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domingo, 8 de octubre de 2017

Un picnic de un millón de años.Ocho de Octubre.

Me fascinan las "Crónicas marcianas". Es un conjunto de relatos del gran Ray Bradbury que conforman una crónica de la colonización de Marte por lo seres humanos. Mi favorito es "El picnic de un millón de años". Una familia escapa de la Tierra. Cansados de la humanidad y las faltas que lucen, muchas de las cuales se muestran en otros relatos (crueldad, rencor, odio), deciden romper con todo. Toman posesión espiritual de una tierra sin pasado, y en las rocas rojizas y las cumbres que arañan un cielo ajeno, quieren aprender a vivir. Son utopistas que acarrean una frustración sin nombre. Como tantos idealistas, el choque con la realidad les hace huir de ella buscando otro ideal aún más lejano. Allá arriba lo buscan, estremecidos por su propia audacia y la indiferencia hacia ella de los campos inertes y el horizonte eléctrico.

Hay tiempos convulsos en España y la segunda víctima, después de la verdad, es la templanza; saber escuchar, saber decir, querer saber.  Actitudes deplorables se extienden y el calor de establo es cómodo para perdonarlo y condenarlo todo. En un punto así, entiendo a quien no toma partido. Es difícil tener que asumir una serie de ideas en bloque sin tener la opción de matizarlas o rechazar algunas.Sin embargo, creo que se puede hacer, y es bueno hacerlo. Si uno cree que debe tomar partido por una idea, debe hacerlo, atacando las otras, respetando a quienes las formulan. Tratando de convencer y abierto a ser convencido. De lo contrario, uno acaba formando parte de las almas bellas, la descripción del malicioso Hegel sobre todos aquellos que desean conservar un ideal tan puro que no se inmiscuyen en la lucha por conseguirlo por temor a no estar a su altura en la complejidad de lo real.

Estos días, leo muchos reproches acerca de quienes comparten las ideas de otros o de unos (quizá el unamuniano "hunos y hotros" viniera al caso), acerca de no querer vivir en un lugar donde hay, ponga usted el defecto que quiera. Una sociedad perfecta, sin fragor ni ruido, ni abusos ni personas coléricas, mezquinas, taimadas, destructivas. Es comprensible, anhelamos el paraíso y su armonía, la discrepancia debilita la supervivencia del grupo. Lo malo es que él no existe, al menos en esta vida y este mundo. Quien quiera una sociedad pura y rodeado de ángeles, puede ir cogiendo el próximo cohete a Marte, no sin antes preparar la comida y el mantel para un picnic que quizá pueda durar un millón de años.

Dundalk se oscurece el rostro bajo la niebla húmeda y las campanas de las iglesias repican buscando esa luz que agoniza.


miércoles, 4 de octubre de 2017

El peligro de la esperanza. Cuatro de octubre.

La mano homicida de los más sanguinarios tiranos de Shakespeare retrocedía después de una decena de cadáveres. Porque no tenían ideología. Resulta difícil no acordarse del dictamen de Solzhenitsyn, y aún más difícil no suscribirlo. Las abstracciones perfilan con un único rostro impasible los grupos, borran las arrugas de las manos y despojan de color a los miserables seres humanos, que morirán mañana y han sufrido amargura.

Es tentador claro. Hemos venido a este mundo a ver insatisfechas la mayor parte de nuestras aspiraciones; "la ley de la gravedad es dura, pero es la ley". La educación debe ser esa preparación para la indiferencia del mundo y tratar de acogerse a un santuario de actitudes, principios y baluartes contra la tempestad de cada día. Pero eso era antes. Ahora el ciudadano moderno es sometido al taimado masaje de su importancia y se cultiva su frustración interna a través de su negación, envuelta en brillos y apariencia de plenitud. Hay muchas palabras nocivas que parecían deseables cuando las aprendimos: honor, patria, revolución, gloria. Hay otra, guiñando sus ojos maliciosos que puede ser la compañera mas fiel o la hacedora de las peores bajezas: la esperanza.

