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domingo, 30 de noviembre de 2025

Saturnal.30/11.

Volvía a casa y hacía frío. Ya había caído la noche sobre el crepúsculo de rosados dedos hacía unas horas. La luna creciente inclinada de forma leve. El silencio en la calle sobre los raíles brillantes, iluminados por las farolas distantes. El tiempo inmóvil, despertando con el ruido de pasos.

Miraba un punto breve, que no titilaba, bajo la media luna. No podía ver más estrellas, ahogadas por la luz de la ciudad. Su presencia, como una peca de la noche, era gozosa y algo extraña, inesperada. Mientras me apresuraba contra el frío, iba mirando su lejanía indiferente casi con envidia. El fulgor inasible de los objetos celestes provee de consuelo a los soñadores, imagino. Nos ahoga la luz concreta.

Quise ver qué veía en concreto. Saturno. Símbolo de la Estructura, la responsabilidad, la disciplina, temible padre del tiempo que nos lleva como briznas mientras permanece en su trono nocturno, influencia letal en la melancolía humana, oh genio astral que me mirabas ayer impasible cómo has contemplado todas las generaciones humanas y mucho antes. No sé qué serías si nadie te mirase, porque yo atravieso una crisis infantil desde que nací pensando que nadie hay más allá de mí que me mira. 

No sé si te veré de nuevo hoy en mi silencio, atravesando nubes y meteoros, contra mi ventana o acompañado por la brisa. Acaso no rijas la noche hoy y el cielo sea otro y no te encuentre. Pero ayer, padre eterno, te miraba, sobre las sombras de los edificios y el rumor de las aguas y los jirones de nubes y entonces llegué a un lugar que no tiene mi afecto pero desde la ventana aún seguías presente y ellos, compartido por millones de seres y que ha ocurrido incontables veces dio peso y vigor a la noche y aún hoy, en las ondas del recuerdo hace que todo cambie. No aspiro a mistificar la impotencia del espíritu con la inocencia del corazón. No obstante, basta a veces una estrella para derribar cualquier muro, oh tiempo vacío y apegado a la tierra.

viernes, 21 de noviembre de 2025

Sin título. 21/11.

Hay lugares donde la ceniza no aposentará,

Los reinos del recuerdo y la esperanza.

La soledad poblé de soles y de juego

Como si la dulzura de su gesto cándido

Fuera a volverse de carne y cielo un día.


Desde mi infancia, comiendo con los ojos

Las hazañas y anhelos de héroes incansables,

Despierto bajo las mantas que cobijaban sueños,

Quise evocar su bravura y sufrir su destino,

El desdén de aquellos que en silencio los temen.

Cabalgué contra el maligno entre valles y montes

Hacia muros oscuros que estremecen la vista

Para pugnar orgulloso y airado por justicia,

Contra la voluntad irrompible de su fulgor perverso.

Entre aguas negras avancé afanoso, aunque sabía

Que los signos habían sido conjurados.

Adversos y temibles sacudían mis ojos:

Las ondas que su alazán acariciaban

Eran frente a mí centellas y puñales. 

Derrotado sin duda, pero nunca vencido

Fui arrastrado por las aguas de la mar profunda.

Curado por la fe, alzado por afectos

Y dado por el sol la luz de un nuevo día.


Las heridas no curan, son una deuda abierta

Contra el tiempo otorgado y cobran piel y fuerzas.

Mi juventud, como un jardín de otoño, débil y silencioso

Esperaba jornadas de más brillo y bravura

Que en el futuro dieran belleza a mis recuerdos.

Caminé contra el sol, buscando aquella fuente

Que nos da más luz, más tiempo, más enigma

Y acaso una epopeya que valga el resto de los días.

Era pedregoso el camino que más allá llegaba

Y han dado mis huesos contra sardónicas piedras.


Hay una incomprensión en toda luz,

Que presta forma sin tenerla ella misma

Al mundo que revela, acaso con engaños.

Caminé colinas, oquedades, sombras

Encontré el enojo, la soledad, la culpa

Y abundante gente, que era igual a la otra.


Hoy cada día levanta la fatiga y apenas hay belleza

Aunque la del recuerdo a veces sirve para apurar el rato

Con la inherente inconsciencia que provoca estar vivo,

Un estado fugaz que tomamos eterno hasta que nos rompemos,

Y el asombro cansado de la verdad en ruinas

Frente al ocaso prematuro que agita los fantasmas.


