Desde muy niño, crecí con el futuro emplazado en el espacio exterior. Supongo que después de Julio Verne, la tierra se queda pequeña. Pensaba que en plena juventud, el año 2000 vendría con maravillas que nos harían contemplar una vida nueva. Yo era de una ciudad de provincias tranquila y alrededor la vida se movía rítmicamente al son del crédito, la apertura y los miedos algo menos temibles por conocidos. Tenía una revista, "Conocer", leía a Isaac Asimov y artículos divulgativos sobre los agujeros negros, la relatividad, las perspectivas del avance de la ciencia y las paradojas de la gran explosión.
Que pasó después, no lo sé. Me eché a perder, fui muy cómodo, elegí caminos fáciles, no pude sustraerme a las inseguridades que mi infancia me legó, en recreos asustados, en parques terribles. Yo fui malo también, y me averguenzo de recordarme en algunos momentos. Creo que nunca he podido ni podré reponerme de mi infancia maravillosa ni perdonarme mis caídas rastreras un poco más tarde, cuando aún creía que el tiempo era inabarcable y que podría dar la vuelta a mis yerros. Lo he intentado, y aún lo hago. Pero no hay forma de evitar un aroma de autodesprecio tranquilo en cada cosa que emprendo.
Podría ser peor, supongo. He tratado de devolver el mal que hice con bien, y agradecer que conmigo la vida se haya portado muchas veces mejor de lo que merecía. Estos breves apuntes a vuelapluma no son lugar de confesarse, me digo.También he recibido mal de quien traté bien. Pero no hay lugar al que volver cuando quemas lo que un día erigiste. Es hora de dormir, y mientras escribía, traídos por no sé que viento nocturno, han venido a verme los remordimientos, que son como perros apaleados que no tienen nada que perder y se echan a los pies de la cama.
Hoy la NASA ha anunciado que hay exoplanetas a 40 años luz en los que es posible la vida. Y yo, una humilde fracción de mota estelar, daría todo lo que soy y más por poder ir allí, contemplar las maravillas que ni el tiempo conoce y volver a pensar en cuando fui inocente, curioso y bueno y sonaba con ser astrónomo o físico, antes de que lo jodiera todo.
Dundalk me consuela con la sonrisa de su gente y yo le vuelvo la espalda para que no vea mis pedazos rotos.
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miércoles, 22 de febrero de 2017
martes, 21 de febrero de 2017
21/02/2017
El siglo pasado empezó a lomos de una idea extraña pero recurrente y atractiva a la naturaleza humana: La historia tiene sentido y final, y cada época es un escalón en una estructura llamada progreso. Después, la historia demostró ser caótica y gobernada por pasiones ciegas, y hubo quien quiso imaginar un futuro que decaía hacia la sombra. 1984, Soy Leyenda, Un mundo feliz, en parte El hombre en el castillo y Blade Runner, Fahrenheit 451, Soylent Green.La carretera...todas muestran un futuro en el que hemos perdido lo que creíamos nuestro.Algo terrible ha pasado, o está pasando. Y los hombres del futuro no saben que hacer.
Creo detectar un hilo de trama común que enhebra todas estas ficciones. Sus protagonistas son personajes sacados de nuestra época, comparten nuestro punto de vista sobre la vida y lo que significa ser humano, aunque el mundo haya avanzado en otra dirección. Lamentablemente la historia demuestra lo maleable de nuestra naturaleza cuando un poder quiere dirigirla. El miedo a la libertad y la búsqueda del calor de establo.La tendencia a creer en lo que queremos creer. El miedo atávico a la diferencia. Por supuesto, hay hombres excepcionales. Creo que la mayoría de ellos yacen sin que sepamos su historia, y los testimonios del pasado no sirven de nada.
Vivimos una época estupenda de maravilla tecnológica. Pero la técnica no libera. Quizá vivamos en un mar de novedades como quien recibe salpicaduras de un mar embravecido en el que no embarcaremos. El mal sordo se ha convertido en un ruido de fondo que tratamos de evitar mientras los signos de la distopía se acumulan. Y sin embargo, no es nada. La ficción ordena, la vida agita, y nosotros, simios levemente avanzados y moldeados por milenios de evolución, tratamos de conocernos antes de que anochezca.Supongo que el futuro será esto, Avances maravillosos y ritos atávicos bailando sobre una escalera que pierde escalones y se mueve hacia los lados mientras luces parpadeantes nos vuelven locos.
