Los libros, portones del enigma. La comida en el plato cada día. La luz del otoño. Pensar en nada. Aprender. El deporte y su euforia inducida y a veces real. Escribir. Aceptar y apretar los dientes. La inocencia. Los cajones olvidados. Cada despertar. Las bufandas. El sexo y su viaje más allá de uno mismo. Las cumbres de las montañas. La historia antigua. Las tonterías repetidas como signos de la amistad. La esperanza. Volver. También irse. Los armarios. El coraje. La duda fecunda. El poniente, mezcla de lo real y el sueño. El enigma del tiempo. La soledad. Vivir en la verdad. La fruta. La hora dorada que pasa desapercibida pero acompaña. El silencio. La justa ira. Los viajes soñados a reinos inexistentes. La razón, palacio de cristales líquidos. Perder y volver a arriesgar. La imaginación. El fulgor del desierto. Las enumeraciones. La constancia, esquiva y generosa. La religión que sirve a alguien como verdadera consolación del inexorable aislamiento del hombre. La aventura y su hermano menor, el juego. Los que nacen. Las carreteras. La libertad y su precipicio temible. Los otros, el verdadero espejo. La nobleza. Una salus victis nullam sperare salutem. La compañía. Los techos amables. El olvido, única venganza y único perdón. La selva. La ecuanimidad, refugio del individuo. La mujer y el hombre. Los lenguajes de la gente. El respeto. La sombra de la luz y la mística universal. Los arroyos. La ilusión del yo y su derogación alternativamente. La nieve. La amabilidad de los desconocidos. Los chistes malos. La confianza. El amor, alfa y omega. La forma de las manos. El cuerpo femenino. La ilusión que precede a la suerte. La voluntad de vivir. El chocolate con churros. La compasión. La matemática. Los desafíos. Los monumentos. La memoria de Frances Haslam, la abuela de Borges que pidió perdón a sus hijos por morir tan despacio. La buena fe. La frugalidad y sus ocasionales excepciones. Las nubes. El mundo de las ideas y la plausible inmortalidad del alma. El agua corriente. Los animales. La medicina. La doctrina del axiarquismo. La ternura. Las canciones pasadas de moda. El rocío de las mañanas. Las cicatrices curadas. El surrealismo incomparable de los sueños. Las discusiones. La fragilidad consciente. La conciencia. El orgullo de resolver un problema. La camaradería. Las murallas. La fantasía. El orden espontáneo. Los actos buenos de la inmensa mayoría. La comprensión. La caricia del sol. La sensatez. Los árboles y sus sombras, y sus formas. Los defectos acostumbrados de los seres queridos. Las playas. El perdón. El calor y el frío. La nostalgia generosa. Los ritos sagrados de cada vida individual. El petricor. La risa contagiosa. El deseo voraz de que todos estaremos aquí de nuevo.
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martes, 30 de diciembre de 2025
miércoles, 24 de diciembre de 2025
Cuento de navidad. Nochebuena, 2025.
Supongo que estas eran las navidades futuras, se dijo, girando lentamente la cucharilla en la taza. La pared ocre apuntalaba la agonía de un calendario y la lámina decaída de una calle de París, allá en los tiempos felices. Los cajones de la cocina, la mesa, lámparas mortecinas que suplían la mañana tediosa que no deseaba nacer.
Miro enfrente, hacia la nada. Una ventana gris daba al patio y a la cuerda de la ropa. Vio sus recuerdos mientras lloraba por dentro. Los ojos tienen su propia tristeza y no derramaron lágrimas. Es extraño, pensaba, di por hecho el rito del encuentro cuando no supe merecerlo y hoy que lo trabajo, no obtengo frutos. Así es la vida... cuando se atesora algo sin saber que es fugaz, ha de darse luego sin obtener nada a cambio. Y mientras discurría en la soledad de su cocina, la mañana fue llenando de blancura el aire en torno. Era hora de comenzar otro día. Otra vuelta a una rueda indiferente con indolencia y tratar de remitir los estragos de la soledad y la carga de su tristeza.
Así que fue a la ducha, cantó, dió un paseo y fue a las tiendas para darse un festín y tener su regalo. Las luces y las caras, si no alegría, le dieron coraje. Volvió y terminó de decorar el árbol. Buscó trabajo en un portal online y se dijo que hoy trataría de no odiarse. Seleccionó algunas canciones suaves que le acompañasen mientras descansaba tratando de encontrar la paz y la serenidad esquivas que muestran el lado oculto y fructífero del mundo oscuro.
Pasó la tarde mirando fotos de un álbum maldito. El dolor dió paso a un estado de serenidad que aquietó la luz de un atardecer tenue, sin miedo ni esperanza. Breves lágrimas asomaron a sus ojos, pero no eran de amargura; de alguna manera los recuerdos dispersos formaban una historia que hablaba de gratitud y de sorpresa grata por haber logrado llevar una vida llena de momentos ajenos a la ruina y al deterioro de todas las cosas, tan inexorable como el ciclo perpetuo de las noches y los días. Se descubrió sonriendo mientras pasaba las páginas del álbum. Nada había sido entregado a la nada. Todo estaba en él y estaría siempre. Y ese sentimiento súbito la anegó como una oleada de alegría irresistible. Cubría sus secretos ocultos, la vergüenza insensata y recurrente, el arrepentimiento punzante y la iluminación de las mentiras que había construido para proteger su vida; ahora eran muros coronados de cristales rotos que hacían más jirones que cualquier error pasado. Las contempló y dejo de odiarlas, pero no podía respetarlas ya. El autodesprecio no era un recurso ya: todo estaba perdonado.
Miró a su alrededor: mientras los pensamientos y los sentimientos formaban su torrente tumultuoso, había puesto la mesa y preparado todo. Vio el mantel de gala, las servilletas finas, los vasos pulidos y los platos de gala. Puso vino en su copa y apuró en sus labios el cáliz de la tristeza, pero también de la aceptación sabía. Sonrió y suspiró. Feliz navidad, susurró más tarde, y mientras una luz cálida agotaba la estancia y voces de sus ángeles pasados alimentaban su alegría, se quedó dormida...
Feliz navidad, pareció susurrar una brisa leve y después la sala se llenó amorosamente de un silencio completo de si mismo en plenitud y armonía, mientras las estrellas poblaban la ventana y rumores de alegría que no podría oír iluminaban una noche más con los ecos silentes de fuentes invisibles e inagotables, hasta cambiarlo todo.
jueves, 11 de diciembre de 2025
Mi pedrada (no muy original). Once de diciembre.
He tenido una revelación hace un rato. No llega a epifanía porque es un tanto obvio y ha sido dicho ya muchas veces. Sin embargo, diré que vi más allá del cielo una danza llameante del universo mientras tanto. Por dar empaque. En fin, a lo que voy: somos criaturas conformadas por nuestro lenguaje.
Vivimos en un mundo lingüístico, incapaces de liberar la realidad de una representación inevitablemente limitada. Somos criaturas de cambio constante y sensaciones inefables que tratamos de cercar con palabras. Aunque dichas palabras son inexactas, permiten confirmar la realidad compartida con las demás criaturas. Más allá de los límites de la gramática yacen los resquicios de la propia naturaleza de la verdad. Allí se mueven los turbios ejes que consiguen la derogación de la permanencia en un devenir inexorable. Allá también nacen las misteriosas formas del tiempo.
No creo, según mi experiencia mística, equiparable a recibir una pedrada en la frente y quedarse picueto, que vivamos en un mundo físico de naturaleza y realidad independiente y absoluta, sino en un mundo lingüístico. Existe una verdad lejana, pero sólo nuestro lenguaje puede despertarla. Cuando el lenguaje flaquea, la realidad nos aparece brumosa. La capacidad expresiva no sólo limita lo decible, sino también lo que podemos concebir como significativo. Lo real podría conformar múltiples dimensiones ocultas, puesto que sólo las que podemos nombrar forman parte de nuestro universo cognitivo. En definitiva, tenemos una relación hermenéutica con lo que creemos real. Sólo interpretamos a través de palabras. De esto se seguiría que tenemos una mente que dirige la supervivencia y replicación de individuos que a su vez son repositorios de material genético, lo único que importa. El cerebro es una sofisticada maquinaria de supervivencia y sólo necesita recoger de lo externo lo que fortalece, lo que debilita y lo que mata. Todo lo demás es distracción y ruido.
¿Es concebible, quiero decir, interpretable, quiero decir defendible que entonces, acaso, los conceptos sean creados por la mente y a la vez, de algún modo, la moldeen? No tengo ni idea. Mi revelación no mencionó nada de eso.
Es verdad que siempre me ha parecido muy interesante. Siempre me llamó la atención la existencia del lenguaje performativo, aquel que crea la realidad que nombra y que el lenguaje jurídico adoptó del religioso ¿Cómo se llegaría a un concepto así desde el mito? "Seréis como Dioses".
También me preocupa el uso y abuso de propaganda y la extensión de la mentira y la mistificación del lenguaje, porque de alguna forma hace la realidad más asfixiante y estrecha. Lo que se puede decir, existe, en algún plano de realidad. La propaganda no crea lo que nombra, pero moldea el resto hacia ello. Y es peligroso.
