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jueves, 7 de febrero de 2019

7 de febrero de 2019...

Que hubiera podido ser cualquier día de invierno de 1916. Cuanto horror para nada.






Contempla, viajero, a estos que yacen
Tras enfrentar sus lanzas al destino.
Cortados por el tallo, vaciados
Del tiempo que les fue prometido.

Oye, caminante, el fragor del acero
Que absorbe espuma y almas vivas
Ahora lejanos, desde su abismo oscuro
Que sean sus plegarias atendidas.

Siente, extranjero, el dolor de ser vivo
Y envidia nuestros sueños velados por la muerte
Ningún rey, ni tirano, ni amo
Solo la caricia de la dulce nieve.

Sabe, soldado, la verdad del honor
Que cuentan con clarines y fanfarrias
El pedestal celeste de la gloria
Bebe la sangre de raíces amargas

Parte, amigo, a contar la verdad
A todos aquellos que nunca la supieron
Nunca debimos acabar aquí,
Aquí yacemos porque nos mintieron.



lunes, 4 de febrero de 2019

La ciudad del viento. 4 de febrero del 19.


Por si queréis hilo musical.

Echo de menos la marca humana. Los transeúntes, el calor de los cafés, la cerveza en las barras. Me abruma la noche que se envuelve en ropajes de nada y silba taimada hacia los muelles bajos. Me atrae el sonido cálido del pub, pero rechazo su molicie. Cuando encuentro demasiada comodidad quiero emular a nuestro señor Don Quijote y huir de toda vida regalada. Y eso también me lleva al calor del hogar, que nutre y sana.

Es esta otra ciudad del viento, de papeles tirados, de coches desgastados en su fútil esfuerzo,de sombras que se tambalean, azotadas por los días. Yo también temo el castigo y la claridad pálida me hace desear encontrar mi propio verano invencible, del que decía Camus que empujaba más fuerte que todas las crueldades del mundo. Deseo volver a casa, deseo crear una casa, deseo no moverme y encontrar mi reino sin pagar un peaje. Sé que nunca fue así, sin embargo. Y los días pasan y el instante no perdona lo que la eternidad fía al olvido que seremos.

Y de repente, uno pasa por un sitio de comida rápida y ve a una familia riendo y unida. Ese instante de comprensión humilde sirve de arrastre del aluvión de los cansancios del día. Y los que se preocupan por sus mascotas y las pasean, y los que ponen su bufanda a sus hijos pequeños o acompañan a otros al médico. Puede que esta sea una ciudad del viento, pero la mayoría compartimos dolor y heridas, y buscamos el mismo calor. Y en ese momento, la plaza desolada que parecía siniestra se viste de una luz suave para ofrecer consuelo.

Dundalk camina lento hacia el futuro de donde nadie volvió.


jueves, 24 de enero de 2019

Singladura. 2019, 24/01.



Aún las luces titilan en el azul eléctrico del anochecer. Las velas gimen y se balancean, tristes. La tripulación entorna los ojos para escrutar la niebla y la espuma asciende un rumor voluptuoso hacia la luna menguante. Las estrellas forman conjuntos caprichosos, y me entretengo tejiendo formas. Cruje el armazón y los pasos se pierden entre la bruma.

No sé cuánto tiempo estuve ocioso. No sé cómo he de hacer para alzar los brazos. Hay un todas las soledades un momento de cúspide en el que la vida abrasa. Si es dolor o felicidad, yo no lo sé. Pero ahora que la brisa trae un aroma familiar y hay ruidos sutiles más allá de la cortina espesa, ahora que parece que los colosos y sus llamas se acercan lentamente para mostrarnos una senda, me parece que no pediría ni daría tregua hasta alcanzarme y forjarme en ese fuego.

Una luz se enciende en el vaho de la noche, como un rayo de algún Dios benigno que nos enlaza para regresar y seguir caminando. Vuelvo a casa.



jueves, 13 de diciembre de 2018

13/12/18. Anubis




La laguna es umbría, y acarrea silente
Las ondas de los remos plácidos
Pero el vaho en su fluir sabio asciende
El eco antiguo de los dioses airados


Son la voz de su aliento seco, ayer arrebatado
Al desierto voraz y persistente,
Hoy un coloso de rocas enterrado
Que alecciona al fatuo en su presente.

El campesino arranca su cosecha
Al vértigo de la tierra incierta y suda
Y cuando el sol descansa espera la respuesta
En los altos templos y las estatuas mudas

Luchan algunos por fijar su afán
Tal si la nube pudiera aspirar ser piedra
Donde inscribir con buriles de metal
Palabras que el mañana esculpa eternas.

Anubis calla. Desde la pesada frontera
Donde una balanza ilumina el rincón
Sabe que algún día pesará tu corazón
Y hará crecer los ojos de la tierra.

Danos fuerza, señor de la montaña,
Haz de tu bendición el sol de nuestro hielo
Esparce y purifica las entrañas
Ayúdanos a andar, que estamos ciegos.

Phokas murió hace años. Sus hijos lo llevaron
Por la sala de columnas de plata hacia la fría
Fuente en que el rumor del día es un descanso
Y de la que nace fresca el agua de la vida.