Deseo no perder el reino antiguo, aquel mismo por el hada tocado

Cuyo brillo no se ensombrece ni sacia

Y aún buscar, en el tiempo que queda

El filo de la mañana filtrándose en el alba.


Vivo en un mundo que lo perdona todo

Salvo la belleza, la virtud y el coraje;

Hubiera querido ser deudor del rencor de los otros,

De aquellos que pretenden que la vida les debe

Y han de pagarse sometiendo a los otros en sus jaulas innobles.

Pero tampoco puedo hacerlo, perdido en el fracaso

En la mediocridad reinante, en el errante paso del cometa Olvido.

Fracaso de no aprender de mí, de haber roto el empeño 

De no saber quién soy y haberme dejado ser cualquiera.


Quizá ya es tarde, pero aún siento a veces

Que el maligno, la fuente, siguen esperando

En otras formas puras que dispone la magia:

Un ángel, en el bosque un claro, una mirada,

La espada del porvenir, una voz que despierta

O la seda profunda que envuelve los encuentros.


Fracaso de no saberme ni entender…

Mas si supiera llegar a ser quien soy

Todo habría cambiado, los muros del maligno hoy serían escombros

Y la fuente manaría fresca y pura por entre caminos del bosque

Que sólo yo conocería.


Vuelvo con la adarga al brazo y preparo las vidas

Aquellas en que fui y la que me tienta ahora.

Vuelvo al campo y repito sin importarme nada,

De tu alma depende que amanezca

Y que una sombra amable cubra tus angustias

Y haga un vergel ameno, que anega de esperanza las dunas.


Si supiera llegar a ser quien soy

Y alimentar de brío lo que dejé caer

Traería al hoy la ilusión del ayer

Y con el filo blanco del lucero al alba

Sabría rescatarla furioso de las garras del frío.




domingo, 16 de noviembre de 2025

Un año luz.16.11.25.

A la distancia de un año luz ha llegado la sonda Voyager I después de su fatigoso avanzar por el silencio. Para llegar allí ha navegado 48 años. Querría imaginar que ha contemplado las maravillas inefables del Cosmos, aquellas que alimentaron mi imaginación cuando niño. Deseaba ser astrónomo. Después, algo pasó. Nunca he sabido qué fue y ya no me quedan fuerzas para lamentarlo más. También fui lanzado a una senda oscura y he llegado tarde a cada momento de mi vida.

No creo que existan extraterrestres tan cerca en el tiempo y en el espacio para que podamos encontrarlos, pero es hermoso tratar de lanzar una botella a una esperanza precaria. La única salvación de los vencidos es no esperar ninguna salvación. Ojalá la conciencia del Universo, el alma del mundo, lograsen alcanzar la insensata vida agitada de un minúsculo punto azulado.

Sí, ella pasa y no puede ya mirar atrás, porque nos hemos perdido. Seguirá sin miedo ni esperanza y al final llegará al mismo punto al que lo haremos todos: allí donde nos esperan. Sólo desearía poder estar allí, lejos de todo, flotando en una nada en duermevela, sin sentirme herido y deseando que mi yo se diluyese entre la miríada de estrellas desconocidas para aniquilarse, ya marchito. 

Continua, Voyager. Con tu avanzar errante y valeroso, canta al fracaso humano en un éxtasis de tristeza. Un año luz ya...oh tierra del olvido, ¿dónde está tu victoria?




domingo, 9 de noviembre de 2025

La prisión interior

 Leía "Teseo", de André Gide, y

Tenían la impresión, me confesaron posteriormente, de haber abandonado una cumbre de beautitud para adentrarse en un angosto y oscuro valle, regresando cada uno a su prisión interior, de donde les sería ya imposible escapar.


Leer esa frase ha hecho resonar un enérgico eco en mí. También siento esa asfixia, una prisión interior. Es una cárcel con muros de culpa, arrepentimiento, tedio y costumbre, abandono de los dias. Y cuando encuentro a gente, veo compañeros presos o guardias.