Lesser Ury pintó la Posdamer Platz en los años 20. Luces, noche, vida. Quizá sintiera que en esa noche cabía una época, y que la siguiente sería aún mejor
Dundalk no quiere reconocer sus cicatrices, embarcada en una travesía de silencio al olvido, como yo. Las luces languidecen, cálidas.
Creo detectar un hilo de trama común que enhebra todas estas ficciones. Sus protagonistas son personajes sacados de nuestra época, comparten nuestro punto de vista sobre la vida y lo que significa ser humano, aunque el mundo haya avanzado en otra dirección. Lamentablemente la historia demuestra lo maleable de nuestra naturaleza cuando un poder quiere dirigirla. El miedo a la libertad y la búsqueda del calor de establo.La tendencia a creer en lo que queremos creer. El miedo atávico a la diferencia. Por supuesto, hay hombres excepcionales. Creo que la mayoría de ellos yacen sin que sepamos su historia, y los testimonios del pasado no sirven de nada.
Vivimos una época estupenda de maravilla tecnológica. Pero la técnica no libera. Quizá vivamos en un mar de novedades como quien recibe salpicaduras de un mar embravecido en el que no embarcaremos. El mal sordo se ha convertido en un ruido de fondo que tratamos de evitar mientras los signos de la distopía se acumulan. Y sin embargo, no es nada. La ficción ordena, la vida agita, y nosotros, simios levemente avanzados y moldeados por milenios de evolución, tratamos de conocernos antes de que anochezca.Supongo que el futuro será esto, Avances maravillosos y ritos atávicos bailando sobre una escalera que pierde escalones y se mueve hacia los lados mientras luces parpadeantes nos vuelven locos.
Lesser Ury pintó la Posdamer Platz en los años 20. Luces, noche, vida. Quizá sintiera que en esa noche cabía una época, y que la siguiente sería aún mejor
Dundalk no quiere reconocer sus cicatrices, embarcada en una travesía de silencio al olvido, como yo. Las luces languidecen, cálidas.
lunes, 20 de febrero de 2017
Veinte de febrero. Todos los pájaros estábamos mojados
Enfilados en la cuerda de tender. Fue la primera canción de un autor que aprecio mucho y que me ha acompañado muchos años. Lo vi el viernes, fue un gran concierto. Me gustan mucho sus imágenes, urbanas, cotidianas pero sin caer en el feísmo facilón ni la anécdota recurrente. Ésta fue la primera y una de las que más me gustan.
Y si creo que puede reflejarnos la imagen de pájaros posados en el tendido eléctrico en la tierra desierta y oscura mientras solo la tormenta ilumina los prados vacíos; ellos, los pájaros un día bravos siguen poblados por la ansiedad de un verdadero encuentro. La lluvia cae dura sobre ellos y los truenos rugen mientras el vendaval asuela silbando la tierra a su espalda que no ven.
Mienten las portadas y tiemblan los estadios, pero seguimos en fila, con las plumas mojadas, cansadas, embotadas. Siguiendo prejuicios, temores, rencor y duda para sentir el calor de los otros en lugar de volar hacia donde el rayo muestra sus embravecidas ramas. Hasta cuándo. Por qué no preferir caer en llamas desde la altura implacable que seguir soportando la tormenta. Por qué no nos rebelamos.
Dundalk bosteza mientras me tararea que nadie podrá con nosotros...pero estuvieron muy cerca ayer.
Y si creo que puede reflejarnos la imagen de pájaros posados en el tendido eléctrico en la tierra desierta y oscura mientras solo la tormenta ilumina los prados vacíos; ellos, los pájaros un día bravos siguen poblados por la ansiedad de un verdadero encuentro. La lluvia cae dura sobre ellos y los truenos rugen mientras el vendaval asuela silbando la tierra a su espalda que no ven.
Mienten las portadas y tiemblan los estadios, pero seguimos en fila, con las plumas mojadas, cansadas, embotadas. Siguiendo prejuicios, temores, rencor y duda para sentir el calor de los otros en lugar de volar hacia donde el rayo muestra sus embravecidas ramas. Hasta cuándo. Por qué no preferir caer en llamas desde la altura implacable que seguir soportando la tormenta. Por qué no nos rebelamos.
Dundalk bosteza mientras me tararea que nadie podrá con nosotros...pero estuvieron muy cerca ayer.
jueves, 16 de febrero de 2017
Dieciséis de febrero.
