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martes, 9 de abril de 2019

Luz de otros días. Nueve de abril.

Mucho antes del amanecer. Previo a todos los huracanes y a los encuentros azarosos en los caminos. Antes de las primeras caídas y los laureles, siempre escasos. Antes de cualquier experiencia, ahí estaba el sol y con el, el recuerdo de un tiempo mejor y la esperanza. 

Me gusta cuando el tiempo se estira en el verano y la luz se deshace lentamente El cielo se detiene en trazos amplios rosados en manos de la melancolía y una salmodia acompaña los pasos lentos y el tiempo abreva los recuerdos y las ilusiones. Pero no es languidez lo que conlleva, es calma y armonía. La serenidad de un tiempo propicio, la asunción del momento y su libertad infinita.

He salido a pasear por la ciudad y en el parque he visto el sol, mientras la blanca palidez de la tarde resonaba en mi mente como un órgano sublime de una catedral antigua y he descongelado las dudas, sintiendo que la luz de otros días que me enviaba la tarde eran una fuente en la que celebrar el don más pródigo y menos apreciado: vivir y aprender a sentirlo.


Dundalk cae en el crepúsculo como un cometa cae en el vacío innombrable; sin darse importancia. 

jueves, 4 de abril de 2019

Era la vida. 04/04/2019.

Las facturas y los inconvenientes. Las molestias físicas. Las personas que agotan la paciencia. Las flores del mal en nuestros mundos asépticos. Todos son resquicios azulados tras los que brilla la gema más brillante, gozar de ese infravalorado estado del ánimo llamado existencia.

Hoy hace frío, y esto tiene muchos años.Hoy uno quisiera haber sabido descansar más, haber avanzado en sus propósitos y otorgar un sentido a la rueda invariable de la fortuna. No lo he hecho. No obstante, tras cada factura, inconveniente, caída y decepción, late la vida secreta de las cosas, el flujo inagotable de la amistad, la lucha constante contra el tiempo.

Hay una magia oscura recurrente en nuestros días. Gozar del recuerdo y la ilusión en otro tiempo y lugar para acabar añorando el tiempo pasado cuando los consigues. De esa manera, estás allí cuando tu cuerpo esta aquí y aquí vuelves cuando llegas al allí que buscabas. Trato de despojarme de esa cadena que mi mente levanta con entusiasmo inútil. He preparado la comida, he puesto la lavadora y he jugado al bádminton con una amiga. No creo que pudiera desear mejor tarde de jueves, y no quiero que cuando el tiempo pase, estas experiencias se vacíen como el vino del que no cuido su vid. Porque ese tiempo que pasa deprisa algún día crecerá fermentado y el que pasa lento, como un buitre taimado, se vacía en el futuro y quedara como un punto irrelevante en una blanca nada ubicua.

Así que si algún día me veis con las sienes blancas y los ojos distantes y si siento que la aurora no podrá romper las cadenas de la mañana que penetra los musgos; o si camino lejos hacia quimeras de bruma y me pierdo en valles sombríos; si la desilusión construye un fuerte y el desamparo encrespa sus olas con furor renovado o la codicia y el hambre parecen ser todo lo que existe, no os ceguéis al embrujo consciente. Pensaba que avanzaba por tierras en penumbra o estaba triste y lo único que pasaba no era el pesar; era la vida.




Dundalk se acurruca mientras aprieta el frío y los cuervos se encogen contra las siluetas lejanas de montañas azules.

miércoles, 3 de abril de 2019

Épicas de baratillo. Tres de abril.

Me gusta el fútbol. No sé si para mi desgracia. Desde luego, últimamente es difícil recurrir a las tácticas de los viejos tiempos; abstraerse delas abyecciones de sus afueras y admirar la elegancia y la belleza que los cuerpos saben crear. Pero es que eso también se está manufacturando en cadena de montaje.

No es que me hastíe su repetición sin fin de jugadas aisladas para encumbrar figuras de cera. No es su ostentación ni el desprecio al aficionado real en pos de la audiencia planetaria, su anticipación del mundo como supermercado al que vamos raudos. Ni siquiera es su fomento de la industria vulgar del espectáculo. No es su banalidad del mal. Es su banalidad del bien. Me enerva la venta de épica de un puñado de privilegiados.

Cada vez que leo las virtudes de los equipos, como se resisten a la adversidad, su heroísmo, su caminar erguido y difícil cuando todos están contra ellos, las injusticias cometidas y la resignación demostrada, me pregunto si somos idiotas de principio o nos han hecho así. Uno entiende que necesitamos épica en una vida lánguidamente cómoda, nuestro anhelo de héroes. Pero hacer modelos de virtud de deportistas en un cascarón de lujos es un síntoma de mucho de lo mal que funciona en nuestra sociedad. Impostura, jactancia, disfraz. Modelos de comportamiento de diez segundos para fortalecer nuestras conciencias apagadas. No es España, es el mundo, pero es la España de espíritu burlón y de alma quieta, buscando entre las páginas de los diarios deportivos un fulgor perdido mientras se desloman por sacar adelante sus vidas. Benditos sean, pero que despierten pronto o no habrá paz para los ciegos.