Los días pasan inasibles. No hay eco ni ancla; solo un vacío salpicado de ansiedad por encontrar "experiencias". Yo también lo hago, como si deseara creer que en ello existe una verdad que merezca la pena. Sé que es otra cadena, pero al menos, me ofrece un licor de olvido que es grato...aunque al cesar, apriete la cadena. He visto cómo los otros sufren también. No obstante, todos parecemos sombras encadenadas en una bruma alba, lejos del cielo. El tiempo pasa sin tregua y no socorre de la angustia y el miedo que crecen en las aceras como flores malditas. 

Me he convertido en una ruina vigilada por un centinela implacable: la certeza de mi propia mediocridad elegida. Mi condena es la absoluta lucidez de mi incapacidad para perdonar al yo cobarde que se instaló en la comodidad de la derrota. Solo queda el deseo visceral de que algo, o alguien, venga y queme los puentes que aún me unen a la llanura al otro lado del abismo, porque yo mismo me niego a quebrar esta jaula que he aprendido a llamar hogar. No deseo los paraísos artificiales, ni goces baratos. Deseo escalar la cumbre del espíritu, pero me falta arrojo para emprenderla.

En la prisión de los días, del yo, del tiempo, de la esperanza frustrada y la que se niega a dejar de nacer, en la del deseo, la del honor y la gloria, la prisión de los días iguales y la del desprecio de los otros, la de la destrucción y la de la paz rota, paso mi breve tiempo, sin saber cómo romperla y hacerlo para no romperme. Entre sus muros caben el pasar animoso de las aguas de la mar y del río, el rayo de sol furtivo entre jirones de nubes, el surco de las aves en el cielo y los rumores informes de calles y humos levantados contra la melancolía de un atardecer de invierno. Hoy es hermoso. Hoy tampoco habrá una salida. Voy en mi propia cárcel de dentro mientras percibo que nada hay real afuera, que es todo mi pensamiento y que no puede dejar de serlo y nada más, y entonces me siento más sombra, más duda y más nada, huérfano de gracia y sigo caminando contra un mar infinito y blanco desde una playa nubosa y triste, como dentro de un sueño.




miércoles, 29 de octubre de 2025

Podría (nec spe nec metu). 29 de noviembre, 2025.

Podría agarrarme a un jirón de cielo

Como a una cometa audaz y sinuosa

Y buscar entre sus alas de nube vaporosa

Un lugar allende el mar y no volver de nuevo.


Podría ser feliz bajo la corriente de las aguas

Sin cesar de recorrer la espalda de las olas,

Amanecer con el silencio de la mar a solas

Y aprender sin temor el temblor de su magia.


Podría sonreír en la oscuridad de la tierra

Telúrico y protegido entre rocas vibrantes

Y dormir mil años prodigios de diamante 

Para despertar brillante con mis nuevas fuerzas.


Podría flotar en galaxias errantes

Ingrávido y solo, despojado del peso

Sin ya más culpa, sin ya remordimiento 

Y sonreír sin velo a las estrellas distantes.


Podría escapar del hastío y la usura

De días tenebrosos que matan despacio 

Con una gota de luz o un silencio extraño

Encendiendo mis ojos a una verdad más pura.


Podría también apagarme en mi danza

Solitaria hasta el fin, de luz desvanecido

En nevadas tierras de borrados caminos,

Convertido en reflejo, sin miedo ni esperanza.




viernes, 24 de octubre de 2025

For the love of a lousy buck, I've watched them die. 24/10/25.

Cuando el mundo era joven todavía, ni la envidia ni la codicia despertaban iras o quebranto. Era aquel un mundo en el que el espíritu dejaba un rastro noble y libre en la forma en que la singularidad se adaptaba a la complejidad. En un orbe tan bello, el dinero era un bien estimado, mas nunca adorado.

Y como ese mundo nunca ha existido y el dominio, el rencor y la mezquindad son parte de la naturaleza humana, nunca el ser humano parece haber sido capaz de elevar su dignidad por encima de la hacienda.

Pero es que hoy vivimos en un panóptico sin privacidad y todos los vicios están a la vista de cualquiera. La fortuna lleva siendo borracha y antojadiza desde que estamos vinculados a la necesidad; quiero decir, desde siempre. Pero quiero creer que existían razones más altas, no siempre, no en todo lugar, pero sí en jardines efímeros. Ojalá hoy aún sean posibles. Uno piensa que la semilla de la corrupción, la decadencia y la avidez son todo lo que existe. La falta de dignidad colectiva con el dinero es sobrecogedora.

