Translate

domingo, 13 de noviembre de 2016

Eldorado y un don nadie (yo). 13 de noviembre






"Bien se parece, Sancho, que eres villano y de aquellos que dicen: ¡Viva quien vence!".


Una foto reveladora. Dos personas muestran su alegría y se esfuerzan en que nosotros la percibamos. Un fondo brillante tras ellos se abre como un signo de estatus. Y por encima de estas consideraciones, un aroma de falsedad evidente impregna la sonrisa de Farage y las puertas del paraíso de bisutería que los envuelven.

Walter Benjamin enseñó que las crisis conllevan una pobreza de experiencia; no hay nadie a quien consultar acerca de los nuevos imprevistos. Suena a excusa forzada hoy, entre otros lo tenemos a él para pensar y tratar de aprender. Pero seguimos devaluando nuestro pasado a cambio de una calderilla ínfima, "lo actual". Somos una masa de consumidores de democracia que respondemos a incentivos simples que tratan de demostrarnos que una marca es mejor que la otra para gestionar un espacio público cada vez más devaluado, peor gestionado y socavado por la falta de un compromiso cívico previo. Que un sistema ofrezca libertad no cancela las fallas de la naturaleza humana y la educación,único remedio conocido, es despreciada cada día, en busca de un oro falso que nos permita mostrar al mundo una sonrisa histriónica que ignora los matices de los otros en nombre de una autosatisfacción simple. Han ganado, sin duda, enhorabuena por ello. La democracia sigue siendo el sistema perfecto para asegurar que ningún pueblo tiene un mejor gobierno del que merece.

Y yo, del que nadie dará noticia, hilo ideas ajenas y frases esforzadas que no les importarán nada, como es lógico. Sim embargo, el estado del malestar un día llevará las olas donde hoy los castillos se yerguen, y ojalá me equivoque, como suelo. Dundalk da su espalda cubierta de nubes a una luna que nunca podrá iluminar ya tanto como las lucernas artificiales pero ofrece sin premio su verdad desnuda.

sábado, 12 de noviembre de 2016

Once del once del dieciséis.



Noviembre es el estado mental que hizo echarse a Ismael a la mar y es un rumor de lluvia y una quietud que emblanquece los prados. Los pasos se amortiguan formando una estela engañosa de tiempo lento: vuela, cual suele. Las chimeneas bostezan y las tabernas se agitan, en un rincón donde cansado de mí mismo, mastico el silencio.

Leo un artículo . Me resulta banal, forzando analogías y aplicando el fuelle sobre una realidad aún sobria para, engrandeciéndola, estampar una apostilla épica a una prosa que no puede mantenerse atronadora sobre las bases del aburrimiento político, tan deseable. Oh, articulista, mi semejante, mi hermano. Quizá me despreciaras si leyeras un blog comparándose con tu columna del alba. Y es posible que tengas razón. Su autor está agotado y aunque imagina a Moby Dick tras las tormentas del futuro, aún se ve en el puerto, pensando si unirse a la tripulación.

Y sin embargo, un fragmento me remueve:

Tenía que ser un rabino, el agudo Jonathan Sacks, quien esclareciera la entraña religiosa del fenómeno populista. Dice Sacks que el individuo occidental ha externalizado su conciencia. Ha transferido todas sus competencias al Estado y al mercado. Y durante medio siglo el demoliberalismo cumplió el contrato. Pero también generó una expectativa de prosperidad constante que la globalización y la digitalización han quebrado. Para entonces, el individuo se encuentra tan infantilizado que ya no sabe gobernarse a sí mismo, ni corresponsabilizarse de ningún fracaso. Antes al contrario: se vuelca en la cultura de la queja, cuya última estación es la patada al sistema y el aplauso pavloviano al último oportunista televisivo. Su reacción no es cerebral sino visceral, abonada por la nostalgia de una triple pérdida: de poder adquisitivo, pero también de poder identitario en una sociedad plural y de poder lingüístico bajo la asfixia de la corrección política. Nuestro individuo está acostumbrado a esperar de la política lo que sólo la magia puede dar...

