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domingo, 13 de octubre de 2019

Saber perder. 13 de octubre, 2019

Es cierto que el fracaso es, como el triunfo, un impostor. Ay, tan cierto como ello es que para obrar en consecuencia se requiere una distancia irónica no siempre posible ni deseable, un sub specie aeternitatis que no siempre, ni todos, ni la mayoría de nosotros somos capaces de afrontar hasta sus últimas consecuencias.  La vida y el mundo son un jardín de senderos que se bifurcan eternamente y a veces uno piensa que cada camino no tomado pudiera ser una derrota, aunque no sea así. Y eso tampoco importa demasiado; puede que estemos hechos del material con que se construyen los sueños, pero también de lo que sufre, se enerva y se desvanece en la memoria de los otros. Es algo que repta inseguro por la espina dorsal y nubla la mirada, nunca se detiene y derrama, ponzoñoso, un licor de desamparo en nuestros oídos. Es fácil creer que somos peores de lo que hacemos, más desgraciados que quienes habitan las esquinas de nuestras vidas, sentimos que los escollos que arrostramos mientras cargamos la cruz del tiempo son más de lo que podemos soportar. A veces, puede que lo sean. En cualquier caso, llevo más de la mitad de mi vida tratando de aprender a perder.

Cada uno tendrá sus remedios, el mío es inocuo y a veces demasiado débil. Libros y personajes que tengo por más míos que a muchos que veo grises en la calle, frases para resistir,, ironía, amistades y vino. A veces me pierdo en el santuario de los soñadores, que pensamos que hay espectadores de nuestras tragedias y que debemos tratar de hacer que sientan lástima por nosotros para reconfortarnos en la injusticia que nos ha sido cometida. No hacen amainar la lluvia ni aquietan la hoguera, pero estos remedios me aferran a la idea de que a pesar de todo soy el maestro de mi destino y el capitán de mi alma. Lidiar con la frustración no es fácil para nadie. Yo siento en sus peores horas que no me importa, que alguien me hará justicia más adelante, que ignoraré las flechas, que nada es real. Porque nada es real y sin embargo abandonarse a esa intuición evidente (¿quién, dentro de unas pocas décadas invertirá un segundo en pensar que la tierra que habita y sus antepasados revivieron horas amargas que también ellos sufrirán?) es incierto. Porque cuando no queda nada contra lo que rebelarse y algo por lo que seguir adelante no es a perder lo que uno aprende, es a no saber vibrar de nuevo.

Yo doy todas mis palabras por un hombre en paz. Aunque a veces la realidad me resulta ajena y yo no sé como leer en sus labios perversos, trato de saber lo que puedo esperar de mí y a anticipar que no soy nadie para exigir más. Me resigno a lo que no puedo alcanzar y me permito lo que puedo desear. Veo a quienes sufren en la carrera hacia ninguna parte y desprecio su afán que quizá mañana sea mío. No me traiciono y trato de recoger y proveer lo mejor que venga, mientras llega lo malo.

Así que si los sueños se rompen y los intentos pesan. Si los demás agotan y la carrera premia al abyecto. Cuando queda lejos el despertar del alba, y el talento es apartado por la conveniencia. Si la tormenta restalla en los salones vacíos de tu mente cansada. Si el ramo de flores que ofreciste al amor es ya un manojo marchito. Si tus botas se han deshecho porque el camino no es amable y la meta está aún lejos. Si te crees demasiado tonto, o demasiado listo, o demasiado justo y honrado y que no lo mereces. Si sabes que has errado el camino pero ya es muy tarde para volver atrás y la luz de la tarde adelgaza su filo y una duda te invade. Si has perdido a alguien tuyo en un recodo y sabes que su imagen se irá apagando y hará tu corazón más frío. Si te han engañado pero la campana de la verdad ya no sabe sonar y el aire se llena de un silencio espeso. Si un océano de horas te sepulta y te arrastra y al final de su apogeo tus manos están aún vacías. Si desearías no haber aprendido nunca y los parpados se hunden en un mundo al que nunca llegaremos. Si aturde la esperanza y se burla el intento. Si gritas entre las ruinas de palacios que nunca existieron e hiciste para ti con la vanidad que te reporta tu miedo, tu ego y las mentiras con las que has construido tus muros. Si las puertas del cielo no se muestran. Si el placer es amargo y la risa se evade en los huecos de la imaginación. Y temes, y detestas ser como eres, y te preguntas,  ¿es que no hay nadie, nada, más allá de esta broma? Si ni siquiera te aguantas a ti mismo porque es demasiado arduo sostener tu bandera. Si abrir los ojos o cerrarlo te devuelve la misma imagen como un muro de noche. Cuando has visto el rostro del futuro y no deseas volver a marchar hacia él y te entristece pensar que no dejarás tu huella en los que aprecias...

