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martes, 30 de diciembre de 2025

Otro más, poema de los dones. 30 de diciembre de 2025.

Los libros, portones del enigma. La comida en el plato cada día. La luz del otoño. Pensar en nada. Aprender. El deporte y su euforia inducida y a veces real. Escribir. Aceptar y apretar los dientes. La inocencia. Los cajones olvidados. Cada despertar. Las bufandas. El sexo y su viaje más allá de uno mismo. Las cumbres de las montañas. La historia antigua. Las tonterías repetidas como signos de la amistad. La esperanza. Volver. También irse. Los armarios. El coraje. La duda fecunda. El poniente, mezcla de lo real y el sueño. El enigma del tiempo. La soledad. Vivir en la verdad. La fruta. La hora dorada que pasa desapercibida pero acompaña. El silencio. La justa ira. Los viajes soñados a reinos inexistentes. La razón, palacio de cristales líquidos. Perder y volver a arriesgar. La imaginación. El fulgor del desierto. Las enumeraciones. La constancia, esquiva y generosa. La religión que sirve a alguien como verdadera consolación del inexorable aislamiento del hombre. La aventura y su hermano menor, el juego. Los que nacen. Las carreteras. La libertad y su precipicio temible. Los otros, el verdadero espejo. La nobleza. Una salus victis nullam sperare salutem. La compañía. Los techos amables. El olvido, única venganza y único perdón. La selva. La ecuanimidad, refugio del individuo. La mujer y el hombre. Los lenguajes de la gente.  El respeto. La sombra de la luz y la mística universal. Los arroyos. La ilusión del yo y su derogación alternativamente. La nieve. La amabilidad de los desconocidos. Los chistes malos. La confianza. El amor, alfa y omega. La forma de las manos. El cuerpo femenino. La ilusión que precede a la suerte. La voluntad de vivir. El chocolate con churros. La compasión. La matemática. Los desafíos. Los monumentos. La memoria de Frances Haslam, la abuela de Borges que pidió perdón a sus hijos por morir tan despacio. La buena fe. La frugalidad y sus ocasionales excepciones. Las nubes. El mundo de las ideas y la plausible inmortalidad del alma. El agua corriente. Los animales. La medicina. La doctrina del axiarquismo. La ternura. Las canciones pasadas de moda. El rocío de las mañanas. Las cicatrices curadas. El surrealismo incomparable de los sueños. Las discusiones. La fragilidad consciente. La conciencia. El orgullo de resolver un problema. La camaradería. Las murallas. La fantasía. El orden espontáneo. Los actos buenos de la inmensa mayoría. La comprensión. La caricia del sol. La sensatez. Los árboles y sus sombras, y sus formas. Los defectos acostumbrados de los seres queridos. Las playas. El perdón. El calor y el frío. La nostalgia generosa. Los ritos sagrados de cada vida individual. El petricor. La risa contagiosa. El deseo voraz de que todos estaremos aquí de nuevo.






miércoles, 24 de diciembre de 2025

Cuento de navidad. Nochebuena, 2025.

Supongo que estas eran las navidades futuras, se dijo, girando lentamente la cucharilla en la taza. La pared ocre apuntalaba la agonía de un calendario y la lámina decaída de una calle de París, allá en los tiempos felices. Los cajones de la cocina, la mesa, lámparas mortecinas que suplían la mañana tediosa que no deseaba nacer.

Miro enfrente, hacia la nada. Una ventana gris daba al patio y a la cuerda de la ropa. Vio sus recuerdos mientras lloraba por dentro. Los ojos tienen su propia tristeza y no derramaron lágrimas. Es extraño, pensaba, di por hecho el rito del encuentro cuando no supe merecerlo y hoy que lo trabajo, no obtengo frutos. Así es la vida... cuando se atesora algo sin saber que es fugaz, ha de darse luego sin obtener nada a cambio. Y mientras discurría en la soledad de su cocina, la mañana fue llenando de blancura el aire en torno. Era hora de comenzar otro día. Otra vuelta a una rueda indiferente con indolencia y tratar de remitir los estragos de la soledad y la carga de su tristeza.