No es solo mala porque alargue el tormento. Exalta a los grupos como si el futuro les debiera algo; bebe de las aguas del Leteo para hacernos despreciar los pasados errores y hacernos arrogantes, pensando que nosotros somos mejores y los soslayaremos; Agita y crispa en pos de un castillo de mármol en el aire del que pretendemos hacernos dueños y que a cambio nos esclaviza. Quizá en los momentos de soledad ayuda a querer pelear. En las sociedades aniñadas de hoy, saca del mundo en delirios colectivos y aísla a seres que comparten las desdichas de la soledad y la pérdida para enfrentarlos, a cambio de unir a los grupos en jaurías humanas y dar calor de establo.

No tengo esperanza pero el futuro no lo decido yo solo. Como el hidalgo, algún día tratare de empezar a cabo la única revolución posible; tratar de ser bueno con quien está a tu lado. Como si todo estuviera perdido. Una salus victis nullam sperare salutem: la única salvación de los vencidos es no esperar ninguna salvación. Y mientras tanto, no me voy a creer que el Estado va a venir a ayudarme o que cualquier otro sabe mejor que yo lo que me conviene, porque está ilusionado.

Hablo a Dundalk de Unamuno; primero la verdad que la paz. Quizá no sea muy prudente en estos tiempos. Pero vivir en la mentira y de la mentira solo conduce a mirar la basura con los ojos arrebolados a un futuro que se burlará de nosotros.

lunes, 2 de octubre de 2017

Hazme un sitio en tu montura y llévame a tu lugar. 2/10/17

Como Ruben Darío, siento a Cervantes el más poderoso lenitivo por la tristeza que el ser humano provoca en otros:

Horas de pesadumbre y de tristeza
paso en mi soledad. Pero Cervantes
es buen amigo. Endulza mis instantes
ásperos, y reposa mi cabeza.

Él es la vida y la naturaleza,
regala un yelmo de oros y diamantes
a mis sueños errantes.

Es el maestro de la ironía, y aunque a veces es cruel con sus personajes, normalmente los envuelve con una pátina de compasión, que solía ser una virtud antes de que la estupidez del mundo aspirase a convertir a todos en seres especiales y autosuficientes.Escribió, en un país propenso a la exaltación, esto es, a la estupidez, el alegato más eficaz contra el enardecimiento.


Al salir de Barcelona, volvió don Quijote a mirar el sitio donde había caído y dijo:

—¡Aquí fue Troya! ¡Aquí mi desdicha, y no mi cobardía, se llevó mis alcanzadas glorias, aquí usó la fortuna conmigo de sus vueltas y revueltas, aquí se escurecieron mis hazañas, aquí finalmente cayó mi ventura para jamás levantarse!

Oyendo lo cual Sancho, dijo:

—Tan de valientes corazones es, señor mío, tener sufrimiento en las desgracias como alegría en las prosperidades; y esto lo juzgo por mí mismo, que si cuando era gobernador estaba alegre, agora que soy escudero de a pie no estoy triste, porque he oído decir que esta que llaman por ahí Fortuna es una mujer borracha y antojadiza, y sobre todo ciega, y, así, no ve lo que hace, ni sabe a quién derriba ni a quién ensalza.

—Muy filósofo estás, Sancho —respondió don Quijote—, muy a lo discreto hablas. No sé quién te lo enseña. Lo que te sé decir es que no hay fortuna en el mundo, ni las cosas que en él suceden, buenas o malas que sean, vienen acaso, sino por particular providencia de los cielos, y de aquí viene lo que suele decirse: que cada uno es artífice de su ventura. Yo lo he sido de la mía, pero no con la prudencia necesaria, y, así, me han salido al gallarín mis presunciones, pues debiera pensar que al poderoso grandor del caballo del de la Blanca Luna no podía resistir la flaqueza de Rocinante. Atrevíme, en fin; hice lo que pude, derribáronme, y, aunque perdí la honra, no perdí ni puedo perder la virtud de cumplir mi palabra.


Amistad, compasión palabra. Hazme un sitio en tu montura, caballero derrotado, hazme un sitio en tu montura, que yo también voy cargado de amargura...