Es justo entonces cuando hay que ser más fiero y más humilde, vivir con ello, saber que nada importa en general pero merece la pena para nosotros y estamos dispuestos a pagar el precio. Yo trato de seguir aprendiendo y en las horas más débiles me refugio en los diques que he ido oponiendo a la desesperación. Es una tarea inacabada siempre, en esta carrera loca hacia ninguna parte donde la peor derrota aguarda a quienes renuncian a jugar. Así que voy hacia el río, conversando conmigo (quien habla solo espera hablar a Dios un día) y preguntando a Dundalk referencias sin pasado, miro el río con su memoria incesante y pido al cielo que se nubla que lance lluvia para limpiar las calles y al sol que vuelva para que la hierba alumbre y su lentitud despreocupada guíe los pasos que después volveré a emprender.

Pues el privilegio de la luz es ahuyentar la sombra y su mágico don, ocupar las cosas para que sepamos mirar de otro modo y, aprendiendo a perder, saber que no seremos vencidos.


jueves, 10 de octubre de 2019

10 de Octubre. Pagliacci.

Un hombre va al médico. Le cuenta que está deprimido. Le dice que la vida le parece dura y cruel. Dice que se siente muy solo en este mundo lleno de amenazas donde lo que nos espera es vago e incierto. El doctor le responde 'El tratamiento es sencillo. El gran payaso Pagliacci se encuentra esta noche en la ciudad. Vaya a verlo. Eso lo animará'. El hombre se echa a llorar y le dice "Pero, doctor... yo soy Pagliacci".





Fui a ver "Joker" ayer por la noche. Ni quiero ni podría hacer una critica, ese arte de dar una opinión nimia sobre un proceso del que se carece de conocimiento. Solo puedo decir si algo me gusta o no, sin más. Y me gustó mucho. No me interesa mucho el mundo de superhéroes y cómics que nos devuelven el espejo de una sociedad aniñada y asustadiza.Pero hay algunas de ellas que si me llaman la atención y, a pesar de que esta no lo hacía en exceso, finalmente me animé.

La película muestra con detalle y sin escatimar detalles patéticos el proceso de derrumbe de un alma pura en un mundo despiadado. Al tomar partido por el marginado, el golpeado, se arrastra hacia un terreno metafórico que creo que la beneficia. Todos hieren, como dice la canción, y todos somos heridos. Pero en una ficción que referencia un escenario fijado y también ficticio, la exageración se redime por el efecto. Aquí, Gotham es el terreno de una batalla ideológica que, para su pesar, aflige al mundo moderno, el dominio y la inclusión, el rencor y la bondad. Las calles parecen ser islas de extranjeros de sí mismos que solo se encuentran en el terror al distinto, un terror que viene desde el seno del tiempo hasta hoy con su mismo fulgor. En ese sentido, "el bromas" (manda cojones con algunas traducciones) es un producto creado por su propia época para modificarla junto con un ejército desesperado. 

No me parece que sea una película con una carga política muy acusada, sin embargo. No considero que Gotham se parezca al mundo que vivimos, aunque quizá se asemeje al que queremos crear para aliviarnos de nuestras mezquindades cotidianas. Y también existe una división acusada entre bandos ariscos que hieren a quien querría darse a todos, poder hacer reír y así unir lo que el odio quiebra. Más allá, no encuentro ideología: la historia de un hombre siempre es, le guste o no, la historia de su libertad. Lo que ocurre es que el personaje, como Don Quijote, mueve a lástima a quien le ve de lejos porque de cerca nadie repara en él y se hunde en la frustración de tantos que han dado fruto de amor a la vida y sienten que esa fruta se agosta mientras llega el otoño. Ha dado amor y ha recibido desprecio; buscó un abrazo y encontró humillación.La tragedia quizá sea pasar de amar la vida a celebrar el caos destructivo, y la comedia saber que en el fondo acaban siendo lo mismo. En cierto sentido, Joker recuerda al Calígula de Camus más amoral y lúcido

Vivo, mato, ejerzo el poder delirante del destructor, comparado con el cual, el del creador parece una parodia. Esa insoportable liberación, este universal desprecio, la sangre, el odio a mi alrededor, este aislamiento sin igual del hombre que tiene toda su vida bajo su mirada, la alegría del asesino impune, esa lógica implacable que tritura vidas humanas…