Así que fue a la ducha, cantó, dió un paseo y fue a las tiendas para darse un festín y tener su regalo. Las luces y las caras, si no alegría, le dieron coraje. Volvió y terminó de decorar el árbol. Buscó trabajo en un portal online y se dijo que hoy trataría de no odiarse. Seleccionó algunas canciones suaves que le acompañasen mientras descansaba tratando de encontrar la paz y la serenidad esquivas que muestran el lado oculto y fructífero del mundo oscuro.

Pasó la tarde mirando fotos de un álbum maldito. El dolor dió paso a un estado de serenidad que aquietó la luz de un atardecer tenue, sin miedo ni esperanza. Breves lágrimas asomaron a sus ojos, pero no eran de amargura; de alguna manera los recuerdos dispersos formaban una historia que hablaba de gratitud y de sorpresa grata por haber logrado llevar una vida llena de momentos ajenos a la ruina y al deterioro de todas las cosas, tan inexorable como el ciclo perpetuo de las noches y los días. Se descubrió sonriendo mientras pasaba las páginas del álbum. Nada había sido entregado a la nada. Todo estaba en él y estaría siempre. Y ese sentimiento súbito la anegó como una oleada de alegría irresistible. Cubría sus secretos ocultos, la vergüenza insensata y recurrente, el arrepentimiento punzante y la iluminación de las mentiras que había construido para proteger su vida; ahora eran muros coronados de cristales rotos que hacían más jirones que cualquier error pasado. Las contempló y dejo de odiarlas, pero no podía respetarlas ya. El autodesprecio no era un recurso ya: todo estaba perdonado.

Miró a su alrededor: mientras los pensamientos y los sentimientos formaban su torrente tumultuoso, había puesto la mesa y preparado todo. Vio el mantel de gala, las servilletas finas, los vasos pulidos y los platos de gala. Puso vino en su copa y apuró en sus labios el cáliz de la tristeza, pero también de la aceptación sabía. Sonrió y suspiró. Feliz navidad, susurró más tarde, y mientras una luz cálida agotaba la estancia y voces de sus ángeles pasados alimentaban su alegría, se quedó dormida...

Feliz navidad, pareció susurrar una brisa leve y después la sala se llenó amorosamente de un silencio completo de si mismo en plenitud y armonía, mientras las estrellas poblaban la ventana y rumores de alegría que no podría oír iluminaban una noche más con los ecos silentes de fuentes invisibles e inagotables, hasta cambiarlo todo.




jueves, 11 de diciembre de 2025

Mi pedrada (no muy original). Once de diciembre.

He tenido una revelación hace un rato. No llega a epifanía porque es un tanto obvio y ha sido dicho ya muchas veces. Sin embargo, diré que vi más allá del cielo una danza llameante del universo mientras tanto. Por dar empaque. En fin, a lo que voy: somos criaturas conformadas por nuestro lenguaje.

Vivimos en un mundo lingüístico, incapaces de liberar la realidad de una representación inevitablemente limitada. Somos criaturas de cambio constante y sensaciones inefables que tratamos de cercar con palabras. Aunque dichas palabras son inexactas, permiten confirmar la realidad compartida con las demás criaturas. Más allá de los límites de la gramática yacen los resquicios de la propia naturaleza de la verdad. Allí se mueven los turbios ejes que consiguen la derogación de la permanencia en un devenir inexorable. Allá también nacen las misteriosas formas del tiempo.

No creo, según mi experiencia mística, equiparable a recibir una pedrada en la frente y quedarse picueto, que vivamos en un mundo físico de naturaleza y realidad independiente y absoluta, sino en un mundo lingüístico. Existe una verdad lejana, pero sólo nuestro lenguaje puede despertarla. Cuando el lenguaje flaquea, la realidad nos aparece brumosa. La capacidad expresiva no sólo limita lo decible, sino también lo que podemos concebir como significativo. Lo real podría conformar múltiples dimensiones ocultas, puesto que sólo las que podemos nombrar forman parte de nuestro universo cognitivo. En definitiva, tenemos una relación hermenéutica con lo que creemos real. Sólo interpretamos a través de palabras. De esto se seguiría que tenemos una mente que dirige la supervivencia y replicación de individuos que a su vez son repositorios de material genético, lo único que importa. El cerebro es una sofisticada maquinaria de supervivencia y sólo necesita recoger de lo externo lo que fortalece, lo que debilita y lo que mata. Todo lo demás es distracción y ruido.