Yo también siento una revolución cultural en marcha, la respuesta colectiva a incentivos simples por parte de una ciudadanía que intuye que vale cada vez menos y pronto será nada. Educados en el estímulo constante del ego, reaccionan con rabia ante promesas veladas que imaginaron, que imaginamos. Y es entonces cuando cualquier discurso vacuo que nos prometa la nostalgia imaginada de un futuro apacible ahonda en nosotros una fe unamuniana, de querer lo que creemos, querer lo que no podemos aspirar creer, creer lo imposible, crear lo que no existirá. Sin una actitud previa, como la ideal invocada por Pericles, no existe democracia. Solo dictadura de la estadística.

El Pequod aguarda en la ría de Dundalk hacia la bestia invencible, mientras noviembre seca las calles y recuerda sardónico que nada habrá que nos calme del ansia de su encuentro.



miércoles, 9 de noviembre de 2016

9 de noviembre

Me he levantado pronto, y he consultado mi teléfono para saber quien había ganado las elecciones. Sorprendido, he ido a trabajar a una oficina confortable. He recibido memes de Trump, y he reenviado algunos. He escuchado la radio, algunos podcasts, mientras trabajaba casos. He vuelto a casa y he visto la tele, leído un poco, navegado por internet. Ahora escribo esto.

En todo el día, apenas he sido consciente de mi suerte. Y ahora pienso en aquellos que sienten que no sirven, los olvidados, los que han perdido un trabajo, aquellos a quienes les han envenenado las mentes junto con el futuro. Y quizá, he comprendido. Puede que sea así, porque junto con ello, he comprendido que no servirá de nada. Otro se sentará en mi mesa, hará mi trabajo, pagará mis impuestos. Otros sentirán rabia y yo podría comprenderla, o rechazar las promesas de utopías absurdas.Sentiré que no cuentan conmigo, como lo siento esta noche solitaria. El mundo gira deprisa al son de melodías antiguas tocadas a un ritmo desconocido, y Dundalk se encoge de frío y lanza sus cuervos a vigilar las sombras.


martes, 8 de noviembre de 2016

El día de la elección. November the 8th, 2016.

Isaac Asimov imaginó en una de sus historias que la elección podría dejarse en manos de un votante, un espécimen completamente representativo de la sociedad. Gloria a él. Hoy no existe el individuo, solo las comunidades, encastilladas en mínimos comunes denominadores de miedo y rabia.

Los pueblos no son mejores que sus gobernantes. Supongo que lo único que queda es procurar mantener a raya los fantasmas de la condición humana y hacer del mundo en que vivimos, una calle, una plaza...un lugar más decente y alegre. Y no exigir del poder más que un andamiaje que garantice una posibilidad de vida, sin sucedáneos ni autoengaños. Multivac no te ha elegido a ti para que hoy elijas entre los candidatos a la presidencia del poder hegemónico. Pero solo tu puedes salvar a la humanidad.

En Dundalk, un viento de nieve esparce noche y rumores de futuro.

martes, 18 de octubre de 2016

Dylan y las sagas nórdicas

Borges se resignó a que la Academia sueca vetase su nobel achacándolo a una vieja saga escandinava. En el fondo, como él mismo explicó inigualablemente, hay pocas historias que contar; una de ellas es la de la injusticia cometida, y el efecto sobre el castigado.

Adoro a Dylan. Coincido con Jimmy Hendrix, quien dijo que contenía todas las tristezas y gozos de la vida, y con Marguerite Yourcenar. Soy consciente de que hay muchos otros, cuyo criterio vale tanto o más que el mio, a quienes les parece deplorable o sobrevalorado (debo hacer un inciso; detesto ese concepto. Sobrevalorado suele significar "lo que piensa la gente no es cierto y lo que opino yo, sí).