Es un tópico muy desgastado por las historias populares. El asombro y la fascinación por las ruinas desconocidas, en la espesura de las junglas, mientras sonidos sinuosos silban entre los ramajes espesos, la humedad acecha al ritmo del río que pasa tranquilo pero amenazante y la sombra baila al son de la brisa que agita las hojas.Qué mágico descubrir los relieves en la roca perdida bajo las plantas. Que asombroso imaginar la populosidad en lo que hoy es un silencio escabroso.
Y qué dirías tú, amigo lector, si tu vida fuera una ciudad destinada a perderse en umbrosas selvas de olvido.Caminarías un día entre muros de orgullo de los que apenas quedan piedras angulares desgastadas, pináculos de tristeza que no recuerdan su causa, avenidas desiertas cubiertas de nenúfares. Sería extraño, resquebrajaría el molde que la costumbre ha construido sobre nosotros.
Ese sentimiento lo han experimentado todos aquellos que han hecho de su afán algo perdurable. Y no debe ser fácil contemplar esas ruinas, que evocan algo que fue alto en tu vida, y darse cuenta de que cada muro derrumbado fue un castillo. Los artistas que trazan obras maestras, los deportistas que logran proezas, cada uno de nosotros cuando llega un milímetro más lejos de sí mismo, estamos empezando a ser los constructores de Imperios privados a la vez que los heraldos que suenan los clarines que darán comienzo a su destrucción.
Es la vida, supongo. Los peligros afilados de la alegría y la gloria, que no suelen ser disfrutados por la perspectiva que nos niegan al elevarnos. Y sin embargo, esa sed permanece,y la seguiremos tratando de saciar mañana.
Dundalk camina firme, convencido de que los días que le esperan serán largos, La erosión parece algo del pasado esta noche, y la marea se retira mientras la luna se esconde.
Y qué dirías tú, amigo lector, si tu vida fuera una ciudad destinada a perderse en umbrosas selvas de olvido.Caminarías un día entre muros de orgullo de los que apenas quedan piedras angulares desgastadas, pináculos de tristeza que no recuerdan su causa, avenidas desiertas cubiertas de nenúfares. Sería extraño, resquebrajaría el molde que la costumbre ha construido sobre nosotros.
Ese sentimiento lo han experimentado todos aquellos que han hecho de su afán algo perdurable. Y no debe ser fácil contemplar esas ruinas, que evocan algo que fue alto en tu vida, y darse cuenta de que cada muro derrumbado fue un castillo. Los artistas que trazan obras maestras, los deportistas que logran proezas, cada uno de nosotros cuando llega un milímetro más lejos de sí mismo, estamos empezando a ser los constructores de Imperios privados a la vez que los heraldos que suenan los clarines que darán comienzo a su destrucción.
Es la vida, supongo. Los peligros afilados de la alegría y la gloria, que no suelen ser disfrutados por la perspectiva que nos niegan al elevarnos. Y sin embargo, esa sed permanece,y la seguiremos tratando de saciar mañana.
Dundalk camina firme, convencido de que los días que le esperan serán largos, La erosión parece algo del pasado esta noche, y la marea se retira mientras la luna se esconde.
martes, 14 de febrero de 2017
Otoño. 14/02.
Cuando vuelvo del trabajo caminando me suelo cruzar con un anciano. Va con cuidado, con pasitos pequeños, su gorra, las gafas gruesas y una bufanda bien ceñida. Imagino que hay alguien que le cuida y le espera; yo así lo deseo. Una de las cosas que más detesto es la injusta soledad de los viejos. Reconozco que pueden ser exasperantes, que la soledad los hace pesados y la debilidad rencorosos. Pero cuando paso por los parques o los veo en los coches, con esa mirada ansiosa de capturar lo que se va, siento lastima, por ellos, por mi sentimiento no pocas veces hipócrita y por el mundo que hemos construido,de exiguos espacios de cuerpos tristes atravesando soledades inconcebibles a lo largo de los años.Me imagino a mí mismo allí, si llego, sentado y sin nada que hacer, con un recuerdo cada vez más difuso de aquel que fui y la mendicidad de un poco de cariño y calor de los míos. Si es que conservo a alguien.
Cada vez que me cruzo con ese señor, saludo y trato de sonreírle. Quizá nunca lo vea, quizá le importe un carajo. Yo solo puedo desearle y con él a todos, buenos días, pocas penalidades y afectos, y tratar de no olvidar que en esos cuerpos avejentados, como en los de los horteras que detestamos o los simples que ignoramos, hay un alma capaz de sufrir.
Hoy he descubierto una canción triste y hermosa que me sugiere una historia similar, una pareja que pasa la vida hasta que uno de los dos falta, y el otro solo espera volverla a ver de nuevo, sin olvidarla nunca. Os la dejo, espero que os guste, a pesar del nombre del grupo que la canta.