¿Es concebible, quiero decir, interpretable, quiero decir defendible que entonces, acaso, los conceptos sean creados por la mente y a la vez, de algún modo, la moldeen? No tengo ni idea. Mi revelación no mencionó nada de eso.

Es verdad que siempre me ha parecido muy interesante. Siempre me llamó la atención la existencia del lenguaje performativo, aquel que crea la realidad que nombra y que el lenguaje jurídico adoptó del religioso ¿Cómo se llegaría a un concepto así desde el mito? "Seréis como Dioses". 

También me preocupa el uso y abuso de propaganda y la extensión de la mentira y la mistificación del lenguaje, porque de alguna forma hace la realidad más asfixiante y estrecha. Lo que se puede decir, existe, en algún plano de realidad. La propaganda no crea lo que nombra, pero moldea el resto hacia ello. Y es peligroso.

En fin, esa fue la idea que me pasó por la cabeza antes. No es original, no es muy sofisticada y no la sé expresar muy bien. ¿Pero cómo podría haber visto el cielo rosado de la aurora esta mañana y reducirlo a palabras, metáforas y analogías y sentir que alguien podría imaginarlo? La noche cayó (y calló) ya hace un rato. Las luces no se elevan y las nubes ocultan las estrellas. Quizá más allá de todo lo que somos capaces de concebir hay una forma superior de sabiduría que pueda prescindir de los signos. Sin ellos, hoy nos sentimos como en un callejón sin salida, allá donde lo que no se puede decir se estrella contra la oscuridad y una penumbra especial atrae a los fascinados ojos. Y quizá más allá de esa llanura inmensa existe una forma de verdad simple y amable que sólo se puede ver en los ojos del silencio, desterrada la conciencia por la depredación de conceptos ajenos. 

Mientras acabo de escribir, el amanecer de hoy sigue ahí en algún rincón del recuerdo. Y nada de lo anterior puede hacer nada por compartirlo, y que la sensación es única e inexpresable, que se queda adentro y no puede ser comprendida plenamente por otros, porque somos criaturas lejanas y porque la única aproximación a la verdad es el silencio.





domingo, 7 de diciembre de 2025

Un rayo de sol (monólogo teatral). Siete de diciembre.

He querido crear un monólogo teatral. Allá va:


Amo la vida con pasión; mas mi vida propia me resulta insignificante, sombría, pesarosa. No me importa confesarlo porque he observado que a la mayoría le ocurre lo mismo.

Hay una imagen de Chéjov muy poderosa que expresa este sentimiento: el de un rayo de sol que podría iluminar parajes hermosos pero se encuentra en el fondo de un pozo.

Con su genio, refleja bien mi horizonte cuando me levanto en la mañana. Sé que dentro de mí tengo algo genuino, cálido, vibrante, energía e impulso. Pero luego pasan las horas y me cubren a su alrededor, y siento el profundo peso ,frío y húmedo. Es esa luz que se ahoga contra paredes de piedra. Sólo ilumino mi propia insignificancia. Es una sensación de inutilidad aplastante: saber que acaso podrías calentar un campo entero, pero tu destino es languidecer en un rincón oscuro. Desconozco si podría llegar a tener talento. La falta de voluntad para atreverme a intentarlo ahoga. Sin espacio para subir, sin nadie que mire hacia abajo para ver la pequeña brizna de oro atrapada, me consuelo pensando que tal vez haya un sentido oculto.

La conciencia parece ser un regalo envenenado. El dolor sería soportable si yo no supiera ahora lo que no supe entonces. Pero sé que nada cambia nunca. Me veo encadenado a un ciclo sin fin de abandono y hastío. No es simple tristeza; es melancolía densa nacida de la contradicción. Deseo ascender a algo mejor pero toda mi energía se disipa chocando contra los barrotes de mi rutina o de mis miedos. Solo me queda engañarme y pretender brillar para mí mismo, un espectáculo privado de supervivencia, hasta que la noche (o el día siguiente) me devuelve al mismo lugar. Es agotador ser luz en la oscuridad sin poder ofrecerla.