Ni entro en "la política", que no es digna de tal nombre, sino partidismo turbio. No quiero escrutar lo que dicen que es un mercado libre y es un bazar tenebroso de colegueos abyectos. Es que nada está iluminado. Me gusta el deporte, como una narración espontánea que nos permite olvidarnos un poco de nosotros. No puedo fingir que me lo crea del todo, cada vez menos. Pero cuando uno ve que sus códigos y su moral son los mismos...(aunque, ¿de qué otra forma podrían ser?) hay una sensación más desoladora que anega el alma de amargura: aquella que nace cuando nos volvemos a convencer de que no hay manera de escapar. Hemos tenido lo de la Operación Puerto, lo de Negreira, lo de la NBA y la Mafia ahora mismo, lo del mundial de Qatar. Yira, yira, que canta el tango...

La noche cae repentinamente, el bullicio se extenderá hasta que los tonos azulados del cielo cierren su telón oscuro. Quienes están solos, lo estarán largo tiempo. La mar oscila silente sobre tierra cansada y los pájaros surcan todos los rumbos acaso en busca de una alborada que no llegará pronto.

"I've seen thousands who could have overcome the darkness / For the love of a lousy buck, I've watched them die..."

Y la voz de Dylan, rasgada como un profeta airado trae en cuatro acordes y la verdad si mensaje robusto: No podemos hacer nada. No sabemos. Pero al final, hasta la pena cesa, hasta el dolor cesa y nunca es demasiado tarde para aprender a decir que no ante el enésimo sugestivo hechizo de la plata. Para saber que aunque la guerra está perdida siempre hay espacio para darse el gusto de ganar una pequeña batalla.




martes, 21 de octubre de 2025

Extrañeza y peso. 21 de octubre.

La extrañeza de la vida, de cualquier vida, de la abstracta existencia, me golpea como una pregunta sin respuesta y con eco interrogativo inacabable.

Elegí la vida anchurosa y sin raíces. Se hace tarde y sólo resta que el tiempo me lleve y desde allí, seguir siendo un extraño a un mundo que no es mío, un cielo que no me protege y un mar que no sonríe ni muestra sus secretos sin fin. Supongo que me perdí; el camino era muy oscuro.

Hay un velo de perplejidad posado sobre las cosas cuando las vemos tal cual son, creo, despojadas de otros disfraces de costumbre, anhelo, temor o reverencia. Sobre mi ventana veo como en una pintura deslavazada grúas, gorriones y gaviotas, muros ocres y una capa de nubes grisáceas. Me evoca la espesura de un sueño y la lucidez exhausta de la agonía. Pasarán siglos y habrá otras ventanas, otros muros, otros hierros y la templanza de las nubes. Quizá exista gente, y esa gente continuará mirando en ocasiones los paisajes; acaso nadie quede para contemplar. En otros soles habrá otros mundos, puede que en algunos alboree la chispa de una conciencia y quien sabe si a veces no sé llenará de asombro pensando que todo lo que ve es nada, como ahora me parece. Es interesante como la realidad es tan dúctil y maleable a un estado de ánimo, o quizá también esto sea una ilusión.

No sé si los solitarios somos más proclives a esta sensación súbita de indiferencia agotada. Habitante de un extranjero perpetuo, perdido el aroma del hogar y con nostalgia irrevocable. Vagabundo contra la multitud, deseando un aislamiento sin fin, allá donde el rumor de la naturaleza o las avenidas vacías ofrecen un alivio al alma: la ilusión de la fuga. Creo que es porque hay una imagen de un mundo propio que nos fue arrebatado, cuando niños o no sé cuándo y ahora vagamos frente a un velo de bruma, como si caminasemos en una playa del norte al atardecer, mientras cae una cortina de lluvia que difumina el horizonte y nosotros miramos y somos siluetas también difusas y todo se llena de pesadez y humo como dentro de un sueño.

Eso es todo. La vida pesa y los días pasan, cada vez hay más noche y el río pasa en silencio una travesía de oscuridad, desaparecido hasta el alba, las luces titilan con gravedad y lentitud y uno nunca se acaba de acostumbrar a una ciudad, sus muros, la angustia y la euforia,sus ecos y latidos, las costumbres aprendidas y las afinidades electivas bajo la inmensa extrañeza de un cielo que no es y nunca será el tuyo.