Cada vez que me cruzo con ese señor, saludo y trato de sonreírle. Quizá nunca lo vea, quizá le importe un carajo. Yo solo puedo desearle y con él a todos, buenos días, pocas penalidades y afectos, y tratar de no olvidar que en esos cuerpos avejentados, como en los de los horteras que detestamos o los simples que ignoramos, hay un alma capaz de sufrir.
Hoy he descubierto una canción triste y hermosa que me sugiere una historia similar, una pareja que pasa la vida hasta que uno de los dos falta, y el otro solo espera volverla a ver de nuevo, sin olvidarla nunca. Os la dejo, espero que os guste, a pesar del nombre del grupo que la canta.
Dundalk es un nido de gente donde los ejércitos ignorantes de los fantasmas del recuerdo y la ilusión batallan cada noche.
lunes, 13 de febrero de 2017
Pre San Valentín, 2017. I love Joaquín
Sabina me lleva acompañando mucho tiempo. Yo estaba en Séptimo de EGB y a mis padres les grabaron dos cassettes, "Canto a lo humano" de Víctor Jara (un mártir en mi panteón) y "Física y Química", de Joaquín Sabina. Bebí cada verso y busque más, crónica urbana, chulería canalla, canto desgarrado, humor airado, ganas de besar. Desde joven soñé con besos con sal, gatos aullando su soledad en los tejados, baladas en los trenes y Tirso de Molina, Sol, Gran Vía y Tribunal, entre tantas otras. Es parte de mí, ni podría ni quiero evitarlo.
Me angustia el tono de las dos canciones de adelanto de su último disco. Me encantan, pero suenan a despedida, cansancio, amor a la oscuridad. Imagino que todo pesa, y cuando los meses pasan y tú pasas por ello, nunca quedas indemne. Yo lo empiezo a intuir, desde el valle de mis 36 (aunque quizá veinte y diez digan que aparento). Siento el afán de los días, llenos de polvo sudor y hierro, como el Cid y los suyos bajo el sol de castilla. Y la herrumbre se pega a los huesos.La vida aquí no es tan mía y a pesar de saber mi suerte, a veces uno se ve como quien sería un buen vasallo si tuviese un buen señor, pero se ha convertido en un soldado sin esperanza de sus pequeñas posesiones. No me avergüenza verlo así, porque veo a los demás así. Cargando un pesado escudo que heraldos negros atacan. La desdicha, la ambición, la culpa, lo mellan y embota un brazo que no quiere embestir los otros enemigos cuando suelta su rodela porque solo desea descansar. Y así vamos, con el consuelo de una canción, una duda, una fruta del árbol de la vida.
Sabina canta en mi habitación que salga a defender el pan y la alegría, y lo haré mañana. Leo sus últimos versos,
Me angustia el tono de las dos canciones de adelanto de su último disco. Me encantan, pero suenan a despedida, cansancio, amor a la oscuridad. Imagino que todo pesa, y cuando los meses pasan y tú pasas por ello, nunca quedas indemne. Yo lo empiezo a intuir, desde el valle de mis 36 (aunque quizá veinte y diez digan que aparento). Siento el afán de los días, llenos de polvo sudor y hierro, como el Cid y los suyos bajo el sol de castilla. Y la herrumbre se pega a los huesos.La vida aquí no es tan mía y a pesar de saber mi suerte, a veces uno se ve como quien sería un buen vasallo si tuviese un buen señor, pero se ha convertido en un soldado sin esperanza de sus pequeñas posesiones. No me avergüenza verlo así, porque veo a los demás así. Cargando un pesado escudo que heraldos negros atacan. La desdicha, la ambición, la culpa, lo mellan y embota un brazo que no quiere embestir los otros enemigos cuando suelta su rodela porque solo desea descansar. Y así vamos, con el consuelo de una canción, una duda, una fruta del árbol de la vida.
Sabina canta en mi habitación que salga a defender el pan y la alegría, y lo haré mañana. Leo sus últimos versos,
Con la imaginación, cuando se atreve,
sigo mordiendo manzanas amargas
pero el futuro es cada vez más breve
y la resaca, larga.
Nos quedan muchas resacas aún, y aunque la guerra estalle en el cine y no sepamos quien es el malo mientras la ciudad se llena de árboles que arden y el cielo aprenda a envejecer...esta boca es mía. Esta boca es nuestra. Este es el tiempo que nos ha sido concedido. Y algún día serán vistos embates masivos contra lo que nos enronquece la voz, cuando los vencidos despertemos. Nunca nos cansaremos de celebrarlo.