En fin, esa fue la idea que me pasó por la cabeza antes. No es original, no es muy sofisticada y no la sé expresar muy bien. ¿Pero cómo podría haber visto el cielo rosado de la aurora esta mañana y reducirlo a palabras, metáforas y analogías y sentir que alguien podría imaginarlo? La noche cayó (y calló) ya hace un rato. Las luces no se elevan y las nubes ocultan las estrellas. Quizá más allá de todo lo que somos capaces de concebir hay una forma superior de sabiduría que pueda prescindir de los signos. Sin ellos, hoy nos sentimos como en un callejón sin salida, allá donde lo que no se puede decir se estrella contra la oscuridad y una penumbra especial atrae a los fascinados ojos. Y quizá más allá de esa llanura inmensa existe una forma de verdad simple y amable que sólo se puede ver en los ojos del silencio, desterrada la conciencia por la depredación de conceptos ajenos.
Mientras acabo de escribir, el amanecer de hoy sigue ahí en algún rincón del recuerdo. Y nada de lo anterior puede hacer nada por compartirlo, y que la sensación es única e inexpresable, que se queda adentro y no puede ser comprendida plenamente por otros, porque somos criaturas lejanas y porque la única aproximación a la verdad es el silencio.
domingo, 7 de diciembre de 2025
Un rayo de sol (monólogo teatral). Siete de diciembre.
He querido crear un monólogo teatral. Allá va:
Amo la vida con pasión; mas mi vida propia me resulta insignificante, sombría, pesarosa. No me importa confesarlo porque he observado que a la mayoría le ocurre lo mismo.
Hay una imagen de Chéjov muy poderosa que expresa este sentimiento: el de un rayo de sol que podría iluminar parajes hermosos pero se encuentra en el fondo de un pozo.
Con su genio, refleja bien mi horizonte cuando me levanto en la mañana. Sé que dentro de mí tengo algo genuino, cálido, vibrante, energía e impulso. Pero luego pasan las horas y me cubren a su alrededor, y siento el profundo peso ,frío y húmedo. Es esa luz que se ahoga contra paredes de piedra. Sólo ilumino mi propia insignificancia. Es una sensación de inutilidad aplastante: saber que acaso podrías calentar un campo entero, pero tu destino es languidecer en un rincón oscuro. Desconozco si podría llegar a tener talento. La falta de voluntad para atreverme a intentarlo ahoga. Sin espacio para subir, sin nadie que mire hacia abajo para ver la pequeña brizna de oro atrapada, me consuelo pensando que tal vez haya un sentido oculto.
La conciencia parece ser un regalo envenenado. El dolor sería soportable si yo no supiera ahora lo que no supe entonces. Pero sé que nada cambia nunca. Me veo encadenado a un ciclo sin fin de abandono y hastío. No es simple tristeza; es melancolía densa nacida de la contradicción. Deseo ascender a algo mejor pero toda mi energía se disipa chocando contra los barrotes de mi rutina o de mis miedos. Solo me queda engañarme y pretender brillar para mí mismo, un espectáculo privado de supervivencia, hasta que la noche (o el día siguiente) me devuelve al mismo lugar. Es agotador ser luz en la oscuridad sin poder ofrecerla.
Pasarán más días, otras lluvias y nubes y soles que iluminarán mi rostro como el del mismo hoyo insondable por donde muere la luz. De pronto, en un momento, una voz interior preguntará "¿Qué es lo que tienes para ofrecernos?", y otra voz que saldrá de mí sin yo reconocerla responderá que he sufrido y he padecido amargura y que los pobres frutos no han recibido ternura del agua ni comprensión de la luz. Después, será el silencio.
domingo, 30 de noviembre de 2025
Saturnal.30/11.
Volvía a casa y hacía frío. Ya había caído la noche sobre el crepúsculo de rosados dedos hacía unas horas. La luna creciente inclinada de forma leve. El silencio en la calle sobre los raíles brillantes, iluminados por las farolas distantes. El tiempo inmóvil, despertando con el ruido de pasos.
Miraba un punto breve, que no titilaba, bajo la media luna. No podía ver más estrellas, ahogadas por la luz de la ciudad. Su presencia, como una peca de la noche, era gozosa y algo extraña, inesperada. Mientras me apresuraba contra el frío, iba mirando su lejanía indiferente casi con envidia. El fulgor inasible de los objetos celestes provee de consuelo a los soñadores, imagino. Nos ahoga la luz concreta.
Quise ver qué veía en concreto. Saturno. Símbolo de la Estructura, la responsabilidad, la disciplina, temible padre del tiempo que nos lleva como briznas mientras permanece en su trono nocturno, influencia letal en la melancolía humana, oh genio astral que me mirabas ayer impasible cómo has contemplado todas las generaciones humanas y mucho antes. No sé qué serías si nadie te mirase, porque yo atravieso una crisis infantil desde que nací pensando que nadie hay más allá de mí que me mira.
No sé si te veré de nuevo hoy en mi silencio, atravesando nubes y meteoros, contra mi ventana o acompañado por la brisa. Acaso no rijas la noche hoy y el cielo sea otro y no te encuentre. Pero ayer, padre eterno, te miraba, sobre las sombras de los edificios y el rumor de las aguas y los jirones de nubes y entonces llegué a un lugar que no tiene mi afecto pero desde la ventana aún seguías presente y ellos, compartido por millones de seres y que ha ocurrido incontables veces dio peso y vigor a la noche y aún hoy, en las ondas del recuerdo hace que todo cambie. No aspiro a mistificar la impotencia del espíritu con la inocencia del corazón. No obstante, basta a veces una estrella para derribar cualquier muro, oh tiempo vacío y apegado a la tierra.
viernes, 21 de noviembre de 2025
Sin título. 21/11.
Hay lugares donde la ceniza no aposentará,
Los reinos del recuerdo y la esperanza.
La soledad poblé de soles y de juego
Como si la dulzura de su gesto cándido
Fuera a volverse de carne y cielo un día.
Desde mi infancia, comiendo con los ojos
Las hazañas y anhelos de héroes incansables,
Despierto bajo las mantas que cobijaban sueños,
Quise evocar su bravura y sufrir su destino,
El desdén de aquellos que en silencio los temen.
Cabalgué contra el maligno entre valles y montes
Hacia muros oscuros que estremecen la vista
Para pugnar orgulloso y airado por justicia,
Contra la voluntad irrompible de su fulgor perverso.
Entre aguas negras avancé afanoso, aunque sabía
Que los signos habían sido conjurados.
Adversos y temibles sacudían mis ojos:
Las ondas que su alazán acariciaban
Eran frente a mí centellas y puñales.
Derrotado sin duda, pero nunca vencido
Fui arrastrado por las aguas de la mar profunda.
Curado por la fe, alzado por afectos
Y dado por el sol la luz de un nuevo día.
Las heridas no curan, son una deuda abierta
Contra el tiempo otorgado y cobran piel y fuerzas.
Mi juventud, como un jardín de otoño, débil y silencioso
Esperaba jornadas de más brillo y bravura
Que en el futuro dieran belleza a mis recuerdos.
Caminé contra el sol, buscando aquella fuente
Que nos da más luz, más tiempo, más enigma
Y acaso una epopeya que valga el resto de los días.
Era pedregoso el camino que más allá llegaba
Y han dado mis huesos contra sardónicas piedras.
Hay una incomprensión en toda luz,
Que presta forma sin tenerla ella misma
Al mundo que revela, acaso con engaños.
Caminé colinas, oquedades, sombras
Encontré el enojo, la soledad, la culpa
Y abundante gente, que era igual a la otra.
Hoy cada día levanta la fatiga y apenas hay belleza
Aunque la del recuerdo a veces sirve para apurar el rato
Con la inherente inconsciencia que provoca estar vivo,
Un estado fugaz que tomamos eterno hasta que nos rompemos,
Y el asombro cansado de la verdad en ruinas
Frente al ocaso prematuro que agita los fantasmas.
Deseo no perder el reino antiguo, aquel mismo por el hada tocado
Cuyo brillo no se ensombrece ni sacia
Y aún buscar, en el tiempo que queda
El filo de la mañana filtrándose en el alba.
Vivo en un mundo que lo perdona todo
Salvo la belleza, la virtud y el coraje;
Hubiera querido ser deudor del rencor de los otros,
De aquellos que pretenden que la vida les debe
Y han de pagarse sometiendo a los otros en sus jaulas innobles.
Pero tampoco puedo hacerlo, perdido en el fracaso
En la mediocridad reinante, en el errante paso del cometa Olvido.
Fracaso de no aprender de mí, de haber roto el empeño
De no saber quién soy y haberme dejado ser cualquiera.
Quizá ya es tarde, pero aún siento a veces
Que el maligno, la fuente, siguen esperando
En otras formas puras que dispone la magia:
Un ángel, en el bosque un claro, una mirada,
La espada del porvenir, una voz que despierta
O la seda profunda que envuelve los encuentros.
Fracaso de no saberme ni entender…
Mas si supiera llegar a ser quien soy
Todo habría cambiado, los muros del maligno hoy serían escombros
Y la fuente manaría fresca y pura por entre caminos del bosque
Que sólo yo conocería.