Asi que basicamente, creo que un gran poeta ha ganado un premio...que yo no hubiese concedido, si dependiera de mí. Dependemos de lo que elegimos amar, y mimar nuestros gustos nos empobrece en cuanto atraviesa la linea del disfrute inocente. Dylan no necesita el Nobel para una obra que vivirá tras nosotros. Magníficos literatos hubieran podido ser más leídos, conocidos, amados por nuevos lectores a raíz de un premio de trascendencia mundial.

Pero no voy a protestar. Imaginaré a Homero tarareando melodías para su punto de partida de la literatura occidental (y que empieza, en su Iliada, con la palabra "canta...") mientras camina en el atardecer de alguna playa jonia, a labradores desafinando algún pasaje del cantar de Mio Cid, a juglares que conmovieron a reyes con un pellizco de inspiración, a San Juan desesperado por no encontrar la armonía precisa para la perfección de su cántico espiritual...y a Bob en un café tratando de atrapar las musas, trayéndonos estos versos por los que siento especial devoción.


Then take me disappearin' through the smoke rings of my mind
Down the foggy ruins of time, far past the frozen leaves
The haunted, frightened trees, out to the windy beach
Far from the twisted reach of crazy sorrow
Yes, to dance beneath the diamond sky with one hand waving free
Silhouetted by the sea, circled by the circus sands
With all memory and fate driven deep beneath the waves
Let me forget about today until tomorrow.

Es extraordinario. Gracias y enhorabuena, Bob. Aquí en Dundalk, desolation row se llena de marinos que juegan al parchís entre terrazas ocupadas de gaviotas.



lunes, 3 de octubre de 2016

Johnny cogió su fusil. 03/10/2016

No hay nada peor que la ira. Envejece tu cuerpo con un fulgor inútil y esparce su eco venenoso entre todas las rendijas, también las inocentes; no hay batallas, grandes o pequeñas, de las que uno salga indemne. El alma busca ávida extender su malestar, y recibe indiferencia y noticias de un futuro más gris. Y mañana es un día nublado, un muro ante cuyas sucesivas puertas hay apostados guardianes temibles, Más vale que te acostumbres, chico.

No hay nada peor que la frustración. Agota tu alma en un pantano sombrío que levanta punzadas de indiferencia mientras picotea con gorjeos de agua sucia; empapan tu mente de pasado, lo que no puede cambiarse, y se burlan de tus planes imposibles. Y hoy es un día de sol de invierno, blanco y lejano, y hay nubes que forman animales más consistentes que tu esperanza.

No hay nada bueno que salga de ello. Pero Johnny cogió su fusil, y aún no sabe que hará. ¿Acaso importa?  Ha perdido los brazos de buscar, las piernas para seguir de pie, y aún no se dió cuenta de que ya no tiene lengua para decir más nada.

Dundalk se mece con el viento ajeno a estas agonías y sus cuervos caminan los tejados y alzan sus picos curvos a contraluz de las nubes sin forma.

jueves, 29 de septiembre de 2016

Frank Grimes. San Miguel, 2016.

Has salido a la lluvia, como cualquier día saldremos a abrazar lo que nos dañará.Dejas tras de ti humo y el sabor acre de la madera envejecida. Sigues el camino de la ría, y la barandilla perlada de lluvia fina te recuerda las luces que en otro tiempo iluminaban el barrio. Los gatos se cruzan, sosteniendo la mirada al extraño. Los fantasmas forman estatuas con las nubes. ¿No hace una noche preciosa para explosionar? Sabes que en la sombra hay otro, y su sangre es perseguir tu sangre, y agriar tu mente. Cansado de las cosas. Heraldo de lo caído. No te consuela lo correcto; a nadie importa. Y así fatigarás los días.

Frank Grimes, el hombre decente. El héroe cansado. Frank Grimes, que desciende en su ataúd mientras todos ríen.



Dundalk es ajeno a estos caminos, pero muestra las estrellas, y ellas se mueven traviesas en las ondulaciones de los charcos cuando los solitarios pasan.