Como pasa con la mayoría de las obras de arte hoy en día, hay poca esperanza en ella, es oscurísima, aterradora. Pero necesitamos luz. Entiendo que hacer una película sobre "Guasón" no procura mucha libertad a la trama. Y sin embargo, no es Travis, el taxista. Creo que "Taxi driver", a la que se parece bastante, se aproxima más a la amalgama de paranoia, frustraciones concretas, incapacidad de aprovechar las oportunidades y desgaste diario que van poniendo a alguien al límite. Aquí se trata de justificar al que es leyenda para aliviar la pesarosa intuición de que el mal puede ser banal, estúpido. Sin ningún sentido. No creo que sea cierto que no se pueda elegir, que haya que ceder o que la sociedad sea culpable de lo que uno hace. Pero, de nuevo, creo que la carga metafórica permite sortear ese escollo en Gotham que no funcionaría en Londres o Gijón. En cualquier caso, siempre es oportuno recordar que la línea del bien y del mal atraviesa y tiembla en cada corazón humano.

Dundalk se va durmiendo. No es el silencio lo que asusta, sino el dolor callado de los que no saben que salida para respirar encontrar y se sienten seducidos por el rumor del desconcierto cruel que propaga la noche en una risa sardónica.

martes, 8 de octubre de 2019

08/10/2019. Estoicismo y promesa.

Darse cuenta de que cada mañana y cada paso es distinto no es fácil . La lucidez exige atención como cielo profundo la alondra para desplegar su canto. Lleva tiempo diferenciar una hora de la siguiente y lo que nos pasa, pero es necesario para llegar a la vida, me parece. El poeta pedía que la intelijencia le diera el nombre exacto de las cosas. Quizá nosotros debamos pedir entre la confusión de los días que pasan y la monotonía de su acorde tonos fugaces de optimismo, vitalidad, diferencia. Pues tal es la naturaleza del tiempo: expandirse cuando se iguala para desaparecer luego de nuestra memoria o acortarse en los momentos múltiples y amenos para ganar solidez y color en un futuro cuando se aposente en el recuerdo.

Como la vida es materia de la deriva y no destino de un viaje cierto, las singladuras atraen; las coordenadas ofrecen la imaginación de la completitud, un descansar sin tiempo tras la consecución de los planes y la paz que deja la victoria sobre las trabas. Sin embargo, esa aspiración encierra un veneno sutil: subordinar lo que hoy soy, siento y disfruto a lo que seré mañana, al igual que mi hoy esta sepultando mi ayer y lo que de bueno trajo. Ay, los remordimientos son inmunes a esa poción y se deslizan por la ponzoña.  ¿Por qué no añadirles, entonces, la visión de los humildes logros que hemos merecido, los lograsemos al final o no? ¿ Por qué no hacer las paces con el pasado sin dejar que estorbe la solicitud que cada segundo requiere de nosotros?

Quizá no saber apreciar esto denota cierta carencia de un sentido, como quien no pregunta si hay una fuerza que despojó de la entraña del ser al tiempo para que este se esparciera y acabara conteniendo todo e incluir su propio origen en su seno inconcebible. Pero esto son divagaciones que la tarde trae con el reposo y la duda. Al final, un leve roce basta para que, consciente o no, ese cuerpo se abra "en una interrogación vuelta a las nubes". No recibimos respuestas de nombre claro, pero si impulsos de anhelo, rabia, abandono o dulzura. Quizá la diferencia definitiva para vivir bien sea desentrañar esa difícil madeja y separar la urgencia del animal y la duda del espíritu. Y después, elegir sabiamente.

Al fin y al cabo, escribir y hablar se ha vuelto tan fácil que las palabras se han vuelto calderilla y no nos da más que para pagar la factura ruinosa de lo actual, lo momentáneo, lo que nunca se queda.Pero a veces es sencillo. Camina, abre los ojos y aprópiate de lo que la vida ofrece con la avaricia de un infeliz. Cada día trae una nueva sed y aunque no sea de nadie, haz que sea para ti.