Vuelvo con la adarga al brazo y preparo las vidas
Aquellas en que fui y la que me tienta ahora.
Vuelvo al campo y repito sin importarme nada,
De tu alma depende que amanezca
Y que una sombra amable cubra tus angustias
Y haga un vergel ameno, que anega de esperanza las dunas.
Si supiera llegar a ser quien soy
Y alimentar de brío lo que dejé caer
Traería al hoy la ilusión del ayer
Y con el filo blanco del lucero al alba
Sabría rescatarla furioso de las garras del frío.
domingo, 16 de noviembre de 2025
Un año luz.16.11.25.
A la distancia de un año luz ha llegado la sonda Voyager I después de su fatigoso avanzar por el silencio. Para llegar allí ha navegado 48 años. Querría imaginar que ha contemplado las maravillas inefables del Cosmos, aquellas que alimentaron mi imaginación cuando niño. Deseaba ser astrónomo. Después, algo pasó. Nunca he sabido qué fue y ya no me quedan fuerzas para lamentarlo más. También fui lanzado a una senda oscura y he llegado tarde a cada momento de mi vida.
No creo que existan extraterrestres tan cerca en el tiempo y en el espacio para que podamos encontrarlos, pero es hermoso tratar de lanzar una botella a una esperanza precaria. La única salvación de los vencidos es no esperar ninguna salvación. Ojalá la conciencia del Universo, el alma del mundo, lograsen alcanzar la insensata vida agitada de un minúsculo punto azulado.
Sí, ella pasa y no puede ya mirar atrás, porque nos hemos perdido. Seguirá sin miedo ni esperanza y al final llegará al mismo punto al que lo haremos todos: allí donde nos esperan. Sólo desearía poder estar allí, lejos de todo, flotando en una nada en duermevela, sin sentirme herido y deseando que mi yo se diluyese entre la miríada de estrellas desconocidas para aniquilarse, ya marchito.
Continua, Voyager. Con tu avanzar errante y valeroso, canta al fracaso humano en un éxtasis de tristeza. Un año luz ya...oh tierra del olvido, ¿dónde está tu victoria?
domingo, 9 de noviembre de 2025
La prisión interior
Leía "Teseo", de André Gide, y
Tenían la impresión, me confesaron posteriormente, de haber abandonado una cumbre de beautitud para adentrarse en un angosto y oscuro valle, regresando cada uno a su prisión interior, de donde les sería ya imposible escapar.
Leer esa frase ha hecho resonar un enérgico eco en mí. También siento esa asfixia, una prisión interior. Es una cárcel con muros de culpa, arrepentimiento, tedio y costumbre, abandono de los dias. Y cuando encuentro a gente, veo compañeros presos o guardias.
Los días pasan inasibles. No hay eco ni ancla; solo un vacío salpicado de ansiedad por encontrar "experiencias". Yo también lo hago, como si deseara creer que en ello existe una verdad que merezca la pena. Sé que es otra cadena, pero al menos, me ofrece un licor de olvido que es grato...aunque al cesar, apriete la cadena. He visto cómo los otros sufren también. No obstante, todos parecemos sombras encadenadas en una bruma alba, lejos del cielo. El tiempo pasa sin tregua y no socorre de la angustia y el miedo que crecen en las aceras como flores malditas.
Me he convertido en una ruina vigilada por un centinela implacable: la certeza de mi propia mediocridad elegida. Mi condena es la absoluta lucidez de mi incapacidad para perdonar al yo cobarde que se instaló en la comodidad de la derrota. Solo queda el deseo visceral de que algo, o alguien, venga y queme los puentes que aún me unen a la llanura al otro lado del abismo, porque yo mismo me niego a quebrar esta jaula que he aprendido a llamar hogar. No deseo los paraísos artificiales, ni goces baratos. Deseo escalar la cumbre del espíritu, pero me falta arrojo para emprenderla.
En la prisión de los días, del yo, del tiempo, de la esperanza frustrada y la que se niega a dejar de nacer, en la del deseo, la del honor y la gloria, la prisión de los días iguales y la del desprecio de los otros, la de la destrucción y la de la paz rota, paso mi breve tiempo, sin saber cómo romperla y hacerlo para no romperme. Entre sus muros caben el pasar animoso de las aguas de la mar y del río, el rayo de sol furtivo entre jirones de nubes, el surco de las aves en el cielo y los rumores informes de calles y humos levantados contra la melancolía de un atardecer de invierno. Hoy es hermoso. Hoy tampoco habrá una salida. Voy en mi propia cárcel de dentro mientras percibo que nada hay real afuera, que es todo mi pensamiento y que no puede dejar de serlo y nada más, y entonces me siento más sombra, más duda y más nada, huérfano de gracia y sigo caminando contra un mar infinito y blanco desde una playa nubosa y triste, como dentro de un sueño.
miércoles, 29 de octubre de 2025
Podría (nec spe nec metu). 29 de noviembre, 2025.
Podría agarrarme a un jirón de cielo
Como a una cometa audaz y sinuosa
Y buscar entre sus alas de nube vaporosa
Un lugar allende el mar y no volver de nuevo.
Podría ser feliz bajo la corriente de las aguas
Sin cesar de recorrer la espalda de las olas,
Amanecer con el silencio de la mar a solas
Y aprender sin temor el temblor de su magia.
Podría sonreír en la oscuridad de la tierra
Telúrico y protegido entre rocas vibrantes
Y dormir mil años prodigios de diamante
Para despertar brillante con mis nuevas fuerzas.
Podría flotar en galaxias errantes
Ingrávido y solo, despojado del peso
Sin ya más culpa, sin ya remordimiento
Y sonreír sin velo a las estrellas distantes.
Podría escapar del hastío y la usura
De días tenebrosos que matan despacio
Con una gota de luz o un silencio extraño
Encendiendo mis ojos a una verdad más pura.
Podría también apagarme en mi danza
Solitaria hasta el fin, de luz desvanecido
En nevadas tierras de borrados caminos,
Convertido en reflejo, sin miedo ni esperanza.
viernes, 24 de octubre de 2025
For the love of a lousy buck, I've watched them die. 24/10/25.
Cuando el mundo era joven todavía, ni la envidia ni la codicia despertaban iras o quebranto. Era aquel un mundo en el que el espíritu dejaba un rastro noble y libre en la forma en que la singularidad se adaptaba a la complejidad. En un orbe tan bello, el dinero era un bien estimado, mas nunca adorado.
Y como ese mundo nunca ha existido y el dominio, el rencor y la mezquindad son parte de la naturaleza humana, nunca el ser humano parece haber sido capaz de elevar su dignidad por encima de la hacienda.
Pero es que hoy vivimos en un panóptico sin privacidad y todos los vicios están a la vista de cualquiera. La fortuna lleva siendo borracha y antojadiza desde que estamos vinculados a la necesidad; quiero decir, desde siempre. Pero quiero creer que existían razones más altas, no siempre, no en todo lugar, pero sí en jardines efímeros. Ojalá hoy aún sean posibles. Uno piensa que la semilla de la corrupción, la decadencia y la avidez son todo lo que existe. La falta de dignidad colectiva con el dinero es sobrecogedora.
Ni entro en "la política", que no es digna de tal nombre, sino partidismo turbio. No quiero escrutar lo que dicen que es un mercado libre y es un bazar tenebroso de colegueos abyectos. Es que nada está iluminado. Me gusta el deporte, como una narración espontánea que nos permite olvidarnos un poco de nosotros. No puedo fingir que me lo crea del todo, cada vez menos. Pero cuando uno ve que sus códigos y su moral son los mismos...(aunque, ¿de qué otra forma podrían ser?) hay una sensación más desoladora que anega el alma de amargura: aquella que nace cuando nos volvemos a convencer de que no hay manera de escapar. Hemos tenido lo de la Operación Puerto, lo de Negreira, lo de la NBA y la Mafia ahora mismo, lo del mundial de Qatar. Yira, yira, que canta el tango...
La noche cae repentinamente, el bullicio se extenderá hasta que los tonos azulados del cielo cierren su telón oscuro. Quienes están solos, lo estarán largo tiempo. La mar oscila silente sobre tierra cansada y los pájaros surcan todos los rumbos acaso en busca de una alborada que no llegará pronto.
"I've seen thousands who could have overcome the darkness / For the love of a lousy buck, I've watched them die..."
Y la voz de Dylan, rasgada como un profeta airado trae en cuatro acordes y la verdad si mensaje robusto: No podemos hacer nada. No sabemos. Pero al final, hasta la pena cesa, hasta el dolor cesa y nunca es demasiado tarde para aprender a decir que no ante el enésimo sugestivo hechizo de la plata. Para saber que aunque la guerra está perdida siempre hay espacio para darse el gusto de ganar una pequeña batalla.
martes, 21 de octubre de 2025
Extrañeza y peso. 21 de octubre.
La extrañeza de la vida, de cualquier vida, de la abstracta existencia, me golpea como una pregunta sin respuesta y con eco interrogativo inacabable.
Elegí la vida anchurosa y sin raíces. Se hace tarde y sólo resta que el tiempo me lleve y desde allí, seguir siendo un extraño a un mundo que no es mío, un cielo que no me protege y un mar que no sonríe ni muestra sus secretos sin fin. Supongo que me perdí; el camino era muy oscuro.