Pasarán más días, otras lluvias y nubes y soles que iluminarán mi rostro como el del mismo hoyo insondable por donde muere la luz. De pronto, en un momento, una voz interior preguntará "¿Qué es lo que tienes para ofrecernos?", y otra voz que saldrá de mí sin yo reconocerla responderá que he sufrido y he padecido amargura y que los pobres frutos no han recibido ternura del agua ni comprensión de la luz. Después, será el silencio. 






domingo, 30 de noviembre de 2025

Saturnal.30/11.

Volvía a casa y hacía frío. Ya había caído la noche sobre el crepúsculo de rosados dedos hacía unas horas. La luna creciente inclinada de forma leve. El silencio en la calle sobre los raíles brillantes, iluminados por las farolas distantes. El tiempo inmóvil, despertando con el ruido de pasos.

Miraba un punto breve, que no titilaba, bajo la media luna. No podía ver más estrellas, ahogadas por la luz de la ciudad. Su presencia, como una peca de la noche, era gozosa y algo extraña, inesperada. Mientras me apresuraba contra el frío, iba mirando su lejanía indiferente casi con envidia. El fulgor inasible de los objetos celestes provee de consuelo a los soñadores, imagino. Nos ahoga la luz concreta.

Quise ver qué veía en concreto. Saturno. Símbolo de la Estructura, la responsabilidad, la disciplina, temible padre del tiempo que nos lleva como briznas mientras permanece en su trono nocturno, influencia letal en la melancolía humana, oh genio astral que me mirabas ayer impasible cómo has contemplado todas las generaciones humanas y mucho antes. No sé qué serías si nadie te mirase, porque yo atravieso una crisis infantil desde que nací pensando que nadie hay más allá de mí que me mira. 

No sé si te veré de nuevo hoy en mi silencio, atravesando nubes y meteoros, contra mi ventana o acompañado por la brisa. Acaso no rijas la noche hoy y el cielo sea otro y no te encuentre. Pero ayer, padre eterno, te miraba, sobre las sombras de los edificios y el rumor de las aguas y los jirones de nubes y entonces llegué a un lugar que no tiene mi afecto pero desde la ventana aún seguías presente y ellos, compartido por millones de seres y que ha ocurrido incontables veces dio peso y vigor a la noche y aún hoy, en las ondas del recuerdo hace que todo cambie. No aspiro a mistificar la impotencia del espíritu con la inocencia del corazón. No obstante, basta a veces una estrella para derribar cualquier muro, oh tiempo vacío y apegado a la tierra.

viernes, 21 de noviembre de 2025

Sin título. 21/11.

Hay lugares donde la ceniza no aposentará,

Los reinos del recuerdo y la esperanza.

La soledad poblé de soles y de juego

Como si la dulzura de su gesto cándido

Fuera a volverse de carne y cielo un día.


Desde mi infancia, comiendo con los ojos

Las hazañas y anhelos de héroes incansables,

Despierto bajo las mantas que cobijaban sueños,

Quise evocar su bravura y sufrir su destino,

El desdén de aquellos que en silencio los temen.

Cabalgué contra el maligno entre valles y montes

Hacia muros oscuros que estremecen la vista

Para pugnar orgulloso y airado por justicia,

Contra la voluntad irrompible de su fulgor perverso.

Entre aguas negras avancé afanoso, aunque sabía

Que los signos habían sido conjurados.

Adversos y temibles sacudían mis ojos:

Las ondas que su alazán acariciaban

Eran frente a mí centellas y puñales. 

Derrotado sin duda, pero nunca vencido

Fui arrastrado por las aguas de la mar profunda.

Curado por la fe, alzado por afectos

Y dado por el sol la luz de un nuevo día.


Las heridas no curan, son una deuda abierta

Contra el tiempo otorgado y cobran piel y fuerzas.

Mi juventud, como un jardín de otoño, débil y silencioso

Esperaba jornadas de más brillo y bravura

Que en el futuro dieran belleza a mis recuerdos.

Caminé contra el sol, buscando aquella fuente

Que nos da más luz, más tiempo, más enigma

Y acaso una epopeya que valga el resto de los días.