Solo para ti la aurora guarda el aroma del pan y la fragancia furtiva de las magnolias. Para ti resbala el lucero del alba en su prisión de azul. Para ti la luz recorre de nuevo las ramas y los charcos. Se despierta como un recluta antes de la batalla, melindrosa y esquiva, pero llega a ti. Dundalk, como el resto de la tierra se viste para otro día y en las redes de la madrugada deja escondidas todas las posibilidades que llegarán a ti. Que la playa que las reciba sea límpida o una tempestad azotando el acantilado, no podemos saberlo. Encamínate hacia donde quiera que tu pasión te lleve y que el viento, que siempre sopla donde quiere, te alce hoy con un renovado aliento.





domingo, 6 de octubre de 2019

Seis de octubre. El domingo de la vida.

El domingo de la existencia no es un día cualquiera. Se cierne sobre él la promesa de un lunes de deberes, cargas y rutina; es como si el tiempo debiera ser modificado en virtud del porvenir, al que llaman así porque no viene nunca, y hubiese una advertencia sobre el anticipo que pide nuestro deber a nuestra ociosidad. Para mí, son días de tardes ocres y de actividades comprimidas, un intento de exprimir su consuelo en paseos lentos, cervezas con fútbol rutinario (no el europeo, el brillante) y lecturas o películas para tratar de arañar unos minutos al sueño y al despertar consciente de la semana y sus tareas. En definitiva, la consciencia de que el tiempo huye y los atardeceres se apagan.

Sin embargo, creo que cuando uno se va haciendo mayor, su sabor, como el de tantas otras cosas, se modifica un tanto. Es agridulce, porque perder una esperanza también puede liberar del afán de tener que defender un futuro improbable. Da más al hoy que a lo siguiente que venga: vacaciones, eventos, fechas señaladas. Otorga la libertad de los antiguos pasos que convergen en mí y la solidez de un sendero que, bien o mal, he recorrido lo mejor que supe, con muchas caídas y tratando de aprender.

También me agrada que sea lo contrario a lo que se supone que debe ser la vida moderna en la sociedad que habito, la de el control, la señal, el presente y la ruina. Un mundo en el que todo está reciclándose constantemente y que se ha construído sobre la permanencia fiel del olvido. Un lugar donde los otros, los proyectos, los trabajos y las ideas se mueven en un baile continuo de abandono y cansancio. Un pasar por un río encabritado tratando de dejar inútilmente una huella en el agua.

De ahí la ansiedad y el ruído, y los ojos exhaustos en la niebla del norte. De ahí el examen continuo de cada día, la citación para el tribunal del hoy en el que nada parece importar cuando se deja atrás. De ahí la renuncia a pelear de tantos en esa arena atroz. Ahí están, raídos y distantes, buscando con sus brazos otros brazos que abrasen y dejar la armadura en esta competición sin fin ni calma.

Quizá eso pueda ser el domingo, el de hoy y el concepto para la existencia. Un tocón donde sentarse y descansar las armas para defender nuestro territorio mañana y mirar con el alma lenta como el tiempo se derrama suave sobre los campos y sobre las antenas y, como hoy en Dundalk, deja el poso de lo que no llegará y ya no importa en un resplandor azulado que muere con el día, antes de prepararnos para conseguir nuestra vida propia, que se llama alegría porque a veces acude y nos ilumina, serena.






miércoles, 2 de octubre de 2019

Korzeniowski. Dos de octubre.

Nació en una familia rebelde y derrotada. En un país que no existía. Aprendió una lengua que debió sustituir por otra cuando huyó para vivir aventuras. De esa época apenas quedan trazas; parece que tuvo una pasión que casi le condujo al suicidio, que trafico con armas y que encontró en el mar el espejo de su pasión. Durante este tiempo aprendió la lengua inglesa. No la abandonaría. Su lenguaje, a la vez ambiguo y preciso combina la pasión por la aventura con la acuciante pregunta acerca de nuestra humanidad, nuestra fragilidad moral y nuestra verdadera naturaleza. Después de servir como capitán de barcos mercantes, se dedicó a escribir. Sus novelas suelen compartir una trama que se entrecruza con la búsqueda interior; quienes somos más allá de todo, de nuestra socialización, del miedo, de la convención y el salvajismo, de lo sublime y lo repugnante. Es como si quisiera ir despojando delicadamente a los personajes y a los lectores de todas esas capas, cada vez más profundas. ¿Habrá algo más allá? Puede que sí y que cambie con nosotros; en cualquier caso, puede que solo sea biología y vacío. Nunca lo sabremos.