Hay un velo de perplejidad posado sobre las cosas cuando las vemos tal cual son, creo, despojadas de otros disfraces de costumbre, anhelo, temor o reverencia. Sobre mi ventana veo como en una pintura deslavazada grúas, gorriones y gaviotas, muros ocres y una capa de nubes grisáceas. Me evoca la espesura de un sueño y la lucidez exhausta de la agonía. Pasarán siglos y habrá otras ventanas, otros muros, otros hierros y la templanza de las nubes. Quizá exista gente, y esa gente continuará mirando en ocasiones los paisajes; acaso nadie quede para contemplar. En otros soles habrá otros mundos, puede que en algunos alboree la chispa de una conciencia y quien sabe si a veces no sé llenará de asombro pensando que todo lo que ve es nada, como ahora me parece. Es interesante como la realidad es tan dúctil y maleable a un estado de ánimo, o quizá también esto sea una ilusión.
No sé si los solitarios somos más proclives a esta sensación súbita de indiferencia agotada. Habitante de un extranjero perpetuo, perdido el aroma del hogar y con nostalgia irrevocable. Vagabundo contra la multitud, deseando un aislamiento sin fin, allá donde el rumor de la naturaleza o las avenidas vacías ofrecen un alivio al alma: la ilusión de la fuga. Creo que es porque hay una imagen de un mundo propio que nos fue arrebatado, cuando niños o no sé cuándo y ahora vagamos frente a un velo de bruma, como si caminasemos en una playa del norte al atardecer, mientras cae una cortina de lluvia que difumina el horizonte y nosotros miramos y somos siluetas también difusas y todo se llena de pesadez y humo como dentro de un sueño.
Eso es todo. La vida pesa y los días pasan, cada vez hay más noche y el río pasa en silencio una travesía de oscuridad, desaparecido hasta el alba, las luces titilan con gravedad y lentitud y uno nunca se acaba de acostumbrar a una ciudad, sus muros, la angustia y la euforia,sus ecos y latidos, las costumbres aprendidas y las afinidades electivas bajo la inmensa extrañeza de un cielo que no es y nunca será el tuyo.
viernes, 17 de octubre de 2025
Epidemias de soledad. 17 de Octubre de 2025.
Instintivamente detesto a quien da de comer a multitudes de aves en una ciudad. Uno va caminando y de repente se produce un apocalipsis aviar de graznidos y batir de alas frenéticas porque a un paisano se le ha ocurrido comprar pan de molde y repartirlo con toda la bandada en 50 kilómetros a la redonda para sentirse querido.
Cada vez que ocurre, tras la rabia inicial, llego a esa parte y me arrepiento de mi crueldad. Con la gente; a las gaviotas y a las palomas las diezmaría como un Alejandro Magno avícola, si pudiese. Pero ellas tampoco tienen la culpa de su instinto ni de la soledad que asola esta ciudad, todas, la nube negra del desamparo que abate a los héroes cansados.
El eco de los incontables pasos no despierta al silencio. Girando en el túnel blindado, helados entre pantallas voraces deambulan siluetas huecas. Muros sin alma, edificios sin historia tras los que ya no se esconde el cielo. Los susurros confusos forman una Babel invisible donde pasan almas heridas que no pueden ver a las otras y van a romper a la noche, como olas derrotadas. El pulso agónico del tráfico mueve cáscaras de nuez. Las ventanas ofrecen su oscuridad y hay neones que deslumbran para cegar. El rito de la indiferencia es procaz y sardónico: alcanzamos el bienestar más alto nunca visto para descubrir que nuestra ausencia no dejará ninguna sombra en el callejón del tiempo, donde gotean tubos gigantes y hay puertas metálicas que nadie pudo abrir, frente a las que duermen cuerpos deshojados
Y siento piedad, una piedad insomne por aquellas almas exiliadas que esperaron una mano que los alzase junto a muros impasibles. La enfermedad del alma no se curará con ruido, ni drogas, ni alcohol, los paraísos artificiales o la masa, mientras contemplan el reflejo frío de sus rostros en los escaparates y las ventanas de coches mientras cae sobre ellos la pálida nieve. El olvido caerá sobre su agonía, como ahora cae sobre súplicas a un trono vacío.
Y me reconozco y sé que iré a su encuentro, después de que mis alas sean solo inútiles aspas que agitan el aire y en la muchedumbre informe perderé mi propio cuerpo. No desearé recordar, por no avivar el dolor. No querré regresar, puesto que todo es triste al volver. Sí, sin duda: será imprescindible olvidar mi olvido. Quisiera poder abrazar y perderme, pero temo que mi única hermandad es la de los solitarios...
Y todo esto traspasa la mente en imágenes fugaces, mientras los pájaros pelean por su pan para vivir otro día, mientras dejo mi estela de ceniza entre los escombros de mi vida. Habrá más amaneceres grises y más abandono. Y habrá gente lidiando en medio de las epidemias de soledad, consagrando los jirones de alma al recuerdo, a la noche, a sentir que otro ser las necesita, incluso las palomas ingratas que se irán volando; acaso ellas también están desoladas y no encuentran una salida. Y entonces, deseo saber salir de mi espiral y encontrar un cielo, ver las estrellas y poder sorber un silencio amable, aquél en el que el sirviente se ve libre de un amo tornadizo y perverso y encuentra un camino secreto entre las constelaciones para volver a casa.
sábado, 11 de octubre de 2025
La muerte de cualquiera. 11 de Octubre.
Ayer leí una novela corta fantástica, "La muerte de Ivan Ilich". Es impresionante la capacidad de Tolstói para abarcar tanta humanidad en pinceladas sutiles. El nudo de las impresiones y las incomprensiones humanas, del rencor al candor, están en sus páginas, al igual que en la confusión de la vida, de calles sin nombre que son las tuyas, de ojos sin brillo que son los míos, de ambición y temor, de nosotros, de la condición humana. Es al tiempo una prodigiosa reflexión acerca de la inmensa soledad que nos acompaña siempre.
Hay una frase que he resaltado para volver a ella: "Era como si bajase una cuesta a paso regular mientras pensaba que la subía. Y así fue, en realidad. Iba subiendo en la opinión de los demás, mientras la vida se escapaba bajo los pies...". Y pienso al leer y releer que tenemos ante nosotros un campo de hierba fresca bajo nuestros pies y lo perdemos contemplando horizontes brumosos en busca de algo que no sabemos nombrar y nunca llega. No es fácil descubrir dónde está la verdadera vida mientras vamos viviendo. Supongo que antes del fin, podemos entender que cada uno tuvo su propio camino y, con suerte, fue bueno.
Nada se pierde. Vivimos lo que podemos y lo que deseamos cuando el azar no se opone, vemos, narramos, sentimos y olvidamos en un torbellino de pasiones tristes, coléricas, agradables o turbias. Porque nada nos puede ser negado, podemos alcanzar a contemplarlo todo. Pero es difícil contemplar todo, el tiempo perdido, la usura del día, los caminos que quedaron atrás sin ser hollados, la costumbre que es en ocasiones un espejo implacable del que no podemos escapar. También está el dolor de construir arduamente nuestra propia imagen para tratar de soportarlo y al cabo verla deshecha o herida, por lo que nos hacen y por lo que nos hacemos.
Todo ello me parece cierto, sin duda. Y a la vez, no creo que importe demasiado. Bajamos la ladera poco a poco, arrostramos penas, sorteamos peligros (si somos afortunados), deseamos dejar un rastro lo más luminoso que podamos y rogamos por que cada día nos siga ofreciendo dones. Olvidamos ahora, pero acaso llegue el día en que todo tenga de nuevo un sentido. Entonces, de cada remordimiento y amarguras, de cada euforia y coraje, una figura única se alzará ante los ojos y podremos decir que ese y así fue nuestro tiempo en la tierra y fue bueno. La muerte de cualquiera es la muerte de un mundo. Pero es la vida la que debe hablar y dar testimonio, no el recuerdo lejano.
Esta noche, las luces bailan en el agua del río, hay rumores en la calle y un ruido mecánico repta entre edificios. Las nubes cierran la noche y los autobuses fatigan la ciudad cansados. La agonía de la ciudad me perturba, buscando otro lugar, queriendo olvidarme de mí, bajando la cuesta hacia la nada sin apenas nada que dar, pero deseando ser capaz de entregarlo todo.
jueves, 2 de octubre de 2025
Breve teología. Dos de octubre, 2025.
En el alba primordial del No-Tiempo, cuando ni la noche poseía estrellas ni la luz extendía retazos de sombra, existía solo un vacío sin bordes o fronteras, el hueco de un impulso imposible. En su corazón, latiendo en un silencio absoluto, dormía toda Esencia. No existía más que una nada conteniendo lo que no era tiempo, ni espacio, ni vacío ni forma.