Dundalk se acoge ala noche como las rocas del mar se acogen a la luna que las esconde y forma.

domingo, 1 de octubre de 2017

Colgado de la luna. Primero de Octubre.

Las playas parameras, durmiendo al sol, los oteros y las vegas, los cerros y los campos ondulados de Castilla que nos consolaron de la falta de mar. Añado palabras a Cernuda porque sería ingrato y falso apropiarme de sus versos acerca de los caínes sempiternos que le dejaron el destierro o que un día ya libre de su mentira, será tarde para volver y decir, porque estará muerto.

Sí siento a veces, como hoy, que tu nombre envenena mis sueños. Hijo de gentes de pueblo que trabajaron duro para lograr prosperar, crecí como un niño hijo de pequeñoburgueses que veía a su alrededor esperanzas de prosperidad futura; imagino que era ciego a los problemas que la vida y el mundo coloca cada día entre nuestros afanes y nuestra felicidad posible. Luego, creces, coleccionas alegrías y fracasos y vas haciendo tu camino. En mi caso, después del largo camino, me gustaría encontrar un hogar como el que tuve. Hay veces que creo que será posible.

Hoy no es uno de esos días. Como ciudadano prescindible de una democracia liberal nacido en otra, socialdemócrata y de temperamento templado para ser conservador en ciertas cuestiones y abierto para ser partidario de avanzar en cuestiones sociales y morales hacia marcos más amplios, creo en la necesaria observancia de las leyes. Para ser libres, como dejó escrito Cicerón. Adicionalmente, detesto ese sentimiento que alimenta la natural frustración del ser humano con el propósito de poder reinvertirla políticamente que se denomina nacionalismo. Pero no puedo entender que se envíe a miles de policías para reprimir un movimiento que cuenta con amplio apoyo popular después de soslayar la aplicación de otras medidas que no hubieran exigido este nivel de violencia.

En fin, espero que los heridos se recuperen y que el lugar donde nací abandone este delirio colectivo de creer que problemas enquistados desde hace décadas se resolverán en unos días con victoria completa sobre el adversario. Pero así estamos. Más Cervantes y menos banderas. En cualquier caso, hoy es de esos pocos días en los que me siento avergonzado de lo que veo y la actuación del Gobierno de mi país. Y escribo estas líneas, colgado de la luna como un hombre que ha visto otro mundo y ahora busca ese calor que posiblemente no exista y ya no volverá. Espero volver a encontrar razones para volver a creer que hay algo más que corrupción, división y anhelos de destrucción del adversario en España, un lugar al que hoy no quisiera regresar.

Dundalk ha visto la pasión por la destrucción y el genio iracundo de otros hombres. Veo sus perfiles nocturnos como la cara de un hombre mayor, cansado, que susurra que cuando la antorcha llegue a otros, refulja con el brillo tenue mas cálido de la paz, la piedad y el perdón.

jueves, 28 de septiembre de 2017

La canción del pirata. Septiembre, 28.

Yo jugaba con el barco pirata de playmobil. No recuerdo ahora que travesías imaginaba en el, pero bastaba una tarde para levantar un imperio y una estela de libertad. Peleábamos en la cubierta y nos resguardábamos de los temporales. Y la magia era dirigir el barco y ser una figurita más a su proa audaz. Poseidón y el marino que le ofrece sacrificios.

Esos días quedan lejos. Hoy, inmerso en otro bosque simbólico, los mismos juegos existen, pero en la cáscara de la madurez que forma un caparazón agrio, el orgullo ha  suplantado a la felicidad como motor y guía. Agustín en sus Confesiones (posiblemente, las mejores), manifiesta esta misma extrañeza sobre esos cielos plomizos de la edad adulta. Cuando la conciencia de la finitud, las cicatrices pasadas y el gen egoísta trazan un plano de sombra  en los raíles rodeados de mala hierba. Porque cuando la inocencia desaparece, el veneno del juego nos atrapa para ser nosotros mismos juguetes de lo que anhelamos, para escapar de nuestro sentimiento de finitud inacabada. Y jugamos sin brillo y actuamos sin ganas. Quien sabe si una de las figuras que se mueven a nuestro lado es quien dirige la obra, llena de elipsis, repeticiones y falta de vigor dramático. En verdad os lo digo, sería para darle dos hostias.