Las novelas de Joseph Conrad (ya veis, el también se despojó de su propio nombre, país, ocupación, lengua y destino para reconocerse) son amenas y sombrías. Como la línea de sombra sobre la que tituló una novela magnífica, bordean la luz y la oscuridad en un conflicto moral. Las emociones afloran, pero no son las guías principales de los ojos ávidos de los marinos, viajantes, tenderos, anarquistas o esclavos. Su lucidez les dice que se están entregando a otra forma de vitalidad y que están cambiando, no saben a qué. La mezcla de temor y fascinación que brilla en esos ojos es la nuestra también, como el desconcierto y cierta desesperanza vital. "La vida es una bufonada: esa disposición misteriosa de implacable lógica para un objetivo vano. Lo más que se puede esperar de ella es un cierto conocimiento de uno mismo, que llega demasiado tarde, y una cosecha de remordimientos inextinguible"

Es un hermoso desbarajuste que un noble polaco se convirtiese en uno de los más grandes autores de la literatura universal. Su huella en la cultura es inmensa. Ni hay que hablar de Apocalypse now. Ayer fui a ver Ad astra y me pareció una aventura puramente Conradiana. Y me pareció muy grato sentir el deleite pasado de recordar lecturas apasionantes y frases punzantes como machetes y ambiguas como ecos en desfiladeros ignotos. Hoy, me apetecía escribir acerca de él, para pensar en él, por que escribir, por que leer y tratar de figurarme quienes seríamos en otra vida, otra civilización, en otro mar. Como el mismo escribió, "Creí que era una aventura y en realidad era la vida".

Gracias, señor Conrad. Hoy, que hace frío en la calle, resuenan tambores que parecen llegar de una esquina con un resplandor perverso, y Dundalk se afila en un rumor de olas, temblando ante una explosión de ira y secretamente fascinada con el sabor agrio de la destrucción. Hoy levanto la vista hacia la ría que lame Dundalk en su camino arduo hacia el mar. La desembocadura parece bloqueada por un negro cúmulo de nubes, y el apacible canalizo que conduce a los más remotos rincones de la tierra fluye  sombrío bajo un cielo cubierto que parece conducir hacia el corazón de una inmensa oscuridad.




lunes, 30 de septiembre de 2019

Treinta de septiembre. Mientras vivas, brilla.

Mientras vivas, brilla. No des al pesar la satisfacción de lo inevitable ni ofrendes al desastre que se ensaña en nosotros con estúpido gozo. Recoge desde ahora las rosas de la vida y haz de la bendición un sentido. No te detengas en exceso frente a la rueda de la fortuna; simplemente, disfruta su sol y aprieta los dientes cuando decrete días umbrosos. Sigue el curso del arroyo y no pelees por erigir un pedestal. Ellos, los dioses, no consienten la hubris de quien se cree más amplio que el abismo.

Salta, corre, baila. Ama lo que el destino o tu bravura conquisten contra el atardecer pálido y saborea las derrotas siempre que el honor permita una mirada limpia. Nunca dejes de creer, pero no creas para encerrarte en un mundo en el que seas un rey solitario y nunca contradicho. No te preocupes del coro; sus alabanzas son melifluas y sus ataques, agrios: en cualquier caso, su poder solo estriba en el que tus sentimientos quieran darle, henchidos por tu ambición. Sé libre y se consciente de que eso significa ser el primero en el hermoso peligro de la libertad; las heridas nobles duelen tanto o más que las mezquinas. Y no dejes que la apariencia o el espejo creen un conjuro aciago y embriagador que te convence de que eres demasiado bueno para morir o sufrir. De otra forma, te enterrarán en un dí lluvioso y olvidado pronto, en un inmenso manto raído de arrogancia.

Mientras vivas, brilla, y no dejes de brillar contra la línea que se pierde en un horizonte auspicioso como el que hoy se despliega contra las colinas de Dundalk, dejando una lamina de oro contra las nubes oscuras y dotando de oro su broche que se apagará pronto y hasta un tiempo muy lejano, cuando despertemos.




martes, 3 de septiembre de 2019

Un espejo roto: Resistencia.03/09/2019


Un peón

No he sido nunca un héroe. Me han empujado
A un centro del tablero cruel y vano
De amenazas y temores pleno. Sé que no llegaré a la octava
Pero resisto a la codicia y la crueldad.
Las torres agresoras, los taimados caballos,
Y acabar en el baile desatado
De la furia de unos reyes ingratos.
Debería huir. Pero aquí hablo.
















Don Quijote


¿Acaso ha sido el horizonte herido
Por el conjuro de algún nigromante poderoso?
Los palacios, el honor, las doncellas, el oro
De la edad antigua, el caballero…que han sido frente
Al cielo de La Mancha. Por qué la herrumbre lo ha vestido todo.