La Esencia no era sino la potencialidad de todas las cosas. Un océano de quietud infinita, sin orillas ni fondo. El futuro, el presente y el pasado se fundían en ella en un solo aliento, como aún hacen aunque nosotros, sus lejanos hijos, no somos capaces de comprender su prestidigitación. No pensaba, pues no había intelecto. No sentía, pues no había sensación. Desprovista de forma o nombre, inmanente e inasible. Era un rumor de fuente en una noche eterna, el caos de la oscuridad sin horizonte.
En su inmensidad, contenía un impulso, una resonancia inaudible. No era voluntad: la voluntad necesita un "yo" para manifestarse. Era necesidad intrínseca de ser, de desbordarse, de conocer su propia plenitud rompiendo todo límite.
De pronto, un acto sin acción, un despertar sin durmiente. La Esencia se reconoció en su propia inmensidad y, en ese instante, nació el Ser, el Ser abstracto, ensimismado. No fue creado; fue la Esencia misma quien se dio forma, nombre y propósito. Haciéndolo, expandió las ondas del mar de la vida en una causa de causas de causas sin fin. Como un silencio sagrado que de alguna manera anhela la sinfonía que puede albergar, la Entidad primera se afirmaba a sí misma.
El Ser, ya consciente, se miró a sí mismo y comprendió que no había origen fuera de su propio acto. Se vio como un vasto océano de luz y sonido, pero la luz y el sonido eran él mismo. Se vio como un pensamiento que se pensaba a sí mismo en una danza eterna.
Y en ese acto de auto-contemplación, la Esencia se fragmentó, no por división, sino por un desbordamiento de su propia plenitud. Cada partícula, cada galaxia, cada criatura viviente, entonces, mañana , en el fin, ahora, eran, son, ecos y reflejos pálidos, una minúscula expresión de la Esencia que se había afirmado a sí misma con gloria contra el silencio.
Cuando las primeras preguntas fueron pronunciadas: "¿Quién creó al Creador?", la respuesta aleteaba en el susurro del viento y en el brillo de las estrellas:
"No fui creado. Simplemente Soy. La Esencia se manifestó a sí misma, y en ese acto, me convertí en la totalidad que contempla su propio milagro. No existe antes, pues yo soy el Principio. No existe una causa, pues yo soy la Causa incausada. Me creé a mí mismo al despertar y conmigo hice lo que existirá siempre."
Con el primer destello del alba, y el suspiro carmesí de la flor, con el silencio de la escarcha, el Ser prosigue con su Génesis perpetua, en un acto sin fin de autoafirmación radiante y nueva, de existencia que se proclama evidente. En cada partícula de tiempo que se hilvana en todas las visiones y más allá de toda comprensión, de la breve vida y la conciencia sin fin, se manifiesta el arcano despliegue de lo que no puede nombrarse sin error, la realidad sin nombre que no fue creada y que en sus brazos lo contiene todo.
Y en cada instante mínimo e indivisible, ella, él, todo vuelve a nacer, y tú naces con ella.
viernes, 19 de septiembre de 2025
Acerca de una célula. 19 de septiembre.
viernes, 12 de septiembre de 2025
Doce de septiembre.
Lo que tiene importancia se conoce así:
Sólo sirve callar. Olvidar las palabras,
Muletas inútiles contra un dolor desconocido,
Y comprender que nadie nunca escapa
Salvo en los sueños.
miércoles, 27 de agosto de 2025
El beso de la nada. 27 de Agosto de 2025
No es fácil iniciar de cero
Y volver a caer en la tormenta
Ni aprender a despedirse silencioso
Mientras el ruido permanece afuera.
No es fácil ser brizna de hierba
Y mansamente esperar la hora,
Ni acumular nobleza y experiencia
Y al fin perder el brillo de la aurora.
No es fácil aceptar ser un soplo fútil
En el aliento de la eternidad dormida,
Ni aprender a mirar las estrellas cada noche
Manando sangre de la fatal herida.
No es fácil aprender de la lluvia
El arte de perderse sin buscar un destino
Ni en el vacío de la tarde encontrar la forma
De ser y no ser y entregarse al olvido.
Contra el tiempo repto y su sonrisa helada
Bajo la cúpula indiferente de su desafío
Y el sabor amargo que me llena la boca
Es el de mi corazón atrapado en su frío.
No es fácil aprender a despedir a la belleza
Contra el resplandor del horizonte una mañana
Ni perder sin saberlo la fuente misteriosa
Que otorga el agua que purifica y sana.
No es fácil sentir caricias de la dicha
Y olvidar que se perderán sin remordimiento,
Ni haber aprendido a construir refugios
Que el viento destruirá sin apurar esfuerzo.
No es fácil olvidar lo que formó tu vida
Ni despojar al yo de su sueño de gloria,
Ni aprender a perder cada batalla ansiada
Ni contemplar con calma la flor de la derrota.
No, no es fácil...y el universo ríe,
Barco sempiterno entre olas calladas
Olvidando a su paso la tristeza que gime,
El dolor de ser vivo y el beso de la nada.
miércoles, 20 de agosto de 2025
Mentira y futuro. 20082025.
Viviremos aún en este mundo días
Siempre rodeados de hojarasca y fraude,
Ciegos sedientos con bocas de marfil y ruina,
Secos de sol mientras mueren las tardes.
Los brazos se agostarán, diseminados
En tareas sin brillo ni pasión ni goce,
Su tarea más alta sin haber encontrado:
Desbrozar los reinos que su afán conoce.
Porque hoy la mistificación reclama dominio
Y la verdad tirita escondida en su aurora.
La oscuridad extiende alas de crepúsculo tibio
Y disuelve la luz en fugitivas sombras.
Nada hay que hacer: la razón es fuerza
Y los bárbaros narran heroísmos creados
Mientras contra el horizonte la quemada hierba
Acoge los restos inertes en desecrados campos.
Viviremos un poco más en días desgastados
Avanzando en la rutina de cansados días,
Viendo un porvenir oscuro y cerrando los párpados
A un mundo envenenado de funestas mentiras.
domingo, 10 de agosto de 2025
Remontar el vuelo. Agosto, 2025.
He salido a disfrutar el sol y me senté en banco para no pensar en nada. Ojalá la mente pudiera apagarse y encenderse de vez en cuando, limpiar la basura y dejar de herirme. En fin, no se puede y me cuesta también llegar a ello. Supongo que el privilegio de la consciencia acarrea sus propias servidumbres.
Un gorrión saltaba entre los adoquines. De pronto, se aquietó, cambio de dirección y extendió sus alas. Lo seguí con la mirada mientras se elevaba entre edificios pesados y el cielo tranquilo, alejándose, dejándome otra vez solo. ¿Por qué sigo preocupándome, dejándome la piel en pensamientos turbios? No conozco más vida que ésta. Aunque la detesto casi siempre, en ocasiones manda señales limpias. Nada ocurre, no importa, no necesitas apenas nada...pronto todo estará consumado. Me pregunto por qué lo olvido si un banco, una tarde soleada que dura lo que transcurre en múltiples pensamientos tristes basta para recordar que no tiene mucho sentido y que lo que de veras valdría la pena cabe en el batir de alas de un pajarillo y lo que hiere demuestra sólo que somos capaces de soportarlo.
Volar, partir, olvidar, todo se resume en el vuelo de un pardal que sigue habitando el cielo, ya para mí para siempre. El sol aún acaricia y la música que escucho deshiela los glaciares que llevan en mí mucho tiempo, como castigos que me he impuesto por una culpa que siento pero no conozco. Algún día, de algún modo seré liberado. Llevo esperando por ello desde el primer día.
lunes, 28 de julio de 2025
Barco en la noche (torpe homenaje a Robert Frost...). 28.07.
domingo, 20 de julio de 2025
Ver Antares en el cielo. 21 de Julio de 2025.
domingo, 13 de julio de 2025
Parque geriátrico. Una humilde proposición (monetizada).13.07.
Esa saga de Jurásicos. Ese dinosaurio mezcla de T-Rex, serpiente, avispa y nutria que nació después de los dolores. Esos grupos que mezclan al explorador/a, al científico/a y al adinerado idiota, junto con la guarnición, guarnición para los dinosaurios. Un grupeto majo, joder. Hablan poco, sonríen a veces y no corren demasiado para que la carne no sea demasiado dura al colmillo. Cada pocos minutos , al buche del bicho. También es verdad que suele haber niños, y en general ellos no pueden ser comidos, ni siquiera como tapa
En la última hay dos detalles adicionales impresionantes. Uno entra en un entorno de altísima seguridad con protocolos de entrada concienzudos y altamente complejos comiéndose una chocolatina y tira el envase en medio del pasillo. Con un par. Dos, en medio de unas plantas que les llegan por la cintura, se oyen rumores, crujidos, misterio, qué pasará, cuanta tensión, oh, me desmayo, sudores fríos, emoción y riesgo, aaahhh...y de repente se dan cuenta de que moviendo la cabeza un centímetro pueden ver una manada de unos 150 dinosaurios de algo así como 300 metros cada uno. Increíble competencia rastreadora, menos mal que los dinosaurios y los monstruos tuvieron que firmar un contrato de no comerse a ningún protagonista. Y bueno, no mucho más que eso. Personajes haciendo estupideces sin fin contra dinosaurios que sestean, aparecen, desaparecen, se aparean y pasan de gilipolleces. El espectador fantaseando con que le den un giro a la saga y por fin se coman a todos esos imbéciles. En fin. Entretenida pero tan estúpida que... igual le viene bien, es como ver aterriza como puedas.