Dundalk sonríe mientras las canciones se mezclan girando con su viento.
13 de febrero
Dicen que se conoce a una persona en la adversidad. Que es muy fácil sonreír cuando las cosas van bien, pero que ya veremos como será alguien cuando las cosas se pongan difíciles. Dicen que, en definitiva, la medida de una persona es la que muestra en sus peores momentos.
Yo no sé de donde viene esa idea, quizá sea una mala herencia del cristianismo cultural, como si el dolor mostrase una verdad más honda que la alegría.Al final, lo feo y mezquino nos parece natural y lo hermoso mentira. Creo que la mayoría somos capaces de distinguir un mal día de la esencia de alguien, al igual que sabemos hacerlo con la euforia de un buen momento. Y también merece más respeto la indulgencia consciente que el juicio ingrato; revela mejor carácter tratar de igualar a los demás elevándolos hacia una dignidad no exenta de fallas que rebajándolos hasta una tara innata que los incapacite para lo alto. A veces, al igual que los idealistas que quisieran ser héroes y deben estirar la realidad que vive hasta extremos que lleguen hasta donde su virtud no puede, hay quienes parecen creer que deben manipular la condición humana para resaltar su propia valía.
No sé donde nos llevará esto. En un mundo tan indiferente no cabe ser muy optimista en el gran escenario. Supongo que sin embargo, si se pueden hacer cosas en las pequeñas esferas de realidad que tocamos. Ser amables, ser honrados, cuidar del otro... Todo lo que nos enseñan cada día como débil, decadente, perdedor. Amar la trama de cada día y elevar al ser humano por lo que suscita de admiración y no por lo que merece desprecio. No porque debamos llegar a ser mejores por ello, sino porque reconocemos su substancia en nosotros y la nuestra en ellos. Y a la vez, sin llegar a compromisos obscenos con aquello que degrade nuestra naturaleza. Pues, como escribió Thomas Mann, el secreto de la humanidad es el respeto al secreto del hombre.
When you wake up in the morning, tell yourself: the people I deal with today will be meddling, ungrateful, arrogant, dishonest, jealous and surly. They are like this because they can't tell good from evil. But I have seen the beauty of good, and the ugliness of evil, and have recognized that the wrongdoer has a nature related to my own - not of the same blood and birth, but the same mind, and possessing a share of the divine. And so none of them can hurt me. No one can implicate me in ugliness. Nor can I feel angry at my relative, or hate him. We were born to work together like feet, hands and eyes, like the two rows of teeth, upper and lower. To obstruct each other is unnatural. To feel anger at someone, to turn your back on him: these are unnatural.
Dundalk ruge ventiscas mientras los ateridos corren, buscando techos y calor.
Yo no sé de donde viene esa idea, quizá sea una mala herencia del cristianismo cultural, como si el dolor mostrase una verdad más honda que la alegría.Al final, lo feo y mezquino nos parece natural y lo hermoso mentira. Creo que la mayoría somos capaces de distinguir un mal día de la esencia de alguien, al igual que sabemos hacerlo con la euforia de un buen momento. Y también merece más respeto la indulgencia consciente que el juicio ingrato; revela mejor carácter tratar de igualar a los demás elevándolos hacia una dignidad no exenta de fallas que rebajándolos hasta una tara innata que los incapacite para lo alto. A veces, al igual que los idealistas que quisieran ser héroes y deben estirar la realidad que vive hasta extremos que lleguen hasta donde su virtud no puede, hay quienes parecen creer que deben manipular la condición humana para resaltar su propia valía.
No sé donde nos llevará esto. En un mundo tan indiferente no cabe ser muy optimista en el gran escenario. Supongo que sin embargo, si se pueden hacer cosas en las pequeñas esferas de realidad que tocamos. Ser amables, ser honrados, cuidar del otro... Todo lo que nos enseñan cada día como débil, decadente, perdedor. Amar la trama de cada día y elevar al ser humano por lo que suscita de admiración y no por lo que merece desprecio. No porque debamos llegar a ser mejores por ello, sino porque reconocemos su substancia en nosotros y la nuestra en ellos. Y a la vez, sin llegar a compromisos obscenos con aquello que degrade nuestra naturaleza. Pues, como escribió Thomas Mann, el secreto de la humanidad es el respeto al secreto del hombre.
Dundalk ruge ventiscas mientras los ateridos corren, buscando techos y calor.
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