Dundalk se extraña de mis líneas. Le digo que he ido a jugar al fútbol y cada vez me hace sentir más viejo. La lluvia repica contra mi ventana y desfigura las luces de las farolas abnegadas que me van robando el mes de abril.


lunes, 1 de abril de 2019

Non serviam. Primero de abril.


Una pasión de la que carezco es la del dominio y tampoco soy servil. Agradezco a la providencia su ventura conmigo en estos avatares procelosos de la percepción del poder, en especial de su servidumbre más abyecta: la pretendida ignorancia de que siempre habrá alguien con poder sobre ti y debes elegir cuidadosamente a quién sirves y para qué. No simpatizo con rebeldes universales; suelen esconder tras su pretensión de belleza moral el vértigo metafísico de no ser dueños del ser y el devenir. No se trata de no servir, un anhelo imposible. Se trata de elegir tu esperanza y hacerla santa; consagrarse a una meta y ser vigilante con sus encarnaciones, siempre audaz contra el abuso y contra lo que nos pretende atemorizar. Sic semper tyrannis.

El poder es elusivo; con sus licenciosas manos repletas de brillos desvía la mirada de la bruma tras ellas en la que pende una crin de caballo. Y sobre esa crin hay una espada afilada colgada, tal es su fragilidad y su indiferencia. Seamos, amigos, indiferentes a esa frialdad. No me impongo fronteras al salir al camino. Huyo de las estancias donde prosperan la cautela y el ocultamiento y me doy tal cual soy. Acepto mis caídas y cualquier defecto a añadir a mis pesadas alforjas. Deseo ser bien recibido, mas no dirigido o guiado por la costumbre o la fuerza o la intimidación. En otro caso, doy todo mi ser en el rumbo a puertos más propicios. 

Un trozo de pan en amistad, agua fresca recibida con amor, la sombra de una higuera son lugares más gratos donde pasar el tiempo que nos sea concedido que la escalera de la vanidad. Como Príamo y Eneas, me contento con la pelea y la resistencia, sin afanarme en las brillantinas ni cegarme en las olas de mares copiosos en promesas.

Largos son los días del que espera y breves las recompensas que el alma alcanza. En cualquier caso, la pretensión ajena y los ropajes lujosos envejecen tan rápido como ellos y no nutren ni apagan la sed del encuentro. No desear un mando arbitrario es no servir a nadie no escogido y mantener una breve llama libertaria en el corazón del nudo de las incertidumbres humanas. Armado con mis aperos ligeros de trabajo y mi corazón hastiado, acudo de nuevo a la contemplación de la vida entre las ramas de los árboles que filtran las dádivas del sol generoso y doy todo cuanto poseo a la apuesta temeraria de un tiempo que vendrá, mejor.

Dundalk dormita a un sol débil mientras camino decidido y afirmo mi derecho a servir aquello que declaro santo y a pelear por ser digno de la libertad que paga el precio de sus errores sin mirar atrás.




martes, 26 de marzo de 2019

Plañideras. 26 de marzo.



Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaayyyyy (léase con un desgarro infinito, como un aullar lacerante), luzdemivida,almademisentrañas, flordemiiisdiiiaasss, ayyyyyyy, quedoloooorrrrrmaasssgraaanddeee, calordemivejez, baculodecadacamino, aaaaayyyyaaayyyaaaayyyyyy...

No sé si siguen actuando o se han quedado como una estampa folclórica de un pasado en blanco y negro. Imagino su lamento ajeno acompañando colinas abrasadas al sol en rumbo a cementerios blancos. Hoy el dolor se esconde y las lágrimas que no dan bien en la emoción plastificada de la tele se esconden. La gente se suele morir hoy para los suyos, que cada vez son menos.

Y aún así, hoy hay más plañideras que antes. Si usted tiene algún problema, quizá pueda contratarlas. No visten de negro, a veces son elegantes. Son hombres y mujeres que van en el metro absortos, como usted. Penan y se agobian en los aeropuertos, como todos. Pero ay de mí. Basta que haya una oportunidad para dar rienda al lamento colectivo o la culpa heredada para que la procesión comience. Contribuyen a la demarcación de las diferentes identidades, el verdadero santuario de estos días. Hábilmente, lloran por los pecados de su pueblo para que todos sepamos que ellos esperan excluirse del grupo de los pecadores. Hozan en las lágrimas innumerables del pasado para limpiar sus almas bellas. En fin, hacen del exhibicionismo moral una afición (a veces un trabajo) en el que guían o pretenden hacer el camino al camposanto un circuito de motos donde nunca se llega a ningún sitio porque hay que seguir perpetuamente caminando y golpeándose el pecho.