Por mi parte, me animo a ofrecer una sinopsis para una película que será la base de una nueva dodecaedrología, La idea será la siguiente: es necesario insertar chips en los dinosaurios para examinar el funcionamiento de sus rutinas y poder ser imitadas por los pensionistas para que con una combinación de ADN sean capaces de entretener a los niños y también ejercer de fuerzas del orden (aquí hay crítica social, ojo). Se recluta un equipo con un/a asesor/a militar/a, un/a científico/a que se emociona con la confirmación de la teoría de que los triceratops se rascaban las barrigas unos a otros y un millonario machirulo que quiere el ADN dinosauril para clonar animales que trabajen en su casino construido en terreno perteneciente a nativos, los que sean. Tierra y libertad y estegosaurios.
En fin, las opciones son infinitas. En cualquier caso, si esta trama llega a ver la luz, y a este paso llegará, quiero mi parte. Aquí lo leísteis antes.
El calor para la brisa y un rumor cálido de verano se instala sobre la ciudad, tratando de olvidarse de sí misma como yo trato de olvidarme de mí.
lunes, 7 de julio de 2025
El futurista .Siete de Hulio.
En el trabajo organizaron una convivencia como de campamento de verano pero con charlas de todo Dios para contar sus historias. Ahí se ve la estructura de la pirámide. Yo tengo más movidas que cualquiera pero si las cuento llaman a recursos humanos, supongo. Y ahí tení que estar, sentado serio. Y entonces llegó...un...futurista.
Apareció entre una nube de humo, como si fuera un villano de una peli de ciencia ficción de los ochenta o fuera a imitar a Rocío Dúrcal en lluvia de estrellas. Eso fue bien preparado, pero lo mejor llegó un poco después. Dijo que era futurista. Como suena. Futurista, vamos. Por un momento me emocione y pensé que igual era un superultrafan de Futurama, como yo. Trekkies, futuristas, yo que sé. Y lo que contó fue reciclaje del humo del que salió. De verdad, inenarrable.
Dicen que el futuro es un país extraño. Sea. Yo, de lo poco que sé es que no hay que confundir el mapa y el territorio. Y también sé que vivimos tiempos infestados por la mentira ubicua, por el fraude y la mistificación, tiempo de dobleces y personas taimadas que tratan de imponer su visión sobre la de cualquiera sin ninguna legitimidad para ello. Pero esto era la Shempions Ligui de la inanidad, podéis creerme. Dijo que el conocimiento humano global se doblaba cada mes. Luego miró al soslayo, fuese y no hubo nada. Yo pensaba en la leyenda del sabio que inventó el ajedrez y como recompensa pidió unos granos de arroz, a condición de que cada nuevo escaque contuviese el doble de granos que el anterior. Mirad a ver por cuanto se habrá multiplicado "el conocimiento" en dos años, o en cinco.
La impresión asfixiante es que hay ventas de recetas milagrosas por todos lados, y muchas de ellas son cuasi obligatorias, por presión social, por estupidez o por imposición legislativa. Ser charlatán vende. Mucho. Porque la gente desea dinero fácil, reconocimiento y prestigio y sufrimos de obsesión por el estatus. Big data, crypto, Internet de las cosas, realidad virtual, multiverso, impresoras 3D, todas ideas estimables con sus ventajas e inconvenientes (esa es otra. Hay que encontrar soluciones mágicas y perfectas) se conviertan en un territorio apto para que cualquier farsante reinvente la rueda con naderías que se le acaban de ocurrir, explotadores de la pobreza de experiencia con la novedad y una falta de sentido crítico enervante. La estupidez abrumadora se da por sentada.
Y ha llegado la AI. Ay con la AI. Una herramienta interesante que de repente se ha convertido en la panacea. Claro que sí. Como no sabemos más que juntar palabras sin demasiada coherencia, la llegada de un modelo de lenguaje que te cuenta el rollo que quieras escuchar es como el segundo advenimiento de Jesus Gil pero que puede hablar como Valdano si lo pides. Una perspectiva de futuro completamente halagüeña. Cualquiera podrá corroborar que los resultados de AI sobre temas que una persona conoce (de verdad, con un conocimiento robusto) son una castaña.
Para cerrar el círculo, resulta que la AI es un modelo que debe trabajar con los datos que lleven a un resultado aceptable por macarras de la moral que viven de levantar el dedito a los demás estando llenos de basura. Porque el resultado no aceptable es un sesgo,pero el resultado falso es con buena intención. Unos tienen sesgos, otros son moralistas. Y entonces, cuando hay un futurista moralista, pues tienes la full experience homilía de una hora de la iglesia del santo futuro en nuestras manos por el poder de la violencia legítima de Don Estado. Y mientras tú en la silla, con las preocupaciones de un trabajador viendo cómo tratan de hacerte sonreír para que la propaganda entre sin dolor en su futuro inventado, sin respeto y sin reglas.
El ocaso se expande sobre el río y el puerto, y luces se reflejan en las ventanas de un día cansado que va acercándose a un futuro en el que aún un día de experiencia humana sirve para conocerlos casi todos.
martes, 1 de julio de 2025
Sin rencor ni duelo. Uno de Julio, 2025.
No es más cruel la noche que cae que el sol que nace...
Oh mundo pasajero, oh lienzo decaído.
Ni alienta más el vino que la hiel que gotea
En los racimos de la experiencia ingratos...
Oh batalla sin fin, oh piel de olvido.
Hay un faro de luz invencible contra la tormenta
Y las pesadillas mueren contra un filo sincero
Más no es ya tiempo de héroes; esta epopeya
Es vulgar y no muestra un camino hacia el cielo.
Y yo, estatua de sal en medio del incendio
Que el recuerdo arroja sobre casas malditas
No me atrevo a oponer al Señor de mis miedos
El seno de inocencia de mi quietud más íntima.
Porque creo que todo es tarde aunque no haya llegado
Y envenené de indolencia las flores de mi hora
Braceo ahora impotente en mi palacio helado
Y sus cristales relucientes desgarran mi corona.
Contemplo el día sin besar el alba. Niego sus promesas,
Arrastro horas sin fruto, me pierdo en la nostalgia
En habitaciones en penumbra ignoro la razón y la amnesia:
Miro sus tristes pactos con la vista cansada.
Las nubes pasan mientras yo paso en ellas
La vanidad de días estancados contra el sol inclemente
Y ni la poderosa noche ofrece sus estrellas
Ni la luz del ocaso desvela el canto de su fuente.
Me siento en esta silla y veo las palabras
Pasar dando sabor a esta vida sin rencor ni duelo.
Concedo a mi vértigo el ansia de las alas,
Barro un rayo de luna y recojo mis sueños.
domingo, 22 de junio de 2025
Conjetura y abismo. 22 de junio, 2025.
Allá en la lejana tierra donde se levantan las montañas que llaman Pradghata o corazón del mundo, más allá de las grandes llanuras, de la tierra que vio caminar a Zoroastro y aquellas estepas que fatigaron guerreros alados con cimitarras y el Alcorán, existió un culto mistérico que acaso logró refutar el tiempo. Sus huellas apenas se vislumbran en páginas raídas de sabios paganos. Ellos han especulado con la figura mítica de un héroe y legislador, tal Licurgo, Solón o Moisés. Se le atribuye la creación del cero, envuelto en la doctrina mística de la ruptura del velo, que ve en la transmigración de las almas una condena circular de la esencia vital, impedida a transformarse.
Sus discípulos horadaron la piedra de sus montes abrumadores. No creían en ritos pero dieron en convertir los espacios cerrados en cenáculos en los que ingerían los productos sagrados de la flor del rododendro, o deli bal, cómo lo llamaron los caravaneros del desierto que hasta allá llegaron, y discutían la realidad oculta detrás del engaño de Maya.
Fue entonces cuando un oscuro discípulo, del que no rescataremos las letras de su nombre mortal, estableció una audaz conjetura. La eternidad, arguyó, es la ausencia del tiempo. Lo que vemos está preso en la sucesión interminable que pesa como una condena. La liberación del ciclo perverso sólo puede ocurrir en la eternidad, en donde el río del futuro no anega el presente para convertirlo en parte del caudal del recuerdo. El Dios que reina en las montañas, añade la herejía luminosa, no conoce el tiempo pero éste nació de la separación de su esencia entre su voluntad y su creación. La separación de la eternidad creo el tiempo, como la nieve y el hielo separan las cumbres solitarias. Por eso, la sucesión de días y noches nos otorga el don del sueño, que nos permite dejar de ser para participar en la esencia que no existe, pero que es.
Innumerables discusiones y ramales nacieron de aquellas aseveraciones y con ellas en pocas generaciones el final de aquel grupo, al que eruditos han llamado los quebradores, la rama de hielo o los Prajdanes, debido a la figura de su creador que algunos dan en llamar Prajdan, o Praidán, de Shambhala. Las bifurcaciones de sus disquisiciones llegaron a Persia y de allí al Levante, donde los griegos erigieron doctrinas deudoras del Oriente.
