandonó, a quienes hicimos daño, que noche pudo cambiarnos para siempre y por qué la razón de esta desdicha sin nombre. Sus promotores afirmaban que ese aprendizaje no sería fútil: nos serviría para mejorar en la próxima oportunidad, si nos fuera concedida, en virtud del principio de la hipótesis más favorable. La población humana no sabía ser tan optimista y temía que el futuro pasado y las opciones anulara el presente. Y sin embargo, miró la máquina, tomó sus datos, vivió como mejor supo y pudo. Procesando trillones de datos, la máquina Zaratustra emitía débiles murmullos, quizá semejantes a un suspiro inocente de satisfacción. El hombre al fin había sido superado.