Era pedregoso el camino que más allá llegaba

Y han dado mis huesos contra sardónicas piedras.


Hay una incomprensión en toda luz,

Que presta forma sin tenerla ella misma

Al mundo que revela, acaso con engaños.

Caminé colinas, oquedades, sombras

Encontré el enojo, la soledad, la culpa

Y abundante gente, que era igual a la otra.


Hoy cada día levanta la fatiga y apenas hay belleza

Aunque la del recuerdo a veces sirve para apurar el rato

Con la inherente inconsciencia que provoca estar vivo,

Un estado fugaz que tomamos eterno hasta que nos rompemos,

Y el asombro cansado de la verdad en ruinas

Frente al ocaso prematuro que agita los fantasmas.


Deseo no perder el reino antiguo, aquel mismo por el hada tocado

Cuyo brillo no se ensombrece ni sacia

Y aún buscar, en el tiempo que queda

El filo de la mañana filtrándose en el alba.


Vivo en un mundo que lo perdona todo

Salvo la belleza, la virtud y el coraje;

Hubiera querido ser deudor del rencor de los otros,

De aquellos que pretenden que la vida les debe

Y han de pagarse sometiendo a los otros en sus jaulas innobles.

Pero tampoco puedo hacerlo, perdido en el fracaso

En la mediocridad reinante, en el errante paso del cometa Olvido.

Fracaso de no aprender de mí, de haber roto el empeño 

De no saber quién soy y haberme dejado ser cualquiera.


Quizá ya es tarde, pero aún siento a veces

Que el maligno, la fuente, siguen esperando

En otras formas puras que dispone la magia:

Un ángel, en el bosque un claro, una mirada,

La espada del porvenir, una voz que despierta

O la seda profunda que envuelve los encuentros.


Fracaso de no saberme ni entender…

Mas si supiera llegar a ser quien soy

Todo habría cambiado, los muros del maligno hoy serían escombros

Y la fuente manaría fresca y pura por entre caminos del bosque

Que sólo yo conocería.


Vuelvo con la adarga al brazo y preparo las vidas

Aquellas en que fui y la que me tienta ahora.

Vuelvo al campo y repito sin importarme nada,

De tu alma depende que amanezca

Y que una sombra amable cubra tus angustias

Y haga un vergel ameno, que anega de esperanza las dunas.


Si supiera llegar a ser quien soy

Y alimentar de brío lo que dejé caer

Traería al hoy la ilusión del ayer

Y con el filo blanco del lucero al alba

Sabría rescatarla furioso de las garras del frío.




domingo, 16 de noviembre de 2025

Un año luz.16.11.25.

A la distancia de un año luz ha llegado la sonda Voyager I después de su fatigoso avanzar por el silencio. Para llegar allí ha navegado 48 años. Querría imaginar que ha contemplado las maravillas inefables del Cosmos, aquellas que alimentaron mi imaginación cuando niño. Deseaba ser astrónomo. Después, algo pasó. Nunca he sabido qué fue y ya no me quedan fuerzas para lamentarlo más. También fui lanzado a una senda oscura y he llegado tarde a cada momento de mi vida.

No creo que existan extraterrestres tan cerca en el tiempo y en el espacio para que podamos encontrarlos, pero es hermoso tratar de lanzar una botella a una esperanza precaria. La única salvación de los vencidos es no esperar ninguna salvación. Ojalá la conciencia del Universo, el alma del mundo, lograsen alcanzar la insensata vida agitada de un minúsculo punto azulado.

Sí, ella pasa y no puede ya mirar atrás, porque nos hemos perdido. Seguirá sin miedo ni esperanza y al final llegará al mismo punto al que lo haremos todos: allí donde nos esperan. Sólo desearía poder estar allí, lejos de todo, flotando en una nada en duermevela, sin sentirme herido y deseando que mi yo se diluyese entre la miríada de estrellas desconocidas para aniquilarse, ya marchito. 

Continua, Voyager. Con tu avanzar errante y valeroso, canta al fracaso humano en un éxtasis de tristeza. Un año luz ya...oh tierra del olvido, ¿dónde está tu victoria?