Acaso su texto más reconocible es aquel que prefigura un día de la eternidad como el tiempo que pasará cuando la cordillera inabarcable caiga convertida en completa arena tras los picotazos de una avecilla, uno cada diez mil años. Otro, más oscuro, establece que cada sueño es un encuentro en la cara de la creación infinita y que se nos da la bendición de olvidarlo para poder soportar la visión, que no sabemos comparar a nada de lo que existe en lo que vemos. Este texto de sabiduría esotérica postula implícitamente la inmortalidad personal.
Ayer soñé que una mariposa volaba hasta lo más alto de la montaña y allí se hacía un cristal de mil colores sobre el cielo oscuro. Creo comprender que mi sueño significa que en el corazón de la piedra existe una fuerza que creó todo lo que hay y se refugia escondida tras el velo. Si fuera así, acaso la conclusión sea la más simple: sólo aprenderemos a mirar cuando las cosas aparezcan borrosas y plenas de misterio, en la ardua tarea de aprender a dejar de mirarnos, derogar el yo y dejar que sea la voluntad primera la que sepa mirarnos y decida compartir su estupefacción, inserta en el tiempo, ni demediada ni ambigua, uniéndose a mí, a nosotros.
Ignoro si mis razonamientos son espesos u oscuros, o limitados a lo que no sé que no puedo saber. Y sin embargo, en el anhelo de una conciencia universal y una vida sin límites más allá de nuestros nombres y las desdichas de los seres, en el conocimiento total y sin fin, en la contemplación de la belleza primera y la alegría de las metamorfosis y el olvido que deja tras de su un camino dentro de una duda, mi corazón late con esta alegre esperanza.
domingo, 8 de junio de 2025
Decálogo del postdeporte (fumbo, en particular). Ocho de junio.
O retro deporte, o falso deporte o lo que sea. Como en todo, cada vez hay peores espectáculos más caros, por más que sirvan para embrutecer a quienes deseen ser embrutecidos y olvidar.
Pagarás más por un peor espectáculo. Los Horarios, el funcionamiento de la tecnología, todo está pensado para que el espectador en el estadio sufra un deterioro en la experiencia
No disfrutarás del juego, sino del tribalismo. Se trata de que ganen los tuyos, porque TÚ lo mereces. Y si no lo logras, será culpa del árbitro.
Lo perdonarás todo. Quienquiera que lleve tus mismos colores, siempre debe ser comprendido.
Nunca perdonarás nada. Quien haga perder a tus colores, debe ser siempre castigado.
Gritarás pidiendo ser engañado. Es más importante ser reconfortado que saber la verdad.
Malgastaras tu compasión. Llenarás de pena ídolos necesarios que son profesionales de una afición bien pagada, creyendo que son un mensaje de la providencia para que puedas triunfar en ellos.
Exagerarás las gestas. Necesitarás épica constante para sobreponer una vida sin drama.
Seguirás a los expertos. Buscarás de entre las miríadas de opiniones aquellas que confirmen la que deseas tener. Y a quienes las sostienen, los considerarás expertos.
Aclamarás a la estrella. Olvidarás cualquier concepto de equipo para entregar toda la gloria a una persona, que sabrá vender más imagen y toda clase de mercancías después de ser aupado a la cumbre ficticia.
Nunca regresarás a la infancia. Tratarás de volver a los recuerdos gratos que te hicieron enamorarte, pero verás algo parecido que nunca será lo mismo.
En esta época en la que no se puede dirigir al mundo una mirada tranquila y la serenidad pareciera inaccesible, todo debe ser embutido y frenético. Querríamos ser optimistas, pero no hay mucha esperanza; no podrás disfrutar de una forma natural más allá del torbellino. Sólo esperamos que recuerdes que hay, por fortuna, muchas otras cosas.
sábado, 31 de mayo de 2025
Medio y mensaje. 31 de mayo, 2025.
Hace unas semanas estuve leyendo un libro creado hace unas décadas, en el que se argüía que la aparición de la televisión de forma masiva en la vida de la ciudadanía había traído aparejada una inevitable banalización y simpleza de la discusión pública. Acaso es cierto que el medio es el mensaje: Hoy, el nivel es desolador, lleno de clichés denigrantes, lugares comunes y argumentos que sólo pueden triunfar en el ánimo común de un grupo de querer creer lo que sea para conquistar la hegemonía de un discurso. El infotainment y la civilización del espectáculo empobrecen cada idea, la ficción crea discursos convenientes y la actitud del poder cada vez es más autoritaria contra ciudadanos voluntariamente atados a su servidumbre. Realidades complejas tratan de adaptarse a dos frases o un eslogan. El conocimiento se convierte en un argumento de autoridad de un motor de búsqueda, La moral es una opinión que no compromete a nada, La nobleza de espíritu es un obstáculo para el éxito, pero quizá siempre lo fue. Sin embargo, donde había sinuosas razones y tratos de inclinar la justicia con elocuencia y retórica, hoy se vislumbra la sencilla apelación al poder mismo, porque no hay nada más. Inteligencia y bravura, eso es la fuerza. El poder por el poder mismo es simplemente el anuncio de su abuso, la bestialidad coronada.
Es arduo tratar de encontrar un refugio, es inconveniente detestar el gregarismo y... lo más relevante, puede resultar peligroso no adaptarse a los puntos de vista de moda de la hipocresía de cada momento. Porque lo peor no es que la gente adopte un punto de vista agresivo y bronco sobre las opiniones que les han hecho tener. Lo realmente malo es que se han convencido de que están en la luz. La desgracia moral, la intelectual, yacen en todos los ojos. El miedo parece todo lo que existe. En estos decorados grotescos, hay quienes prosperan, también. Cada teatro necesita sus propios personajes.
Los expertos, por ejemplo. El sistema produce expertos como policía del pensamiento. Suelen ser aquellos que tienen una tribuna o un altavoz, un título oficial certificado por el sistema que oficialmente denigran y realmente apuntalan y una carga importante de impostura. Sirven para inclinar las discusiones en virtud de la propia existencia de su categoría. Nos enseñan a desconfiar de nuestro prójimo y a confiar en el poder y en ellos, que son sus heraldos. Como ofrecen soluciones irreales, muchas veces en respuesta a problemas que no existen, suelen servir solamente para trazar la línea entre lo tolerable y lo inaceptable.
Quienes no han llegado aún a esa categoría (circular: el experto da opiniones de experto porque es considerado un experto) pueden aspirar a hacerse portavoces de un grupo para asignar un punto de vista a toda la comunidad. Es falaz, ataca al pluralismo y es una violencia intelectual, pero funciona muchas veces. Acaso no hemos aprendido que casi todos somos simplemente peones en el juego. Sin agenda, sin ideas, sin demasiada esperanza, solo una rabia inmensa que se eleva sin forma contra el cielo incendiado del atardecer para formar otra imagen dislocada de este mundo confortable y extraño envuelto en su perpetua guerra, lleno de importancias falsas, hipocresía y daño, expertos venales, portavoces estúpidos y peones tratando de coronar en el tablero mientras lo asolan.
Sí, hemos abaratado todas las ideas a cambio de pretender extenderlas sin considerar que merecían un esfuerzo. Y esa deuda contra la realidad, la seguiremos pagando.
domingo, 18 de mayo de 2025
Domingo noche. 18-05-2025.
Este rincón conoció más otoños
Y ha vertido en la simiente su sentido
Añejo de lo hondo y lo sagrado.
El arpa de los días ha marcado
De polvo y pesadez su luz ambigua
Y el vaso de sus noches deshojado.
Motas de polvo bailan con el alba dorada
Y un eco agudo de apresurados pasos
Roza la mansedumbre de la tarde.
Entre las horas, las hojas desecadas
mueren mientras el viento acarrea
silbidos tristes solitarios.
Callan dignos los libros de pieles malheridas,
El péndulo que exhala sus despojos
Las persianas que callan cuanto saben.
Ese rincón que ha vencido al otoño
Y ha muerto en él, desheredado
Guarda en su secreto corazón, que arde
El resto de mis restos congelados.
miércoles, 14 de mayo de 2025
El umbral de las cosas pequeñas. Catorce de Mayo.
Hay mañanas en las que el mundo parece resistirse al ruido. Las asocio a un sol cansado y agradable. Hay tardes lentas y luminosas en las que el silencio asciende con la luz y se transforma en un don, inmerecido, mas necesario. Todo respira en un sigilo antiguo, como si la calle, los pájaros, las ventanas mismas, se hubieran puesto de acuerdo para suspender la maquinaria del tiempo. En esos momentos, uno se descubre caminando más despacio, cuidando no perturbar con su sombra ese frágil acuerdo. Un susurro de hojas secas bajo los pies basta para recordarnos que también somos parte de lo que se rompe. Somos de aquel país siempre en un crepúsculo mortecino y suave, donde respira el silencio.
Me he preguntado muchas veces por qué nos (me) seducen tanto las ruinas, las grietas, los objetos olvidados. Tal vez porque ellos no luchan contra el desgaste, no temen desaparecer. Ya no sufren odio, rencor, la ambición desmedida de otros seres efímeros que en ocasiones parece todo lo que existe. Conllevan su desgaste con dignidad silenciosa. Una silla vieja, un libro mordido por la humedad, una fotografía desvaída... todos parecen decirnos: "Aquí estuvimos, y aunque ya no somos, aún vibramos". Que uno sepa sentir esa vibración o sólo perciba el silencio, poco importa. Hay música callada que construye paz de corazón.