AaaayyyyyDundalkdemientrañapueblodemidecadenciacasademisfracasooosssaaayyyyyy... La tarde va escondiendo el sol mientras los paseantes vuelven a sus hogares, no siempre avisados del peligro ubicuo que supone que haya tanta gente dispuesta a dar la gran turra.

domingo, 24 de marzo de 2019

24 de marzo, 2019. Antes de que se marchite

Asómate a la ventana. Allí pulula la vida y pasan las modas. Considera que el joven que pasa tiene un ideal noble, el trajeado que habla nervioso con su teléfono móvil sabe amar, el anciano de mirada perdida tiene calor de hogar y familia que le cuida. Verás un océano de soledad abrumadora y un deseo, que es el tuyo, de un verdadero encuentro. No prestes atención a los rótulos; mienten dos veces, sobre lo que ofrecen y sobre a quien se lo ofrecen. Trata de percibir la melodía callada que despiertan en ti los extraños sobre la caja de resonancia lejana que forma los perfiles de compañías gratas que se fueron perdiendo. Amasa tu recuerdo combinando lo grato y lo amargo de la pérdida que, al fin y al cabo, fue también tu destino en ellos.

Alaba el calor de los días como alguien libre, sin temor, ni rencor, ni soberbia. Eres consciente de que  cuando el sol gire sobre un planeta vacío de nosotros no habrá perdido entusiasmo y sabes que la vida nunca se para. Da lo que tienes para merecer recibir todo lo que te falta y sabe que la carencia de afecto te hará pobre irremediablemente. Perdónate de vez en cuando y posa tu corona de espinas sobre el umbral de la puerta para recordarlas sin tener que revivirlas a cada instante. Compón un poema de redención de la usura de los días, que sientes como te van agrietando sin lástima y sin gozo. Muévete y atrapa el devenir en tus manos templadas.

Mézclate y vibra, cae, pelea. Nada se ha rescatado del abismo de la derrota, puesto que sus heridas lucen en podios de gloria futura, o si no, en intentos nobles. No escuches la voz de tu enemigo interior, ese fuego que nos arde para destruir todo lo que nos alimenta en busca de un abrazo esquivo. Destruye lo que te daña. Avanza sobre la nieve frágil hacia el palacio de la sabiduría, y trata de llegar a ser quien eres.  Da gloria a Dios con tus palabras: sabe contemplar lo bello, hacer lo justo y decir lo correcto. Esquiva la tormenta y, si no es posible, no pidas ni des tregua en el fulgor de su ataque.

Vive, en palacios y cabañas aisladas, en barrios desastrados y en bocas huidizas. Sal a la arena y no te envanezcas de ser osado ni te acobardes con los críticos que no se atreven a realizar nada. Haz de tu maldición tu sino y cultiva tu huerto, regando de agua fresca los campos ásperos, como una bendición que nadie más que tú oirá y olvidarás pronto, perdido en el rumor de la corriente y saboreando la fruta de la plenitud solo un instante, antes de que se marchite.

jueves, 21 de marzo de 2019

Las posturas difíciles y las olas eternas. 21/03.


Llaneza, muchacho, no te encumbres, que toda afectación es mala. Que necesaria compañía siguen siendo Don Quijote y sus compañeros. Hoy, con tantos encumbrados.

Creo que vivimos una época de mascara teatral: durante un instante parece una carcajada pero el tiempo la devuelve a la figura de mueca de terror que nunca dejo de ser. Confusos, demediados, tratamos de fingir que somos lo que deseamos ser. No niego que haya quienes lo sean, me alegro por ellos. Pero resulta bastante obvio que lo que más llama la atención de los días es su falta de verdad.

Como nos gusta el aditivo, la hinchazón de lo que somos o hacemos. En una época que parece haber concedido a la autenticidad todos sus halagos, parece más difícil que nunca encontrar la modestia de nuestra condición. La modestia del trabajo constante, la humildad del perdón, la quebradiza emoción de un instante de alegría. Todas esas olas que tratamos de aferrar, pero nos dejan con el sabor del recuerdo en la boca y un ansia de eternidad que no sabremos colmar.

Nuestra condición es breve y puede que todo lo que quede de nosotros sea lo que logremos encender en los demás, las alforjas que atenuemos. Da un sorbo de agua fresca mientras contemplas la luna. No ocupes el lado cómodo del camino. Mueve tus ideas pero no las rompas de tan rígidas. Sonríe, trata de suscitar esperanza. Y cuando la hora incierta que siempre esta pronta te llegue, haz como Francis Haslam, que pidió perdón a sus hijos por morir tan despacio.

Dundalk lanza una brisa apacible contra los edificios y la luz del atardecer azul llega en olas de paz a sus campos cansados.