Mis huesos de anciano están molidos
Y cosecho el desprecio de los otros. No sé qué es lo que llama,
Que me impulsa
A aventar mañana el pulso de mi gozo.

Duerme en el rincón mi adarga bendecida
Y mañana volveré a retar lo real y lo otro. 



El reloj

Lucho con insistencia contra lo invencible.
La falta de esperanza puso en marcha mis ruedas
Y sin embargo, así lo he decidido:
Tú podrás ser el arco de mi flecha. 



Quien fue nadie

Tú nunca oíste aventar en el campo
El látigo con que nos marcaron,
El canto con el que subimos
Y el sol en el que nos crucificaron. Si hubo alguien que oyó,
Quizá lo sepa un día. Hoy solo hay tierra y sol
Y el eco cansado de una voz
Que sigue sangrando y llora
Hasta que despertemos.

Algún día...



El soldado del Somme

Nuestros padres mintieron.
Nuestra juventud también lo hizo.
Hoy nacen crueles los arbustos
En el altar absurdo de mi sacrificio. 

Algún día, alguien
Nos conocerá y quizá evite otra siega de sangre
Y quizá no haya nadie que mañana le dispare. 



El despreciado

Ríen las calles con rencor cristalino
Las plazas tuercen la cara cuando aparezco,
El despreciado, el solo, el que nunca descansa
Y a que vivir, que alquimia
Mantiene los lazos con la vida
De este muñeco que solo piensa en crepitar
En lujurias de odio y desprecio sobre su cuerpo mustio
Para que la ciudad se envanezca de su altura.

No sé qué afecto persigo, denegado
Del ansia y del amor de la ciudad
Con el hierro candente del condenado. Y mañana seguiré saliendo
Para que otros escupan lo que dicen que merezco. 



El aspirante a poeta menor

No has sido, lector, afortunado. No has topado
Con la música y el oro de los maestros
Ni la profundidad ni las imágenes explosivas
Que encierran el bello veneno
De la poesía.

No sé por qué me afano y me desvelo
Por parecer que tengo… y que sería
Entre los claxon y los mercados de valores
Y la estupidez que impone sus mentiras. He de seguir haciéndolo
Mientras el tiempo lo permita. Y caminar sereno hacia el inevitable olvido
En la barca de Caronte y sus remos de guía,
Hacia la tierra donde nunca es de noche
Ni las palabras importan. Que así sea.

Resisto tanto como puede mi espina.



La voz del desierto

Ve y atrapa una estrella fugaz.
Estira ante tus ojos el segundo.
Vibra con furia la espina dorsal
Del cosmos. Sé un vagabundo

Estelar, entre jardines de luz de luna.
Desgasta las formas en acrobacias de ironía.
Recoge el fruto incierto de la espuma
Sumérgete al fondo de la melancolía.

Abre las capillas del remordimiento
Y deja que el aire fresco remueva sus papeles
Besa a tus días y suplica al viento
Que su inexacto rumbo florezca tus pinceles.

Guarda silencio ante la espina altiva
Que esconde su savia de amargura y ocaso
No mires atrás. Crece en cualquier esquina
Un santuario de roca frente al desamparo.

Cabalga la galerna en un recuerdo amargo
Y domeña en las alturas al dragón de la belleza.
Franquea cordilleras bajo un cielo cobalto
Y honra el mausoleo en quietud de la tristeza.

No pierdas el rostro a lo mezquino y bajo
Y ofrece tu espada para luchar sin miedo
Surca con brío y audacia el río oscuro y bravo
Nunca confundas lo cierto con lo verdadero.

Entre las ondas del lago, oye el susurro de la magia
Invierte las horas en descubrir lo oculto
Viaja a mercados de especias y fragancias
Sabe recordar cuando solo quede humo.

Y al fin, escala un día al escarpado risco
Que será tu fin; Contempla tu obra
Suspira por todo lo que se fue y no vino
No dejes que las lágrimas recorran

Surcos de rabia. Como el mercader avezado
Sabe esperar entre reveses a tu suerte
Y no pierdas de vista que este escueto paso
Es una intermitencia grata entre dos muertes.

Aprende a alabar con decisión. Despeja la ira.
Mira las nubes. Siéntate bajo un olmo. Olvida.
Abraza a quien se busca. Madura con la espiga.
Asciende, acepta, huye, llora, ama.

Al fin, respira...