A veces creo que vivimos demasiados días empujados por la prisa de ser alguien, de lograr algo. Pero el alma, pienso, tiene otro ritmo. Su respiración es lenta, circular, casi vegetal. El alma no construye imperios ni colecciona victorias; apenas murmura en los rincones donde los hombres olvidan mirar. Por eso, en días como hoy, me permito ser nadie: escuchar, tocar, pertenecer a las motas de polvo dorando la mañana.
He notado que los recuerdos más persistentes no son los grandes eventos, sino los detalles mínimos: el sonido de una cuchara en una taza de porcelana, el temblor de una hoja al caer, una mirada que duró apenas un latido. Somos esa suma de nimiedades, y en ellas, paradoja profunda que siempre nos traspasa, habita nuestra eternidad. La memoria no es un palacio, sino un jardín silvestre. No me pesará irme, pero sentiría pena de sentir al final que no lo cuidé como merecía, o que hubo días en los que no me esforcé en su cuidado. Porque afuera habitan todos los fuegos y la destrucción siempre parece pronta. Pero lo que existe es el momento de antes, el presente, donde respiramos, en el instante brillante cuyo fulgor ninguna eternidad sabe retribuir.
Quizá, después de todo, la salvación esté en aprender a habitar esos umbrales invisibles: el borde entre la luz y la sombra, la frontera entre el olvido y la presencia. Allí donde nada es del todo seguro ni definitivo. Allí donde, por un instante breve y perfecto, somos verdaderamente nosotros mismos. Allá lejos en un umbral silente, un camino dorado o una presencia inasible, allá en el terreno misterioso donde se construye el umbral mágico de las pequeñas cosas.
miércoles, 7 de mayo de 2025
Las elecciones papales molan más. Siete de Mayo.
1-La coherencia. Si quieres un proceso oscuro y para iniciados perfecto, pero tienes que dotarlo de una cierta liturgia,no puede ser simplemente un nido de vividores apenas camuflados en el que se pretende una seriedad sobria y moderna. Lleva el carácter opaco hasta sus últimas consecuencias y no lo mezcles con nuevas tecnologías, no hagas procesos de votaciones en base a apretar un botón, innova, busca en el druidismo o algo asín. O si no, de qué.
2-El enigma atrayente. Cualquiera de los electores papales a su vez puede salir elegido, el marketing nunca sale afuera, no se conocen candidaturas, nadie admite sus ganas, se ponen en manos del espíritu santo, que grande. Los únicos enigmas del COI que pueden despertar un poquillo la atención del respetable son todos relativos a Alberto de Mónaco, que tampoco es nadie.
3-El método de elección. Una fogata en la que sólo se cambia un poco de paja para distinguir si se produce el surgimiento del nuevo emperador (espiritual) o si la sufrida grey tendrá que esperar un nuevo conductor providencial tiene un punto de falsa modestia satisfecha de sí misma que sólo pudo concebirse en tiempos remotos (aparte de que la tecnología no daría para más, supongo). Los tejemanejes olímpicos son asquerosamente modernos, dinero, corruptelas, engaños evidentes...nada que no pueda pasar en un Ayuntamiento de una ciudad costera (o del interior, que coño) española cualquier día.
4- La liturgia y la terminología. Acorde con el rito, se adopta sin ningún tipo de complejo un intrincado ritual, absolutamente hueco y por eso mismo tan atractivo, golpear con un martillo la frente del difunto Papa, sellar sus estancias, los tañidos fúnebres de las campanas de la Basílica de San Pedro a las que se unen las de toda Roma... .
Habemus Papam, fórmula en la que cabe todo un mundo, un anuncio gozoso e inquietante a la vez, satán tendrá que esperar...pero portaos mal y ya vereís como se desatan las furias del inframundo.
La palabra Camarlengo. Camarlengo, camarlengo, camarlengo...es la palabra definitiva, sin duda, se queda en la boca, explota y queda su gusto después de pronunciada. Camarlengo, mmmmmm.
En lo de los juegos olímpicos, votar, eliminar, votar, eliminar, votar, coger. A todo esto, antes con el presidente diciendo la gente que hay, los votos emitidos, los nulos...parece una comunidad de vecinos votando si ponen parabólica, salvando las distancias económicas.
5- El latín. Mostrar el proceso y la elección al mundo en latín es elegante y tiene un ligero toque amenazante, algo así como "haremos un conjuro y resucitaremos las legiones de Teutoburgo si os portáis malamente" (ya, no se trata de emperadores romanos, pero sí de algo parecido). El anuncio de la "villa" elegida tiene un toque gris y burocrático, desganado. Abrir una carta, ya ves, cuando elegíamos delegado en clase había más ilusión.
6- La vestimenta. Por mucho que nos esforcemos, detalles leves aparte, vestir de traje y corbata no diferencia a un elector de unos juegos de un oficinista (con todos los respetos, obviamente). Esos capelos, esas casullas rojísimas...son una manifestación de poder y dignidad por la apariencia que no se adapta al gusto igualitario y decadente moderno, pero les da igual. Hacen bien.
7- La contención. Celebrar algo dando brincos y con bebidas espirituosas está muy bien y es lo que haríamos todos, porque nos falta ese punto despectivo y aristocrático de quien va a elegir a un pastor para un rebaño. Aparecer en un balcón desde la oscuridad, para dar a una plaza impresionante con un leve gesto desdeñoso transmite poderío.
8- El escenario. Entre la Capilla Sixtina y la sala de convenciones de un hotel median siglos de poder y magnificencia, traiciones, secretos, perversiones, hipocresía, etc... todo eso forma un ambiente insuperable e intimidante, la historia como una roca inconmovible sentada al lado de la espiritualidad, una combinación explosiva.
9- La imprevisibilidad. En cualquier momento puede darse la respuesta definitiva u otra que haga que haya que esperar más, nunca se sabe cuánto. Los miembros del COI, tan iguales a nosotros en todo, también viven presos del horario.
10- La irresponsabilidad. Los electores están guiados por una fuerza sobrenatural, y quien sea elegido por ella tiene un poder que va más allá de lo humano. Lamentablemente, todo inclina a pensar que es mentira, pero...¿quién se arriesgaría a suscitar la ira divina, por improbable que sea?
11- La trascendencia en el tiempo. Ser sede de unos juegos está bien. Ser Papa es entrar en la historia, con escudito propio, capacidad legislativa amplísima, poder absolutista, y quizá potestad para influir en el más allá.
12- La solemnidad. Los juegos, aparte de su capacidad para atraer dinero, transmiten una jovialidad clásica agradable y ligera. Un Papa es algo terrible, alguien que escudriña todo y nos censura, como ese Inocencio X que pintó Velázquez. Que miedo.
13-La separación aristocrática. Esa puerta que se cierra, dividiendo de la manera más elitista y genial el mundo en dos clases, para siempre, el cónclave y el resto del universo. Cuando el COI se enclaustra tiene circuito de televisión cerrado y la gente está bien modosita en sus asientos, con los auriculares para la traducción. Pero eso que es.
14- El anillo del pescador. Sería un título magnífico para cualquier obra de arte, lamentablemente está cogido. Aunque supongo que por un módico precio...
En definitiva, hay ciertas ventajas en los ritos de una teocracia orgullosa de haberse conocido a sí misma que en una democracia corrupta, a las cuales ya estamos más que acostumbrados. Propongo que la próxima elección del COI, de un gobierno o de una asamblea vecinal se realice con augures, ritos de iniciación y danzas tribales. Necesitamos ceremoniales memorables, algo que nos haga sentir enraizados en una historia, como un río que nos trasciende, antes y después nuestro. Supongo que si me eligieran Papa recordaría con cariño a aquel antecesor mío que desenterró a su inmediato precursor en el puesto, lo juzgó y lo condenó, por ejemplo. O los que excomulgaban a la mínima y vendían bulas e indulgencias, o con los que guerreaban a caballo. O uno, que insultó a Cristo y se declaró ateo, por lo que se ve (juro haberlo leído). Al papa fornicario, o a uno de los de la llamada “pornocracia” (aunque parezca mentira, no eran los mismos). Al que envió una carta en 1241 a un arzobispo del lejano norte para clarificar que no se podía bautizar con cerveza. Al que tuvo 683 sirvientes y declaró al ser elegido, “disfrutemos del Papado, ya que Dios nos lo ha concedido). A los que se codearon con Bramante, Rafael, Bernini, Miguel Ángel, Bob Dylan. O uno de los tres que excomulgaban y anatematizaban a todos los seguidores de los otros, haciendo que toda la cristiandad estuviera nominalmente excomulgada, la mayor parte de ella dos veces. Poca broma. U otros que eran así, divertidos o pendencieros, venales o decentes, poderosos, y temibles, y los amos. Humanos como nosotros revestidos de la liturgia más poderosa: la del tiempo.

