El Nilo siempre vuelve. Sus recodos
Oráculos son, donde urden los dioses
Los planes del destino para todos
En una red de gestos y de voces.

Allá donde el sol cierra los ojos
El misterio nos llama sin retorno
Y las cadenas del tiempo se conocen…

Y Anubis en silencio transmuta cada enojo.




domingo, 2 de diciembre de 2018

Domingo 2 de diciembre. Domingo triste.



Porque hace ahora más frío en esta ciudad ciega
Y la oscuridad taimada repta bajo los portones
Los cables sucios se agotan de noticias viejas
Y sin remordimiento se exilian los gorriones.

Porque en medio del camino alzamos desatados
Los brazos en busca de un abrazo que abrase.
Porque la primera hora de todas nuestras vidas
Ya sabe como será cuando el destino nos alcance.

Porque las portadas amanecen airadas
Y silba en la galerna un lamento sin nombre,
Mientras emboscado entre las nubes negras
Y cortinas de lluvia, el cielo azul se esconde.

Porque los mares de piedad yacen cautivos
Y congelados en los ojos cárdenos del odio
Y en los bosques futuros la bruma avisa el día
Tras el que no habrá nada que quede de nosotros.

Porque hay siempre alguien que muere deshojado
Antes de que el Señor del tiempo reclame su cosecha
Y los demás bailamos entre el trigal  los ritos
De la comedia humana, desventurada y bella.

Porque mi calavera no tendrá cicatrices
Pienso y bebo estos versos que lanzo hoy al olvido
Y cuando el rayo hiera y el desierto ilumine
Sabréis que estuve aquí, sabréis que ahora estoy vivo.



lunes, 26 de noviembre de 2018

26 de noviembre. El hombre de la calle.


El hombre de la calle, ese silencio andante
Que escruta los diarios y se pierde en las redes,
Con el paso de los años finge animarse y dice
Que su memoria azul ya no se desvanece.

Sigue siendo honrado, aunque a veces mezquino;
Aún aspira al Edén aunque los hombros pesen.
Cuando el frío del norte aviva en él el fuego
de la amargura, la sorbe oscura y breve.

En la corriente de los días hizo un fuerte de barro
A base de costumbre, anhelo y frustración.
Cada semana acude maquinalmente al fútbol
Para encender en otros su dormido fulgor

Ya no quedan sueños en su mundo visible
Y es su rutina la cicatriz fiera que lo ata.
Desnudo y macilento, él contempla sumiso
A su tierra de sombra y a su cielo de paja.

El hombre corriente que hubiera preferido
vivir en otro tiempo de alegrías más lentas
más sabe que la pregunta nunca tuvo sentido
y la respuesta es el tiempo que fluyendo lo lleva.

El hombre de la calle se irritó cuando joven
E imagino islas de estío con corrientes suaves
Implacables los días apagaron sus luces
Y las nubes, hasta hoy, rigen su sombra grave.

Ya el hombre de la calle encendió hogueras
Ha salido del barrio y ha perdido su pan
Hundido en un sofá de tardes que se acaban
Viaja alegre al pasado y ya no llora más.

Quien sabrá ya sus pasiones de entonces
No habrá un licor que encienda el calor de los labios
Porque ahora la vida es lo que ocurre a solas
y el mundo un reino cruel que gobiernan extraños.

Y cuando el sol abúlico lo encuentre agonizante
Dando gritos de rabia en un banco del parque,
Sabrá el destino mustio la suerte de ese errante,
De su alma triste y sorda, del hombre de la calle.



domingo, 11 de noviembre de 2018

Empezar de nuevo. 11/11/18

El camino era oscuro. Avancé como me fue posible, entre riscos y jarales. Al fondo yace la fortaleza oscura, donde las pruebas son pronunciadas. Desde mi caída hacia allá avanzo, tratando de mantener la fortaleza y el buen ánimo, honrar a mis ancestros, recuperar la luz. Pero la noche cae pronta y las palabras no alimentan. Rezo a los dioses por que sostengan mi escudo fuerte y animen mi brazo exhausto cuando mi espada flaquee.

Quien acude a los juicios del destino debe ser humilde y asumir sus flaquezas. Alla los vientos aúllan las culpas y las paredes rocosas de su falda no admiten al arrogante o las argucias. Solo el espejo en la sala central otorga su bendición o condena a quienes son capaces de llegar a su estancia, decorada con fuentes que manan en la oscuridad y de paredes cuyo verdeante embrujo brilla en ondas. En el camino, me enfrentaré a los Enviados, fieras que acechan en el bosque y que son el reflejo de mis propios deseos, inseguridad, temor y desencantos. Confío en que mi espada podrá hacerles frente y purificar mis deficiencias.

La hora es tardía y el fuerte en la colina ofrece refugio. Voy a descansar allí, sin cejar en mi empeño y misión, para volar más lejos, para aspirar un aire más puro y para superar la prueba que me haga merecerla. Todo lo que soy, lo ofrezco hoy en ello, de camino hacia mi destino inevitable.

Dundalk sabe quien soy y todas las veces que he caído, pero me anima a querer ser mejor y a llegar a ser quien soy. Y yo, con la fuerza que el amor dispone, doy todo mi ser para llegar a ella.