Dundalk baila mientras los coches recorren su lomo como si fueran sombras brillantes, centellas vaporosas contra las tapias grises.




lunes, 25 de septiembre de 2017

Deckard. 25 de septiembre.

Me han preguntado en el curro para una actividad que personaje de cine sería. Supongo que habría otros muchos, pero me vino a la cabeza Rick Deckard, el policía, el asesino de "Blade Runner". Supongo que me gusta su estampa de antihéroe clásico, antes de que el rol fuese invadido por psicópatas enloquecidos haciendo bromas en situaciones inverosímiles. En fin, de un tiempo a esta parte, siento que me atrae lo pasado de moda, e ir pasándome yo de moda también. Esto es fácil, nunca fui moderno, a pesar de los consejos de Rimbaud.

Me gusta su mirada, su evolución y su estoicismo bajo la lluvia del futuro. Querría llevar esa gabardina y esa actitud cínica que no sabe evitar una mirada moral sobre lo que le rodea. No se trata de catequesis; se trata de ser fiel a las propias reglas, las que elegiste cuando saltaste del acantilado para bailar cayendo. Y sobre todo, adoro esos dos minutos dorados de la historia del cine, cuando un replicante más humano que los alienados que le rodean busca la verdad, la vida, el refulgir para arañar los muros inconmovibles del tiempo, que lloran lágrimas que se perderán en la lluvia.

He elegido a Deckard, y ahora en el tablón de mi equipo soy Miguel Deckard, con su gabardina, su barba de 3 días y su pistola. Detrás de esa imagen, espero llegar a ser un día el que aprendió de su semejante a derribar las barreras para llegar a comprender que a nada lleva amar tu vida si no amas también la vida, la de todos.





He imaginado un diálogo como coda a esta entrada:



Esta es la lluvia que vieron los ancestros

de mis enemigos.


El agua que resbala en el ladrillo de las chimeneas.

Ellas estallan hacia el cielo que nos protege

de las invasiones de los ángeles

Pasó mi tiempo. Persigo sombras

y me persiguen las lágrimas ajenas

de acero. Vivo de prestado. El tiempo acecha.

Yo... yo sólo busco la respuesta

a esa pregunta que las gotas torturando la chapa

no dejan escuchar.


Dundalk se revuelve contra la noche como si estuviese perlado de neones y sus chimeneas escupiesen fuego hacia un cielo al que solo miran quienes saben lo breve que será.

sábado, 23 de septiembre de 2017

23/09/2017. La deriva

He tenido tiempo de desdoblarme, y ver mi rostro en otras vidas. He caminado hacia la populosa Esmirna entre mares de dunas, y sido un fugitivo entre las calles de Beijing. Pude oír las campanas de Bizancio y caminé hacia la coronación en Aquisgrán. Fui un hombre sin rostro y un mensajero me encomendó la muerte de una niña. Deambulé por Comala. Ascendí al abrazo al fresno Ygdrasil y escapé una noche sin luna de la prisión de If. Fui esclavo númida, y feriante con familias de erizos en mis manos frías y rugosas, llenas de alhajas para impresionar a otros mercaderes.

Cuantas maravillas me ha sido dado imaginar, y cuantas prisiones me acogieron en sus lóbregas fauces. No sé que dara mañana. Siento que la vida de las hojas me engaña con su arrullo taimado. Y sin embargo, al levantar la vista solo puedo ver rabia y mezquindad; desdichados tratando de extender su mancha a cualquiera que pasa a su lado. Contemplo seco los restos del naufragio de la inocencia perdida, y me hiere mi falta de luz. Y que más da. Bailemos un segundo, hasta que la vida nos venza, tarde o temprano.

No quiero timón en la deriva.

Dundalk me acoge en un rincón como un perro inofensivo y agradecido, trato de ignorar el ruido de la ansiedad que me envuelve cuando levanto la cabeza.